Opinión

et fandangos

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Como hemos dicho otras veces, parece ser que aquellos cantes, cuyos nombres finalizan en ango, onga… provienen del bantú, un lenguaje africano. Un lenguaje de negros, de los esclavos traídos desde la edad media a Al-Ándalus o de aquellos africanos que fueron llevados esclavizados a América. Muchos, han defendido que el fandango es un ancestral baile que ya se estilaba en el valle de la Bética romana, en las provincias de Cádiz y Sevilla, acompañado con castañuelas, platillos, y que, probablemente, tuvieran su origen en unas danzas gaditanas que las doncellas bailaban en la Gades fenicia.Los hay, que coinciden en decir que es un estilo de cante que emigró a América y que volvió como un cante bailable, con el ritmo de los negros, allá por el XVI. Otros apuntan que, durante la Edad Media, ya existían unos tipos de bailes muy parecidos a fandangos. En Al-Ándalus era un cante de cuatro o cinco versos que perduró durante toda la etapa musulmana...

 

 


 

 

Recordemos la semejanza que existe entre el fandango, la danza arábigo-andaluza y las jarchas mozárabes; algo que ha llegado hasta nuestros días con las variaciones que el tiempo impone. Nosotros, nos inclinamos a que fuesen los moriscos (musulmanes conversos, forzosos) quienes más expandieron el fandango a lo largo de toda la geografía de Al-Ándalus. Baste escuchar algunos de los cantes que hacen las “gnaouas”, “samaas” o “guedras” marroquíes y casi todo el norte de África, acompañadas de laudes, bongos, darbukas…, para ver la similitud de sus cantes con los fandangos y con los tangos flamencos.

 

En muchas zonas de España existen bailes populares llamados fandangos, pero se alejan de lo nuestro. Es posible que el fandango viajara a América y volviese con otros ritmos como le pudo pasar al tango, a la rumba y a un largo etcétera de cantes. Pero, antes de la llegada de españoles al Nuevo Mundo, ya se conocía el fandango como tal por nuestros pagos.


Como en casi todos los palos, por la oscuridad de los tiempos, las primeras noticias que tenemos de fandangos tal como lo conocemos y cuyo nombre adoptó el flamenco en Andalucía nos llegan durante el XVIII. Entendamos, que, este, no nace de un día para otro, sino que es un proceso que a veces dura siglos, con sus modificaciones, sus variaciones y con letras que se guardaban en la memoria popular. El fandango nacería, con toda seguridad, para poner letra y música a los bailes, en las fiestas populares, en las ferias...

 

Poco después se fue fusionando y adaptando a los estilos propios del flamenco y, a lo largo de estos dos últimos siglos, ha adquirido tantas variaciones, tantas expresiones distintas que, tal vez, sea el palo más prolífico.


Desde Ayamonte (Huelva) al Cabo de Gata en Almería (en toda Andalucía), en Murcia, parte de Castilla, Extremadura e incluso en algunas zonas castellanas se pueden seguir escuchando fandangos flamencos antiguos, al estilo de trovos o acompañando a bailes tradicionales; sobre todo cuando se realizan las faenas agrícolas, pesqueras, mineras…

 

En un futuro vislumbraremos la diversidad fandanguera que riega cada una las provincias y comarcas andaluzas, particularizando no solo estilos y formas diferenciadas que han elaborado y desarrollado sus intérpretes, a lo largo de estos casi dos siglos, sino que trataremos de ver la influencia y aporte musical que ha tenido el fandango para la concreción y conformación de otros cantes que hoy formar parte de ese árbol genealógico que se eleva y ramifica con cada uno de los palos flamencos.


Pero no solo en Andalucía se ha desarrollado el fandango; existen zonas de Cuenca donde se cantan ciertos tipos de fandangos parecidos a la seguidilla manchega y que recibe el nombre de Fandanguillo Manchego. También en muchos lugares de Portugal tienen sus estilos propios de fandangos (quién no ve cierto aire de fandango en el fado luso).


Entendamos que, hablar de fandangos, es también hablar de cantes de Huelva, es hablar de malagueñas, granaínas, tarantas, tarantos, murcianas, rondeñas…, es hablar de los trovos alpujarreños y de un largo etcétera de cantes derivados del fandango, con la misma medida y estrofa, repartidos por todos los rincones de nuestra geografía. Sabemos, por la memoria y legado, que muchos cantes provienen del ancestral fandango. Ya hablaremos de cada uno de esos cantes que emergieron con anterioridad al XVIII como por ejemplo los fandangos de Huelva y su entroncamiento con los verdiales malagueños; al igual que los cantes mineros y un largo etc., provocado por los desplazamientos de temporeros de unas provincias a otras.

 

Pero, independientemente de los estilos que la geografía andaluza ha marcado en el fandango, hay muchos tipos de ellos que han evidenciado sus intérpretes, pues, el fandango se ha salido de los cánones que se le establecieron a otros cantes y se le suele poner un sello personal mientras se respete el número de versos, el ritmo y la sentencia que lleva en su prosa.

 

Ya hemos dicho que fue en el XVIII cuando sale a la luz en los textos y se le incorpora la primigenia guitarra. Desde principios y a lo largo del XIX, se empiezan a diferenciar palos en las diferentes provincias andaluzas, provocado por los estilos que fueron imponiendo sus intérpretes, que los fueron adaptando a los aires de los cantes folklóricos, históricos… de cada zona. Así hablamos pues del fandango de Almería, los ‘abandolaos’ malagueños, los fandangos de Huelva (donde todos los pueblos, tienen su estilo propio: Alosno, Almonaster, Cabezas Rubias, Valverde…); en Córdoba: el fandango de Lucena, el zángano de Puente Genil…, los cantes mineros de Jaén, los cantes de Levante, y un largo etcétera que han enriquecido el género de este bello arte.


El fandango adquirió mayor importancia en los cafés cantantes, acompañando al baile, en los tablaos. Pero, cuando se disparará definitivamente, cuando impondrá su predominio y su preferencia por el público será con la llegada de la Ópera Flamenca. En cada rincón de España surgieron fandangueros que recorrieron con su impronta y su estilo los escenarios, plazas de toros y salas de fiestas de toda España: Manuel Torre, Cepero, Pepe Marchena, Palanca, Carbonerillo, Niño de la Huerta, El Sevillano, Caracol, Gordito de Triana, El Gloria, Rengel, Rebollos, Toronjo, Chocolate, Juanito Maravillas, Pichichi, Valderrama…, infinidad de cantores destacaron en la interpretación del fandango.


Recordemos que a lo largo de nuestra geografía han ido evolucionando distintas formas de expresar los fandangos, dando a entender el origen y su dispersión a través de los intérpretes más significativos de cada una de las comarcas o zonas andaluzas; recreando las particularidades de y características esenciales heredadas del aire folclórico que arrastran.

 

Recordemos que el fandango es una especie de sentencia, un pensamiento completo recogido en cuatro versos que el cantaor lanza al aire para expresar ora sus sentimientos, sus vivencias… y que abarca todos los aspectos de la tierra, de su gente y de sus creencias.