Hermandades

 pregon juvenil 16

 

Javier López Delgado, vicesecretario de la Hermandad del Santísimo Cristo de San Pedro y estudiante de Historia del Arte, dijo el XXX Pregón Juvenil de la Tertulia Cofrade El Llamador de Plata en el mediodía del domingo penúltimo antes de la Semana Santa de Marchena, a la que, de manera muy elegante, con precisas descripciones, referencias cultas, fino sentido del humor y un certero radar para detectar lo más emblemático, lo más auténtico, puso en los altares resaltando sus singulares tradiciones, reivindicando la saeta, las moleras, el Mandato como catequesis plástica reflejo de la Historia de la Pasión, y reivindicando la esencia y raíces: “Mantengamos esos puentes que unen el ayer y el hoy y tengamos el valor de preservar lo que somos. Porque somos historia, somos verdad, somos pureza que nunca debemos de suplantar”, expresó el pregonero, cristero de pro que sale el Viernes Santo con la túnica de su abuelo a la par que disfruta de las amistades que su juventud cofrade le proporciona y devoto de la Virgen del Rosario. Tanto a la Patrona como al Santísimo Cristo de San Pedro bellísimas y profundas palabras salidas desde los adentros de su corazón.

 


Abriendo el pórtico de su presentación por las puertas de Santo Domingo, su amiga del alma, Marta Ramos González, que tiene a Javier López como compañero y apoyo inseparable en una amistad sincera y estrecha, enmarcó su saludo en el nuevo Octubre que cada año comparten en el amor a su Madre, la Virgen del Rosario.

 

pregon juvenil 7

 

pregon juvenil 2

 

pregon juvenil 1

 

pregon juvenil 5

 

pregon juvenil 6

 

pregon juvenil 3

 

pregon juvenil 4

 
En el atril, un cuadro del Llamador de Plata, una estampa antigua del Cristo de San Pedro, un búcaro, una vela encendida por otro aún joven cristero como Pablo Jiménez, un libro emblemático de Rafael López Fernández 'Corralón’ y una marchenera botella de anís; en la presidencia de Honor Francisco Rodríguez, presente, como el presidente de la tertulia, Ramón Carmona; la alcaldesa de Marchena, María del Mar Romero y los representantes de los grupos jóvenes de las hermandades de Marchena, y por supuesto la marcha 'Amarguras', una institución en este acto, como la jarra de la que beben los pregoneros.


Marta Ramos repasó la trayectoria del Pregonero, joven marchenero de 21 años hijo de Florencio y Meruvina y hermano mayor de la familia, el pequeño es Carlos. Bautizado en San Miguel, hizo la comunión en San Sebastián y estudió en Juan XXIII e Isidro de Arcenegui antes de embarcarse en la carrera de Historia del Arte, faceta que se le notó constantemente por su facilidad para enlazar arte e historia y sus trazos pictóricos que dibujaron un Pregón magnífico, a la medida de la alegría y el entusiasmo que transmite Javier, tanto por su condición humana afable y generosa, como por una edad que siempre será insustituible y una convicción en sus principios, de la que no habló en exceso, pero que traslució en su intervención de 54 preciosos minutos con la que nos obsequió este “incansable cofrade que siente pasión por las tradiciones religiosas…, amante de su tierra y que disfruta todas las fiestas” que en el pueblo se celebran, expuso la presentadora, que recordó la herencia cristera que recibe por parte de madre, también devota de la Esperanza, y por parte de padre de la Humildad y el Dulce Nombre de Jesús, amén de por parte de abuela también con la Humildad, si bien su vida cofrade, aderezada y muy nutrida con la presencia y amistad en muchos cónclaves, se centra fundamentalmente en su labor de vicesecretario del Cristo de San Pedro y en su arraigada pertenencia desde 2015 a la Asociación de Jóvenes del Rosario.


