Hermandades

 

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Manuel Labella, Amalio Narváez, Luis Javier Labella y Moncho García, unidos al moderador Gonzalo Lozano, podrían sumar varias enciclopedias en torno a las cuadrillas de costaleros de Marchena, cada uno en su época, pero todos forjados en la recta final del siglo XX. En Arenal Copas, ofrecieron una entrañable tertulia, donde se destacó la ilusión desbordante que se vivió en el nacimiento de las cuadrillas de costaleros que fueron sustituyendo en pocos años a las de santeros, las causas concretas que motivaron este devenir, y los vaivenes en número de costaleros que se producen en Marchena, donde a pesar de que actualmente estén más que cubiertos los pasos, la repetición de costaleros sacando a unos y otros titulares hace observar con cautela a algunos lo que pueda suceder en un futuro. Más rerfeccionamiento técnico y costaleros "atletas" de hoy, más corazón aún antaño, y un mensaje inequívoco, que son los marcheneros los que deben preservar su tradición, lo que es nuestro, y que más allá de volumen, de número de personas o de número de visitantes, el sentimiento por el de arriba y por la Semana Santa de nuestro pueblo es lo que perdura más allá de las modas.

 

 


 

 

Resumir la magnífica charla a la que tuvimos la suerte de asistir, sería ardua tarea, amplificarla, osarse a entrar en detalles en los que no somos legos; sin embargo, el hecho de presenciarla nos lleva a dos conclusiones muy claras: una es que los ponentes son conocedores insuperables del mundo del costalero en una franja de tiempo considerable, de medio siglo o casi la mayoría de ellas, y segunda, que sin visiones uniformes en todos los casos, el cúmulo de sentimientos y de vivencias que en sus entrañas viven son pleno sabor de Semana Santa de Marchena, por lo que la espontaneidad con la que de ella hablan, el amor que le profesan y los argumentos razonados que ofrecen son dignos de escuchar para cualquiera que no conozca la Semana Santa de Marchena y, por supuesto, para todos los que la conozcan, incluso para quienes crean saber un poco más de lo que por experiencia hayan podido alcanzar a saber.

 

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Comenzó Manuel Labella, ex Hermano Mayor de la Vera Cruz, costalero de la Borriquita y también de su Hermandad de Jueves Santo, recordando el histórico año de 1974 (medio siglo ha pasado ya), cuando jóvenes con barbas y pantalones acampanados, respondieron a la llamada del Padre Javier y Juan Zapico para sacar a la Borriquita en Domingo de Ramos. Tal fue la urgencia, al dejar de contar la Hermandad con los santeros, que se llegó a pensar en artilugios con ruedas para sacar a los pasos, y a peligrar, en cierta medida, la procesión, pero en 48 horas ya había 50 costaleros apuntados en el Club Juvenil y al final una lista con más de 100: "No teníamos ni idea de cómo sacarlos, pero nos echamos a valiente", expresó Manuel Labella, destacando el "romanticismo" de aquella pandilla de jóvenes que igual organizaba una fiesta que una actividad u otra y así de esta manera "sin pensar en cuestiones materiales, porque pensábamos con el corazón, con las ganas de pelear por algo que da la juventud". De las dificultades para hacer el costal o amarrar almohadillas se habló distendidamente, destacando Labella la habilidad de Julián El Negro.

 

Amalio Narváez recordó que la hermandad de la Humildad se vería en la misma tesitura. Tanto es así que en 1980, en la misma semana de la Semana Santa, la Hermandad no cedió a las peticiones económicas de los santeros, de "700 pesetas por persona y hora" y "reclutando túnicas" se formó la primera cuadrilla de costaleros. Los santeros de la Virgen de la Soledad completaron el paso de la Virgen de los Dolores en un curioso trueque por el que los costaleros de la Humildad acabarían sacando ese año a Nuestra Señora y Madre de la Soledad.

