Hermandades

Este sábado a partir de las 21:00 horas en la capilla de San Francisco se celebrará la misa por el Sexto Aniversario de la Coronación de la Virgen de la Esperanza, que tuvo lugar en 2004 en la explanada de San Juan en acto solemne con la presencia del Arzobispo y constituyó una fecha histórica para la hermandad de la Veracruz y Santa María Virgen de la Esperanza.


“¡Qué arrogancia dibujar tu belleza, que osadía describir tu mirada!” exclamaba el pregonero juvenil de esta Semana Santa, Jesús Díaz, hermano de la VeraCruz y devoto por supuesto de la Virgen de Jueves Santo.

Para rememorar el solemne acto de Coronación, la Misa tendrá lugar a partir de las nueve de la noche y quedan invitados a ellas hermanos de la Veracruz, feligreses y todo el pueblo de Marchena.

Tanto Díaz como Manuel Labella han reflejado en sus pregones de este 2010 el trabajo que supuso la coronación y lo que sienten por la Virgen de la Esperanza de manera muy especial. Reproducimos unos fragmentos del pregón de Jesús Díaz tal y como lo reflejábamos:


 
La Virgen de la Esperanza es para Jesús Díaz es todo lo que siente en el amanecer de los días, lo que siente cuando “al dormir dirijo mis oraciones para con su intervención se hagan realidad mis humildes anhelos, quererte y quererte sin remedio” y por supuesto “lo que siento cuando visiono el mejor día de mi vida, cuando pude rozar mi piel con  tu trabajadera la tarde que los ángeles te coronaron de estrella y Marchena de madre para confiar en ella”.


Ella, con la que “tan sólo decir tu nombre mi vida se llena de gozo…luz en la habitación de un hospital, perfume del recién nacido, el sino de un cáncer malquerido, fuente de una casa sin comida, bandera de los olvidados de este mundo, el camino de los desamparados, los pasos del parado, el alimento del emigrante y abrazo para el que viene”.  Jesús Díaz se envolvió de emoción para expresar ser “las aguas del mar sin los faros que la velan, la luna sin sus estrellas, voz enmudecida”, en los momentos “cuando tu sombra desaparece entre la tiniebla y la muerte…colma tu paso de azahares y riega tus calles de perfume que  tu pueblo clama hermosura, la que tu rostro derrama, la que tus manos regala, Bendita tú, llena de Esperanza, radiante mi voz te nombra, de mi vida ancla, firme y segura vigía, de Inmaculada tez blanca, Santísima Virgen María”. Lo cierto es que en este poema cada palabra estuvo dicha como si fuera la última palabra, y como si fuera la primera Esperanza.