Hermandades

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Antonini de Jiménez, Doctor en Economía y profesor de la Universidad Católica de Pereira, probó una dosis de ayahuasca y cosas alucinógenas, como él mismo dijo, poco antes del verano del pasado año, para ver si el subconsciente le ofrecía salidas, pero vio que aquella experiencia se saldaba sin respuestas. En medio año de descanso y reencuentro consigo mismo, en Marchena, en contacto pleno con sus raíces y abstraído de sus quehaceres profesionales, mirando a los ojos a ese pueblo al que, incluso de nuevo de vuelta en Colombia, siente y habla como estando frente al espejo, ha empezado a recorrer su trayecto hacia Dios, primero descansando, tal como explicó, y luego caminando. La figura de Jesucristo, señaló en su videoconferencia de los Viernes de Cuaresma de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, causa “Cristofobia” en los propios cristianos. Y con esta idea y otros anclajes en esta conferencia que le salió de su corazón y, sobre todo de su experiencia vital, incidió en que esa fobia a Cristo es aquella que tiene el ser humano, casi siempre, a todo lo que no puede dominar, y más concretamente en el terreno de la fe, a causa de tratar de hacer las cosas y entender la vida y la propia fe a la manera de los hombres y no a la de Dios.

 



Andaba el auditorio expectante ante el nuevo formato de los Viernes de Cuaresma, presidiendo la escena la pantalla retráctil en la que apareció con seis horas más temprano en el reloj Antonini de Jiménez, saludado por el Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de las Lágrimas, Nuestra Señora de los Remedios y San Juan Evangelista, José Antonio García, feliz de que la comparecencia se desarrollara sin problemas técnicos (la verdad es que la conexión fue impecable) y agradecido a Remigio Rodríguez y el equipo técnico para la ocasión, tras lo que recordó el encuentro que mantuvo casualmente con Antonini en los Cantillos, días después de que Mariano Fraile lo propusiera para ofrecer una ponencia en este ciclo, y la extensa charla que mantuvo, boquiabierto por los “quinientos datos de bibliografía” que Antonini le ofrecía a la pregunta de la historicidad de Jesús, para acabar dándole la vuelta y advertirle de que enfocaría la charla por la presencialidad del Señor, tantas veces discutida y que centró el principio de la conferencia.

 

Antes, su amiga, Tatiana Ponce, destacó sus numerosas charlas mantenidas con el ponente sobre el Señor y la fe, con las consiguientes ideas, paradojas y comparativas que Antonini suele poner encima de la mesa y cómo ha acabado acompañándolo en su conversión e iniciando la suya propia, tras lo que resaltó la “incesante búsqueda de la verdad” que caracteriza la personalidad de Antonini, así como su profunda fe, amén de su preparación académica desde su expediente brillante en la London School of Economics, su Doctorado y sus clases universitarias y conferencias por todo el mundo, en especial por Latinoamérica y diversos países europeos, amén de sus intervenciones en redes sociales y medios de comunicación.

 

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“Es una pregunta trampa si existe el Señor”, aseveró Antonini al comenzar la videoconferencia, dando constancia de que muy pocas personas en la Historia de la Humanidad han cuestionado su existencia, desde Tácito o Plinio El Joven, entre otros, a autores coetáneos, pasando por los protomártires, pero sobre todo sentándose las bases en los Evangelios.


Una vez que destacó el fervor y todo lo que mueve Jesús Nazareno en Marchena, aseguró que “hay más documentación sobre la historia de Jesús que sobre Julio César, pero nadie cuestiona la existencia de Julio César, ¿cómo es posible?”, se preguntaba.


“Nunca habrá documentos suficientes, así encontráramos millones, volveríamos a cuestionarlo”, expuso Antonini, que explicó este cuestionamiento en que “Julio César está muerto y Jesús está vivo; hoy en 2024 en Marchena está vivo en cada uno de nosotros y nos dice, sed santos como Mi Padre es santo”.


“Pero nuestro corazón es pecador, es Cristofóbico, le tenemos fobia al Señor y por eso lo cuestionamos o no nos acaba de convencer”.


