Opinión

 fariseo rubens

 

JOSÉ DE ARIMATEA.  ¿Cuántas historias caen en el ostracismo?, ¿cuántos anhelos van a parar a la inmensidad de la nada?, ¿cuanta verdad hay en nuestro día a día? La verdad del cristianismo primitivo es la historia de un amor oculto, de la oposición ante una forma de vida criticada, del juicio eterno a lo desconocido, del prejuicio de todo vecino, del señalamiento gratuito ante la responsabilidad de la libertad a la que todo corazón suspira: ¿Cuánta mentira es capaz de soportar un corazón noble? (Imagen de portada: Cristo en la casa de Simón El Fariseo, de Pedro Pablo Rubens, 1629).

 


 arimatea soledad

 

Eso debieron pensar las autoridades romanas, cuando Constantino I declaró religión oficial del imperio al cristianismo.

 

¿Cuánto dolor quedó esparcido por al camino?

 

¿Cuánto amor masacrado?

 

Vivimos una vida de plástico.

 

Dejamos de sentir hace siglos para solo pensar. Dejamos de crear, para solo producir. Dejamos de intentar para solo ganar, aunque la victoria impregne nuestros labios de los sabores más amargos jamás descritos.

 

Languidecemos paso a paso.

 

Tal como he intentado recitar en esta malograda trilogía, volvemos a tomar una y otra vez el mismo sendero; miedo, soledad y vacío. Y construimos retóricas de vencedores obviando los campos llenos de cadáveres.

 

Recuerdo y siento cerca a un gran amigo, y reflexiono sobre la mística oriental: ¿Cuántas vidas necesita una pobre alma para ser consciente del alimento por el cual suspira? ¿Cuánta degradación es capaz de soportar?

 

Y medito cómo la historia más grande jamás contada, pudo acabar en la miseria de lo banal, de lo socialmente establecido. ¿Cómo y cuándo la historia de la libertad decidió disfrazarse de lo simulado?

 

Dijo el galileo, cuando las autoridades eclesiásticas murmuraban y señalaban a las prostitutas y a los publicanos, que estos mismos les llevaban siglos de adelanto en el camino de los cielos. Fue el nazareno quien quebró el ruido de una multitud enfurecida, para frenar el linchamiento de la desconsolada María de Magdala.

 

 

maria magdalena luis tristan

(Imagen: María Magdalena, de Luis Tristán, 1616).

 

Aún así, siguen dirigiendo nuestras vidas los cánones sociales. Seguimos ocultándonos para que nuestro corazón hable. Seguimos enorgulleciéndonos de nuestra estética impostada; como sepulcros blanqueados, de mármol bello y reluciente en apariencia, y llenos de decrepitud y putrefacción en el interior.

 

Debemos ser cautelosos al celebrar la alegría de la resurrección, porque el hombre insensato construyó su morada sobre cimientos de arena.

 

Y ante la celebración de la verdad y el amor, quizás solo debamos celebrar el éxito del despliegue de un gran manto que oculte la triste realidad.

 

Reflexiono al final de esta jornada, sin ocultar mi tristeza, porque estoy seguro de que volveríamos a apedrear a la pobre María, de que serían los fariseos quienes seguirían dirigiendo nuestra conducta social y que, ante la aparición del amor personificado, no dudaríamos un instante en volver a crucificarlo.

 

jesus azotes

 

 

(Imagen: La Voz de Marchena, penitente de Nuestro Padre Jesús Nazareno porta el cuadro de la Pasión, 'Los azotes', en calle Carrera, en 2016).