Opinión

et flamenco vi

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Nos acercamos ahora a cuatro bailaoras que dejaron huella en el mundo del flamenco: Magdalena Seda Loreto, La “Malena”, sobrina de la “Chorra”, otra insigne del baile. Nació en Jerez, en 1877 y, desde pequeña, recorrió los cafés cantantes de su ciudad. Pronto se trasladaría a vivir a Sevilla, en la Alameda de Hércules, donde tendría como vecina y como rival en el baile a la genial artista Juana La “Macarrona”, según las crónicas la única que podía hacerle sombra en aquellos años; aunque según Vallejo que ya conoció a ambas en su madurez, diría que Malena era más exquisita y espiritual, en cambio en Juana había más nervio y gracia...

 

 


 


En 1903 se encuentran actuando ambas en el café Filarmónico de Sevilla, y en otros cafés de distintas ciudades andaluzas. En 1911 viajaría a Rusia con la compañía del maestro “Realito”. Actuaría en Barcelona por los años de la Dictadura de Primo de Rivera y, durante la II República (1931-1939) formaría parte de la compañía de la Argentinita, en el espectáculo “Las calles de Cádiz”.


Actuaría en Sevilla, en los cafés el Kursaal y en el Salón Variedades durante dos años. A partir de aquí, durante la Guerra Civil y los años cuarenta, formaría parte de la compañía de Concha Piquer. Al final de sus días montó su propio espectáculo “Malena y sus gitanas”, actuando en el Casino de la Exposición sevillano y en Festivales de España en Sevilla. Según Fernando el de Triana sería considerada una de las mejores bailaoras, por la filigrana de sus brazos y su gracia rítmica. El concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba le rinde homenaje, ya que el premio por tangos lleva el nombre de La “Malena”. Magdalena Seda murió en Sevilla en 1956.


La “Cuenca”, era el nombre artístico de Trinidad Huertas Cuenca, bailaora y guitarrista de cuya biografía se sabía muy poco hasta que Manuel Bohórquez le siguió la pista, indagó en los archivos y descubrió que era nacida en Málaga en 1857. De su niñez solo se sabe que actuaba por los bares y cafés de la ciudad. Debutó en Almería en el 1875 y, de 1879 al 81, estuvo actuando en el teatro Eguilaz de Jerez. Después de recorrer los teatros y cafés cantantes, de toda la geografía española, actuó en el Nuevo Circo de París con el espectáculo titulado “Feria de Sevilla” (1895). En un artículo, la prensa francesa sobre la bailaora, destaca: “…Mademoiselle “Cuenca” viste de hombre: chaquetilla, pantalón ceñido, botas vaqueras, calañés, faja…”. La “Cuenca” fue la primera mujer en bailar vestida de hombre, haciendo el zapateado de las soleares.


Fernando el de Triana, en su libro, comenta la gran personalidad de la artista, haciendo las suertes del toreo y moviendo los pies con un ritmo y una maestría depurada. Haría giras por toda Europa, además de París, Niza, Berlín, Praga, Viena, Lieja…, marchando más tarde a América conde actuó en Méjico, Nueva York y varias ciudades cubanas. Sería en 1888, cuando se encontraba de gira por los EEUU, en el periódico de Cleveland, el “Plain Dealer”, en una entrevista que le hicieron, la “Cuenca”, comentaría que no se dio cuenta de que era mujer hasta los 17 años. El musicólogo y psicólogo social Kiko Mora, junto a los flamencólogos Ortiz Nuevo y Ángeles Cruzado, indagarían y explicitarían una exhausta biografía de Trinidad Huertas, la “Cuenca”, en ella reflexionan sobre el carácter andrógino de la bailaora y su masculinidad.


Trinidad se despidió de este mundo – según la prensa cubana – en la ciudad de La Habana en el año 1890, con sólo 32 años de edad, tras una larga enfermedad.

 

Una de las hijas del guitarrista ciego, Juan Manuel Rodríguez, se llamó Salud y nació en Sevilla en 1873, pero le apodaron “La Hija del Ciego”. Desde pequeña se aficionó al baile con las enseñanzas de su padre (aunque parezca una rareza en un ciego), que además enseñaría y metería el gusanillo del flamenco a otros cuatro hijos de los siete que tuvo. Salud seguiría además las enseñanzas, en el zapateado, del maestro Enrique el “Jorobao”. Aprendió a mover los brazos observando a la “Cuenca”, aunque iría añadiendo mucho de su propia cosecha. Debutó en el Teatro Cervantes de Málaga con 6 años y con 9 en el café sevillano de Silverio, con el nombre artístico de La "Hija del Ciego”. Muchos cronistas y artistas de la época afirman la enorme calidad artística de la joven bailaora.


Salud Rodríguez tendría una carrera meteórica, recorriendo todas las zonas de España – en la década de los 80 del XIX –, donde la prensa se refería a ella como “La Nueva Cuenca”. A finales del XIX se traslada a Madrid donde desarrolla gran parte de su carrera, compartiendo escenario con Juan Breva, la “Coquinera”, el “Mochuelo” o el “Canario”…en el teatro Martín, en el Príncipe Alfonso, el Liceo Rius y en los Jardines del Buen Retiro. En 1895 forma parte de una compañía que se desplaza a Berlín, donde, acompañada por su hermana Lola, tendrían un aclamado éxito. En Sevilla actuó junto a Manuel Torre en el Filarmónico y el Oriente. Se le pierde la pista hasta el 1929 que subiría por última vez al escenario con Francisco Lema “Fosforito”. Cuentan que llegó a ser maestra del “Estampío” y del “Lamparilla”.


Pepe el de la Matrona, en sus confesiones a Ortiz Nuevo, llegaría a decir de ella: “Salud Rodríguez, que bailaba vestía de hombre, es la mujer que yo he visto – por alegrías – hacer el baile de hombre más perfecto”.


De Concepción Rodríguez, “Concha la Carbonera”, no se conoce su fecha de nacimiento. En 1879 la prensa hace alusión a ella: “…cantaba y bailaba en el Café Europeo de Valencia, el tango americano y la petenera; maravilla del baile gitano y los nuevos cantos flamencos”. Ese año debutara en el café la Bolsa de Madrid, junto a las bailaoras Isabel Santos e Isabel Delgado, de donde serán despedidas por su actitud poco respetuosa con el público. Después, la “Carbonera” se trasladó a Andalucía; pues en 1881 aparece en Córdoba y la crítica comunicaba que provenía del Salón Filarmónico de Sevilla. En 1882 está actuando en el Teatro Eguilaz de Jerez. En el verano de 1885 forma parte del Café del Burrero de Sevilla.


Según Fernando el de Triana tendrá como pareja de baile a José León “la Escribana” (un afeminado descarado). ‘Ambas’ montaban en el escenario, entre cante y cante, una chufla con muy poca vergüenza que escandalizaba al público pero que llenaba cada día el local. El escritor Armando Palacio Valdés la llevó a su novela “La hermana San Sulpicio”. También Salvador Rueda hace alusión a ella en un artículo en el que nombra el bien hacer de Concha en el café del Burrero.