Sociedad

La pasarela de Marchena de Novias ha sido escenario de gratas sorpresas, pues se pudieron ver trajes sencillos y elegantes que recordaron a esos tonos coloristas, alegres y símbolo de desparpajo de los años 70 y 80 en la moda de mano de la diseñadora Manuela Aguilera. Vestidos de picos acampanados, de cuadros, algunos incluso cercanos al Pop Art, y complementos como orquídeas, lazos y sombreros, llenaron de vistosidad el desfile. La sensualidad de los trajes de novia para la temporada de verano, marcaron el desfile de Mari Carmen Novias.


El primero de los dos desfiles resultó francamente excepcional por la amplia gama de vestuario que se pudo presenciar, de tonos rojos, turquesas, pastel, llevándose incluso muchos de ellos como ejemplo de vestidos elegantes para asistir a las bodas, e incluso muchos de ellos con tonos más favorables para el día, que va recuperando enteros en la elección de los novios para casarse, sobre la noche, aunque hubo de tono.

Modelos más entradas en años pudieron recordar de primera mano nostálgicas pasadas épocas de grandes sombreros elegantes y variedad desde vestidos de un solo color hasta algunos de ellos con estampados, cuadros, alta presencia de elementos florales en el propio diseño y lazos para rematar. 

Es la eterna vuelta a empezar de la moda que recupera lo mejor de cada época y donde se demuestra que lo importante es saber llevarlo, como hicieron modelos ya de épocas más recientes que demostraron que los trajes elegantes no tienen fecha de caducidad, de ahí la recuperación en las grandes pasarelas de estas líneas de moda setenteras y ochenteras.

Para culminar la tarde, las modelos de Mari Carmen Novias desplagaron su componente de drama e historia con la representación mitológica de diosas del amor que desplegaron en una línea que pretende realzar la feminidad en los trajes de novias con coronas, diademas, y adornos en la cabeza, más cómodos que el tradicional velo y que aportan un toque de originalidad y modernidad a las novias, inspirado en las leyendas de la Grecia antigua.

Con ese ideal de belleza y la sensualidad de modelos hechos para verano, con tirantes y escotes de hombro, se presenció un desfile en el que apareció alguna influencia del toque hippi ibicenco con vestidos también acampanados para novias y a medio camino entre esa comodidad y apariencia de informalidad para dar mayor sensualidad a la novia, y también los cuidados relieves y la brillantez de la pedrería utilizada, por lo que el conjunto fue realmente lúcido e innovador dentro de lo que es el tradicional blanco de boda.