Cultura

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CRÓNICA DE JUAN REYES. La verdad desnuda e incontestable del flamenco de raíz, personificado en una singular y única cantaora, Mari Peña, hace templar a todo su legado en su remoto descanso, que se levantaría orgulloso, por tener a una digna representante que deja muy claro como se tiene que cantar, expresar y hacer sentir el alma del flamenco desde su origen, su desarrollo, su presente y su futuro. (Crónica de la actuación de Mari Peña en la Peña Flamenca de Marchena).

 



El alma del flamenco desde su origen, su desarrollo, su presente y su futuro, pasa por que los portadores de su legado, apuesten por encima de las derivas y el "novismo", a ser fieles al mensaje humanista de hermandad y confraternidad, que un vehículo como el arte flamenco, pone al servicio de los sentimientos y a la noble esencia de los seres humanos, dejando en segundo plano la compleja y difícil realidad de un mundo que se olvida con mucha frecuencia de lo que es verdaderamente importante.

 

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Nunca, en las numerosas crónicas que he hecho he incluido mi opinión, obviamente; porque si no, no sería crónica, es decir, una mera relatoría de acontecimientos. Hoy me lo voy a permitir, porque Mari me ha hecho reflexionar sobre lo grande que es el flamenco y la importancia que ha tenido el pueblo gitano en la gestación, desarrollo, presente y futuro de esta manifestación, reconocida como patrimonio inmaterial de la Humanidad.

 

Para cualquier investigador que le embargue la neutralidad como principio, la primera pregunta que se le viene a la cabeza, es cómo nace el flamenco. Esta cuestión, muy debatida y polarizada queda resuelta antropológicamente por la interacción cultural de una realidad social determinada, fruto de la convivencia de las cuatro culturas que por aquel entonces poblaban nuestra península: la musulmana, la cristiana, la judía y la gitana.

 

Lo que para mí y para muchos, es evidente; es que sin la aportación del Pueblo Gitano, el flamenco, tal y como lo conocemos hoy, no sería flamenco, sería otra cosa. Después del big bang intercultural que propicia la amalgama cultural que sobrevive a la imposición del catolicismo impuesto en la península, nace una música diferente a todo lo que había por la interacción de los gitanos que llegaron a la baja Andalucia allá por el ultimo tercio del siglo XV.

 

Pero no sólo nace el flamenco con los gitanos, sino que sobrevive cinco siglos después gracias a este singular e irreductible pueblo, que después de la homogeneidad cultural y religiosa implantada por los Reyes Católicos, pese a las más de 250 pragmáticas antigitanas, fue el único pueblo que sobrevivió a la asimilación forzosa impuesta por los reconquistadores de la península.

 

Así pues, si se me permite la analogía, el Pueblo Gitano hizo con el flamenco, lo que hizo Moisés con los diez mandamientos conservados en Arca de la Alianza del Sinaí, conservó la esencia del flamenco durante siglos, hasta que el que cofre de esa alianza se abrió allá por el segundo tercio del siglo XIX y a partir de entonces, se convierte en el patrimonio, que da seña de identidad al Pueblo que en la sombra conservó en la clandestinidad aquel ideal crisol de culturas, El Andaluz.

 

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Anoche en el Patio de la Casa Fabrica, en el ideal rellano de la Cueva de Graná marchenera, comenzamos la temporada de verano que estará llena de actividad, hay un plan diseñado repleto de mucho y buen hacer flamenco. Desde anoche hasta fin de año, entre los recitales de la peña, los concursos de cante y de guitarra, y los previos de la fiesta de la guitarra, tendremos la oportunidad de disfrutar mucho y buen flamenco.

En la pasada noche contamos con la categoría, con mayúsculas, de una gran cantaora, María del Carmen Romero Peña, conocida artísticamente como Mari Peña, y para más seña, portadora de una de las más pura e histórica estirpe flamenca, la de Utrera. Mari Peña, es una de las figuras más destacadas de la herencia de una de las casas flamencas más antiguas que han conservado y han mantenido vivo la esencia del flamenco a lo largo de los siglos, conjuntamente con las casas de Jerez, Cádiz, Sevilla y Lebrija.

 

Esta singularísima cantaora, de las que ya quedan muy pocas, es nieta de María Encarnación e hija de Francisca Peña "de la Buena", sobrina nieta de José "de la Buena", de la línea de los Perrates, una de las denominaciones de origen más insignes de este maravilloso arte. La calidad de su cante, por entronque familiar, es herencia de la casa de los Peña, Sotos y Fernandez, los “Pinini” y los Perrates, sagas que atraían a los Moraos, a los Agujeta, Rubichi, a la Bolola, a Caracol y a Mairena, a disfrutar de la forma única y especial que tienen los cantes de Utrera.

