Hermandades

La Virgen del Rosario, patrona de Marchena, hubo de recortar el recorrido cuando se encontraba la procesión en su máximo esplendor de cánticos rocieros y júbilo de las masas, por calle Padre Marchena. La amenaza de los nubarrones se transformó en lluvia y el paso hubo de recortar tomando rumbo rápido hacia Santo Domingo, hasta donde una gran cantidad de personas acompañó a la titular, que una vez más despertó en el primer domingo de octubre el entusiasmo entre los fieles.

 


 

Salió entre nubarrones y se encerró entre chubascos la patrona de Marchena, que dejó tormentas de sentimientos tan grandes como enorme se hacía el gris oscuro de la tarde marchenera ante el que la Virgen del Rosario caminó firme para ofrecer al menos un par de horas de su presencia al pueblo de Marchena, que la esperaba un año más con júbilo.

Ya sea por San Miguel, por San Sebastián, o en esta ocasión por el barrio de San Juan, avanza siempre entre multitudes, una multitud que llega a ser impactante en las calles más estrechas y que realmente constituyen verdaderas moleeras, porque si las moleeras son a la Soledad multitud y saeta, a la señora del Rosario son multitud y cánticos rocieros, multitud y jolgorio festivo de celebración de su presencia y de su valor como icono de los marcheneros.

Ya por la calle de las Torres en su giro hacia Carreras, la plazuela de San Andrés emergía ensombrecida en el oscurísimo anochecer mientras la Virgen era escoltada por su solemne cuerpo de Acólitos.

Fue preciosa la revirá Carreras-San Francisco con la marcha Caridad del Guadalquivir interpretada por la banda Ciudad de Morón, que dejando impronta su huella hizo que los hermanos costaleros mecieran a la Virgen al son de la dulzura de su música y de esta extraordinaria marcha a la que siguieron sevillanas del coro de la asociación de mujeres de La Muralla, que le cantaron en San Francisco a la Virgen del Rosario "Bendito sea tu nombre".

En la calle Padre Marchena, la más concurrida con el enorme gentío, los adornos de arcos y cúpulas con papelillos blancos hacían el pasillo a la Virgen para que la lluvia de pétalos caída se convirtiera desgraciadamente en el preludio de la otra lluvia.

Olés y vítores proclamaban las multitudes con la gente muy emocionada y el coro de la Fragua cantándole a la Patrona que avanzaba al son de sevillanas rocieras, pero ya no pudo hacerlo mucho más.

Se quedaron esperando Cristobal de Morales, Doctor Diego Sánchez y San Juan y cortando el itinerario por la calle la Cilla atravesó las últimas calles del recorrido a más velocidad de la prevista con la comitiva franciscana que le aguardó fielmente a las puertas de la capilla de la Veracruz para rendirle honor.

De ahí hasta Santo Domingo le siguió la multitud a la Virgen del Rosario, a la que afortunadamente y para no deslucirla, decidieron encerrarla, pues en los momentos más cercanos a la llegada y una vez ya en el templo, arreciaba la lluvia con tanta fuerza como lo habían hecho los sentimientos emocionados de los marcheneros.