Cultura

La Fiesta de la Guitarra de anoche se desarrolló con un recinto de San Juan casi lleno y entregado a la sugestión en el toque de Niño Pura y el saber estar y categoría del cantaor Julián Estrada encima del tablao. Fue la penúltima actuación de la noche, en la que destacó además la figura de la bailaora Luisa Palicio, que puso en escena un espectáculo  verdaderamente encantador. La limpieza de la voz de Laura Vital gustó al público marchenero en una nueva edición de la fiesta flamenca.


La penúltima actuación de la noche merece todos los elogios. Niño Pura lo bordó a la guitarra, disfrutó, llevó de la mano a  Julián Estrada con su finura y claridad al toque. La guitarra de Pura es de las que entra por los sentidos, de arte, sonó esplendorosa y el cordobés Estrada, muy a gusto en todo momento, no lo dejó escapar. Se hizo el silencio absoluto en el público con una malagueña para quitarse el sombrero por la seriedad, el temple y la categoría de Julián.

Fueron momentos de los que hacen afición al flamenco, con el público totalmente atento y admirado ante lo que estaba viendo y un silencio que mueve las entrañas. Estrada acarició el cante con delicadeza, lo agarró para que no se fuera, dejó a la guitarra de Pura hacer el resto, continuó con dulzura por alegrías, y con tablas sobre el escenario cerró la noche de pie por fandangos con letras que sacaron a relucir la raíz social del cante y otras dedicadas a los más grandes cantaores, y sobre todo, dando la sensación de encontrarse cómodo, sereno, lúcido. Brindaron él y Pura una faena para quitarse el sombrero.

Anteriormente, la bailaora malagueña Luisa Palicio lució belleza a raudales sobre el tablao, porque la belleza se luce no sólo cuando se tiene, sino cuando se transmite. Así Palicio sumergió al público en su baile realmente encantador con la chispa del carisma que infundió, su dinamismo fue propio del de la brisa en el mar, desplazándose su vestido blanco adornado de flores, al ritmo de su sensualidad, con una facilidad asombrosa para crear figuras con sus movimientos. Luisa Palicio bailó como el vuelo de las palomas a las que cantó Alberti.

Por lo demás, hay que recordar que comenzó la noche con el cante fiestero de Anabel Valencia, de fuerza y quejío para abrir boca, y siguiendo su estela una nueva promesa del cante, Laura Vital, subió los decibelios de los aplausos del público con su voz pulcra, pura y limpia. Dos mujeres con las que se inició el cante, que continuó con la actuación de Rubito Hijo.

Rubito mostró su respeto al cante más enraizado como ya había anunciado y entró en el camino de lo jondo. Sufrió el calor de la noche marchenera algo más de lo previsto, aunque dejó sentimiento a raudales, entrega y su potente voz en letras de dolor y pena, mostrando entretanto un cante en desuso, una mariana realmente complicada.El festival concluyó con el cuadro festero de El Polaco formado por marcheneros encabezados por el percusionista Juan Antonio Suárez, que dejaron constancia de por qué el artista granadino está consagrado en nuestra localidad.

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