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Cerca de las 12:00 horas del mediodía del 28 de diciembre de 2009 se caía a la vía del tren parte del puente de Mamedra debido al peso acumulado en parte del muro superior por la presión del agua en una lluviosa mañana y la mala filtración de dicho muro, que se encontraba en un estado muy deteriorado. Con una celeridad enorme, menos de 24 horas después, en la mañana del 29 de diciembre, Adif y Conservación de Carreteras de la Junta de Andalucía completaban el derribo controlado que había empezado en la misma noche del día 28 sobre las 21:00 horas. El alcalde de entonces, Juan Rodríguez Aguilera, expresó su mayúscula indignación en Pleno ordinario de 30 de diciembre. Izquierda Unida había advertido ya en 2004 de la situación ruinosa del lugar en una moción aprobada por todos los grupos. La Junta de Andalucía, gobernada por entonces por el PSOE, fraguó durante 2010 un proyecto de recuperación integral de la zona para reparar esta pérdida e incluso la consejera Josefina Cruz hizo manifestaciones al respecto en una visita a Marchena a mediados de 2011 y en la campaña electoral de 2015 fue llevada a programa por el PSOE local, pero doce años después, nada se ha hecho al respecto y poco se espera. A pesar de todo, la esperanza es lo último que se pierde para muchos marcheneros que echan la vista atrás, con nostalgia y enorme cariño, a un punto de encuentro inolvidable entre gente del pueblo.


La caída de un cúmulo de piedra y de la parte de puente destrozado a la vía ferroviaria pudo causar una desgracia, pero afortunadamente no pasaba ningún tren en el momento pese a los veinte que transitaban diariamente, un flujo importante que se ha ido perdiendo en favor del AVE y para mal de comarcas como la nuestra y concretamente de nuestro pueblo.


Desde el primer momento, se contempló la idea de un derribo controlado de todo el puente para reestablecer la normalidad del tráfico ferroviario, pese a que la estructura del arco del puente no se encontraba afectada; sólo una parte del muro de la parte superior que daba a la vieja calzada, y que había caído de forma espectacular a la vía como consecuencia de la acumulación de agua.

 

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Sin embargo, desde las 21:00 horas de la noche aproximadamente, técnicos de Adif y de la Junta de Andalucía, que en un principio trabajaban para acondicionar la vía sin confirmar ni descartar el derribo, acabaron por derribar este puente que diseñó el ingeniero francés Louis Alfred Coullaut Valera en 1873, de manera que a las once de la mañana del día siguiente no quedaban más que un amasijo de ladrillos sobre la vía. Conservación de Carreteras justificó el derribo “en el estado de deterioro del puente”, que tras las observaciones (hechas sobre el terreno), presentaba “importantes grietas por dentro”.


Reacciones políticas y Pleno con moción de urgencia para la recuperación inmediata del puente de Mamedra


La sorpresa se apoderó del pueblo por la rapidez de los acontecimientos y el ambiente político se caldeó sobremanera.

 

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En primer lugar, Izquierda Unida recordó que su portavoz, José Manuel González Guerra, presentó el 30 de diciembre de 2004, cinco años antes de la caída, una moción en el Pleno en la que advertía de que el puente Mamedra estaba ya entonces sufriendo el más absoluto abandono. “De seguir así pronto caerá en la ruina", aseveraba con buen tino la moción. IU instaba al Gobierno Socialista que solicitara a la Junta de Andalucía su cesión al municipio para uso público y la elaboración de un Plan de Recuperación MedioAmbiental y Cultural del entorno. La propuesta fue aprobada por unanimidad.


La moción presentada a finales de 2004 por González Guerrra, por entonces portavoz de IU, además de la reseñada solicitud principal, era pródiga y rigurosa en detalles históricos, puesto que destacaba el valor de este patrimonio, y su construcción en plena I República para progresar en las comunicaciones y salir del atraso económico que sufría España, y reclamaba medidas para evitar posibles malos usos por vecinos de la zona o gestiones encaminadas a lograr la privacidad de los terrenos por parte de determinados particulares y situaba su construcción por un “gran marchenero de adopción” como Louis Alfred Coullaut, pocos años después de la inauguración de la estación de ferrocarril de Marchena el 8 de Octubre de 1868 y en un 1873 donde la sociedad buscaba salir de años de crisis económica, política y social, de los gobiernos conservadores y antidemocráticos de Isabel II. Como es sabido este Ingeniero se casó con una notable marchenera de la familia de los Valera, Teresa, y fue padre del ilustre paisano Lorenzo Coullaut Valera, pintor y escultor de renombre universal y orgullo de nuestros vecinos. IU pidió que los servicios técnicos municipales determinaran la zona de dominio y propiedad pública e instó a la cesión de este patrimonio al pueblo de Marchena justificada con una actuación de recuperación y para el disfrute de nuestros vecinos consecuencia de un Plan de Aprovechamiento cultural-ambiental que se realizara con posterioridad y para lo cual se presentaran proyectos para obtener financiación.