“Santa Catalina de Siena decía que la amistad que tiene su fuente en Dios no se extingue nunca”, declararía la presentadora, sensiblemente emocionada, que antes de cederle la palabra destacó que Javier, de entre los amigos, “es el cercano, el humilde, puro y limpio de corazón, profundo en sus sentimientos y leal a sus amigos. No importa lo que pase, siempre estará para agarrar tu mano”.

 

pregon juvenil 8

 

pregon juvenil 9

 

pregon juvenil 10

 

Sonó la marcha 'Saeta Cordobesa' de Gámez Laserna, elegida por el pregonero, antes del comienzo de su intervención, que fue de 54 minutos.

 

“¡Aviva Marchena, que llegó la Semana Santa!”, resultó la gran primera exclamación de un pregonero que, como se diría en el argot, pronunció el Pregón prácticamente de corrido con una naturalidad destacable.


Tendría muy presente a la juventud cofrade de la que forma parte y de la que el patrón es San Juan, y del evangelio fueron las primeras palabras: “Y el verbo se hizo carne”.


Sentimientos, emociones y recuerdos, dispuso, traen las palabras, y las más bellas en este pueblo, son dos “Semana Santa”, dos palabras que “hacen que el tiempo se convierta en oración, recogimiento y devoción…, impregnadas de sabor y de olor, dos palabras que aglutinan la melodía de un pueblo que vive con fervor la Pasión del Señor”, expresó, poniendo en valor la dimensión integradora y abierta de la Semana Santa: “Integrada en el sentir marchenero, da igual que seas cristiano o ateo, da igual si eres hebrea o nazareno, Marchena sabe que son siete días los que dan sentido a su vida”. Marchena abrió y cerró el Pregón en un ejercicio de recorrido circular con el que quiso poner al pueblo en el centro de todo.

 

pregon juvenil 12


Portador del “mayor orgullo”, el que había recaído en él por ser pregonero, además de a amigos y familiares, tuvo el gesto de agradecer a quienes hubieran dedicado “un momento de sus ajetreadas vidas” para felicitarlo y de ahí siguió volcando cariño a las personas: “¿Yo cuántas madres tengo?”, se preguntaba y cuestionaba incluso a su propia madre, cuando salía de la catequesis impartida por Pepi Cortés. En ambas mujeres “el amor y protección a sus hijos y esa capacidad de sacrificio y espera” fueron elogiadas por el pregonero, que en su admirada Virgen del Rosario ve esa madre a la que se le pide para curar enfermedades o porque un embarazo venga bien.


El paseo de la mano de las abuelas, el olor a nardos, el pueblo que reza, la lluvia de flores que atrae en su caminar es “esa estampa que cobija un marco, es Octubre, es Marchena, es Rosario”, proclamaría con fervor Javier López.


Los jóvenes cofrades de Marchena prefieren, antes que ver Netflix, o un partido del Betis o irse a una barbacoa o cualquier lugar de fiesta, ser “valientes y atrevidos” en el mantenimiento de nuestras costumbres; y por tanto, limpiar plata, acudir a convivencias y reuniones de grupos jóvenes de las Hermandades acudir a los cultos, en definitiva encontrarse con la esencia de las hermandades e historias narradas por los mayores de manera honesta y apasionada y que desembocan en que la juventud, que “es el presente y como presente hay que cuidarla”, se muestre con “vitalidad, fuerza y ganas de trabajar”, aseguró.