Prosiguió Antonini resaltando que “Dios nos pide ser santo, pero no de boquilla, sino de acción”, frente a lo cual “estamos instalados en la mediocridad y banalidad de la vida”, respecto a lo que puso ejemplos paralelos como el deseo de no querer lo que el vecino tiene sino que el vecino no lo tenga, es decir, el malestar que produce en el humano la prosperidad ajena por sentirse en evidencia la mediocridad propia.


“Jesús nos pide cosas que molestan al hombre pecador, al hombre Cristofóbico”, incidiría Antonini, que mostró la paradoja de que siendo los Evangelios los documentos históricos más estudiados, venzan pero no convenzan y surjan entonces entre los propios cristianos los “peros” a la existencia de Jesús, que provienen fundamentalmente, explicó el ponente, de que “Jesucristo no solo es hombre, sino que es Dios a la vez, por eso la Cristofobia genera contradicción”.


Es contradictorio pues, reflejó, que Cristo siendo Dios tenga momentos tan humanos como la célebre expresión “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, ya casi al expirar en la Cruz, y sin embargo, siendo hombre, no pidiera que lo bajaran de esa Cruz donde el dolor era humanamente insoportable.


El hecho de que Jesús curara solo a una minoría de leprosos, por ejemplo, evidencia que fue “Dios a la manera de Dios y no de nosotros”, pues en nuestra condición humana requerimos de la multiplicación de los milagros y no entendemos esas aparentes contradicciones de Jesús que llevan además a numerosas interpretaciones de la palabra de Dios en los evangelios.


Frente a ello, Antonini aseguró que “para conocer a Jesús hay que conocer a Dios y para conocer a Dios hay que conocer a Cristo, lo que no se puede es conocer a Jesús sin Cristo. Para entender el Evangelio hay que ser cristianos, y para ser cristianos hay que creer en Dios”, al hilo de lo cual discrepó del historiador Antonio Piñero que se aferra al Jesús histórico y no al de la cruz, concluyendo Antonini que “Si de Jesús sacas al Cristo queda una pantomima, queda deformado, se le quita la mitad de su sustancia que además es la mejor”.


“Jesús nos interpela porque está vivo, y nos pide ser santos”, afirmó, rechazando expresiones o postulados como los de tener fe “en la justa medida”, ya que esa muletilla, entre otras, responden a “la mediocridad que nos aleja de lo único por lo que estamos aquí, encontrarnos con Dios”, algo que explicó que nos llega con especial intensidad cuando la muerte la tenemos cercana.


Tras un inciso en sus raíces marcheneras, destacando que es marchenero como cada uno de los oyentes de la conferencia y que, a pesar de nuevo de estar en Pereira, los pereiranos tienen el mismo idioma pero sus cosas y miedos diferentes a los nuestros, dijo al público de la conferencia, sentirse “como ante un espejo, pues nos mueve lo mismo”.

 

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“Sin quererlo, fui convertido por el Señor”, declaró, lo cual le aconteció a partir del trágico suicidio de una estudiante universitaria en Pereira, que fue como la gota que colmó un vaso que se había ido llenando y que despertó en él “la necesidad de salir de la mediocridad” que representaba, visto en la perspectiva del tiempo, el hecho de haber buscado el itinerario profesional cosmopolita y emociones fuertes en sus estancias en Camboya y en la frontera mexicana con Estados Unidos.


“La peregrinación al corazón de Cristo, al corazón del Señor”, señaló , “no empieza con caminar como cuando peregrinas al camino de Santiago”, sino que “en la fe, antes hay que descansar, y luego hay que caminar, hacer cosas desde el Señor y en el Señor, no para el Señor”, expresó, reseñando la parábola de la cena cuando Jesús a sus discípulos dice que no han de llevar nada a la mesa ante las preguntas insistentes de si llevan este u otro alimento.


“La fe se parece más a un gandul que a un activista”, prosiguió Antonini, que incidió en la idea de que sin el Señor no somos nada: “Arrodillaos, dejadlo todo, besarle las llagas cuando viene el Señor”, expresó.


La silla inerte en la que descansamos cuando estamos sentados, dijo a los conferenciantes, no ofrece dudas ni problemas ni miedos de que se vaya a caer, pero cuando descansamos sobre algo vivo como Jesús, que nos cuestionará, sentimos miedo a perder el control como no lo sentimos con la silla, miedo que se produce en muchas ocasiones porque “no queremos reconocer que sin el señor no somos nada y fingimos que podemos controlar todo, y eso es soberbia, y en la soberbia está el pecado original de Adán y Eva, la soberbia explica por qué somos cristofóbicos”, expuso Antonini.


