Opinión

estadio sarria viejo

 

RELATO DE FICCIÓN. El cernícalo que acababa de comerse al gatito volvió a sobrevolar las ruinas del antiguo parque buscando una nueva presa, pero lo único que ahora divisaba en el desvencijado lugar eran las cabezas del proscrito y sus acompañantes, entre los que aún se encontraba la traductora de animales, que había decidido acompañarlos al sitio donde encontrarían a quien podía indicarles el paradero de la misteriosa fábrica de concejales...(En la imagen de portada, el antiguo estadio de Sarriá).

 


 

cernicalo

 

Se despojaron de los disfraces mientras veían como la que había intentado rescatar el gato se introducía en el minúsculo hueco por el que antes ellos habían salido al exterior.

 

La siguieron y una vez todos estuvieron dentro del oscuro túnel, el cocinero rojo; que había desarrollado visión nocturna, se dirigió hasta una especie de hornacina donde tenía escondida una antorcha y algún que otro trozo de toldo de la calle San Pedro que les serviría como combustible.

 

La absoluta oscuridad de las entrañas de la Villa quedó disipada en el momento que el Segovia encendió la lumbre haciendo que los cuatro personajes allí reunidos se mirarán entre sí esperando a que alguno tomara la iniciativa sobre qué camino seguir.

 

-¿Hacia dónde debemos dirigirnos?, preguntó el proscrito.

 

-Tenemos que ir al campo de Fútbol, dijo la amiga de los gatos.

 

-¿Donde la hierba nunca crece?, la interpeló con gran inquietud el Segovia.

 

-Exacto. Hoy hay partido y nuestro hombre estará allí intentando encontrar su sitio, respondió la mujer de forma enigmática provocando la curiosidad de sus interlocutores.

Tomaron el tercer túnel a la derecha dirección a la rotonda del cuartel de la Guardia Civil, donde desde hacía mucho tiempo ya no había bandera que ondeara y si una monumental efigie de La Más Grande y sus dos mascotas. Al llegar allí, se dirigieron a la intersección Alameda que los llevaría hasta su destino.

 

 

cesped artificial ok

 

El sitio donde no crecía la hierba se había convertido en un lugar maldito. La pesada sombra de la maldición de la Manolita y su interminable serie de catastróficas desdichas había caído también sobre la instalación deportiva, pero a pesar de ello el Complejo seguía siendo cita para los amantes del fútbol, a los que parecía no importarles que aquello estuviera convertido en un erial donde tenías serias posibilidades de lesionarte. Cada domingo sobre el campo maldito se celebraba un duelo fratricida entre los dos equipos punteros de la Villa:

 

El Sporting Entoldado y el Racing de Mar.

 

El proscrito y sus acompañantes llegaron a su destino y observaron cómo un grupo de hombres y mujeres se agolpaban en torno a dos personajes y al acercarse descubrieron cómo los allí congregados estaban siendo seleccionados por los dos que ocupaban el centro para formar parte de sendos equipos.

 

No había reglas, ni grupos ya preparados, sino que de una manera totalmente aleatoria y, sin ningún criterio, los dos individuos erigidos como capitanes elegían a los miembros de cada formación.

 

-Manolo, tú pa mí, decía uno.

 

- Churri, tú conmigo, decía el otro, y así sucesivamente, siendo interrumpidos solamente cuando alguno de ellos se olvidaba de la paridad y elegía a dos miembros masculinos seguidos.

 

El proscrito y sus acompañantes se habían acercado ya lo suficiente como para observar con claridad la Berlanguiana escena que se estaba desarrollando cuando la traductora de animales les dijo:

 

-Ahí tenéis a vuestro hombre.

 

-¿Quién es?, preguntó el proscrito un tanto desconcertado, pues delante de él había bastante gente.

 

-El que está dando saltos, contestó la traductora, pero el proscrito volvió a insistir un tanto alterado.

 

-Pero, ¿quién está dando…? Entonces, de pronto, cuando ni siquiera le había dado tiempo a terminar la pregunta, el Rey republicano lo tocó del brazo y le señalo para que mirara detrás del tumulto descubriendo a alguien que parecía perdido y no paraba de dar brincos diciendo:

 

 

- Aquí, Aquí, elígeme a mí, aunque sea de portero.

 

portero pelicula(Película, El Portero, España, 2000).

 

-¿Ése es nuestro contacto?, interrogó el proscrito a la traductora.

 

-Sí. El que salta es vuestro hombre. Todos los domingos viene para que alguien lo lleve en su escuadra, pero no tiene suerte. Desde que su formación cayó en desgracia, anda un poco perdido buscando un equipo al que pertenecer, contestó la mujer.