Javier, en este inicio del Pregón, remarcaría el “proyecto de vida” y la importancia de las actitudes y valores que conlleva pertenecer a una Hermandad, y se mostró defensor de esa historia, verdad y pureza que no se debe sustituir, como indicábamos en el titular, apuntalando en ese instante del Pregón su idea pura y arraigada a Marchena plenamente, de la Semana Santa, de nuestra Semana Santa: “Las hermandades las formamos las personas, los hermanos, no son empresas profesionales destinadas a satisface el gusto de quien pertenece a ella, no pretendamos ni dejemos que nuestras imágenes, esas que nuestros antepasados veneraban, se conviertan en motivo de lucro o comercio, no pretendamos sacar a los pasos a la calle como función exhibicionista, no pretendamos gastar más en bandas de música que en caridad, no pretendamos complacer a todo el que se mete bajo las trabajaderas buscando lucimiento personal en vez de la labor callada y discreta. No comercialicemos la esencia de las hermandades marcheneras, mantengamos la pureza, nuestras raíces, nuestras jergas y costumbres, mantengamos el régimen, los consortes, las túnicas de cola, el estandarte, la seña, el demandante, el santero, las cuartas y las quintas, las handoscas, las piñas, los panteones, los motivos, las estaciones del Domingo de Resurrección, mantengamos nuestra pasión por la Semana Santa”.


Echando al suelo el balón, comenzó su narración de Domingo de Ramos situándola “en el empedrado suelo de nuestra villa (aunque ya más que empedrado se podría decir enlosado” por las numerosas obras realizadas en nuestra localidad que han acabado con el uso pavimentado de la piedra. De la añoranza de la procesión radiante de palmas o la “inconfundible voz” de Paco Sánchez, ilustre feligrés de la parroquia de San Sebastián que entonaba los cantos cuaresmales y en ese día la clásica “Vienen con alegría Señor”, versarían estas líneas entrañables en las que, en ese bello cuadro artístico que por momentos pareció su Pregón, hizo justicia a la Iglesia de San Agustín, crisol de culturas como puso de relieve, definiéndola como “bello joyero de la Campiña sevillana”, marco de las primeras emociones entre amigos y de las primeras escuchas de saetas en la revirá entre Orgaz y Santa Clara en el majestuoso atardecer de ese día de procesión de la Borriquita, del Señor de la Paz y de esa “virgen niña” de la Palma de “dulzura que fascina”.

 

pregon juvenil 13

 

pregon juvenil 14


“Yo señor puse en tus hombros, la cruz con la que va cargado” comienza una cuarta a Nuestro Padre Jesús Nazareno que sirvió de contraste absoluto para adentrarse en los siguientes retazos, sin abandonar nunca la idea de Marchena en su singularidad y conexión con cada uno de los instantes que describía, estrechamente ligado a sus reflexiones: “En una sociedad contaminada por el concierto polifónico de la globalización, cuesta a veces escuchar la melodía que nos aporta la singularidad de nuestros pueblos, con sus centenarias tradiciones y costumbres”, dijo el pregonero agarrando a cada momento la fuerza de lo autóctono, con maestría.

 


De ”espectacular ópera sacra” definió el Mandato, rico en elementos que refieren a la Pasión, y donde, en excelente radiografía de lo que acontece en Plaza Ducal, e incluso a partir de entonces en la procesión de Viernes santo por la mañana, el cuadro de su Pregón y los cuadros de la Pasión que porta cada penitente ejecutando un papel se dieron la mano, y las tramoyas en formas de cadenas y los antifaces morados y la “reflexión y espiritualidad de la obra”. Abrazó Javier López con delicadeza como “cada paso (es) una escena, cada músico una nota, cada flor un olor y un color, pero todo ello bajo la mirada y dirección de Nuestro Padre Jesús Nazareno, quien con misericordia infinita recoge miradas de oración y reparte gracia a todos los que lo contemplan”.


Antes, el estremecedor silencio del instante previo a la apertura de la puerta de San Miguel, a las seis de la mañana le llevó en volandas segundos después a “comprender la magnitud del asunto” junto a su querido primo Rubén, que lo acompañaba en la primera vez que todo marchenero tiene en la salida procesional del Señor de Marchena: “Hacía hablar a los mudos, los demonios despidiendo, a los ciegos daba vista, resucitaba a los muertos”, dijo la cuarta que entonces escuchó en “la noche quebrara” pero “iluminada por los cuatro faroles del paso”, los trinos de los pájaros y la nube de incienso que rodea la mística atmósfera que precede al cortejo en el que “los marcheneros ejercemos como cirineos” acompañando al Nazareno, ante el que brotan lágrimas de los ojos de la gente, como reprodujo el pregonero y en María la Virgen también lágrimas que “nos recuerdan que el amor es eterno y sin tiempo”.


