Opinión

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EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Seguimos hablando de mujeres que hicieron historia en el flamenco. Ahora, nos llegan a nuestra memoria escrita otras cuatro féminas, nacidas en el último tercio del XIX y anteriores a la aparición, en el panorama flamenco, de Pastora Pavón la “Niña de los Peines”; concretamente Luisa Ramos "La Pompi", Anilla "La Gitana", Rosario Monge "La Mejorana" y Antonia Gallardo "La Coquinera".

 

 


 

 

Luisa Ramos Antúnez, conocida como la “Pompi”, una jerezana que dio gloria al flamenco. Nació en 1883, hija del capataz de un cortijo jerezano, sobrina del “Cabeza”, hermana del “Niño Gloria y de Manuela la “Sorda”. Por los cuatro ‘costaos’, esta gitana, tenía antecedentes de artistas. Ella y su hermana María, desde muy pequeñas, cantaron por todos los cafés de la provincia gaditana, siendo conocidas como las hermanas “Pompi”. De la mano del “Cabeza” y Diego Antúnez, actuaron en los cafés el “Primera” y “Barqueta” de Jerez.

 

Las hermanas Luisa y Manuela Ramos, “Las Pompi”, no dejaron de asistir a fiestas contratadas desde Sevilla a Jerez, bien por los pueblos o por los empresarios para celebraciones de eventos como la Casa Domecq, Semana Santa y Feria de Abril ya que Luisa era una saetera imprescindible en la semana de Pasión sevillana. Al poco tiempo, dieron el salto a Sevilla y dieron muestra de su arte en el “Bombilla”, el “Kursaal”, la “Vinícola”, o el “Pasaje del Duque”, todos sevillanos, compartiendo escenario con Chacón, Escacena, la “Nona”, la “Camisona”, la “Rubia de Jerez”, etc., en el que también actuaba el “Niño Gloria”. A raíz de sus éxitos en los cafés cantantes de la capital hispalense, fueron contratadas para actuar en Barcelona y Madrid, en los locales de “Villa Rosa” y la “Viña” respectivamente, donde asistía la nobleza y realeza de la época y que tanto gustaba al rey Alfonso XIII. Más tarde, Luisa, actuó en la compañía de Caracol, y se codeó en el escenario con Manuel Torre, la Niña de los Peines y Niño de Marchena. Fue mejor cantaora que su hermana Manuela, destacó en casi todos los cantes pero sobre todo en la saeta, en la bulería de Jerez, soleares y villancicos. Cantes que muchos otros han imitado de sus actuaciones. Luisa, dejaría de cantar sobre los 50 del siglo pasado y murió en Jerez en 1958.


Ana Amaya Molina, más conocida como Ana la de Ronda o Anilla la Gitana, nació en Ronda en 1855, fue una cantaora-guitarrista autodidacta, acostumbrada como muchas de aquella época a acompañarse ella misma con la sonanta. Ella misma declararía en una entrevista que fue novia de un contrabandista de tabaco y tuvo amores con el torero Lagartijo. Fue una bebedora empedernida sobre todo de cazalla. Actuó por los cafés de Ronda “Fornos”, la “Primera”, el “Pollo”..., coincidiendo con Chacón y Paca Aguilera en varios momentos de su carrera artística.


Anilla, la “Gitana”, era tan solicitada en todos los saraos de prestigio de aquellos años que Pastora Imperio y la Reina Victoria Eugenia le regalaron un traje de cola y un mantón respectivamente, admiradas de su arte y por sus excelentes actuaciones en fiestas privadas. Muy reconocida en los ambientes del flamenco, fue citada por Lorca en el Concurso de Cante Jondo de Granada (1922), como una de las más grandes, aunque después su nombre se ha desvanecido en el tiempo. En 1930, con 75 años, actuaría en la semana Andaluza de la Exposición de Barcelona, junto a Ramón Montoya; siendo reconocida y admirada por todo el público y la prensa española.
Anilla destacó con una soleá personal que lleva su nombre y sobre todo en los cantes ‘abandolaos’ de su tierra rondeña – de bandoleros y serranía –, que daría a conocer al mundo entero. Murió en 1933, en Málaga, donde tiene dedicada una estatua.


Rosario Monge Monge, la “Mejorana” nació en Cádiz, en 1858 o 1862. Se especula que fuese hija de Curro Dulce y Antonia Monge, aunque los apellidos se los diese José Antonio Monge. Mujer de una belleza extraordinaria, casada a los 17 y separada, solo subió a las tablas solo durante tres o cuatro años, ya que al juntarse con el sastre de toreros, Víctor Rojas, se vio obligada a dejar la profesión. Hay biógrafos que apuntan que Rafael el Gallo, torero insigne estuvo muy enamorado de ella, con la que seguramente tuvo un romance, aunque, este, al final, se casase con Gabriela Ortega, la otra gran bailaora de la época.


La “Mejorana”, subiría muy pronto a los escenarios de los cafés gaditanos y Jerez, seguiría en Sevilla, actuando en los cafés del “Burrero” y “Silverio”, la prensa y Fernando el de Triana estuvieron faltos de palabras para expresar la elegancia y la sensualidad con que se movía en el escenario la “Mejorana”. Resaltaban su elegancia, su forma de vestir, su figura escultural…, todo hacía que el público se disputara las primeras filas para poderla observar de cerca. Rosario fue la madre de la gran Pastora Imperio y del guitarrista Víctor Rojas. Fue una gran intérprete de soleares, cantiñas, alegrías y unas bulerías a las que impregnó un sello muy personal. Fernando Quiñones apunta “cuando terminaba una falseta en el baile, se paraba y, compás de la palmas, cantaba unos juguetillos a la vez que bailaba. Pero además, fue la primera mujer en el baile que impulsó el desarrollo total en los movimientos de los brazos, esa figura inequívoca de danza oriental llena de majestuosidad y sensualidad. Rosario moriría en Madrid en 1920.


Antonia Gallardo Rueda, la “Coquinera”, nacida en el Puerto de Santa María en 1874, bailaora. Hija de Juan Gallardo el “Coquinero”, herrero, gran aficionado y cantaor de carnavales y de Ana Rueda, comenzó a bailar con sus dos hermanas Josefa y Milagros, con el nombre artístico “Las Coquineras del Puerto”. Ya en solitario, Antonia triunfaría en los cafés cantantes “Suizo”, “Novedades” y “Filarmónico” de Sevilla. Más tarde se va toda la familia a Madrid y actuará en el Teatro Martin. De allí se desplazaba para actuar en Francia, Marruecos y toda España. Solía asistir a la Venta Cuatro Vientos de Madrid propiedad de su cuñado y donde se daban cita los mejores artistas del momento para pasar ratos y divertirse: Vallejo, Marchena, Rita Ortega, el Mochuelo, Cepero, Miguel de Molina…, donde ella ponía la guinda con su mejor baile.


Cuentan que no se casó, pero, tuvo muchos amantes y al final de sus días se le veía unida a un industrial madrileño. Al igual que muchas otras artistas de la época, serviría de imagen para etiquetas de una conocida marca de vinos de Jerez y aparecería en todas las revistas y periódicos del primer tercio del siglo XX. Con 54 años subió por última vez a un escenario. Antonia, la “Coquinera”, murió en 1942, en el Hospital Provincial de Madrid.