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DANIEL LORO. EL ASESINO DEL TOLDO. CAPÍTULO VII. RELATO DE FICCIÓN. La fiesta de la democracia se tornó en velatorio, y no solo por la muerte del último concejal que había caído bajo la macabra estela criminal del asesino del toldo, sino por la dolorosa derrota electoral que acababa de sufrir el partido de Mar.

 


 

Los ciudadanos habían decidido votar en masa al frente de liberación de la villa entoldada y lo habían hecho engañando a la más grande; que pese a haberlos acercado a las urnas y regalado un bocadillo de chorizo, acababa de ser traicionada por el populacho y alguno de sus interventores que hicieron la vista gorda en el control de las papeletas.

 

El pueblo soberano haciendo gala de un masoquismo sin límites había decidido confiar en otras formas de hacer política que según los correligionarios de la Señora iban en contra del sentido común.

 

No se podía entender cómo mileuristas; que después de pagar hipoteca, luz y gasolina únicamente les quedaba para arroz, hubieran decidido abandonar al partido que desde instancias superiores les proporcionaba tan agradable situación.

 

El Paraíso de la Sombra se había convertido en un lugar donde los obreros fachas ahora eran mayoría, y no es que en su "fascismo" esperaran mucho de los políticos conservadores, simplemente que les dejaran de dar por culo y les permitieran trabajar y poder vivir de sus salarios.

 

La más grande para intentar que el ambiente no fuera tan triste decidió poner una playlist de Camela en Spotify pensando que el estridente grupo cani podría mitigar la pena producida por tan terrible derrota.

 

Las muertes de los concejales, por unos instantes, habían pasado a un segundo plano y los que aún quedaban con vida se habían convertido en objeto de la ira de la señora que achacaba a estos el terrible fracaso en las urnas.

 

-Vuestra incompetencia es la causante de esta derrota. Esta alcaldesa no puede permitirse el lujo de ser la primera en perder unas elecciones en la villa, gritó Mar a sus concejales.

 

- Señora. No movemos un dedo sin que usted lo sepa. Todo lo que hacemos es idea suya, le replicó la concejala con nombre de mística abulense.

 

- ¿Me estás diciendo que yo tengo la culpa? ¡¡Yo que estoy dando los mejores años de mi vida por el paraíso de la sombra!!. ¡¡Yo que estoy sacrificando mi juventud y lozanía por el bienestar de mis conciudadanos!!, farfulló desconsolada la más grande en tanto observaba como el concejal de seguridad que también llevaba fiestas levantaba el brazo:

 

- Señora. Podemos remontar esta situación. Se me acaba de ocurrir una gran idea que hará que todos los ciudadanos vuelvan al redil.

 

- Espero que tu plan merezca la pena. Soy toda oídos, repuso Mar esperando escuchar algo que la volviera a ilusionar.

 

- ¿Cómo se llama el grupo que acaba de poner usted en Spotify?, preguntó el concejal, que no tenía ni idea de que semejante apuesta musical existiera.

 

-Camela, Se llama Camela. Y han sido récords de ventas de casetes en restaurantes de carretera, gasolineras y puticlub, dijo Mar extrañada por la pregunta.

 

- Pues escuche atentamente mi señora. Veo que los tíos animan un montón. Yo ya ni me acuerdo de que hemos perdido, ni tengo miedo de morirme. El viernes de Feria, Dios mediante, ese grupo alegrará el ambiente de nuestros súbditos.

 

- Pues claro, es la música de los coches locos. Lo hará como lo hace todos los años.

 

camela coches locos

 

- No, señora. Me refiero a un concierto en directo. Usted deme 25.000 euros y yo los traigo, sentenció el concejal mientras la más grande asentía con la cabeza viendo cómo su pupilo iba a poner al Paraíso de la Sombra en el top de los eventos musicales.

 

El desaliñao entro en su habitación y encendió la televisión. El informativo municipal seguía sin dar información sobre los crímenes cometidos debido a la terrible censura que sobre el tema Mar se había encargado de instaurar.

 

El hecho de que sus asesinatos no estuvieran publicidad le provocaba desasosiego.


- ¿Por dónde iría la investigación? ¿Será verdad que el Padre Tom tiene poderes divinos?, se preguntaba el asesino en tanto la presentadora del informativo local relataba lacónicamente los resultados electorales.

 

- ¿De dónde vienes? ¿Has arreglado algo con el Ayuntamiento?, le preguntó desde la puerta del cuarto una mujer de aspecto descuidado. Era su hermana, que pese a moverse con torpeza se había acercado hasta él sin hacer ruido.

