Sociedad

Al concluir la Cabalgata de Reyes Magos 2010, Su Majestad el Rey Melchor nos comentó que la visita a las residencias supuso algo "completamente diferente" en medio del camino de doce horas de actos y recorrido por las calles. No son de extrañar sus declaraciones; asombro, miradas de goce, alegría infinita, ilusión desbordada, y sobre todo, miradas perdidas, absortas hacia los Reyes Magos en recuerdos infantiles que los ancianos hilvanaron o intentaron hilvanar según los casos durante este tradicional y entrañable acto.


A las 15:40 horas llegaron los Reyes Magos, anunciados por megafonía y acompañados por el cartero real, a la residencia de la Junta de Andalucía, donde en su coqueto patio central les esperaban los ancianos, que recibieron entre unos cariñosos aplausos a sus majestades en su entrada.

Los Reyes obsequiaron con regalos a los mayores en estos días en los que a más de uno se le desata la sensibilidad por el cambio de año y por el paso en el tiempo de sus recuerdos, que cada vez se hacen más lejanos, por lo que la visita les supone una magnífica oportunidad de acercarse en sus mentes a sus infancias y a este día que décadas atrás les fue especial.

Una vez que le entregaron los regalos, los Reyes, que se mostraron realmente atentos (valga la redundancia), con los ancianos, fueron a visitar a los enfermos que se encuentran instalados en camas de la planta superior, donde intentaron animarlos, consiguiendo arrancar una sonrisa e incluso palabras de algunos de ellos, algo que no es nada fácil vistas sus circunstancias. Hasta 103 años de edad tiene una de las ancianas, Carmen, que reaccionó con propiedad y alegría a la visita de los Reyes Magos.

Posteriormente a visitar la residencia de la Junta de Andalucía, cruzaron las puertas para entrar en la de Diputación, donde les esperaban los mayores en dos salas, con charlas que se extendieron por darse coincidencias de gente conocida por los Reyes Magos y sus pajes.

Lo cierto es que algunos se quedan atrapados mirando a los Reyes Magos como niños, en imágenes que nos recuerdan a los más pequeñísimos cuando miran al cartero real o a los propios Reyes. Es asombroso como el paso del tiempo iguala las miradas y las ilusiones en los dos extremos de la vida, el nacimiento y las postrimerías del ocaso.