Opinión

serneta

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Este artículo lo vamos a dedicar exclusivamente a una cantaora que hizo historia en el flamenco. Una cantaora que puede ser considerada como la reina de la soleá, porque es el referente de este estilo de cante en el mundo del flamenco y el espejo donde se miran la mayoría de los cantaores a la hora de cantar por soleá. Su nombre, Mercedes Fernández Vargas, conocida en el mundo del flamenco como Mercé la “Serneta”. Nació en Jerez en 1837 o 1840. Estaba emparentada, por parte de padre, con la familia utrerana de los “Perrate”. Sería tía-abuela de Borrico de Jerez y entroncada en la familia de “Paco la Luz”...

 



Hay quien da fe que, Mercedes, a los 23 años, se fue a vivir a Utrera porque conoció y compartió una relación sentimental con el padre de los hermanos Álvarez Quintero, Joaquín Álvarez Hazaña (a la postre alcalde de la ciudad), al que conoció cuando actuaba en el café del Burrero de Sevilla. Otros apuntan que vivió en Jerez hasta la muerte de su padre, es decir, hasta los cuarenta, pero, solía visitar la ciudad del mostachón a menudo para estar con su hermana, casada con un utrerano.

 


Los cronistas de la época coinciden en decir que era una mujer de extraordinaria belleza natural y de una arrolladora personalidad. El apodo de “serneta” o “sarneta”, le vino dado por su madre que al verla tan risueña, cantarina y tan delgada la llamó desde pequeña como un pajarillo que tiene esa denominación. Aunque tal vez pudiera ser, lo que afirmaba la “Niña de los Peines”, que adquiriese ese nombre al ser el segundo apellido de su padre, Serna y, por deformación, le rompieran con “Serneta”.


Mercedes, echó los dientes escuchando todo tipo de cantes en la fragua que tenía su padre en Jerez, donde se daban cita muchos y buenos artistas. Allí se aficionó y aprendió Mercé la “Serneta”, escuchando a los grandes intérpretes que pasaban por la herrería, los cuales, al final de la faena, tomaban unos chatos y se entonaban a los sones de aquel incipiente arte. No debería ser torpe la niña pues, desde un principio, formaría un revuelo entre los aficionados, por su forma de expresar los cantes, por su belleza, su impronta y descaro ante grandes cantaores. Además, Mercedes ya se había hecho dueña del toque de la sonanta y cantaba a los acordes de la ‘bajañí’, como una verdadera maestra.


Adquirió mucha fama por su alta personalidad, formación musical y su manera de hacer los cantes. Compartiría escenario con los grandes de la época en los Cafés Cantantes de Jerez, luego se instalaría en el barrio trianero y actuaría en los de Sevilla (del Burrero y Silverio).


Seguramente, en Triana, se impregnó con los sones y el desenfrenado cante de la despechada Andonda, de su ímpetu y su manera de expresar. Fernando el de Triana diría de la “Serneta”: “… gitana de sin par belleza, donde volcó la divina Naturaleza el tarro de la salsa y el grado máximo del faraónico estilo del cante por soleá: su voz era de una dulzura incomparable entre los escalofríos que producían los duendes de sus cantes…”


Más tarde, se desplazó a Madrid para impartir clases de guitarra a la aristocracia de la capital. En estas fechas, llegó a ganar mucho dinero en el flamenco, pero, como casi todos los artistas de la época, volvería a la ruina. Según la prensa del momento, tuvo que malvender sus trajes para poder vivir.


Sirva decir aquí que, la “Niña de los Peines” y su hermano Tomás, pasaban largas jornadas en casa de la “Serneta”, al igual que en Marchena (en casa de la “Gilica”), en Alcalá, con los Paulas… Los Pavones sabían dónde estaba el arte, dónde había que mamar y construyeron parte de su flamenco escuchando a los mejores y a las mejores de su tiempo. De la “Serneta” se conservan cinco o seis estilos del cante por soleá, de los cuales aún echan mano muchos de los grandes divos del flamenco para recurrir a explicitar lo que es saber y cantar flamenco. Muchos han querido ver aires de la “Serneta” en los cantes de Triana, de Jerez, de Utrera… Ella endulzó los cantes de la bravía Andonda, pausó los aires de Cádiz que hacía Juan Breva, creó un estilo de soleá para recrearse en el cante, para decir con ternura una melancolía inédita que tomaría Torre y otros muchos.


Igual haría con otros cantes, pero, no nos han llegado con la misma solvencia que la soleá, aunque, ella, cantara como una maestra el polo, martinetes, seguiriyas... y que, después, grabaría y pondría en los escenarios otro maestro, D. Antonio Chacón. Demófilo la incluye entre las mejores y más famosas de la historia del flamenco. Dicen que fue una mujer temperamental, sensual, que cantaba con una emoción desaforada.


Fernando el de Triana siempre hizo comentarios positivos de esta artista, siempre la elogió y la consideró como la máxima intérprete del estilo por soleares, por delante del Mellizo o Paquirri Guanté, pues según él “…les superaba en variedad y pasión”. En realidad es difícil encontrar alguien que haya llevado a la soleá a tan excelsa altura en cuanto a la creatividad; aunque muchas de las veces se le vean aires de reminiscencia trianeros. “Dotada de una voz redonda, tal vez algo viril como”, al igual que otras cantaoras como la Serrana, Pastora Pavón…”, sin embargo, a sus letras y a la musicalidad de su cante la impregnaba de tal dulzura que el público se mantenía ensimismado durante toda su actuación y han sido muchos, a lo largo de la historia, los que han recurrido a su estilo para demostrar el conocimiento de la soleá.


Aclarar que su llegada a Utrera pudo ser en 1863, aunque en el padrón de Jerez, de 1881, aparece como soltera y con 40 años. José Manuel Martín Barbadillo quiere apostar porque la “Serneta” fue creadora de sus cantes estando en Jerez. Redunda en decir que viviría en Jerez y se desplazaría de vez en cuando a Utrera con una hermana que estaba allí casada y que se mudaría definitivamente, a la ciudad del mostachón, a la muerte de su padre sobre 1882. Un cronista de la época la entrevistó ya muy desmejorada, apenada y en la miseria. Al final de sus años, Antonio Chacón, sería quien le daría la oportunidad de volver a los escenarios, en el Liceo Rius de Madrid, en 1906.


Hay contradicciones, unos dicen que murió en Utrera a los 72 años, en 1910 y otros en 1912; lo cierto es que la “Serneta” fue una de las mejores creadoras del flamenco cuyo influjo nos llega hasta hoy de la mano de los más grandes: Torre, Chacón, los Pavones, Fernanda y Bernarda de Utrera, Camarón, Morente, Menese, Carmen Linares… y cualquier cantaor que se precie de dominar los aires de la soleá.