Cultura

Migue Talaverón, más conocido como "El Niño del Roete", ofreció un fantástico espectáculo en la noche de ayer, donde demostró la calidad y evolución que le hace no parar de crecer, junto a Ana Martín Romero, excepcional compañera de baile. Ambos, de la mano de un grupo de niños del Roete que nos envolvió en atmósferas del pasado evocando juegos tradicionales de nuestros pueblos y el acompañamiento de un cuadro flamenco en el que Luis Fuentes pintó de Marchena saetera la noche e incluso José Manuel Fuentes nos deleitó a dúo con 'Migue' en una valiente pero sobresaliente interpretación de un baile flamenco mezclado con sonido de rap.


Unos 400 espectadores respondieron a la cita en la sala municipal de Cultura, donde el Niño del Roete no defraudó a las expectativas en una noche muy especial con una colaboración intensa en presencia y en calidad del grupo de niños de la escuela de baile de la asociación cultural marchenera que vio nacer artísticamente al protagonista de la noche.

Hay que destacar aparte de lo bien ejecutado que estuvo el espectáculo, la preparación de un vestuario y una escenografía realmente impecable, todo un canto a Andalucía de los pueblos, de su gente, de sus bailes y de sus costumbres ancestrales tanto en la cultura como en el trabajo.

Así comenzó el espectáculo con una actuación de olivares, verdiales y sevillanas marcheneras cantadas por Luis Fuentes, que también se animaría por saeta carcelera con el Niño del Roete hecho embrujo marcando baile de misterio, como mística es nuestra saeta por excelencia y las plañideras que acompañaron uno de los cantes.

Todo se alternaba con la alegría propia de nuestra tierra, con el entusiasmo del cante de la trilla y la guitarra del Pati de fondo, junto con el cante de David Hornillo y Florencio Rolán encunado en la pureza del cante de voz fina y dulce de los grandes maestros.

Hablando de grandes maestros, qué bonito el juego de la cuerda con los niños del Roete revoloteando por el escenario entre la voz, puro sentimiento, de Luis Fuentes para cantar Los Cuatro Muleros, de Pepe Marchena, como anteriormente lo hicieron entre cantes de trilla en homenaje a nuestro campo.

Y la elegancia tuvo su turno con una Guajira de aires habaneros, de ida y vuelta, con trajes de época de Ana Martín Romero y el Niño del Roete, que también bailarían posteriormente una soleá trianera.

Con fuerza, con arte, con dulzura y con la personalidad arrebatadora que le caracteriza, Migue se fue ganando al público con la armonía compañera llamada Ana Martín, que recreó suavemente sus brazos en otro baile realmente impresionante que aportaría una belleza plástica sensacional a un espectáculo que fue en todo momento embrujo andaluz.

Un embrujo abierto y universal que dejó cabida al violín del joven Shah Hering Pittin o a un fragmento de rap más flamenco en el que José Manuel Fuentes fue capaz de hacer sonidos casi de cajón flamenco mientras el Niño del Roete seguía con sus pasos y sus brazos el compás del joven marchenero. Fue arriesgado, pero mereció la pena. El resultado fue dignísimo.

Alegrías para terminar, alegrías de cádiz y sonrisa en los rostros de todos los que hicieron sobresaliente este espectáculo, de uno de los niños que recibiría una tarta por su cumpleaños, de Ángeles Acedo, de Ana y de Migue, este bailaor que sabe mezclar el ritmo con la pausa y la raza con el temple como él solo.

Sonrisas de todo el grupo y acompañantes, que se llevaron la ovación más que merecida de los presentes y para Migue una escalera andaluza de recoger aceitunas y símbolo para seguir creciendo, así, de esta forma, porque, como decía el propio programa y felizmente se cumplió en el escenario, "el flamenco es de valientes y no entiende de fronteras".