Más allá de la propuesta de IU en 2004, en el calor ambiental del 30 de diciembre de 2009, el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Marchena PA-PP presentó en Pleno Ordinario una moción de urgencia para solicitar a la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía la reconstrucción del Puente de Mamedra, cuya demolición fue considerada en la moción del equipo de Gobierno de entonces "un atropello al patrimonio histórico" de nuestra localidad, según manifestó el alcalde, Juan Rodríguez Aguilera, junto a un equipo de Gobierno al completo visiblemente molesto por la falta de información sobre esta actuación por parte de la Junta hacia el Ayuntamiento de Marchena. La propuesta fue apoyada por todos los grupos políticos, incluido el PSOE local de Juan Antonio Zambrano, que demostró en la oposición política una independencia pocas veces vista, apoyando este tema y algunos de índole urbanística como la excesiva ampliación del Conjunto Histórico de Marchena por la Junta de Andalucía socialista de entonces, que ralentizó un sector de la construcción en plena crisis por un conjunto de factores en la explosión de la burbuja inmobiliaria.


El alcalde de Marchena, Juan Rodríguez Aguilera, leyó la moción, presentada de urgencia, en la que lamentó la demolición de manera "asombrosa y precipitada y con consecuencias irreversibles" y pidió a la Junta la inmediata reconstrucción del puente Mamedra, enclave que gozaba de "un valor patrimonial, cariño y aprecio indiscutible" del pueblo. La moción mostraba el rechazo unánime de todo el pueblo de Marchena a esta actuación. Rodríguez Aguilera concluyó agradeciendo el respaldo de todos los grupos políticos a esta moción de urgencia y consideró esta actuación como "una falta grave" en un contexto en el que "cualquier marchenero está indignado porque tiene que pasar por Cultura para cambiar una ventana de un sitio a otro de una fachada en la calle Cantareros mientras ve como se produce la demolición de este puente".

 

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El teniente de alcalde Jorge Vega (PP), fue contundente con la actuación de la Junta de Andalucía, manifestando que "hemos tenido la desgracia de que ha venido un manazas que no sabía muy bien lo que estaba haciendo" y que "la Delegación de Obras Públicas hace y deshace sin contar con el máximo responsable que es el Ayuntamiento de Marchena”. En su segundo turno de intervención, el portavoz del Grupo Popular fue Antonio Calle, que dijo haber hablado con el nieto del arquitecto del puente, Juan Coullaut, quien reaccionó expresando "la barbaridad" que había supuesto la demolición.


La promesa incumplida de la Junta de Andalucía

 

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A partir de ahí, la promesa de reconstrucción, que por momentos empezó a tomar visos de realidad, ha caído en un olvido absoluto que el paso del tiempo va confirmando como una de tantas mentiras que inexplicablemente los políticos, sin consecuencias por ello, trasladan a la población; en este caso la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía.

 

El proyecto de reconstrucción del Puente de Mamedra, dado a conocer por el alcalde de Marchena a principios de junio de 2010, obra del Jefe de Servicios de Carreteras de la Consejería de Obras Públicas y Transporte de la Junta de Andalucía, José Enrique Álvarez, incluía la construcción de un paseo de más de 500 metros, 200 de ellos adoquinados, una estructura del arco muy parecida a la original para respetar la construcción, y espacios con bancos para el descanso e iluminación con 35 farolas. El diseño estaba preparado para paseo en bicicleta y de peatones y contemplaba una arboleda bastante visible.


De todo ello se daba cuenta exhaustivamente en esta información.