 

Mari Peña, es una cantaora que atesora el conocimiento y las formas más auténticas de uno de los centros cantaores más importantes del arte flamenco. Ha trabajado con El Lebrijano, Manuel de Paula, Inés Bacán, pitingo, canales, Concha Vargas, con Mari Gimenez, un largo etc. de grandes artistas. Ha intervenido en numerosas grabaciones donde se puede destacar los discos: “Utrera Joven por fiestas” y “Gitanas por Bulerías”, ambos de la firma Luna Disco y posee un disco en solitario “Mi Tierra” que si no lo han escuchado recomiendo que lo hagan.

 

En el plano internacional ha participado en muchas ocasiones en el Festival internacional de Mont de Marsan (Francia), en el Festival Internacional de Nimes y París y ha realizado giras por Holanda y Alemania con el espectáculo de Bernarda de Utrera. Su participación en los más destacados festivales andaluces como El Gazpacho de Morón, La Caracolá Lebrijana, El Potaje Gitano De Utrera, La Hierbabuena de Las Cabezas, etc., demuestran que Mari es una artista imprescindible en la programación de los carteles andaluces.

 

Mari Peña normalmente está acompañada por su marido, Antonio Moya, fundamental y pieza clave en su obra. Todo buen aficionado sabe del buen hacer de Antonio, un guitarrista que viene muy de la mano del Gran Pedro Bacán y acompaña tanto para el cante como para el baile a muchas figuras del flamenco. En esta ocasión, Antonio no pudo estar en nuestra peña porque estaba cumpliendo un compromiso en Sevilla con su hija Manuela, una joven cantaora que promete estar en las alturas del flamenco.

 

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Mari vino acompañada por Curro Vargas. No quiso venir a Marchena con cualquiera, trajo a un guitarrista de categoría, con una sonanta pura gitana con sonidos añejos, revestidos con la técnica moderna de la guitarra, en su toque se refundan las casas de Utrera y Lebrija con la de Morón, poniendo de manifiesto con estructuras remozadas la escuela de Diego del Gastor. También vino acompañada al compás de las palmas por Rafael Romero, su hermano, y Rocio Peña, su prima hermana.

 

Mari comenzó su actuación abriendo el cofre de la alianza por romance, aquí recordé a mi amigo D. Rafael Infante, director de la Catedra de Flamencología de la Universidad de Sevilla, tristemente ya fallecido, que con su investigación ponía de relieve que los romances en la literatura castellana, que narraban los amores y batallas de los señores feudales castellanos, se hubieran perdido. Su conservación por tradición oral se le debe a los gitanos. No se puede cantar mejor por romance como lo hizo Mari Peña.

 

Siguió su lucha con unos tientos-tangos, marca de la casa, fruto de su propia personalidad. Digo lucha porque ella se pelea con el cante de tú a tú, sin cobertura de ninguna clase, sólo con el escudo de la lealtad y la franqueza. Es increíble los giros de agonía que despliega en ese cante, para luego salir hacia arriba con una esplendorosa y limpia dulzura. Remató por tangos acordándose con mucha clase de la Repompa de Málaga.

 

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Cuando empezó a acordarse de toda su estirpe por soleá, rememorando a todos sus antepasados, personificaba el más exacerbado placebo que solo puede experimentar el curtido aficionado. Era impresionante cuando se recogía por dentro, como lo hacía la Fernanda de Utrera, simplemente ¡¡sublime!!. De verdad señores/as, que los que no estuvieron allí se perdieron el mejor de los Yelis, no había boda…, era la Mari que nos estaba casando a todos. Aquí fue donde me rompí metafóricamente la camisa. Continuó por cantiñas, la madre de los cantes de Cádiz, pero donde Utrera siempre tuvo algo que decir, aquí eran los Pininis los que estaban debajo de su cante.


Después del descanso sorprendió con una ronda de fandangos magníficamente acompañados por Curro Vargas a ritmo de soleares, hizo un recorrido por los estilos más clásicos dejando un maravilloso sabor de boca, ¡genial, diferente! Por seguiriyas sus ecos rompían el aire de la Casa Fabrica, poderío, sabiduría y medida.

 

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Terminó su fantástica actuación por bulerías de Utrera y Lebrija, con benditas inmersiones antológicas por cuplés que recordaban a la tía Bernarda y remató con unas versiones de los cantes de Bambino que embelesó al público. Nota de honor merece el acompañamiento de Curro Vargas en toda la actuación, transmitiendo verdad y sabiendo estar con el cante en todo momento.


En definitiva, Mari Peña abrió la temporada de verano de la Peña Flamenca de Marchena, con flamenco sin careta ni cartón, con la verdad y la entrega incondicional a pecho descubierto de una señora que pone de manifiesto un flamenco de muchos quilates, que Marchena supo apreciar.