serneta

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Este artículo lo vamos a dedicar exclusivamente a una cantaora que hizo historia en el flamenco. Una cantaora que puede ser considerada como la reina de la soleá, porque es el referente de este estilo de cante en el mundo del flamenco y el espejo donde se miran la mayoría de los cantaores a la hora de cantar por soleá. Su nombre, Mercedes Fernández Vargas, conocida en el mundo del flamenco como Mercé la “Serneta”. Nació en Jerez en 1837 o 1840. Estaba emparentada, por parte de padre, con la familia utrerana de los “Perrate”. Sería tía-abuela de Borrico de Jerez y entroncada en la familia de “Paco la Luz”...

 

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et flamenco vii

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Algunas mujeres, a contracorriente y armadas de valor, se enfrentaron al mundo del espectáculo, para ejercer como artistas, para darse a conocer al mundo del arte. Otras quedaron en el olvido y no aparecieron en la historia del flamenco. Algunas al final de sus vidas, liberadas ya del yugo que las uncía a la sombra del varón, pudieron demostrar su forma de cantar, de bailar…, como Tía Anica la “Piriñaca”, María Fernández la “Perrata”… y fueron aclamadas, reconocida su valía en los últimos años de sus vidas, algunas incluso pudieron grabar sus voces para la historia del flamenco, como legado de su memoria. Muchos son los artistas que han valorado y visibilizado la importancia de estas mujeres, de sus linajes; la prueba de ello prevalece en sus nominaciones artísticas: Joaquín el de la “Paula”, Paco de “Lucía”, José de la “Tomasa”, Pepe de la “Matrona”, Niño de “Pura”, José de la “Malena”…, donde ponen el estandarte de sus madres en lo más insigne de sus nombres: su sangre.

 

 

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 fariseo rubens

 

JOSÉ DE ARIMATEA.  ¿Cuántas historias caen en el ostracismo?, ¿cuántos anhelos van a parar a la inmensidad de la nada?, ¿cuanta verdad hay en nuestro día a día? La verdad del cristianismo primitivo es la historia de un amor oculto, de la oposición ante una forma de vida criticada, del juicio eterno a lo desconocido, del prejuicio de todo vecino, del señalamiento gratuito ante la responsabilidad de la libertad a la que todo corazón suspira: ¿Cuánta mentira es capaz de soportar un corazón noble? (Imagen de portada: Cristo en la casa de Simón El Fariseo, de Pedro Pablo Rubens, 1629).

 

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soledad arimatea 1

 

JOSÉ DE ARIMATEA. Intento hacer el ejercicio mental de caminar juntos a los primeros hombres y mujeres, en los albores de nuestra existencia, y presenciar, aun cuando nuestra poca madura autoconsciencia carecía de la capacidad suficiente de enjuiciar hechos tan trascendentales como la muerte, como uno de sus compañeros, familiares o amigos caía para no levantar jamás. El desasosiego, el pesar, el dolor eran no más sino sumatorios del desconocimiento. ¿Por qué no se levanta? ¿Dónde ha ido? ¿Qué ha sido de él? Siempre creí, desde un escepticismo transcendental del que no hago gala ni del que me enorgullezco, que fue este momento en el que, el hombre, como método de supervivencia, mutó en animal religioso... (Fotografías: En portada, procesión de 2023; en el interior del texto, procesión de 2024).

 

 

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saetas ok 2

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Ni que decir tiene que el influjo gitano en la saeta de Marchena, a partir del siglo XX, se notó, como en todos los lugares de la geografía andaluza. Las corrientes de Jerez y de Triana, los cantes de Torre, la Niña de los Peines, El Gloria, Mairena etc., se empezarían a escuchar en nuestro pueblo durante todo el siglo pasado, dejando en el olvido o, de algún modo apartadas, a muchas de las saetas autóctonas que se habían cantado a lo largo de varios siglos anteriormente. Allá por los años cincuenta del XX, aún se podían escuchar algunas de las saetas atávicas que definen la particularidad saetera de Marchena. En muchos de los rincones de nuestras calles se podían oír las cuartas, las quintas o las sextas de cualquiera de las hermandades. En la madrugada del Sábado Santo podíamos vernos desbordados por todo tipo de saetas, se intercambiaban saetas flamencas y saetas-salmos a la Virgen de la Soledad, en aquellos años de penuria, de santeros y aguardiente, de poco pan y mucho arte...

 

 

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