Firmas

 

 et intolerancia

La intolerancia es un fenómeno que empaña a la humanidad desde sus inicios. Es un mal endémico que se suele dar en personas que son incapaces de sobrellevar aquello que no se rige por su forma de ser o de pensar. Se conoce al intolerante porque su principal síntoma es no aceptar e incluso no permitir el pensamiento y los hechos de los demás, que son diferentes o contrarios a los suyos. Intolerante es quien no admite el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, la inmigración…, o cualquier forma pensamiento (derecha o izquierda) que sea distinto al suyo, aunque existan leyes que lo aprueben. Así, en nombre de ciertas creencias religiosas, por salvaguardar principios culturales o políticos de otros tiempos o atribuyéndose defensor de un orden natural, se ha ejercido y se ejerce la fuerza de la sinrazón, se ha utilizado el fanatismo y la intolerancia, ejecutando muchas acciones, tanto individuales como colectivas, contra la humanidad, de forma continuada y agresiva, con el único fin de conseguir un pensamiento único sin respetar el uso de las libertades.

 


España, por ser un país entre el continente Africano y el Europeo, entre el Mediterráneo y el Atlántico, ha sido, desde la más remota antigüedad, una tierra de paso y confín para muchos pueblos que se acercaban, apetecido por muchos por su beneplácito clima, por sus riquezas naturales, por su pesca... Aquí se ha dado siempre una mezcolanza de razas, religiones, lenguas, costumbres…

  

En nuestra Andalucía convivieron pueblos ancestrales que poblaban el Mediterráneo (fenicios, griegos, cartagineses, romanos, musulmanes…) y, desde el Medioevo, negros, gitanos, moriscos, judíos y castellanos cristianos. Pero a partir de los Reyes Católicos, los Austrias y luego los Borbones, los cristianos viejos se empeñaron en expulsar de España a moriscos y judíos, dando muerte a quienes intentaran ocultarse. A moriscos porque se negaban a usar la lengua castellana, usar sus vestimentas, sus costumbres… y, sobre todo, porque la Iglesia Católica ansiaba unificar el país y desterrar cualquier uso, mención o alusión a la religión musulmana. Respecto a los judíos, la Inquisición tuvo los mismos argumentos y el pretexto de que fueron quienes acusaron a Cristo. Pero detrás de ello estaba el quedarse con sus posesiones, ya que eran banqueros, joyeros, prestamistas y habitaban los mejores barrios, los más ricos de las ciudades. Mientras que a los gitanos se les castigaba con prisión, trabajos forzados, a galeras... pero no los expulsaban ni mataban. Por ello muchos moriscos y judíos se integraron en los grupos de gitanos y consiguieron mezclarse con el tiempo. En Marchena, cuando corría el 1577, un morisco llamado Pedro de Orejón, fue pillado in fraganti cuando iba a casarse con una gitana; trataba de evitar ser expulsado y recurrió a refugiarse mediante un casamiento en la etnia gitana. Por desgracia fue descubierto y llevado ante la Inquisición. ¿Adivinen lo que pudo ocurrirle?

 

Esa intolerancia hacia el otro, hacia la forma de ser, de pensar del otro, generalmente lleva consigo un tipo de envidia o rencor por conseguir algún beneficio, cierto miedo a perder su estatus o ser arrastrado por otras corrientes… Por ejemplo, en el tema de la migración, ¿qué español puede presumir de purismo?, ¿quién no ha tenido en su familia algún miembro que haya sido migrante? Muchos de los que se envuelven en la bandera roja y gualda deberían echar un ojo a su árbol genealógico ¿Acaso ir durante años a universidades extranjeras para hacer un máster, estudiar, trabajar…, no es migrar en cierta forma, no es buscar un mejor escenario para alcanzar mayor status, currículum, fama…? ¿No es eso lo que buscan esos subsaharianos que alcanzan nuestras fronteras, no es querer mejorar en la vida, aunque sea un empleo denigrante que nadie quiere? Muchos dirán que hay que venir con papeles, de manera reglada… ¿Conocemos el estado de derecho o cómo funciona la burocracia de aquellos países desde donde parten?


Hace unas decenas de años, cuando llegaron las primeras oleadas de rumanos a España, pudimos comprobar que los primeros en no ser tolerantes con ellos fueron aquellos extranjeros (africanos, sudamericanos y otros inmigrantes que ya estaban asentados en nuestro país). Cosa extraña a priori, pues, se entendía que al igual que ellos, estos inmigrantes del este, sufrían el tener que dejar su país, muchos sin papeles, pasando necesidades… sin embargo, el miedo y la preocupación de los que ya estaban asentados aquí era la pérdida de todo tipo de prebendas y ayudas que estaban recibiendo por parte de las administraciones; pues a partir de entonces, recaerían sobre los que llegaban de nuevo, que se suponía venían con necesidades más perentorias.


En otro orden de cosas, mucha gente critica y repudia la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, unos aluden razones éticas o morales, otros religiosas, políticas, de orden…, sobre todo cuando se trata de gente a la que no conoce, no es cercana y sobre todo no es familiar, como un hijo o un padre; entonces la cosa cambia. Entonces su forma de actuar se vuelve más tolerante. Entonces, su discurso, su falta de comprensión se suaviza, se hace más flexible, se van aceptando muchas de las cuestiones que antes ponían en un brete y eran rechazadas o no admitidas en los demás.


Nosotros, los españoles, ahora que se cumplen 5 siglos de haber dado la vuelta al mundo, de lograr la primera globalización de la historia de la humanidad, tenemos motivos suficientes como para ser comprensivos, tolerantes. Nosotros tenemos un bagaje histórico de ser gente acogedora, porque hemos sido emigrantes y nos hemos expandido por todos los lugares del mundo,

 

 

Suscríbete al canal de Youtube