Firmas

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Continuamos con la segunda parte de la historia de la guitarra. Nos quedamos a mediados del XIX, fecha en la que nacerían dos grandes guitarristas flamenco. Uno de aquellos guitarristas sería Antonio Pérez, al que todos llamaban Maestro Pérez, nacido en Sevilla en 1839. Sobresalió desde muy joven en el dominio de la guitarra.

 



En su juventud sería tejedor y albañil, pero le entusiasmaba tanto la música que hacían el maestro Patiño y Julián Arcas que quiso seguir la estela de estos y conseguiría no solo ser un tocaor virtuoso sino que destacaría en originalidad. En 1865, cuando Silverio vuelve de America, lo contrataría como guitarrista para acompañar su cante en el café del Burrero y por los cafés de Madrid. Al poco, Silverio, abrió su propio café y quedaría Antonio como director del Burrero.

 


Cuentan los cronistas de la época que el Maestro Perez montaría en aquel Café incluso escenas teatrales, una especie de sainetes flamencos en los que él mismo actuaba. Subiría, acompañado por su guitarra, por los escenarios de casi todas las ciudades andaluzas. En 1884 marchó a Madrid, donde actuaría en el Café Imperial; allí, en aquel prestigioso local, poco antes de su muerte, en 1890, recibiría un gran homenaje de su partidarios. Fernando el de Triana tendría también sus elogios para él: “acompañaba extraordinariamente bien al cante y al baile”.


El maestro Pérez tuvo grandes discípulos y seguidores como Juan El Jorobao, Pepe Robles, Manuel Pozo, el Niño de Carmen, Monterito, el Campanero…, incluso grandes bailaores como Lamparilla, que continuaron su legado por los tablaos andaluces y de toda España.También su hijo, Antonio “Niño Pérez” marchará a Madrid después de trabajar en Sevilla y acabó en el tablao Zambra junto a Perico el del Lunar.


Otro insigne tocaor, coetáneo del Maestro Pérez, fue el gaditano “Paco el Barbero”, nacido en 1840. Fueron las barberías, durante siglos las capillas del flamenco, muchos como Paco Lucena, Fosforito, El Beni, Camarón… fueron aprendices en las barberías de entonces del cante y el toque. Francisco Sánchez Cantero, “Paco el Barbero”, seguidor del toque de Julián Arcas, cogería muchas piezas de sus creaciones y de otros autores que el aflamencaba y le servirían para dar sus conciertos como solista. Cuenta el investigador José Cruz que, Paco estaría en Córdoba toda una semana dando conciertos en los que tocaría una enorme cantidad de palos y estilos. También nos cuenta Fernando el de Triana y según su criterio, que fue el alumno más aventajado del Maestro Patiño.


Paco el Barbero sería el tocaor de muchos de los grandes cantaores del momento, que acudían a los cafés cantantes de Sevilla como Curro Durse y de Joaquín Lacherna; pero al ir madurando se fue alejando del acompañamiento y se dedicó más a los conciertos. Así, despues del gran éxito que tuvo en Córdoba, acudiría a escenarios de todas las ciudades andaluzas y luego se instaló en Madrid actuando en los mejores cafés de la capital. Paco el Barbero moriría en Sevill en 1910.


Si famosos se fueron haciendo los cantaores, la guitarra tampoco se quedaría atrás y nombres como el de Ramón Montoya, Paco de Lucena, el propio Juan Breva y un largo etcétera de hombres y mujeres, empezaron a desfilar por los escenarios, cantando y acompañándose ellos mismos. Otros poniéndole música al afloramiento de tantos cantaores como emergieran en la segunda mitad del XIX, que coparían todos los escenarios de los cafés cantantes de la época. Mientras, paralelamente, Borrul, Patiño…, y otros muchos lo harían lo hacían en la guitarra clásica.

 

Lo que no debemos olvidar es que la guitarra flamenca, estaba en aquellos tiempos en un segundo plano. Era un exclusivamente de acompañamiento, el mundo del flamenco no concebía aún un ‘solo’ de guitarra encima de un escenario. Todo lo contrario le estaba ocurriendo a la guitarra clásica que cada vez adquiría más prestigio en los conciertos. Aun así, muchos guitarristas flamencos se aventuraron a hacer entre cante y cante unos pequeños apuntes en solitario, afianzando el valor musical de la guitarra ante el desangelo de los momentos de silencio del cantaor. Sería en el extranjero donde se iniciarían los conciertos flamencos de guitarra. Aquí, en España, las guitarras de Trinidad Huertas, Antonio Cano o Julián Arcas, aunque fuesen acompañantes en ciertos momentos del flamenco, se dedicaron más a dar conciertos para un público “culto”; por ello se les excluye generalmente de los círculos flamencos.

 

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Ya a finales del XIX e inicios del XX algunos fueron creando composiciones como “La Rosa” de Paco de Lucena, “La Rondeña” de Arcas, y surgieron algunos concertistas flamencos como Francisco Sánchez el “Jerezano” Miguel Borrul…, pero sería Ramón Montoya quien definitivamente desarrollaría el tono y los solos de la minera, la milonga, la farruca… diseñados expresamente no para acompañar sino para expresar sus creaciones, con su excelente toque, en conciertos.

 

 

Después de Montoya vendrían otros grandes como el hijo de Miguel Borrull (acompañante habitual de Manuel Torre) y dos ilustres: Niño Ricardo y Melchor de Marchena, maestros a caballo entre las dos épocas, además de Diego del Gastor y Esteban de Sanlúcar, autor de piezas ya clásicas de la guitarra flamenca o el gran Manolo de Huelva. Pero será Agustín Castellón Campos, “Sabicas”, quien marcará la pauta de la guitarra flamenca de concierto y señalará el camino a las jóvenes generaciones.

 

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La segunda mitad del XX y lo que llevamos del XXI ha sido una efervescencia de guitarristas vinculados al flamenco. Desde la cuna de los grandes de Sanlúcar, “Los Moraos” de Jerez, “Los Habichuelas” de Granada, “Los Peñas” lebrijanos o “Los Melchores” de Marchena, los “del Gastor” de Morón…, son sagas de “tocaores” que han hecho historia con su saber hacer en conciertos y acompañando a los mejores cantaores de la historia.


La sabiduría y el arte de Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar romperían, en el último tercio del XX, los moldes de la guitarra flamenca e hicieron que surgiera una nueva forma de acompañar y hacer hablar a la sonanta. Ni que decir tiene que han sido muchos los que han seguido a estos maestros. Gente que nos dejó con el sabor de su guitarra como, Pedro Bacán, Niño Miguel…

 

Hoy, por toda la geografía española y mundial, podemos ver una galería de artistas, una ristra de nombres importantes, en el acompañamiento y en conciertos en todos los escenarios del orbe, como: Diego Carrasco, Tomatito, Vicente Amigo, Rafael Riqueni, Niño Ricardo, Serranito, Gerardo Núñez, Ricardo Miño, Niño de Pura y un largo etcétera de guitarristas que poseen una cultura flamenca, un manejo musical y una destreza tal, imposible de pensar en tiempos pretéritos.

 

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