Firmas

erostrato1 redi

 

EDUARDO TERNERO. Hay fenómenos naturales   a los que el hombre, la humanidad, aún no ha sido capaz de dominar o  de dar soluciones, sobre todo a aquellas que están relacionadas con el clima, las derivas  de la corteza terrestre, los movimientos  del mar producidos por la mareas, el oleaje, iceberg…, dando, todos ellos,  lugar  a  tragedias o catástrofes que afectan  directa o indirectamente a la naturaleza y por ende a todos los animales y el ser humano. 


 
eduardo ternero ok
 
 
 
Tal vez sean las catástrofes relacionados con el clima (elevadas temperaturas, borrascas, tifones…) las que   produzcan mayores devastaciones y desastres.  Es cierto, que la visión general  que hoy tenemos de la atmósfera, las imágenes, los datos…, las previsiones que envían la ingente cantidad de satélites y los estudios mediante los medios digitales que circunvalan la Tierra podemos predecir, con muchísima antelación –  de casi un mes –, la deriva de las borrascas, los anticiclones, la dirección de los vientos…; se puede concretar donde lloverá o donde caerá una nevada y precisar la zona donde causaran daños los citados fenómenos  meteorológicos.  
Hoy  podemos saber mediante el estudio de la atmósfera, el seguimiento de las corrientes, marinas, las borrascas… y predecir, en un lugar determinado de nuestro planeta, las temperaturas, las lluvias, la velocidad de los vientos… , además con una exactitud meridiana, para  prevenirnos con al menos una semana de antelación. Sin embargo, existen otros fenómenos, producidos indirectamente  por el clima, como son la desertización, los incendios, inundaciones, etc. que son difíciles de prevenir y mucho menos evitar. Estos desastres como consecuencia de los efectos del clima suelen estar correlacionados, es decir, cuando se producen incendios, las regiones afectadas suelen perder la vegetación y ello modifica el régimen de lluvias. Otras por el calentamiento excesivo de las aguas dan lugar a las DANAS, con precipitaciones  de forma torrencial en las que la vegetación inexistente no puede poner freno a las correntías, produciendo las inundaciones y las pérdidas de bienes, cosechas, enseres…
 
erostrato2 redi
 
Y para colmo de los males, las olas de calor provocan el incremento de incendio, un mal que se está convirtiendo en endémico en España y en todos los países  mediterráneos. Todo ello como consecuencia del descuido o de una mala gestión de los bosques por parte de las administraciones y las altas temperaturas que asolan  estas regiones.  Y es, hasta cierto punto inevitable, que los bosques se quemen, pues no se retiran los pastos que antes apuraba el ganado o por el descuido o accidente o negligencia de algunos inconscientes… Pero lo que no es concebible es que haya energúmenos, pirómanos que se dediquen a quemar los bosques por el simple hecho de hacer daño, por placer o para lucrarse o sacar rendimiento, pues al desaparecer el bosque se hace posible que la zona se reconvierta en urbanizable. 
Lo que colma el vaso es  que haya pirómanos que están quemando el bosque porque quieren ser famosos, porque disfrutan cuando la noticia de su atentado se explicita  en las noticias de la televisiones, radios o prensa; es decir que ya no se conforman con hacer el daño sino que además quieren que se difundan sus fechorías;  que su nombre, su fotografía, su reseña salga  en los medios, quieren alcanzar la fama cueste lo que cueste. En este caso se trata de hacer un daño consciente a la naturaleza, sin pensar en los daños colaterales que puede conllevar, pues además de la destrucción de la floresta, mueren muchos animales, se eliminan los ecosistemas, se destruyen pueblos y en muchos de los casos se llevan vidas humanas.  La acción de estos  perturbados se  denomina en psicología como  síndrome de Eróstrato.
 
erostrato3 redi 
 
Eróstrato era un pastor de Éfeso (Turquía)  que vivió en el siglo IV a.d.C. Sintiéndose un hombre vulgar, un mindundi, buscaba ser famoso como los filósofos   Sócrates, Aristóteles o Platón, o como los políticos de su época, Alejandro Magno, Pericles...  Eróstrato, ansiaba pasar a la historia y ser reconocido por siglos.  Para ello, para llegar a ser popular y se le recordara, quemó el templo de Artemisa en Éfeso, uno de los edificios más hermosos y famosos de la antigüedad. Antes de ser ejecutado fue torturado y preguntado por qué lo había hecho, a lo que Eróstrato contestó: ¡quería ser famoso! Artajerjes y los reyes venideros prohibieron, bajo pena de muerte,  que se dijera su nombre, que nunca más se nombrara al insensato pirómano de Éfeso, que cayera en el olvido. Sin embargo, y como ocurre casi siempre que se prohíbe algo, estas leyes no fueron capaces de evitar que su nombre llegara a perdurar a través del tiempo.
Pero, si en la antigüedad fue imposible ocultar la ignominia que había perpetrado Eróstrato, imaginen actualmente, donde las redes sociales están atentas a cualquier acto que se salga de la normalidad; hoy cada humano – de cualquier edad –, dispone de un móvil con su correspondiente cámara que va recogiendo imágenes a diestro y siniestro. Basta que se prohíban divulgar ciertas imágenes, ciertas noticias, para que la gente lo haga más viral. Esto es lo que se llama el efecto Streisand, pero de eso hablaremos otro día.
 
 
 

Suscríbete al canal de Youtube