 

- Te he dicho que no me preguntes. Todo va como debe ir, contesto el desaliñao, que se había acercado a una impresora Epson que llena de polvo descansaba sobre un desordenado escritorio repleto de fotos de los concejales. De la bandeja del periférico cogió su particular periódico. Nuestro asesino era un clásico y gustaba de leer la prensa en papel y todos los días se imprimía " La Voz de Marchena", un periódico al que solo se podía acceder a través de la deep web.

 

Una sonrisa de satisfacción iluminó la cara del criminal que comprobó cómo alguien se había hecho eco de su macabra obra, aunque fuera en pequeñito y estuviera siendo eclipsado por la derrota electoral de la más grande.

 

-"Un despiadado asesino está acabando con el equipo de gobierno de Mar", decía el titular en minúscula, ensombrecido por uno en mayúsculas referente al resultado de las elecciones.


- "LOS TOLDOS NO EVITARON LA DERROTA"

 

Absorto en la lectura del periódico, fue interrumpido de nuevo por su hermana:

 

- Acaban de empezar a levantar el suelo otra vez. Cada vez están más cerca. Como descubran nuestro secreto todo el mundo querrá lo mismo y ya nada será igual. Además, me dijiste que confiara en ti que no volverían a hacer obra, insistió la mujer que torpemente se dirigió hacia la cocina.

 

- No te preocupes, pronto acabará todo, acabó sentenciando el asesino, que pensó que tenía que darse prisa en acabar su criminal acción.

 

-Por cierto han dejado un paquete para ti ¿Quieres que te fría unos calamares?, terminó de decir la hermana.

 

- ¿Un paquete? No quiero comer nada. No te preocupes y descansa, dijo tras dar un sorbo a un extraño líquido amarillento que medio llenaba el vaso que sujetaba con la mano derecha y vio cómo sobre la cama descansaba el bulto que había recibido por mensajería.

 

El salón de Plenos se había vestido de gala para recibir al maestro espiritual Mahatma Sri Prem Prayojan Drabhu, al que cariñosamente sus seguidores llamaban "churra", y que había sido recibido por Mar y sus seguidores a su llegada a la Villa.

 

La más grande y sus acólitos habían decidido no eludir ningún compromiso adquirido, pues la estrategia que el Padre Tom les había diseñado consistía en que aparecieran en público lo máximo posible haciendo así que el asesino se pensará dos veces atentar contra ellos.

 

El salón de Plenos se fue llenando de alopécicos vestidos de naranja que eran observados con curiosidad por el numeroso público que había acudido a la conferencia mientras Mar y los concejales supervivientes ocupaban los asientos que protocolariamente les correspondían.

 

Las luces del recinto se apagaron y un foco de luz intensa iluminó la figura de un señor vestido con túnica, el churra, que como levitando se acercó hasta el estrado.

 

Cuando parecía que iba a tomar la palabra, la luz que lo hacía protagonista se esfumó y una tenue iluminación roja acompañada de una hipnótica melodía inundaron la sala. Se trataba de Audrey's Dance.

 

Los asistentes fueron cayendo abducidos ante el sosegado y relajante ritmo hipnótico y, sorprendidos, observaron cómo el concejal campeón comenzó un movimiento oscilante por el pasillo central adornado con parsimoniosos giros de cabeza que embelesaban a los allí congregados.

 

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La concejala con nombre de mística abulense había fijado sus ojos en los del líder espiritual y como si estuviera recibiendo un mensaje por telepatía se levantó de su asiento para dirigirse hasta la más grande y decirle algo al oído.

 

Tras unos instantes susurrando algo a Mar, la concejala se encaminó hacia uno de los policías locales que custodiaban la sala y que se encontraban justo detrás de la señora.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, hizo ademán como de abrazarlo, pero con un rápido gesto lo que hizo fue quitarle su arma reglamentaria con la que encañonó a la reina de la Villa, que la miraba con pavor.

 

Un disparo certero sacó a todos los presentes de la abstracción en la que habían estado sumergidos. Las luces rápidamente fueron encendidas por Remigio y sobre el suelo se podía ver el cuerpo de la concejala con nombre de mística abulense, que había sido ejecutada.

 

La puerta del salón de Plenos estaba abierta y el desaliñao bajaba corriendo por las escaleras tras haber disparado a la mujer justo en el momento en el que esta se disponía a terminar con la vida de Mar.

 

El desaliñao volvía a actuar, como de costumbre, asesinando a un nuevo concejal y de paso salvando a la señora de una muerte segura.

 

La más grande no podía morir, al menos por ahora.

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