 

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De hecho, en junio de 2011, recién investido alcalde Juan Antonio Zambrano, y con motivo de una visita de la consejera de Obras Públicas, Josefina Cruz, a Marchena, para informar de los detalles de la segunda fase de la variante de la A-364, la representante de la Junta de Andalucía abordó el tema de la reconstrucción del puente de Mamedra, exponiendo que “en el entorno de este viaducto, se ha programado una nueva actuación consistente en la reconstrucción del puente de Mamedra sobre la línea de ferrocarril Sevilla -Granada, que tuvo que ser demolido en diciembre de 2009. Además esta actuación comprende la recuperación y adecuación del entorno del nuevo puente a construir, con objeto de crear una zona de ocio y recreo para los vecinos del municipio de Marchena”, por lo que se presumía que el proyecto se ejecutaría.


El Puente de Mamedra, símbolo para muchas generaciones de marcheneros durante 136 años

 

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“Si gran parte del patrimonio se está perdiendo, al ritmo que están ocurriendo los ‘desastres’ ¿cuántos años puede durar lo que nos queda? No creo que tanto como los que llevan”, se preguntaba en agosto de 2014 el marchenero Antonio Díaz Ramos, en carta enviada a este medio, días después del desprendimiento de parte de un lienzo de la muralla almohade de Marchena, rehabilitado en los últimos años.

 

A reglón seguido, en esa carta, recordaba Díaz Ramos "¿Qué les contaran a las generaciones venidera cuando los padres, los abuelos cuando paseen con sus nietos por algunos lugares de Marchena, que aquí había un puente, aquí unas casas señoriales, aquí unas murallas, aquí el lavadero del cementerio y así no sé cuántas cosas más….? El patrimonio también nos afecta porque es algo muy nuestro desde hace siglos. Está ahí porque lo hicieron nuestros antepasados y es la herencia que nos dejaron para que la mantengamos  y, a ser posible, sacar un beneficio ¿Que sería de España y de otros países si no fuera por el turismo cultural?”, reflexionaba.

 

Antonio Díaz Ramos, miembro activo de Acupamar desde su fundación en 2015, defendió a capa y espada con carta incluida dirigida al presidente de la Nación, Mariano Rajoy, que el Gobierno del PP de entonces dejara de perjudicar y paralizar la rehabilitación de la muralla de Marchena, litigio por cierto ganado a base de tesón por el Ayuntamiento gracias al impulso de Juan Antonio Zambrano, alcalde de aquellos años que durante cuatro años recurrió hasta ganar un juicio que parecía interminable.

 

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La lucha de Díaz Ramos por el patrimonio no ha dejado tampoco atrás el Puente de Mamedra, cuya obra prometida por la Junta de Andalucía de reconstrucción no se llevó a cabo finalmente durante el mandato 2011-2015 ni tampoco desde 2015 en adelante, a pesar de que en la presentación de la lista de concejales del PSOE para las Municipales de 2015, la rehabilitación del Puente de Mamedra fue uno de los proyectos que incluyó la agenda cultural y de patrimonio con la que se presentó la candidatura encabezada por la actual alcaldesa.

 

Díaz Ramos, marchenero nacido en 1948, que nos cede gentilmente una fotografía de su juventud en el lugar, sigue reafirmándose en sus palabras hoy en día y en su reivindicación de la rehabilitación del Puente de Mamedra.

 

A pesar de que a sus 13 años ya “me llevaron con mis tíos” al coqueto pueblo costero de Vilassar de Mar (Barcelona) y posteriormente a Palma de Mallorca de la mano de una tía suya y sus abuelos maternos, estuvo varios años “en los que iba y venía y pasaba temporadas en Marchena”, de manera que en su primera juventud vivió intensamente las andanzas propias de estas edades: “Íbamos allí la pandilla de amigos y hacíamos el paripé de torear usando la chaqueta como capote”, recuerda nostálgico Antonio Díaz Ramos, uno de los marcheneros emigrantes que más visita Marchena desde su lugar de afincamiento, que sigue siendo Palma de Mallorca, y que incide en que el Puente de Mamedra “era un lugar de paseo obligatorio”, junto a la carretera de los Poyetes, por entonces mucho menos transitado de tráfico.

 

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Con la esperanza de ver este lugar rehabilitado, Antonio Díaz Ramos guarda planos que se han ido publicando sobre la rehabilitación del Puente planteada por la Junta, pero no llevada a cabo.