La declaración de amor a Nuestro Padre Jesús Nazareno, garante de la historia eterna de nuestra Semana Santa, se repite, qué entrañable paradoja, con una fuerza incontenible en los últimos pregones juveniles. Los pregoneros, aún jóvenes pero con calle en sus entrañas, han recogido ya el tarro de todas las esencias, y en el caso de Javier López Delgado, así lo dijo, al pie de la letra que traspasó los vellos del público, poniéndolos de punta: “Cuántas penas, amarguras, desvelos y avatares han sido posados en su cruz, cuántos buenos hombres han puesto sobre sus hombros el peso de su existencia, cuántas vidas ha salvado con sus manos, cuántas plegarias ha recogido su mirada…mirada como la de aquel viejo hombre, que, a pesar de que sus recuerdos ya son fotografías desdibujadas debido a la enfermedad, nunca olvida el momento en que el Señor le viene a visitar. Son esos ojos melancólicos y empañados donde verdaderamente se muestra la grandeza de Jesús, donde no hay banda, corona, túnica o flores, solo pervive en la memoria el encuentro cara a cara que cada año repite, con su mirada una súplica que contiene y susurrando se le oye decir ‘hasta el año que viene’”.


“Inocente de pecado, entregado por el hombre”, es un fragmento del Pregón del Ángel del Miércoles Santo a la salida procesional de la Hermandad de la Humildad, con la que Javier López Delgado mantiene estrechas vinculaciones desde de pequeño y de la mano de su padre aprendió a querer “al humilde maestro” de “bondad infinita”.


La relación con su hermano Carlos, dicho con simpatía por el pregonero, como “el Cristo y la Soledad” aludiendo al desencuentro que se dio en los años 40 cuando salían ambas en Viernes Santo, desembocó en que cada uno de ellos estuviera en vacaciones con una abuela, y la que a él le tocó en suerte, Carmen, es memoria de vivencias de cuadernillos del Rubio que hacía en su niñez, de riego de macetas del patio de Santa Clara y de travesuras con los crucifijos del altar ante el desajilo de su abuela. También de pequeño fue el niño que llevaba la radio en los ensayos del paso del Señor, gracias al capataz Kisko que le confió “la importantísima y dificilísima labor”, bromeó (sí dijo en serio que aquellas marchas las reproducía en sus viajes familiares a la playa en pleno agosto.

 

pregon juvenil 17


Al hombre “despojado y humillado” que representa el Señor de la Humildad que espera el cumplimiento de los dictados de Pilatos, sentado en un peñasco, adjudicó el pregonero “el camino que conduce a la verdad”, le pidió que siempre lo acerque a los marginados y que le sirva de la paz que transmite para vivir en plena fraternidad, alejado de egos, discordia, prepotencia y maldad. El valor que encarna, la Humildad, “es la joya que el alma procura y que en tus divinas y anudadas manos podemos contemplar, pues la verdadera nobleza no se encuentra en la riqueza, sino en la pobreza ante la vida y sus desafíos”, manifestó Javier López, que entonó un Salve por la memoria de su abuela y un homenaje explícito, nombrándolas, a Edelmira, Rocío y Piedad, las tres guardianas que custodian y acompañan a la Virgen de los Dolores en sus cambios de vestimenta: “¿Eres llanto o eres duelo? ¿Por qué elevas la mirada al cielo? Cinco lágrimas recorren tus mejillas y siete puñales atraviesan tu alma”, diría a la hija clarisa.