“La soberbia es la que nos hace negar (la existencia de Cristo) y no que no haya documentos y pruebas históricas, la que nos hace ser cristianos pero no santos y no podemos quedarnos en ser cristianos, sino llevarlo a la última consecuencia; ser santo”.


“El santo cree en Cristo, no en la vida de Cristo; el santo no vive su vida de acuerdo a lo que dijo Jesús, sino de acuerdo a Jesús y entiende que es la medicina de su vida, pero es más fácil decirle sí a lo que dice que sí a lo que es. Al santo no le basta con ir a misa y confesarse una vez al mes”.


“Como cristiano, tu vida mejora, se sobrellevan mejor los problemas, como santo tu vida cambia y los problemas se resuelven. ¿Qué preferimos que pesen menos o que no existan?” los problemas, expresaba Antonini.


“Para cambiar mi vida, el Señor me tiene que convertir no un rato sino todo el tiempo, porque si no es como cortar jamón de pata negra con cuchillos de mantequilla”, puso como ejemplo Antonini.


El ponente se preguntaría a continuación, “¿por qué la santidad no resuelve los problemas del mundo?”, a lo que respondió: “Precisamente porque no se han resuelto; han cambiado de nombre, pero no se han resuelto porque no aspiramos a la santidad”.


Añadió al aserto que “la política es lo opuesto a la santidad, cambia las cosas por fuerza; es gatopardiana, pues todo cambia para que todo siga siendo igual”, de ahí que señalara que con los “Nuevos Mesías” de la Política, las expectativas se convierten en decepciones: “¿Cómo va mejorar la economía española sin que el español mejore…?” Te voto, pasa un mes o dos meses, y ahora solo sabe darme largas. Eso pasa porque el cambio que no te cambia, no es cambio; si no te cambia a ti, no cambia nada. Por eso la santidad es olvidarte del mundo; cambia tú, y cuando te haya cambiado el Señor, el mundo cambiará”.

 

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Antonini de Jiménez puso como ejemplo de conversión continuada, diaria, a San Agustín, y a reglón seguido siguió dejando retales de su experiencia diaria, como el hecho de no necesitar el aire acondicionado en agosto en Marchena: “Da calor de quejarte del calor”, declaró, haciendo ver que la queja es hermana carnal de la soberbia, del ego, y que de ahí llegamos a la “Cristofobia”, y que “cuando estás en el Señor, dejas de quejarte”, así como del proceso que le ha llevado en esta conversión a apreciar a sus alumnos, antaño a sus ojos un tanto insoportables en ocasiones, como personas maravillosas, para lo cual reconoció que a su reflexión anterior le había llevado su propia sobreexcitación y “el querer que hicieran las cosas ya y como yo quisiera”.


Al hilo de lo anterior, refrendó que “el Señor no te deja solo, te va dando pruebas de tu conversión cada día”, entre las que citó su descubrimiento de vivir en su pueblo al pie del terreno como ha comprobado con el reparto de alimentos de la Santa Caridad en la Plaza de Abastos o en decir a sus amigos y seres querido que les quiere, a lo cual antes no se atrevía con la frecuencia de ahora, porque, en definitiva, la conversión en el Señor le ha llevado a quitarse un peso tal como “un elefante colgado del cuello” para pasar a encontrarse “caminando entre las nubes” y apreciar gestos tan sencillos y cotidianos como reconfortantes, por ejemplo saludar a sus paisanos marcheneros o conocer en profundidad a nuevas personas como le está dando la oportunidad su presencia en la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Vera Cruz en alternancia con su hermano Alberto.


Todo ello le está haciendo ver a las personas cada vez más como “hermanos” y no como competidores y rezar por todos nosotros, amen, desde en perspectiva, apreciar que ha llevado una vida en la que, si bien ha tenido la virtud de dejar siempre todo lo que tenía, el componente de sueño utópico presidía sus pasos, frente a un ahora en el que reflexiona y asegura que “la verdad es el Señor, el resto de las verdades son verdades a medias o mentiras piadosas”


“¡Os llevo en el corazón!”, exclamó para poner punto y final a su conferencia; mejor dicho, seguido, ya que se abrió concurrido turno de preguntas en el auditorio.


