Hermandades

La virgen de Madre de Dios de la Merced salió ayer por la tarde a las 18:00 horas del nuevo Complejo Parroquial por primera vez en su corta historia. En una tarde luminosa y agradable, el barrio se volcó con la titular que recorrió también por primera vez muchas calles donde le acogieron con cariño y calor. Hubo momentos emotivos como la levantá del paso por parte de José Manuel Sevillano a la altura de su propia casa.


Salió desde su casa, nunca antes lo había hecho. Partió la pasada procesión desde San Miguel y esta vez sí, todo estaba preparado, la casa no está completamente terminada, pero ya sí hábil para que allí, después de descansar justo un año desde su traslado, partiera hacia las calles la Virgen de la Merced.

En una tarde esplendorosa de luz y con una temperatura de unos 25 grados a la hora de partir, recordó por el horario de salida y el cielo completamente azulado con alguna nube que se asoma, a la salida de la hermana Cernicalera, de la Virgen de la Soledad.

Y acompañada y azulada marinera, la mercedaria echó a andar para que ya desde ahí hasta cercanas las diez de la noche, no dejara ni un alma del barrio de acompañarle, incluido su propio escultor, Marco Antonio Humanes, que no paró de observar con atención la talla, con esa lágrima que la hace tan especial y ese rostro que parece pigmentado de fragancia humana al cambiar de morena a blanca según se mire, algo parecido a lo que ocurre con la Virgen de la Esperanza.

Un año más Humanes a pie de calle con el horizonte de ver un día en procesión a Padre Jesús de la Salud, del que ya en 2009 presentó su boceto y que será un dignísimo complemento de la procesión en el futuro.

Con numerosas personas andando en fila y las banderolas marianas y mercedarias, fue marchando la procesión de Madre de Dios hacia Morón de la Frontera, donde el gentío la llevó en volandas hacia Pepita Jiménez.

Y allí, escoltada por hileras de balcones con vistas al mar de su mirada, giró hacia Miguel Hernández, donde se vieron altares que le honraron a su paso, escudos mercedarios dibujados en la calle y una paloma de la paz.

El presidente de la Comisión, José Manuel Sevillano, el de la Asociación, Manuel Baeza, el del Consejo de Hermandades y Cofradías, Francisco Duarte y el párroco de San Miguel Fray Tomás Javier Gago, conformaban el cortejo presidencial de nuestra señora de la Merced.

Alegría y muchos niños a merced de su Madre de Dios, que avanzó hasta llegar a la esquina de la calle donde la fenomenal banda de música de Morón de la Frontera la meció a los sones de Aires de Triana.

Y llegó uno de los momentos esperados, se vivió afortunadamente con emoción en vida, y por lo tanto con alegría de que ese ser querido está entre nosotros.

En la calle Isaac Murillo y a la altura de su propia casa, el presidente de la Comisión, José Manuel Sevillano, tomó el llamador a instancias del capataz Joaquín Carmona, que apeló a los costaleros para llevar al cielo a la Virgen en honor de este hermano que días atrás había sufrido 'un achuchón' y que "la Virgen ha querido que hoy esté aquí con nosotros", les dijo a sus costaleros con un José Manuel Sevillano en pleno proceso de recuperación y escoltado por el cariño de su inseparable amigo José Antonio Pérez y de Amalio Narváez, cofrades y compañeros en este proyecto hecho realidad y que quien sabe en el futuro si culminará con la constitución como hermandad de Nuestra Señora de la Merced y Nuestro Padre Jesús de la Salud.

Se hizo de noche y la Merced volvió hacia su templo, entre el calor y el olor a romero de la calle Sagrado Corazón de Jesús, con numerosos fieles congregados ya tras la caída del sol.

Burdeos y celeste y blanco, niños y mayores, adultos y jóvenes, todos a los pies de una virgen de la Merced que hacía entrada en uno de sus puntos que se va convirtiendo en emblemático, llena de magia en la noche.

Pétalos que volaban desde los balcones y una esquina con Madre Carmen Terneo Ybarra a rebozar de jolgorio por el paso de la Virgen de la Merced.

En este punto, discurrió por primera vez por la plazuela esquina con Manuel de Falla, donde reinó la oscuridad, el silencio y retumbaron los sones de la banda mientras alrededor de la farola central los niños se agolpaban para ganar altura y ver más de cerca a su Virgen, ya que será suya en el tiempo y tradición en sus vidas si se regenera en ellos el espíritu cofrade del que se ha impregnado el barrio en mayor grado desde que la señora de Madre de Dios, la Virgen de la Merced, hizo su aparición. Una sevillana cofrade incluso se le cantó por parte de un fiel en este punto del trayecto.

En la noche llegó a su casa, al calor de los suyos ante los primeros atisbos de frío de este otoño naciente, como aún es naciente esta joven mercedaria y marinera virgen de la Merced, guiada por las estrellas hacia su templo.