El elogio a los 35 años de Escuela de Saetas Señor de la Humildad concluyó con una reivindicación necesaria y que refleja un tanto de preocupación, por cuanto como dijo más tarde en otro pasaje del Pregón, parece que se tienden a cantar menos en Marchena últimamente durante la Semana Santa: “Son las cuartas, las quintas y las sextas, oraciones propias de nuestro pueblo y que no debemos dejar de cantar, pues son el mayor patrimonio inmaterial de nuestra Semana Santa y que desde el pueblo, las hermandades e instituciones civiles debemos de preservar y poner en valor”.


En este sentido, y bromeando sobre la posibilidad de que lo hubieran metido en la cárcel por arrancarse a cantar una carcelera el pasado Sábado Santo ya casi a la entrada de la Soledad al Tiro, más antes que de costumbre por escasez de saetas en su recta final, que son las que interrumpen el paso en las tradicionales moleeras o aglomeración de personas que la detienen a su paso cantando hasta altas horas de la madrugada, justificó aquello en que “todo fue por contribuir y preservar nuestras más antiguas tradiciones”, tal como hizo también su amigo Fernado: “Ay que ver qué pena”, “esto se va a perder”, “antes había más gente” fueron los comentarios que entre el grupo de amigos se hicieron sorprendidos por ese final un tanto frío de la Soledad el pasado año.


Al poeta, Florencio Montes, había aludido antes el pregonero: “La luna te visita en el altar cogiéndote de la mano sin soltarla en tu caminar, a tu paso la primavera florece entregándote jazmines y perfumándote como la verdadera dama de la noche”, proclamaría a la Virgen de la Piedad, “semilla, germen que florece en actos de amor” como los que profesa al Dulce Nombre de Jesús: “Seamos como él, como el Dulce Nombre de Jesús, de sonrisa eterna, de tierna y cómplice mirada…de perdón infinito, de hechos amables y llenos de piedad”, expresó con alusiones a la plazuela de San Sebastián y al revoloteo de ligeras capas crema y entrañables antifaces carmesí estampas de Jueves Santo.


A las observaciones de niños intrigados por el misterio de la pequeña Cruz que carga el Niño, suceden dos días más tarde, las preguntas inocentes sobre el “rico valor simbólico” del cortejo del Santo Entierro de Cristo: “¿Por qué van penitentes de todas las hermandades?, ¿Quiénes son las tres mujeres que van de la mano? ¿Por qué hay una mujer con los ojos tapados? ¿Quiénes son las mujeres que acompañan a la Virgen?”


Y a las observaciones curiosas siguieron en el Pregón otras de valor histórico como “la grandeza que muestran aún las escasas personas que se arrodillan al paso del Señor yacente”, al que custodia la Guardia Romana en otra curiosa estampa que deja el Sábado Santo, pasaje que aprovechó Javier para hacer extensiva la mención a todas las centurias y guardias romanas de nuestro pueblo.


Las manos unidas de la Virgen de la Soledad en señal de oración “son súplicas que guarda bajo su manto protector” que alberga historias de amores forjados en el Tiro igual que de peticiones de personas enfermas que se encomiendan a su fe en la cernicalera, que pese a todo, alberga en el “mejor rincón”, todo el entorno de Santa María, ecos de saetas que “resuenan en los alrededores del antiguo palacio, oraciones, versos y cantos que cobran su mayor expresión”, pondría en valor el pregonero, que como buen estudiante retuvo este singular enclave dándole su sitio en el pregón.


“Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer…” diría tomando la letra de los Panchos en el marco del final de nuestra Semana Santa: “...detén el tiempo en tus manos, haz de esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca”.


