Hermandades

saeta soledad

 

EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Recordemos de nuevo que en nuestra tierra, aquellos franciscanos marcheneros comenzaron a llamarle saetas penetrantes a las letrillas que se cantaban en los Vía Crucis y más tarde durante el recorrido de la cofradía del Cristo de la Veracruz. Estos cantos tal vez fuesen recogidos del acerbo popular, de aquellas llamadas de los almuédanos moriscos, que se disputaban en cada barrio pregonando a la oración. Marchena, como sabemos, fue el origen de la saeta, junto con otros pueblos como Cabra, Puente Genil..., hablamos de los siglos XVI–XVII; cierto es que no se ponen de acuerdo los investigadores. Pero es en Marchena donde se han conservado mayor número de ellas, un total de 10 estilos de saetas autóctonas, sin menoscabo de otras nacidas al amparo del pueblo gitano, sobre todo las que nos llegaron de Jerez (por tonás, martinetes, seguiriyas, arromanzadas…) que canta el pueblo marchenero con su impronta diferenciadora de otros lugares, haciendo única la expresión saetera de nuestra localidad.

 

 


 

saeta cristo

 


De entre las saetas atávicas marcheneras que se han recuperado están las Quintas y las Sextas del Cristo de San Pedro, consideradas como más antiguas (XVII). Reflejan sobre todo la muerte de Cristo en la Cruz. El nombre de estas saetas monorrítmicas, a modo de recitado por los hermanos, viene dado por el número de versos de la estrofa cantada. Recuerda al almuédano árabe incitando a la oración. No nos extrañe pensar que el pueblo llano acuñase para la fe cristiana la musicalidad morisca.


En el XVIII parece que tienen su origen las Cuartas de Jesús Nazareno, en las que se definen y explicitan los sufrimientos de la pasión de Jesús de Nazaret y las Cuartas del Dulce Nombre en las que se hace referencia a la infancia de Jesús.


Entendemos que el florecer de las saetas, de esos versos lanzados a sus titulares procesionales obedecerían a esa necesidad creciente de ejercer oraciones cantadas de forma melódica y que, conociendo la inquietud de los hermanos para enaltecer sus cofradías, cada agrupación aportaría su sello a las saetas y seguramente, entre las hermandades existiría una rivalidad cada vez mayor; promoviendo y dando más énfasis a la creación y la exhortación para su puesta en la calle, y por ende de engrandecer las oraciones en forma de saetas. No en vano, si hoy conocemos, no sin un gran esfuerzo, por parte de la Escuela de Saetas de la Hermandad de la Humildad y Paciencia, una gran cantidad de saetas antiguas, entendemos que pudo haber una cantidad mucho mayor y que por desgracia no ha llegado hasta nosotros.

 

saeta nazareno

 

saeta humildad 2


Otro tipo de saeta es la de la hermandad del antiguo convento de Santa Clara, que mantiene las Cuartas del Señor de la Humildad y Paciencia, estrofas de cuatro versos que a través del canto se convierten en cinco y, aunque como las anteriores tienen poco ritmo, aunque a estas poseen mayor musicalidad, ya que seguramente los hermanos la cantaban desde la fundación de la Hermandad, que data de principios del XIX. Sus letras son alusivas al momento en que Jesús, atado, espera que sus verdugos preparen la cruz para ser crucificado.

 

La noche del Sábado Santo, se pone en la calle la Hermandad del Santo Entierro y la Soledad, la agrupación que más saetas atesora y es más cantada por el pueblo. Podemos decir que Marchena tiene como gran señora a la Virgen de la Soledad. A inicios del XIX parece ser que los hermanos comenzaron a cantar un tipo de saetas llamadas carceleras, que no tienen nada que ver con el cante por “Carceleras” (un tipo de seguiriya). Las saetas carceleras son estrofas de cinco versos, cantadas a lo largo de estos dos siglos por el pueblo marchenero. En ellas se nota cierto deje más aflamencado, por el correr de los tiempos, pues es la etapa crucial del desarrollo del cante jondo.


Existen tres tipos de saetas Carceleras en Marchena: la Carcelera de los Presos, pues al paso de la Soledad por la cárcel antigua situada casi al final de su recorrido, los reos cantaban a través de las rejas sus saetas en la “madrugá” a la Virgen pidiendo amparo. La Carcelera de los Hermanos, que venían a decir el sentir de los hermanos de la hermandad hacia su virgen y la Carcelera Cernicalera, que exaltan las penas de la de la Soledad por la muerte del hijo y cuyo nombre alude, tal vez, a esas aves que ocupan los mechinales de las murallas y torreones de la vetusta Santa María, templo de la Hermandad y que se mantienen quietos en el aire, al igual que el pueblo mantiene quieta todas las madrugadas a la Virgen durante horas, lanzándole saetas e impidiendo el tránsito de la Hermandad en el último tramo (sobre todo desde la antigua cárcel, el Tiro y la explanada de la Mota), lo que a todo este conjunto de diversidad saetera se ha denominado como “Las Moleeras” porque el personal acaba extenuado, ‘molío’. Dice la historia que el Duque de Arcos también acababa ‘molío’ por la tardanza de la Soledad en entrar en su templo; lo que es cierto que coincide con uno de los momentos cúlmenes de la Semana Santa de Marchena.


Además de este tipo de saetas, existen otras dos manifestaciones de saetas inéditas en nuestro pueblo: la Marchenera Antigua, llevada por los marcheneros a finales del XIX a Sevilla, que son derivadas de las que cantaban los presos y tienen un valor melodial aflamencado y la Marchenera Moderna, mucho más flamenca, que tiene su origen sobre los años 30 del XX; en ella se pueden apreciar ya el influjo de los cantes por tonás, seguiriyas, deblas y martinetes, provenientes de Jerez, Triana...