Respondió sobre la figura de María, en resumidas líneas, que “es quien mejor nos entiende en el proceso de conversión” y que ella apreció de primera mano cómo Jesús vivió sin temor a la muerte: “Séneca le dijo a Lucilio que el hombre que no aprende a vivir es el que tiene miedo a morir”, de manera que “se vive estando vivo, siendo santo”, siempre que se aspire a vivir de manera auténtica y no haciendo de nuestra existencia un camino fantasmagórico o cayendo en el “hipocondriaquismo social”, lo que nos lleva sin duda a citar su obra “Liberofobia, el (des)gobierno de las buenas intenciones”, segundo libro de Antonini al que sucederá pronto “Hay que ser taurino”, que pronto estará en las librerías, prologado por Juan José Padilla, al que junto a otros como a Sebastián Castella y Fran Rivera, se honra en conocer al punto de expresar que “cuando los he conocido y no me he podido sentir más feliz de formar parte del género humano”.

 

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Su hermano, Alberto, interpeló al ponente cuestionándole que si con ser buena persona, buscar la verdad, ser responsable, no basta, que por qué entonces necesitamos de Dios para ser buenas personas, a lo que Antonini respondió que “no estoy seguro de que Dios quiera que seamos buenas personas; sí que lo quiere, pero no a la manera de creer ser buenas personas que tenemos los humanos…ama a Dios con todo corazón y lo otro ya sale solo…sin Dios el infierno se llena de buenas intenciones…”

 

En su conversión, añadió Antonini, “hago cosas que me dan pereza, que no querría pero que sé que debería hacer, y que me están permitiendo que la santidad llegue dentro de mi corazón, que me vaya quitando capas que en el corazón impiden que emerjan nuestra santidad para que cuando caigamos nos pongamos de rodilla, pidamos perdón y el Señor nos dé fuerzas para continuar”.


Otro ejemplo de esta conversión que puso en la recta final de su alocución, para dar respuesta a otras de las preguntas, fue el que, en un retiro vivido en Colombia, dio por respuesta a una joven agobiada con la indecisión de su novio, al que ama sinceramente, para resolver si casarse o no, a lo que Antonini le recomendó que dé prioridad primero a la conversión de su novio al Señor, y que luego ya el Señor dispondrá de qué es lo mejor, en señal de que lo importante es el proceso y no apelar al Señor para nuestros propios intereses más inmediatos o directos.


No es proceso rápido, precisamente, ni inmediato, ni siquiera finito y acabado nunca, el de encontrar al Señor, y reconoció Antonini que está permanentemente en ello, y que su presencia se siente, metafóricamente hablando, cuando ya prácticamente a punto de ahogarse la persona, sumergida, (y no cuando manotea nervioso porque es incluso peligroso en ese estado para quien ayuda), el Señor te saca como “esperando a que nos rindamos de querer soluciones a nuestra manera”, puesto que “solo él es fuente de luz, agua viva”, como le dijo Jesús, de Dios, a la samaritana.


Animando al respetable a realizar cada cual su conversión y si es posible en compañía de otros, fue concluyendo su ponencia Antonini, al que el párroco Daniel Mariños le saludó afectuosamente haciéndole ver que le había recordado su eje vertebral de la conferencia la cita nietzchiana de “si Cristo dice que están salvados, deberían (los cristianos) estar más contentos y alegres” y elogió la intervención de Antonini, que “más que una charla, ha sido una Catequesis que de verdad hace eco dentro y te resuena”, coincidiendo con el ponente en que Nuestro Padre Jesús Nazareno es inseparable de la cruz y que los Evangelios, sin la cruz y todo lo que conlleva, serían un libro de autoyuda.


“¡Te queremos, Antonini!”, exclamaría el Hermano Mayor de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que tras entregar simbólicamente el cuadro de recuerdo a Antonio e Isabel, padres de Antonio Jiménez Castillo, pondría el punto y final recalcando que de esta charla “todos salimos siendo mejores personas”.

 

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