El sentido auténtico de la fe que impregnó este Pregón tuvo otro anclaje en las palabras iniciales del Jueves Santo por la noche: “Donde hay odio, que lleve yo el Amor. Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón” es un fragmento de la oración franciscana por la paz, que le lleva a la intimidad de la capilla de la Vera Cruz, que preside “el Señor de la Certeza”, como definió al Señor de la Vera Cruz entre retazos del marco incomparable de San Juan y alusiones a su antigüedad: “Certeza de que elegiste la cruz verdadera, esa que no contiene odio o rencor, sino amor y salvación, esa fe inquebrantable que mostró Santa Elena al encontrar tu santa cruz”, declaró dando su lugar a la escena bíblica representada en otros de los relieves que se puede apreciar en el paso del Señor. La postración de los hermanos ante el Santísimo durante la procesión, en el interior del templo de San Juan, fue otro de los momentos singulares de la Semana Santa marchenera rescatado por Javier López.


“Llama eterna que en el alma avanza” o que “en los momentos más oscuros brilla con fuerza” es la virtud de la Esperanza, indispensable para surtirnos del “optimismo que nos impulsa a vivir” y que entre ráfagas de luna llena camina en Marchena, que en 2004 fue “coronada por un Santo”, dijo el pregonero en elogio de Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla: “Llanto en flor se convirtió aquel septiembre de verde esplendor”.


“Ya la obra se consumó, de la redención humana, con la muerte de aquel Dios, que por caridad cristiana, por el mundo predicó” (Santísimo Cristo de San Pedro).


La apelación a la conservación de las saetas no solo la dijo sino que la puso en práctica durante el Pregón, y así, con esa quinta inició unas palabras de amor desmesuradas, como no podía de ser de otra manera, dedicadas al Santísimo Cristo de San Pedro, cuyo rostro “es el más dulce encuentro con Dios”, señaló con el paradójico, que no sorprendente calificativo a su Cristo de faz deformada, mejillas acardenaladas, ojos eclipsados, cuerpo herido, llagado y descoyuntado, tal como describió con sus precisas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, había dicho al principio del Pregón recordando la séptima palabra de Cristo en la cruz.


Y del Cristo San Pedro tiene noción desde pequeño en las conversaciones familiares, en la túnica de su abuelo que aún porta cada Viernes Santo el pregonero cuando sale en Estación de Penitencia, de ese abuelo del que se “llena la boca” de decir que es nieto, de Manolo El Carpintero que le transmitió la devoción y al que daría un emocionadísimo “gracias abuelo, por hacernos cristeros”.


“Hablar del Cristo es hablar de una foto en la mesita de noche a quien balbuceaba mis primeras oraciones enseñadas por mi abuela, es recordar esa vieja foto en un marco al subir la escalera. Cuántas veces has llenado el vacío de mi soledad, cuántas veces mis labios han dicho tu nombre, cuántas noches errando has puesto rumbo a mis días”, expresaría el pregonero, que resaltó la sabiduría necesaria de saber callar, la fortaleza que da el silencio, pues a veces “solo habla el corazón” y extrapoló esta tesis a la verdad de que “Marchena, rica en sabiduría, guarda silencio cada Viernes Santo al contemplar la imagen del Cristo de San Pedro, viva expresión de “la comunión de lo divino y lo terrenal”, “poema silencioso que resuena en el alma de todos los que lo contemplan”.

 

pregon juvenil 18

 

pregon juvenil 19


“Un imán, un vórtice que nos cautiva de manera inevitable” es el Cristo de San Pedro, en el que en sus visitas de viernes no puede evitar fijar los ojos, para Javier López Delgado, absorto en la peculiar fisonomía de este Cristo reflejo del “límite del sufrimiento humano”, escultura en la que la violencia, expresó, se transforma en dulzura, pues “ese último aliento angustiado y sin palabras que emana de su boca, quizás oculte la manifestación de amor más grande jamás revelada, el mayor ‘os amo’”.


Encuentro con las raíces, encuentro con amigos, y lugar “donde no importa si somos hijos de la misma sangre, pues todos somos hermanos, todos somos hijos de un mismo padre, el Santísimo Cristo de San Pedro” es el templo de Santo Domingo, y símbolo de esta confraternidad el corazón emblema de la Hermandad, “corazón que ponemos en cada cosa que tiene que ver contigo”.


