Opinión

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EDUARDO TERNERO. Ya hemos hablado de la importancia de la mujer en el mundo del flamenco, hemos comentado la vida de muchas cantaoras, bailaoras, guitarristas…, habidas a lo largo de la historia antes de la aparición de la gran Pastora la “Niña de los Peines”. Hemos aprendido como vivieron aquellas féminas su ligazón al flamenco, sus dificultades y su dependencia del mundo masculino. ¡Cuánto valor añadido tenían que superar estas mujeres para poder alcanzar la fama y poder cantar ante un público! ¡Cuánta frustración a lo largo de la historia!

 



Aún así, una mujer del flamenco, una marchenera llamada la “Gilica”, una mujer del XIX, nos ha dejado muchas páginas escritas de su saber hacer en el mundo del flamenco. Desde su humildad, desde su pobreza, desde esa Plaza de Arriba de Marchena. Esa Plaza de Arriba o Ducal donde, desde inicios del siglo XIX, se iría irradiando y difundiendo otra forma de hacer el flamenco. Desde la llegada y asentamiento de gitanos en nuestra localidad se prendió la mecha de este nuevo arte en Marchena.


Hablamos de María del Carmen Reyes Torres, conocida con el nombre de la “Gilica”. Parece que se va aclarando que nació en Marchena hacia el 1876 (no en 1866 como apuntan muchos), ya que en la iglesia de Santa Cruz de Écija parece que en el 1867 nació otra niña a la que bautizaron con el mismo nombre y apellidos y eso ha podido llevar a engaño. La “Gilica” era hija de Juan Reyes Heredia “El Gilico”, de Écija y de María Dolores Torres García, de Teba (Málaga). Fue una mujer que impregnó el final del siglo XIX y casi la otra mitad del XX. Pertenecía a una familia de herreros y herradores de Écija. Su padre, ante la llamada de un veterinario marchenero, se afincó en Marchena y aquí, nacerán ella y sus hermanos: Francisca la “Curricha”, su hermano “Juanillero" y Manuela, según fuentes familiares. Debieron vivir en distintas zonas de la localidad; al final se mudan, definitivamente, a la Plaza Ducal o Plaza de Arriba, donde se asentaba toda la gitanería marchenera. Eran tiempos de movimientos de caballerías; eran tiempos de nómadas, de ferias…, tiempos de negocios, ‘tratos’ de compra y venta; y, el pueblo gitano, tenía preponderancia en este tipo de oficios.

 

lucas y juanillero


La “Gilica”, junto a sus hermanos Juanillero, y su hermana Manuela, maman el flamenco en los brazos de los gitanos de la Plaza de Arriba; allí empezarán a desarrollar cada uno de ellos su faceta artística: unos con el toque, otros con el baile, el cante…, el arte llenaba los rincones de la Plaza muchos días del año; una candela, un guiso y se compartía lo poco que tenían ante aquella pobreza.


Tía “Gilica” se casó con Juan Jiménez, tío de Melchor Jiménez Torres, “Melchor de Marchena”, padre del inolvidable Enrique de Melchor, que junto a Melchor Chico conforman una de las mejores sagas de guitarristas del flamenco. Pero además, de este matrimonio nacerían más artistas flamencos: su hijo Juan el “Cuacua” uno de los grandes saeteros de la historia, además de gran seguiriyero y cantaor de martinetes en el mundo del flamenco; también sus hermanos fueron artistas: los guitarristas Miguel de Marchena, el “Titi del Quico” y su hermana María Engracia.


María del Carmen Reyes Torres, “Gilica”, desarrolla su cante en la Plaza Ducal. Ella crea una soleá corta parecida a los jaleos jerezanos, bailable, de una dulzura inigualable. Se cree que cantara algo parecido (en el XVIII), Tio Luis el “Cautivo”. A esta se le denomina “jaleillo o juguetillo de la Plaza Arriba”. Además creó otra soleá más solemne, con más enjundia, más reposada y que ha sido admirada y cantada por los grandes soleaeros de la historia. En el primer tercio del XX, muchos intérpretes como Antonio Mairena, la “Niña de los Peines”…, se desplazarían hasta Marchena, para convivir unos días con la “Gilica”, para escucharla y aprender sus cantes. Dicen que Manuel Torre, cuando todavía se le conocía con el nombre de el Niño de Jerez, estuvo por Marchena escuchando los cantes de la Gilica, aprendiendo de la gitanería marchenera.

 

plaza arriba

Después han continuado otros: grandes investigadores del flamenco, enormes cantaores de toda nuestra geografía flamenca y, cómo no, artistas de esa mina morisca que es Puebla de Cazalla: José Menese, Diego Clavel, Miguel Vargas…


Tal vez los descendientes de la “Gilica”, sus paisanos más cercanos, fuesen los mejores propagadores de la soleá al golpe de la Plaza Arriba, como se vino a denominar. Después, a raíz de las grabaciones de Mairena, la Roezna, Manuel Carmona (el Nene de Santa Fe)…, muchos se han montado en el carro y cuando se hace una semblanza de la soleá se suele incluir además de la de Alcalá, las de Triana, Utrera…, la soleá de la “Gilica”, “la soleá de la Plaza Arriba”.


La “Gilica” no fue profesional del cante, en aquellas fechas; la mujer, en general, tenía muchos problemas añadidos para poderse dedicar a ser artista. Nos consta que la “Gilica” murió en el llamado Corral de Eduardo Cano, de Sevilla en el año 1942, en aquel tiempo de la ‘jambre’ que asoló España. Dicen, los que la conocieron, que murió al compás de un martinete que le cantaba su compañero “Babé”, haciendo el son con una cuchara en la cama de hierro, a petición de la agonizante. El entierro, cuentan, lo pagó Antonio Mairena, pues sus hijos estaban todos fuera y su hija Mª Engracia no contaba con recursos suficientes.

cuacua


Existen muchas lagunas en la vida y la historia de los grandes artistas del flamenco que convivieron en la Plaza Arriba, que surgieron de la oscuridad y de los que empezamos a saber a principios del XX. Pero, a muchos, las penurias les hicieron buscar otros lugares para poder vivir dignamente y se alejaron de su pueblo. Nosotros esperamos seguir investigando en la vida de estas familias con el fin de poner en claro una parte importante de nuestra historia flamenca.