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EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. No cabe duda que Triana ha sido cuna de grandes artistas, de insignes hombres y mujeres que han demostrado al mundo sus conocimientos en diferentes facetas de la música y del resto de las artes. En Triana  han emergido sagas completas de toreros, cantaores, bailaoras y guitarristas a lo largo de los siglos. Es el caso de los “Cagancho”, una dinastía de gitanos – dedicados al mundo del flamenco y del toreo –, que ocuparon el XIX y el XX. Artistas que serían vástagos, con total seguridad,  de muchas generaciones anteriores. Una saga que compartiría siglos de convivencia a la par con los “Pelaos” y los “Puyas”,  conformando una gran parte de la historia del arrabal trianero. 


Los “Cagancho” son una familia de trascendencia de herreros, esquiladores y tratantes de ganado, un oficio propio de la gitanería de aquellos tiempos y,  según los historiadores, una de las más importantes del barrio trianero respecto a su conocimiento del flamenco. La palabra “cagancho” es una expresión del caló que significa ‘pájaro cantor’. Ya en el XVIII muchos de los “Cagancho” cantarían y estarían en aquellas fiestas que se hacían en los antiguos corrales; seguro que serían algunos de ellos los que participaron en aquellas “Escenas Andaluzas”  obra de  Estébanez Calderón (1847), al igual que  los nombran otros escritores foráneos.
 
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El primer nombre que aparece en la historia de esta saga es el de Antonio Rodríguez Moreno, Antonio “Cagancho”, aunque eso no signifique que en la familia no existiesen muchos y excelentes artistas pero que no salieron a la luz, ni fueron famosos porque ni era el momento histórico y porque prácticamente el flamenco era un arte cuasi perseguido o al menos denostado por las autoridades políticas e intelectuales durante los siglos anteriores. Nació Antonio en Triana,  en 1821. Era hijo de Manuel y Rita, trianeros, al igual que todos sus antepasados que posiblemente arribaran a Triana en el XVI o XVII. Antonio – que  aprendería los cantes en el seno de su familia –, además de la influencia de otros cantaores,  fue uno de los mejores seguiriyeros de la Cava de los Gitanos, coetáneo del “Fillo”,  de Frasco el “Colorao” y seguramente metido en el ambiente del “Planeta”, Curro Durse y tantos otros. Podemos darnos cuenta que la mayoría no pertenecía a Triana, sino que arribaron de Cádiz y los Puertos o de la provincia sevillana (como “El Colorao”, posiblemente de Marchena). 
Antonio  se casó con tan solo 16 años, con Concha García Vargas y tuvieron varios hijos entre los que destacaría Manuel, que seguirá la estela  de su padre en los cantes por seguiriyas y tonás. Antonio no llegó a ser profesional, pero sería considerado un artista por todos los coetáneos que le escucharon y tuvieron la oportunidad de conocerle.  Moriría casi con 70 años, es decir en 1890. 
Si hijo,  Manuel Rodríguez García, Manuel “Cagancho”, es el mejor cantaor de la saga, al memos el más conocido y considerado  por el mundo flamenco. Tuvo muchos adversarios, artísticamente hablando, como Juan el “Pelao”, con el cual tuvo muchos “embates y enfrentamientos” en los bares de Triana, donde acudían los aficionados de Sevilla  a escucharles porque,  este “Cagancho”, sería un maestro, un espejo   para los grandes transformadores del flamenco de finales del XIX y principios del XX como Vallejo, Torre, Chacón, Marchena, Pastora… Fernando el de Triana no escatimaría en elogios “…su voz machuna, su forma de elevar las notas cada vez más, llevaba a los aficionados a tal arrobamiento  que muchos se rompían las camisas al escucharle”. Su propio hijo, Antonio (bailaor), contaba a la prensa que  muchos  artistas se desplazaban al arrabal trianero para escucharle. Era un reguero de sevillanos cruzando el antiguo  Puente de las Barcas que luego sería sustituido por el nuevo puente de Isabel II –construido entre 1845 y 1852 – que, a diario, acudían a las improvisadas fiestas para deleitarse con los cantes de los trianeros. En sus escritos, Mairena y Molina lo descubren como uno de los grandes creadores de la seguiriya; incluyen a Manuel “Cagancho” entre los creadores de dos estilos de  seguiriyas: “…ambas de factura arcaica y de grandeza sobrecogedora, ausencia de adorno, una sobriedad primitiva y una seriedad impresionante”: “Reniego de mi sino….” Es una de sus letras de seguiriyas que nos recuerdan a las tonás.  Manuel   moriría en 1913.
 
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Uno de sus muchos hijos fue Joaquín Rodríguez Vargas, Joaquín “Cagancho”, aunque no fue un cantaor afamado, muchos de los que le conocieron afirmaban que era guardián de las esencia del cante  antiguo de los  “Cagancho”. Joaquín se casó con una nieta del “Fillo” Amparo Ortega, de cuya unión nacería el afamado torero “Cagancho”. Joaquín, no llegó a ser profesional,  se limitó a cantar con los amigos y en reuniones privadas. La muerte le sobrevino en Valencia, en un traslado de Sevilla   a Francia para escapar  de la Guerra Civil de España en 1936.
Sería una epopeya histórica, una especie de odisea la que tuvo que pasar este hombre para poder escapar de los horrores de la guerra, en un viaje planeado por su hijo,  el torero Joaquín  “Cagancho”,  para sacarle del país.
Joaquín Rodríguez Ortega, Joaquín “Cagancho”, nació en Triana en 1903, toreó en España y Méjico, donde vivió hasta el final de sus días en 1984. Torero de arte  y contrastes, de grandes tardes y ‘espantás’, de ahí el dicho “Quedar como Cagancho en Almagro”: (el toro terminó en el corral y Cagancho en la cárcel).
Otro artista de esta dinastía fue el Titi “Cagancho” , Joaquín Rodríguez Vega, nieto del famoso Manuel “Cagancho”,  nacido en Triana en 1900, primo hermano de Joaquín “Cagancho” y emparentado con la dinastía torera de los “Vega” (Gitanillo de Triana, Curro Puya…). Fue un cantaor de solera de la Triana de los años de la posguerra, cantaor y bailaor, destacaría sobre todo en los tangos “Tangos del Titi” que le han hecho famoso y que no hay cantaor que no haga alusión a ellos en su repertorio.
Su hijo Manuel del “Titi”, Manuel Rodríguez Vargas, nació en Triana en 1926,   combinó el baile con el trabajo en el muelle de Sevilla. Llegó a ser bailaor profesional  y sería protagonista en “Rito y geografía del cante”  con los tangos de su padre, que  grabó en la taberna del “Morapio” de Triana;  tuvo poca continuidad,  pero dejó entre los aficionados del barrio y los que fueron a verle durante sus actuaciones en la parrilla del Hotel Cristina – junto a Pepi Candil –, un sabor al arte de Triana inolvidable.
 El último de esta saga de cantaores fue Tragapanes, José Rodríguez Lara, nacido en 1909 primo del torero Cagancho. Se le vio siempre por la Cava de los Gitanos. No se prodigaba mucho por las tertulias, era un tipo raro, soltero y solitario, de esas rarezas gitanas que llevan la sabiduría en la sangre, sin exponerla a los demás.  Sabía decir los cantes por seguiriyas y martinetes de una manera magistral, colocando la voz y la cuadratura al respirar como nadie según los críticos. Murió en Sevilla en 1991.

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