El “peso en el pecho”, el “nudo en la garganta”, el “laberinto en el alma donde los miedos y dudas encuentran su mirada” es la angustia, y la Virgen de las Angustias “dolorosa que endulza la pena” a su paso por las calles y por ese rincón tan querido de los cristeros como el Convento de San Andrés, donde asisten a su consuelo “mercedarias esposas”. Con su maternal corazón y Juanillo a su lado, recorre las calles como el pregonero los caminos de Dios: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío”, expresaría sacando a colación el Salmo 41, tras lo que prosiguió aludiendo a símbolos como la vela roja de los devotos de Santo Domingo, reflejo del “sacrificio y tormento” de Cristo: “…todo en ti es eternidad porque no conoces el ocaso de la vida. Tu victoria sobre la muerte es la fuente de luz que ilumina la historia, es esa luz que vemos junto al sagrario, pues es ahí donde te mantienes entre nosotros, en la Eucaristía”, expresó Javier López, que destacando el amor y la entrega de Cristo, su esplendor en la Resurrección, culminó entre versos su emotiva disertación dedicada al Santísimo Cristo de San Pedro: “…por mi amor derramas sangre, y en la cruz nos das perdón, haz que siempre te adore mi pecho, y sea tuyo mi fiel corazón”.


Una letra de un pasodoble de la comparsa Los Irracionales decía que “una ciudad es un trocito del papel de un mapa” y como “la boca habla de lo que rebosa el corazón”, manifestó el pregonero, concluyó su Pregón donde lo empezó en Marchena, en esa Marchena “custodia sin igual de tradiciones y costumbres” donde somos “afortunados de vivir”.


La relación de detalles y motivos, la fusión de arte, cultura, antigüedad, y también desde una perspectiva histórica, modernidad, que el pregonero puso sobre el tablao, fue excepcional, entregada y bella apoteosis final que hizo justicia a su Pregón, que desde el pasado domingo es materia inolvidable de nuestra Semana Santa.


Envolvió Javier López Delgado en sus brazos paredes encaladas, antiguas murallas del pasado árabe, templos y capillas, melodías singulares, Murillos y Zurbaranes, cantes de ida y vuelta “testigos de tus lunas” en homenaje a Pepe Marchena en especial, creador entre otros géneros de las colombianas: “Dueña de la flamencura, ocho letras forman su apellido, siendo Pepe tu hijo el más querido”.


Arco de la Rosa, Tiro de Santa María, San Agustín, sones de una banda, cornetas de amargo pesar, azahares desprendidos en petalás, el andar “pura cátedra” de la Borriquita, la sonrisa del niño que ve los pasos ya montados, bolas de cera, torrijas, Esperanza y sus versos recitados con cariño, El Pololo enclave del revuelo de niños, túnicas sacadas de viejos armarios, noches bañadas por candelería y luna volverán a Marchena donde Javier busca “la primavera en cada esquina”, encontrarse con los sentimientos que lleva dentro, la melodía de una marcha, el olor a incienso…”el sonido de las cadenas sobre la piedra que se transforma en eco doloroso…la candelería consumida por la luz que ilumina tu rostro…”, un cúmulo de sensaciones para que “en el epitafio de tus siete días siga poniendo que eres bella y auténtica…¡Marchena, tierra de devoción, testigo fiel de esta oración! En tus calles vive la pasión por la Semana Santa, bendita tradición. Amén”, dijo, concluyendo así su Pregón, en paseo de su sentir por nuestra Semana Santa, esa que se marcha y vuelve “como la más bella historia que pervive pese a las dificultades”, que hizo tal como el orden en el que su querida Virgen del Rosario realizó este otoño sus salidas procesionales extraordinarias.

 

pregon juvenil 20

 

pregon juvenil 21

 

 

pregon juvenil 23

 

pregon juvenil 22

 

pregon juvenil 24

 

pregon juvenil 25

 

pregon juvenil 28

 

pregon juvenil 26

 

pregon juvenil 27