Opinión

MUJER FLAMENCO 3

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Seguimos la estela de mujeres ilustres dentro del flamenco, mujeres que marcarían una etapa histórica, mujeres, muchas de las cuales se perdieron en el anonimato, otras lucharon contra viento y marea por expandir el flamenco que llevaban dentro. Hablamos ahora de Rita Giménez García, “Rita la Cantaora”, nacida en Jerez (1837), aunque muchos creen que era oriunda de Sanlúcar de Barrameda; se inició muy joven cantando por los bares y tabancos de su ciudad, Un empresario se la llevó a Madrid y estuvo actuando junto María y Juanas, las “Macarrona” y Juan Breva, en el café Romero y el café del Gato), alternando con “Fosforito el Viejo”, la “Coquinera”, Manuel Pavón y Manuel Escacena, llegando a ser la cantaora más conocida de su tiempo. Ese mismo año la situamos en el Circo Parich, donde actúa Rita con Juan Breva y la bailarina Soledad Menéndez en el espectáculo “Feria de Sevilla”....

 

 


 

 

Más tarde actuaría en el Liceo Rius durante muchas veladas en compañía de lo mejor del flamenco de la época. además de una gran voz, tenía un personalidad propia; era una mujer radiante en los escenarios; bailaba, según sus coetáneos, para enloquecer al público, esto llevó a que se le envidiara en su ciudad natal y que por ello tal vez surgiera ese dicho “Eso lo va a hacer Rita la Cantaora”. La verdad es que fue un portento del cante y del baile por malagueñas, soleares y en los cantes festeros, hasta el punto que hubo muchos críticos que la nombrarían como “el Chacón femenino”.

 

En cuanto a su vida personal, Rita, se ‘juntó’ con un madrileño, Manuel González Flores, un volquetero mucho mayor que ella, ya con nietos. Rita actuó por última vez en el Café Magallanes de Madrid y moriría con 78 años, en plena Guerra Civil, refugiada por las autoridades en Zorita del Maestrazgo (Castellón), pobre de solemnidad y quejándose de lo mucho que había ganado y lo poco que tenía.

 

Juana Vargas de la Heras, la “Macarrona”, otra jerezana, como tantas artistas del , Nació en 1870, bailaora de raza, descendiente de los “Macarrón”. Su padre Juan Vargas, guitarrista y su madre Ramona de las Heras, cantaora. Con ocho años ya cantaba en los cafés de Sevilla (“La Escalerilla”); después marchó a Málaga y estuvo dos años en el Café “Siete Revueltas”, y luego marchó a Barcelona. Hermana de la también artista María la “Macarrona” con la que actuaría en muchas ocasiones.


Con 16 años vuelve triunfante a Sevilla, y es contratada por Silverio primero en el café que llevaba su nombre y luego en el del “Burrero”, “Novedades, “Kursaal”, “Variedades”... Tras muchísimos triunfos en Sevilla, de nuevo se la rifan en Madrid en el Liceo Ríus y el café Romero. Tal era su celebridad que fue contratada para actuar en 1889 en el Gran Teatro de la Exposición Universal de París, entusiasmando al público internacional que asistía; tanto que el Sha de Persia, Naser Al Nadin, exclamó: “esta graciosa serpiente es capaz de hacerme olvidar a todas mis almées (cantantes persas) de Teherán”.


La Macarrona volvió a Madrid y actuó en varios locales, teatros y en giras con el “Estampío”, el “Mochuelo”, Ramón Montoya, la “Argentinita”… Después de la guerra continuó con Concha Piquer. Adquirió fama mundial por su manera de bailar y movimiento de sus brazos. Fernando el de Triana no escatimó piropos en sus escritos hacia ella: "Esta es la que hace muchos años reina en el arte de bailar flamenco, porque la dotó Dios de todo lo necesario para que así sea…” y una retahíla más de piropos que, seguramente, Juana se ganó en vida. Después de una dilatada vida como artistas y siendo una de las punteras del baile flamenco de todos los tiempos, Juana moriría en Sevilla en la primavera de 1947.

 

 

Trinidad Navarro Carrillo, La “Trini de Málaga” nació en la capital de la Costa del Sol en 1868; cantaora excepcional y creadora de estilos de malagueñas y otros cantes. Sin antecedentes cantaores familiares, se hizo famosa cantando por los cafés cantantes de toda Andalucía. Fue una mujer desafortunada, primero perdió un ojo siendo muy joven (se pinchó, accidentalmente, con la navaja al ofrecerle su amante una aceituna). Su estilo tan personal a la hora de interpretar el cante, la emotividad con que lo expresaba, hacía reflejar las tragedias que había padecido a lo largo de su vida; algo que hacia mantener en silencio sublime al público que la seguía, allá por donde actuaba. Poco a poco se fue alejando de los escenarios, ya que estaba muy delicada físicamente. Sin embargo eso realzó su forma de cantar, así lo comentaba Blas Vega: “A sus portentosas facultades hay que añadir precisamente la penetrante expresión de ese sentimiento, de su corazón herido cantando, ya que su cantar fue para ella expresar la tragedia de su vida, una vida llena de lucha y padecimientos…”; es decir, acentuaba la expresividad y su calidad cantaora. Al final de sus días fue propietaria de un ventorro que llevó su nombre y que estuvo enclavado en la Caleta (Málaga), donde se reunían asiduamente muchos de los grandes artistas de la época. Cuentan que, en aquellas reuniones, “…la “Trini” cantó cosas incopiables” como lo definiría Fernando el de Triana. La “Trini de Málaga”, la reina de la malagueña murió en su ciudad en 1930.


Adela Cubas, fue una guitarrista del XIX. No tenemos certeza de su nacimiento, pero si sabemos que en 1875 ya actuaba en los escenarios acompañando a cantaores y cantaoras. Adela, triunfó desde muy joven, llegando a acompañar en el teatro Romea a la “Niña de los Peines” en 1906. Actuaría en Madrid en el Trianon Palace en varias ocasiones (1911). En el Eco de Cartagena de la época se citaba que el “Mochuelo” actuaba en el Teatro Principal de Cartagena (1913) con la guitarra de Adela Cubas. Pero Adela acompañó a muchos artistas de la época: Amalia Molina, Conchita Ledesma..., e incluso acompañaba en el baile a la “Macarrona”. Además, fue la primera mujer en subir a los escenarios para ofrecer conciertos de guitarra, como en el Ideal Rosales en 1919.


Llegaría un momento en el que era ella la que llevaba a un cantaor (Pavón) para acompañar sus conciertos de guitarra, asumiendo Adela la dirección artística. Cogió fama de gran artista y de saber estar; tanto es así, que en el teatro Gayarre de Barcelona, estaría en cartel durante 15 días (Julio de 1917). Adela fue un caso raro por el momento histórico que vivió, mujer requerida en todos los espectáculos por su desenvolvimiento no solo en los escenarios sino en el trato con empresarios y su manejo de los negocios.


Era una mujer de un fino sentido del humor que se desenvolvía muy bien en la vida cotidiana y la artística, defendiendo el papel y la falta de libertad de la mujer de la época en todas las entrevistas que le hacía la prensa. Adela Cubas, aquella insigne artista, falleció en Madrid, tras una operación quirúrgica de hígado, en el mes de abril de 1923.