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david1 redi

 

JOSÉ DE ARIMATEA. CORTITA Y AL PIE. Todos alguna vez hemos hecho uso de drogas recreativas, legales o no legales, no es mi deseo inmiscuirme en la vida de nadie, por lo que nos es familiar esa sensación de euforia o paz, dependiendo de la droga, y el posterior vacio o estado depresivo que desencadena la desaparición de la sustancia en el organismo.


arimetea julio
 
Lo más parecido que he sentido en mi vida aún con la ausencia de sustancias psicoactivas es el proceso de adquisición de un producto no primordial, es decir, de primera necesidad. Es una experiencia totalmente psicodélica, y entiendo que los mecanismos psíquicos participantes son los mismos que al ingerir cualquier sustancia psicoactiva. La expectativa creada al comprar ropa de una determinada marca de ropa, un coche, un televisor, una casa mas grande…. actúa como desencadenante  de dopamina y serotonina al igual que lo hace la cocaína o la heroína, y el posterior vacio que cae sobre el consumidor como una losa de hormigón al darse cuenta que su vida y su felicidad no depende lo mas mínimo de sus bienes materiales actúa como la desaparición de la sustancia en la drogadicción.
Pero paradójicamente, esto no desencadena normalmente en el sujeto una aversión hacia el consumo, sino que al igual que ocurre con el estupefaciente, se vuelve a  caer en la trampa de creer que la adquisición de otro producto atraerá la ansiada plenitud cayendo en el mismo bucle que el drogadicto en una espiral de vacuo consumo.
Por seguir con el paralelismo que hemos utilizado como ejemplo, al igual que ocurre con el consumo de estupefacientes, en la sociedad de consumo la ley no es más que un obstáculo en pos de que la oferta no mengue. Que más da que no se cumplan los convenios colectivos, que mas da que los salarios no permitan al obrero vivir dignamente, que mas da que las alienantes cadenas de producción despojen al trabajador del mas mínimo sentido en cuanto a su realización personal. Hasta hace poco el vacio adjunto a esta alienación se pudo paliar transformando a la mano de obra en consumidora, es decir, el modelo de producción  actuaba como enfermedad y cura al mismo tiempo. 
Pero el consumo se volvió insostenible, y  tal como existe la metadona para el adicto a la heroína, las grandes corporaciones han creado su propio sucedáneo para prevenir el mono provocado por la abstinencia consumista. Solo hay que observar la composición de los patrocinadores en la última cumbre del clima, en las que destacan empresas directamente culpables debido a las emisiones de CO2 a la crisis climática a la que se enfrenta el planeta, la lista es para al menos esbozar una mueca de estupefacción;  Suez, Acciona, Santander, Mapfre, BBVA, Iberdrola, Tango, Abertis, Gestamp, Endesa-Enel, Indra, Iberostar, Iberia, Siemens-Gamesa, SEAT (Grupo Volkswagen) y Telefónica.  Ahora consumiremos de manera ecológica y LGTBI friendly, seremos igual de consumistas y nuestras vidas serán igual de insulsas pero será en pos de un fin mayor, por lo que el vacio y la culpabilidad por el mero hecho de consumir serán anestesiadas con una noble causa.
 
 
david2 redi
 
Que dice la política nacional al respecto, NADA, porque no tienen nada que decir ni proponer, porque son los hijos mimados del capital, ya que a través de puertas giratorias estos le brindaran su retiro dorado de la farándula política. Desde el hippie del 15 M que vota a una izquierda que estrecha vínculos comerciales con el decrepito imperio americano, hasta el pijo niño de papa que ensalza el patriotismo de bandera de la derecha cuando esta con su subordinación al capital vacía al estado y empobrece a su población,  son instrumentos para que esta todopoderosa deidad llamada sociedad de consumo siga robando el espíritu a los hombres y destruyendo nuestro pequeña morada en el vasto universo, ya que en casi la totalidad del espectro político nadie propone arrebatar el poder  a los mastodontes empresariales y entregarlos a la noble causa de la justicia social, económica y ambiental. Porque no nos engañemos, los compromisos, que en principio son loables de la Agenda 2030 no son posibles si la inversión privada sigue reinando en el panorama económico, ya que donde prime el beneficio cualquier causa será subyugada.
Y aprovecho para entonar el mea culpa como consumidor, ya que somos parte del problema, y solo una revolución humana podrá terminar con esta lacra ya que el sistema ha demostrado una y otra vez saber regenerarse. Por ello quiero expresar un sentimiento de sana envidia al hombre que realmente encontró en la espiritualidad su camino para vivir, al bohemio que sabe que no posee nada porque la muerte nos espera a todos y al intelectual que realmente sabe que seguir consumiendo no le reportara su ansiada paz mental.

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