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et guitarra historia

 

Con toda seguridad, sería el persa Ziryab, aquel notable músico, el que trajo la guitarra de oriente (Arabia, Turquía, Persia) a la corte cordobesa de Abderramán II en el siglo IX. Se trataba de un tipo de instrumento de cuatro cuerdas al que él le añadiría una quinta. Seguramente sería el instrumento con el que se acompañarían el zegel, la moaxaca (inventada por el Ciego de Cabra) o la jarchas árabes, cristianas o moriscas. Pero no sabemos si seguirían con las cinco o las cuatro cuerda; ya que quien generaliza y le pone definitivamente la quinta y además cambiaría la afinación de las otras sería Vicente Espinel, nacido en Ronda en 1550. Después vendrían dos siglos en que permanece igual, y sería a partir del ultimo tercio del XVIII cuando se le implantó la sexta cuerda, pero desconocemos quien sería. Musicólogos, expertos en la guitarra, coinciden en estimar que fue, a inicios del siglo XIX, el momento en el que se introdujo la guitarra para acompañar en el flamenco. De hecho, aún existen algunos palos que se interpretan sin guitarra, conocidos como cantes “a palo seco”, es decir que se conformaron antes del acompañamiento musical de la sonanta.

 


 

eduardo ternero ok

 

Empecemos por decir que la vihuela era el instrumento anterior a la guitarra. Se sabe que, a finales del XVI, existía ya un instrumento musical parecido, de cinco cuerdas sencillas y dobles, que en el XVII se empezaría a conocer como “guitarra española”. En esos momentos, ya se usa la técnica del rasgueado incluso en algunos países europeos, para acompañar danzas españolas. Esta estética continuará a lo largo del siglo XVIII, donde destacará Cádiz como lugar clave en la actividad musical alrededor de este instrumento. Además, continúa habiendo esa conexión entre la guitarra académica y la popular, especialmente con la aparición de nuevos géneros como el fandango (que aportará algo fundamental para el toque flamenco como es la llamada cadencia andaluza) o la jota.


No sería hasta principios del XVIII cuando se le pongan las seis cuerdas y donde se produzcan los cambios musicales explicando esta transformación hacia la guitarra andaluza: la tonalidad con polaridad más acusada entre tónica y dominante, la preponderancia de la melodía acompañada, un aumento de los registros graves...


A inicios del siglo XIX será la consolidación de la guitarra de seis cuerdas simples, con la afinación que sigue hoy vigente. Pompeyo Pérez nos apunta que la guitarra de seis cuerdas simples empezó a imponerse en España, de manera definitiva en algún momento anterior a 1820. Es, en este tiempo, cuando ya se establecen definitivamente dos grandes escuelas: la guitarra culta punteada (que será la futura guitarra “clásica” de concierto) y la guitarra popular de acompañamiento y rasgueado (que se convertirá posteriormente en la guitarra flamenca). Esta tendencia se confirmará en la mitad del siglo XIX (surgiendo así en el flamenco el “toque por arriba”).


Otra modificación será el número de trastes; quedará establecido hasta llegar a 19 y, poco a poco, se adoptó la implantación de trastes metálicos fijos en el mástil y la tapa armónica. Este tipo de instrumento de seis cuerdas simples fabricado durante la primera mitad del siglo XIX es muy parecido a la guitarra actual pero con una forma de ocho, con una plantilla inferior, y por consiguiente más pequeña que la que conocemos hoy, que será comúnmente conocida como guitarra clásico-romántica.


Sería a mediados del siglo XIX cuando, Antonio de Torres Jurado, considerado el “Stradivarius” de la guitarra flamenca por los de su gremio, quien le dará la forma definitiva actual. Poco a poco, con el devenir de los tiempos cambiará sus formas, modelos, tipos de madera, complementos... a lo largo de estos dos siglos.

Sabemos, por Estébanez Calderón, de cantaores que llevan bajo el brazo una vihuela, una guitarra, señal inequivoca que solían acompañarse ellos mismos. Conocemos pinturas y algunas fotos en las que se ve a los artistas con un instrumentos, como la del Planeta. Conocemos que, a finales del XVIII, aparece la figura del granadino Francisco Rodriguez Murciano, quien le daría a la guitarra un gran enriquecimiento no solo en el toque, en cuanto al número de estilos, sino que conseguiría dar una estructura aflamencada a los sonidos populares.

 

Según los grandes musicólogos y cantaores que le escucharon, el Murciano, fue un innovador en los albores de la guitarra flamenca, siendo reconocido por todos: “…la riqueza y novedad de su ritmos y el sorprendente encadenamiento de sus acordes”. Este granaino nació en el barrio del Albaicin en 1795. Sus biógrafos apuntan a que su fama traspasaría las fronteras andaluzas. Se aficionó a tocar todos los instrumentos de cuerda que caían en sus manos y nunca quiso estudiar musica para, según él, no perder su sentido de la fantasia a la hora de ejecutar y no estar ceñido a cánones. Músicos como Felipe Pedrell transcribiría su música y el ruso Mijail Ivanovich Glinka se pasaba temporadas en Granada escuchándole tocar, anontando sus falsetas para después llevarlas al piano. Esto daría a la musica flamenca un valor y una categoria añadida.


No hay dudas que el “Murciano” sería un genio en su época. Una época en la que empiezan a florecer guitarristas flamencos como el sevillano “El Colirón” de principios del XIX quien, según Charles Davillier, “preludiaba con su guitarra los arpegios más complicados, entremezclados con acordes hechos con el revés de la mano y con pequeños golpes secos sobre la madera de la sonanta”. Felix Castilla, un enorme guitarrista nombrado y admirado por Felipe Pedrell, Adolfo Salazar e igualmente admirado y seguido por el ruso Glinka. Que duda cabe que los inicios del XIX fueron años cruciales para la guitarra que, con aquellos mimbres, empezaría a descollar gracias a la afición y el empeño puesto por los grandes guitarristas flamencos.


Siguiendo esa tendencia, a principios del XIX naceran tres grandes para la guitarra flamenca: los guitarristas Julián Arcas, el Maestro Patiño y el guitarrero Antonio de Torres. Artistas que cada uno de ellos merece que le dediquemos un capítulo aparte.


Así pues, ciñéndonos a la estela cronologica de la guitarra durante el XIX, tenemos que mencionar a Antonio Montoya, conocido como el “Faraón”. Según los crónicas, se cree que nació en Jerez en 1951, lo que nos extraña es que en 1934 se le localizase avecindado en Valencia, con 77 años a la espalda.


Hay una referencia, de Montoya, que hiciera el periodista Domingo Prat, en 1851, en la revista “Estampa”: “es un gitano alto, morocho, magro de facciones enérgicas y acusadas… muy habil pulsador de la guitarra, a la que sabe arrancarle melancolías y dulce emoción de la esencia del cante gitano, con toda su pureza, sin innovaciones mixtificantes”.


No cabe duda, la aportación de la guitarra a la música flamenca en estas fechas daría una mayor categoria a los cafés cantantes, aunque, como sabemos llegaría un momento en el que el desmadre acabaría con ellos.

 

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