 

El desubicado, pues así conocían al simpático saltarín, era el único que sabía dónde estaba la fábrica de concejales porque buscando su lugar en el mundo también acudió a La Más grande y ésta lo llevó hasta allí, pero en el último instante huyó del lugar sin ser convertido.

 

-¿Cómo nos acercaremos a él?, preguntó el proscrito, justo en el instante en el que uno de los capitanes eligió al desubicado como portero.

 

-Me cago en la........ Nunca lo eligen y hoy que lo necesitamos lo van a poner de portero, dijo enojada la traductora mientras en las gradas empezaba a formarse un gran revuelo.

 

gustavo farias

(Estadio antiguo de Belgrano, Gustavo Farías)

 

Una copiosa multitud empezó a ocupar el graderío a la vez que los sones del último instrumento ideado por el luthier local sonaban con fuerza y mientras poco a poco el estadio se iba llenando, el rugido del motor del furgón de los dineros pilotado por La Más Grande sorprendió al proscrito y sus acompañantes haciendo entrada en el estadio.

 

furgoneta amarilla 2

 

-Hostias, la dueña. ¿Y ahora qué hacemos?, preguntó el Segovia asustado.

 

-No preocuparos, seréis el trío arbitral, se le ocurrió decir a la traductora.

 

En tanto el proscrito se convertía en árbitro asistido en la banda izquierda por el Rey republicano y en la derecha, no sin cierto cabreo, por el cocinero rojo; La Más Grande, acompañada de sus mascotas "Esta" y "Alcaldesa" y de su inseparable y enigmático hombre de la capucha, ocuparon el palco del estadio.

 

Los dos equipos se dispusieron en el campo para iniciar el partido y el proscrito, que se había metido completamente en su papel de trencilla, procedió a dar el pitido inicial.

 

-¿Qué haces?, lo increpó el capitán del Sporting entoldado.

 

- Dar el pitido inicial para que empecéis a jugar, repuso perplejo el proscrito.

 

solano ok 4

 

- Aquí no empieza nada hasta que La Más Grande no lo diga, enfatizó el futbolista a la vez que el luthier local hacía sonar el Cuerno Sagrado de los domingos que indicaba a todos los asistentes que La que Todo lo Podía iba a hablar:

 

-Que empiece el partido, dijo La Más Grande, ante la sorpresa del impostado colegiado, que descubrió que la verdadera juez de la contienda sería la dueña.

 

No habían pasado ni cinco minutos cuando uno de los jugadores del Racing de Mar metió la pierna en uno de los hoyos del campo de fútbol oyéndose un gran crujido. Los gritos del jugador no se hicieron esperar y el proscrito, intentando volver a cumplir con su función de colegiado, ordenó detener el juego.

 

-¿Por qué se ha parado el partido?, preguntó La Más Grande desde el palco, entretenida en otros asuntos.

 

loro capucha

 

- Un jugador ha sufrido una lesión grave por el mal estado del campo, le dijo su fiel Escudero, el de la capucha.

 

-¿Y eso es motivo para detener el encuentro?, volvió a preguntar la dueña, demostrando escasa empatía por el lesionado, que seguramente se perdería lo que quedaba de temporada y con la incertidumbre sobre si esa lesión lo marcaría de por vida.

 

Viendo que el jugador seguía en el suelo retorciéndose de dolor, La Más Grande se levantó y se dirigió a los congregados en el decrépito estadio de fútbol.

 

 

-Conciudadanos. Desde que la Maldición de la Manolita vino a oscurecer la prosperidad en nuestra Villa, no paramos de sufrir desgracias y pormenores que no son culpa de nadie, solo del hechizo que pesa sobre nosotros. Este jugador que hoy ha sufrido los inconvenientes del maltrecho terreno de juego ve nubes sobre su presente y su futuro, pero su desgracia no puede hacernos perder de vista el gran objetivo, que como sabéis es que cuando la Maldición acabe, todo va a quedar muy bonito.

   ktm

 

La sonora ovación que inundó el estadio hizo sentir al proscrito una gran desesperación. Buscó con la mirada al desubicado, que ahora estaba feliz en la portería sintiéndose parte de algo importante, aunque en realidad todo iba a seguir dependiendo de la dueña. Miró a las bandas hacia los comunistas que parecían despistados mientras un atronador canto inundaba el estadio y cuando parecía que había perdido toda esperanza, Alcaldesa, la mascota favorita de la dueña dio un único y enigmático ladrido:

 

perro ladrador ok 2

 

-Guau-, provocando que la traductora de animales corriera hacia el proscrito para abrazarlo y decirle algo al oído.

 

Entonces, en su cara; se dibujó una amable sonrisa al descubrir el secreto guardado en el ladrido de Alcaldesa.

 

cocinero rojo