Sociedad

Una vez que se despejaron todas las incógnitas y la procesión tomó las calles, miles de marcheneros se fueron incorporando al cortejo real, prácticamente siguiéndolo de principio a fin. Madre de Dios aglomeró a una enorme masa humana nuevamente, la gente se situaba prácticamente una hora antes de la llegada e la Cabalgata en los mejores lugares para la posterior fiesta que se vivió a su paso y que pudimos recoger desde las alturas gracias a la gentileza de la familia Martín Portillo. En los cantillos del centro de Marchena, continuó el jolgorio generalizado que no dejó de acompañar al cortejo. San Jerónimo nos dejó también estampas preciosas y la expectación fue mayor de lo habitual en ese íntimo rincón de nuestra localidad.


 

La masa humana que se congregó en toda la calle Madre de Dios fue espectacular. Después de la transición de la calle Milagrosa tras atravesar Santa Clara, entrar en una de las calles po antonomasia de la Cabalgata es una sensación que sólo sabrán explicar quienes la hayan experimentado desde dentro. Por allí fueron llegando poco a poco todas las carrozas precedidas por la banda Sagrado Corazón de Jesús, que comenzó a ambientar al personal con sus marchas que rememoraban juegos infantiles a los que el personal se fue sumando.

Las madres, los padres y mayores que acompañaban a pie de carroza a sus pequeños vieron como el espacio se iba estrechando en la populosa calle, en la que incluso algunos pequeños pudimos verlos abrumados por la multitud, si bien otros se lo pasaron en grande.

Posteriormente, ya fueron llegando los Reyes Magos con sus lanzamientos de caramelos y pelotas, que estuvieron más difícil de lograr que en ningún otro sitio de Marchena y para lo que la competencia fue alta. Los saltos, el griterío y también algunos lanzamientos 'asesinos' de caramelos, se multiplicaron en este punto del recorrido.

Siguiendo con nuestro recorrido, paramos a presenciar la Cabalgata en los cuatro cantillos, donde el pueblo de Marchena volvió a responder a los Reyes Magos, donde los rostros de los niños de las carrozas ya se veían desbordados por la ilusión, acumulada la euforia de un largo tramo de recorrido.

Los Reyes Magos fueron seguidos por toda la calle Las Torres por insaciables pequeños que no paraban de llenar una bolsa para coger otra y volverla a llenar de caramelos, pelotas y regalos y en los que, para nada, pesaba el cansancio aún estando cercanas las nueve de la noche.

Los Reyes llegaron a los Cantillos tirando caramelos a diestro y siniestro, con unos pajes que no dieron abasto y que poblaron las carrozas de sus majestades, a los que no pararon de atender y servir de paquetes para repartirlos a todo el pueblo de Marchena.

De destacar el gentío que se acumuló también en la plazuela de San Andrés y monumento a la Memoria, con muchas personas  que ya no dejaron de seguir a los Reyes Magos hasta el final. La verdad es que el lugar dejó estampas de magia y belleza al paso de sus majestades.