et bergen 3

 

Los peripecias que tuvimos que sortear para llegar a Bergen, la Roma del ártico, la segunda ciudad más importante de Noruega, fue una odisea. Cierto que no fueron tan accidentadas como las que sufriera Ulises, en los diez años de peligros y aventuras que tuvo que solventar para poder llegar a su isla de Ítaca, tras salir victorioso en la Guerra de Troya y ser el mayor protagonista con su estrategia del Caballo de Troya. No, el nuestro no fue tan accidentado, pero tuvo ‘miga’.

 

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et alegrias

 

No se puede hablar de flamenco sin nombrar a Cádiz. Desde la antigüedad, las “cánticas gaditaes” (folklor de Gades), marcaron su historia musical. Esta musicalidad, convertida más tarde en hispano-árabe (al-andalus), se extendió durante toda la Edad Media y, con la llegada de los gitanos (XV/XVI), ese folklor de la Baja Andalucía (Cádiz, Sevilla…) se fue fusionando con sonidos de procedencia hindú para formar aquel primitivo flamenco. También la afluencia de sones traídos de otras regiones, compañeros de riquezas traídas de América, asentados en Cádiz y sus Puertos; el regreso de los navíos que traían ritmos afroamericanos, conformarían las raíces de aquel frondoso árbol llamado flamenco.

 

 

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et calor 2

 

Doy la razón a los que dicen que llevamos un verano tremendo, desmesurado, que el calor es cada vez más agobiante… también pienso que, nosotros – los que hemos nacido por aquí, por esta Andalucía–, nos hemos vuelto más exigentes y delicados, es decir que nos estamos desacostumbrando a las calores que siempre hemos soportado. Pero, pones la tele, la radio o lees la prensa y durante todo el verano la gente no para de quejarse del calor, del calor que está haciendo. Digo la calor y el calor porque no son la misma cosa, aunque según la RAE, no se puede decir (la) calor, porque calor es un sustantivo masculino y por tanto debe llevar (el) delante. Pero, eso es lo que dice la RAE y otra cosa como lo hablamos los andaluces y en muchos lugares de Hispanoamérica. Esperemos que no vengan eruditos castellanos a decirnos que hablamos mal, porque entonces tendremos que recurrir a lo que dice Manu Sánchez: “Yo no hablo un mal castellano, yo lo que hablo es un perfecto andaluz.” Porque, para nosotros, el calor es lo cotidiano, lo que los andaluces estamos acostumbrados a tener por estos lares en estos periodos del año y que abarcaba desde San Isidro a San Miguel; o sea, desde mediados de mayo a finales de Septiembre. Mientras que la calor es cuando se disparan las temperaturas y que, los que estamos acostumbrados al calor, nos cuesta soportar y por eso solemos decir con asiduidad: “¡ea, ya está aquí la caló!”, “¡oju, la caló que hace!”

 

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et cantinas

 

Cuando escuchamos un cante por cantiñas o por alegrías, nos acordamos de las jotas, y otros cantes que componen el compás del jaleo (soleá) que se fueron ‘aflamencando’. Ahora, estamos descubriendo que, tal vez, en los tiempos del francés (finales del XVIII principios del XIX), quizás fueran antes los cantes por cantiñas que las propias jotas. Ya se usaba y se sigue usando el término cantiñear para expresar que alguien, mientras faena o se embelesa, improvisa o está cantando en voz baja, para sus adentros. Para otros muchos, la palabra “cantiñear” en Andalucía también se ha utilizado para lanzar al aire cuatro versos acompasados, como un juego; que, lo mismo rompen en soleares o en las propias cantiñas pues, aunque sean hermanas, tienen distinta modalidad, aire distinto, diferente sentimiento a la hora de expresarlo. Entenderemos que la cantiña es un cante más desenfadado, y la soleá más jondo e intimista.

 

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et palermo

 

Aquella semana de primavera tocaba poner rumbo a la isla italiana de Sicilia. Nuestra amiga y compañera palermitana, Ángela, nos esperaría en el aeropuerto de Palermo, la capital de esa región autónoma que conforma la isla siciliana. El Proyecto, que habíamos confeccionado los españoles y unificado con Italia y Francia, decidió poner la sede, para aquel trimestre, en la isla donde rugía el Etna, uno de los volcanes más activos del mundo. Al salir del aeropuerto Falcone-Borsellino (así se llama el aeropuerto de Palermo en honor a los dos jueces asesinados por la mafia), Ángela nos dio la bienvenida; le acompañaban Francesca y Paolo, otros dos profesores componentes del Grupo de Trabajo y que compartían el Proyecto Europeo con nosotros. Palermo es una gran ciudad, en la que confluyen diversas culturas desde la bizantina, la normanda, la árabe y por supuesto la romana y la española, no en vano los españoles fuimos dueños de Sicilia desde 1516 hasta 1714.

 

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