Opinión

plaza arriba redi

 

EDUARDO TERNERO. Quien ha conservado la esencia, a quien debe el flamenco su mayor protagonismo es, sin duda alguna, al pueblo gitano. Existen familias, sagas completas que se han volcado en él, ha sido su bandera. Sea con el cante, en la guitarra o con el baile; con sus raíces y costumbres, con sus letras y su musicalidad, su misticismo y su duende… desde su llegada a España lo han atesorado hasta nuestros días.

 



Marchena, al igual que otros lugares del triángulo mágico del flamenco, ha amamantado hijos e hijas ilustres para nuestro arte, y sabemos que, desde finales del XVIII, principios del XIX, muchas de estas familias ya ocupaban la zona de la Plaza Ducal. La otrora antigua plaza de armas del Palacio de los Duques de Arcos se denomina igualmente Plaza de Arriba, en contraposición a la Plaza de Abajo, que pasaría a denominarse Plaza del Piojo por ser un lugar donde – en las horas soleadas – las madres despiojaban a los retoños o Plaza de Alvarado por tener una escultura que preside la Plaza de uno de los padres de la Inquisición e hijo de Marchena. Después esta misma plaza pasaría a llamarse Plaza del Pololo, pues Antonio Jiménez, “El Pololo”, instalaría allí un quiosco que, a la postre se convertiría en un bar, cuya terraza era y sigue siendo muy frecuentada por los marcheneros. Allí mismo se situaba antaño la ya perdida y olvidada Fuente de las Cadenas.


Aunque es difícil establecer el árbol genealógico de estas familias gitanas. Intentaremos poner alguna luz sobre el linaje de las más antiguas y que más han contribuido a elevar la universalidad del flamenco desde nuestro pueblo. La dificultad estriba en la falta de registros escritos, por lo itinerante de estas familias y por la temporalidad… Aun así, conocemos los apellidos que se han mantenido en estos cuasi tres siglos: Los Jiménez, Torres, Reyes, Heredia, Corona o Campos…fueron y son apellidos que se conservan aún entre nuestros conciudadanos.


Nos retrotraemos a los siglos XVI y XVII, cuando el Duque de Arcos, lanza una proclama para ampararles y que aporten su musicalidad a las fiestas mayores. A finales del XVIII, el Duque vive aún en el Palacio. En esas fechas, muchos gitanos vienen a nuestro pueblo para hacer tratos, vender animales para las labores del campo, para transporte…; son tratantes de ganado, herreros, esquiladores, herradores, hojalateros, canasteros…, oficios indispensables en el ajetreo de la agricultura y ganadería. En Marchena, las tropas del Duque –que ocupaban las viviendas de la Plaza Ducal– fueron desalojadas por las tropas francesas y finalmente abandonadas. Muchas serían ocupadas por familias gitanas y otras se convirtieron en prostíbulos.

 

juanillero redi


En la foto, Juan Reyes Jiménez (Juanillero) con su abuelo, descendiente directo del entroncamiento de varias familias gitanas de Marchena, que han paseado su arte por medio mundo. Juan pertenece a los ‘Juanilleros’, apodos de su abuelo y del hermano de la Gilica. La Gilica aglutinaría a dos grandes familias de artistas al casarse con Juan Jiménez tío del gran guitarrista Melchor Jiménez (Melchor del Marchena).

 

Hablamos de los años 80 del siglo XIX y, en la Plaza Ducal, viven muchas familias gitanas: “Éramos una gran familia, nos ayudábamos en las cosas cotidianas, a la hora de alimentarse y, cuando alguno hacia un buen trato, invitaba a sus “primos” a celebrarlo y allí se cantaba y retroalimentaban los cantes. Nos comenta Juanillero.

 

feria ganado redi


“Hay que recordar a la “Rubela” (abuela de Juan el “Caeno”), que tocaba los palillos y bailaba como los ángeles” Nos dice. “Pero la miseria era grande, y el gitano no era bien visto por la sociedad marchenera, aunque si lo fuera económicamente, pues era el que movía los animales, hacía los tratos, los corretajes, se dedicaba a la recogida de aceitunas, a herrar y esquilar las bestias… De él dependía parte de la ganadería del país”. El gitano surtía de bestias a los pueblos y cuando hacían sus tratos, sus compra-ventas lo celebraban, y se ponían a cantar, entonces se podía escuchar a grandes artistas que nunca fueron famosos como La Tibarra, una gitana de mucho arte, entre otros”, nos comenta Juan Reyes “Juanillero”. Estamos hablando de finales del XIX y aquella pobreza se arrastraría hasta el último tercio del siglo XX”.


Sigue Juan: “…en los años cuarenta (los años de la “jambre”) se cocinaba una vez por semana, cuando se podía hacer un puchero, una berza o unos garbanzos. Los gitanos se ayudaban entre todos. Si alguno había enfermo todos les cuidaban… Pero, no todo era tristeza; con dos pesetas de aguardiente se formaba una juerga y allí, en cualquier rincón y sobre todo en la casa del Lico (padre de Melchor), que tenía una guitarra, se quedaban cantando y bailando durante la madrugada”.


En aquellas fechas, acudían a la Plaza de Arriba muchos de los que trabajaban en el Ayuntamiento Viejo; señoritos con ganas de ‘juerga’; los ‘mayetes’ que, habiendo recogido la cosecha o habían hecho un buen trato, visitaban las ‘casas de mujeres’, aquellas que fumaban”…, nos dice “Juanillero”. También algunos ‘payos’, amigos nuestros, se enganchaban a la fiestas gitanas y eran bienvenidos”.


Es posible que, desde finales del XIX hasta la Guerra Civil, el nivel económico de los gitanos subiera algo por el movimiento de caballerías. Dicen las crónicas que, por entonces, venían famosos como Manuel Torre, “La Niña de los Peines”, Antonio Mairena…, estudiosos del flamenco y grandes cantaores – amigos y familiares –, a pasar unos días, ver a los parientes y a escuchar los cantes originales de la Plaza Arriba.


Sin duda alguna, el origen y el semillero de muchos de los artistas que han salido de Marchena: La Gilica, el Cuacua, el guitarrista Miguel de Marchena, Melchor, Enrique, o Juan el Caeno entre otros, ha sido esa Plaza de Arriba, donde ha vivido la mayor parte de sus vidas la gitanería de Marchena hasta los años 70 que se ubicaron en otras zonas. El motivo de la desubicación se debió al lamentable estado de conservación de las viviendas que conformaban la Plaza Ducal. Por ello se les incitó a trasladarse a muchas familias a unos antiguos pisos del magisterio que la localidad había vaciado, en las zonas de la barriada de Olmedo y la Avenida de Santos Ruano. Otros fueron desplazados a un grupo de viviendas nuevas regaladas cercanas al cementerio y hacia la zona de la Alameda donde se habían construido igualmente un grupo de viviendas de carácter social expreso para este tipo de familias necesitadas.


Con el tiempo, tras la rehabilitación de muchas de las viviendas de la Plaza Ducal, muchas familias de gitanos han vuelto a vivir en esas viviendas, compartiendo un lugar que siempre ha sido de su agrado y en la que otros muchos prefirieron aguantar.