 

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Pepe Díaz Luque, presidente de Acupamar, recuerda como al Puente de Mamedra “iba mucha gente joven, y las parejas para alejarse del mundanal ruido”. La rehabilitación del puente y su entorno constituye, desde sus inicios, una importante reivindicación de la asociación que preside, puesto que la demolición del puente fue un hecho “dramático y desabrido” para nuestro patrimonio y aún muy vivo en la memoria de quienes luchan por él.

 

El Puente Mamedra ha quedado en la memoria de muchos marcheneros y marcheneras que ya no están y en algunos que aún viven y hasta la pregonera de Feria de Marchena de 2012, Concepción Sánchez Puerto, lo estableció como uno de los cuatro puntos cardinales de la vida social marchenera ya entrada la segunda mitad del siglo XX, junto al Lavadero, la carretera de los Poyetes y el campo de Feria, deseando que se recuperara para los marcheneros “muy pronto”.

 

En 2015, Arístides Rueda integraría en su libro ‘Eslabones de Amor infinitos a la sombra de Marchena’ relatos cortos ambientados en este lugar, entre otros emblemáticos del mundo rural marchenero y en 2016, la obra póstuma de recolección de imágenes de José Antonio Campos Espina incluía un fotomontaje del Puente de Mamedra, a la que le tuvo mucho cariño, tan entrañablemente expresado en palabras en una carta plena de originalidad y encanto nos hizo llegar en su día Juan Antonio Campos Espina, genial una vez más aunando imaginación y realidad en ese fotomontaje de la posible recuperación del Puente de Mamedra y que expresó su ilusión porque así se produjera tras conocer noticias en ese sentido en abril de 2010. La reconstrucción soñada por Campos Espina promovía el cuidado por el medio ambiente y no una deshumanizada construcción de hormigón. A juego con el paisaje del Corbones, retrató un idílico paisaje a la par que recordaba su infancia, paradigmática de la de muchos marcheneros.

 

Por la magia y delicadeza de estas palabras, y en humilde homenaje a Campos Espina y a tantos marcheneros que vivieron tan intensamente el lugar, concluimos extrayendo gran parte de ese maravilloso texto:

 

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Bajo su único ojo y encaramados a unas cornisas cuya finalidad aún no comprendo, al igual que la procedencia de su nombre, furtivamente fumamos los primeros pitillos sin miedo a que nos descubrieran, esperando que pasara ese tren de las tres o la “cochinita” (aclaro este término para los más jóvenes) la cochinita era una especie de autobús ferroviario de un solo cuerpo, propulsado por Gas-oil algo más rápida que los trenes de entonces, aún de vapor.
 
Mientras pasaba uno u otro, fumábamos la pipa de la paz en una especie se cachimbas que nosotros mismos fabricábamos con cañas que nacían en los alrededores del camino de hierro, mientras contábamos chistes verdes y alguna que otra mentirijilla sobre falsas experiencias sexuales que dejaban a los más pequeños con ojos de plato.
 
Así pasábamos las horas muertas de los días sin colegio y vacaciones, sin PlayStation ni ordenadores ni games sin emepetrés y otros juguetes impensables en  aquella bendita época, dónde se jugaba a piola, al trompo y a las bolas e improvisábamos un campo de futbol en cualquier calle con dos piedras por portería.
 
Algunos jóvenes de hoy pueden pensar cómo pudimos sobrevivir sin estos adelantos antisociales infantilmente hablando y no saben lo felices que éramos sin la electrónica, con nuestras canicas de barro cocido, ni siquiera de cristal de bellos colores como las de ahora. Si acaso las que servían de tapón a aquellas riquísimas gaseosas de bola, uno de los pocos refrescos que algunos tenían la suerte de beber de vez en cuando enfriados en las bien llamadas neveras de nuestra infancia.

(…)

Eso sí, creo que ese puente se merece algo mejor que una vía férrea llena de prisa deshumanizada y con un gigante de hormigón que lo empequeñece y apabulla a sus espaldas. Por eso lo traslado a otro lugar, mas estético y no por eso menos marchenero, nuestro río Corbones quien lo alberga con todo cariño tal y como podéis ver en este mi pequeño homenaje, integrándolo con cierta lógica e imaginación en un nuevo paraje.

Espero que alguien de mi edad lea estas líneas llenas de melancolía y recuerdos.

 
Juan A. Campos Espina.

 

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