 

Manuel Labella expondría que "la gente joven respondió a las necesidades de algo que nos gustaba a todos" y apeló a los marcheneros en general y a la juventud en particular, que es "a la que os toca decidir" sobre el futuro, a "mirar por las tradiciones, porque nuestro patrimonio es mantener las cosas que son nuestras y por palos que se den a la Semana Santa, aquí sigue y aquí estamos", a lo que añadió una apreciación sobre el Carnaval, cuyo "error" radica, a su juicio, en "que están intentando hacer en Marchena un Carnaval a la manera de Cádiz".

 

Otro de los temas que surgió en la animada tertulia fue el del número de costaleros, por momentos en los años finales del pasado siglo un tanto justos para salir, llegando a contar algunos capataces con 25 o 30 hombres, como recordó Amalio.

 

En este punto, Moncho García, que lleva más de 40 procesiones como costalero de la Borriquita, señaló que sin los relevos de hoy en día, no podría aguantar tantos años y que en una procesión actualmente realiza aproximadamente "el 30 por ciento" del esfuerzo que ha llegado a tener que hacer en procesiones de 6 o 7 horas de la Hermandad de Domingo de Ramos en la calle y con corto número de costaleros.

 

Cambiando de tercio, pero en esa misma época de los 80 y 90, Luis Javier Labella recordó varios aspectos de sus vivencias como la íntima conexión de Pepe Carmona con los santeros, propia de capataces con carisma y atípica por entonces o momentos como en los que Juan El Caeno, "patero de categoría", se salía del paso con el pañuelo amarrado y se arrancaba con una espléndida saeta al Señor de la Vera Cruz: "Esa foto con Curro de la Reja, Galocha, Luis Zambrana, José María Calderón...", citó entre otros Labella, o "Jorge del Burgo que venía de Madrid, otro de Barcelona" por promesas de fe para meterse debajo del paso, "el sabor de una cuadrilla de costaleros de hace treinta años no lo tiene una de ahora ni durmiendo, por muy atletas que sean".

 

Continuó efervescente Luis Javier Labella, contraponiendo "el amor propio y el orgullo" o el saber estar de los costaleros de antaño, a los que salía del alma levantar un paso a pulso entre la melodía de una saeta o dar una vuelta de 35 minutos en Los Cantillos meciendo su imagen, a modas como por las que "ahora todo el mundo corre porque en Sevilla se corre mucho" o a situaciones en la hermandad en las que se exige a los costaleros variedad de responsabilidades, asistencia a cultos y participación interna, lo cual ha de moderarse, pues "el resto de la hermandad también debe comprometerse".

 

Puso encima de la mesa Luis Javier Labella una realidad, la de que el cuerpo de costaleros total en Marchena no es tanto como parece, calculando en unos 140 los que hay, pese a los muchos relevos que existan, pues un mismo costalero saca varios pasos de distintas hermandades. Por todo ello, apeló a la responsabilidad de que no existan grandes diferencias entre pasos de una misma Hermandad en número de costaleros: "Eso de que haya una cuadrilla de 80 o 90 en un paso y 30 en la otra, si fuera Hermano Mayor, conmigo duraría un cuarto de hora". 


Asimismo, defendió que en situaciones de dificultad que puedan volver a repetirse, "quien salva esto es la gente comprometida y que está siempre al servicio de la hermandad, no los sacapasos", a lo que Manuel Labella añadiría que "hoy se hacen las cosas más perfectas técnicamente, y antes con mucho corazón, y quizá estemos en los albores de que hay que rescatar el corazón, porque a nadie le duele más (una hermandad o una imagen) que al que la siente".

 

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Manuel Labella reflexionó sobre la realidad poblacional de Marchena, 19.000 habitantes apenas, por lo que entre ambos llegaron a la conclusión de que no se puede esperar ver filas de nazarenos enormes (recordaron ver la Veracruz en alguna ocasión con solo 30) ni gran cantidad de bandas, como tampoco de costaleros, de modo que "la Semana Santa no es mejor porque haya mucha gente, la Semana Santa es en sí el sentimiento" y el hecho de sacar los pasos a la calle y continuar la tradición, puesto que "las cosas duran cuando tienen un sentido, nada perdura en el tiempo por moda".

 

Después de una hora de charla, abandonamos Arenal Copas, actual enclave de tantas tertulias cofrades, pero como ésta, estamos seguro de que pocas hay, muy pocas.