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Juan Manuel de la Cruz Reyes Osuna, más conocido como el “Canario” nació en Álora (Málaga) en 1857. Desde muy pequeño, allí, en su pueblo escuchó y aprendió los cantes por las tabernas ‘perotas’ y atendiendo un puesto de churros donde trabajó hasta los catorce años. Todos conocían a “Malofino” (su apodo anterior) como buen cantaor, dado sus grandes facultades físicas y melódicas; todos apreciaban su conocimiento de los cantes por serranas, tientos, fandangos de Huelva, cantes abandolaos y sobre todo y su carta de presentación: la malagueña.

 


 

 

Siendo muy joven dio el salto a Málaga capital donde fue contratado en los cafés cantantes malacitanos, durante varios años (hasta aproximadamente 1883), en el que dio el salto a Sevilla. Pero no tuvo el éxito que esperaba, su forma de cantar no convenció en principio al público sevillano. Decepcionado, marchó a Madrid, donde tuvo un gran éxito en el café “El Imparcial”.

  

De nuevo volvería a Sevilla en 1884, habiendo madurado y cambiado los aires de sus cantes. Entonces, su forma de cantar formaría un revuelo en el público sevillano que acudía a escuchar con fervor aquel cante por malagueñas, y otros de nuevo corte, que hoy se conoce como la “Malagueña del Canario”.


En la capital hispalense sería contratado por Manuel Ojeda, el que fuera dueño del Café del Burrero, que había cerrado temporalmente el local durante el invierno. Para el verano se había montado una especie de teatro, en el Paseo Colón, junto al puente de Triana. Allí se instalaba durante todo el estío, en lo que se llamó Café Nevería desde 1877 y que fue cambiando de dueño en los siguientes años. Era un local donde se servían refrescos, bebidas, café… y donde se alternaba y cantaba flamenco y variedades hasta altas horas de la madrugada.


Nos refiere Fernando el de Triana: “El Canario fue creador de varias malagueñas, habiendo llegado a nuestros días un ejemplar de este cante, diferente al resto de las malagueñas, que se inicia con un pie quebrado extraído del primer o segundo verso (tercio) de la estrofa”.

 

Álora es un pueblo en el que, en el despertar del flamenco, no habían tenido tanta repercusión, como otras zonas de la provincia malagueña, como los cantes abandolaos, jabegotes, jaberas, rondeñas… o cordobeses del mismo corte como fandangos de Lucena, zánganos en Puente Genil…, sin embargo, muchos estudiosos afirman que la malagueña surgió allí, en el pueblo de los perotes. Es muy posible que los cantaores de Álora tuviesen mucho que ver en la conformación de la malagueña, de una malagueña rudimentaria, sin acompañamiento de guitarra y que muchos de sus intérpretes la afianzaran en la capital de la costa del sol cuando la acoplaron a la musicalidad de la sonanta.


Cuando se analiza la malagueña del “Canario”, se puede observar que su creación, posiblemente, conculcada en los aires de su pueblo, en Álora, introduce la novedad de comenzar a cantar con la última palabra del primero o el segundo tercio: “Quisiera, / por verte yo a ti, quisiera..." Esta forma de empezar, resulta de una gran belleza, lo que animó a muchos a incorporarlo a otros cantes como fandangos, tientos…, independientemente de la fuerza que impuso en su cante el cantaor de Álora.

 

Muchos intérpretes han sido los que han seguido su camino. Aurelio Sellés, el gran cantaor gaditano, siempre afirmaría que para él, aquellas malagueñas que cantara el “Canario” eran las más hermosas que conocía, por su intensidad y su potencia, comparándolas y dándole mucho más valor que al resto, incluso a las que cantaba el genio, Don Antonio Chacón.

 

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Pero, la desgracia le llegaría pronto al “Canario”, pues un fatídico verano, durante la madrugada del 13 agosto de 1885, mantuvo una reyerta con el padre de la Rubia de Málaga y perdería la vida.

 

Los hechos acaecidos se han contado de varias maneras. Lo cierto es que no hubo testigos durante el acto homicida; y, si los hubo, jamás hablaron. Sí pudo contemplar el público, al acabar aquella noche el espectáculo, se entabló una discusión entre el “Canario” y Lorenzo Colomer, padre de la Rubia de Málaga. Los motivos de este enfrentamiento, según los testigos y cronistas, pudieron ser varios: uno que el “Canario” y la Rubia mantuviesen una relación amorosa. Un romance entre los dos jóvenes artistas sería normal y que se hubiese producido la ruptura entre ambos, de manera airada, pues, en el momento de levantar el cadáver, en el bolsillo del “Canario” se encontró una pulsera que llevaba siempre la Rubia. Otro motivo de la reyerta, más convencible, pudo ser la rivalidad y los celos del “Canario” ante la relevante subida y el éxito que estaba teniendo la Rubia, a la cual boicoteaba para que el dueño del café del Burrero, Manuel Ojeda, no la contratara. Es decir que pudo ser o bien una ruptura sentimental o unos celos artísticos y de rivalidad entre ambos.


Cuenta el periódico “El Progreso” de Sevilla de la época, que ambos contendientes, Lorenzo Colomer y Juan Manuel Reyes, el “Canario”, se calentaron en la discusión a pesar de la intervención de algunos de los presentes para calmar los ánimos. La cosa iría a más y de las voces se pasaría a las manos y de las manos surgieron las navajas, con tan mala fortuna que el padre de la Rubia asestaría una puñalada mortal al “Canario”. Tendido quedó el cadáver a la orilla del Guadalquivir y fue descubierto durante las primeras horas del día por un grupo de mujeres cigarreras que se dirigían hacia la Fábrica de Tabaco.

Hay otros que dicen que, el padre de la Rubia, había amenazado varias veces al “Canario”, por la inquina de este hacia las buenas actuaciones de su hija, y que seguramente, el padre, habría contratado algún sicario para ajustarle las cuentas. Todo queda un poco en el aire. La única verdad es que el “Canario” un cantaor genial, el creador de una de las malagueñas más prodigiosas y bellas, perdió la vida aquel verano del 1885, cuando apenas había cumplido los 28 años.


Estamos hablando de una etapa del flamenco en la que proliferaban y se desarrollaba la madurez de los cafés cantantes, cuando muchos lo desdeñaban y criticaban. Este fue un hecho más, que tuvo gran repercusión en la prensa y sirvió para alentar y calentar a quienes venían sosteniendo una tremenda campaña contra estos lugares de “vicios y bataholas”, y que servían para soliviantar toda clase de desórdenes.

 

Todo ello, unido a la mala fama de antros que muchos le aplicaron, motivo por el que los intelectuales adujeran que daba una imagen negativa y perniciosa de nuestra España en Europa. Esto, unido al desprestigio que muchos escritores de la Generación del 98 hicieron del flamenco, llevaría a las autoridades a formular leyes y normas contra los Cafés Cantantes, abocándolos al declive y desaparición.


Tras su muerte, Juan Reyes El “Canario”, se convirtió en una leyenda del cante. Muchos fueron los que recogieron en libros y canciones su tragedia, incluso se hicieron obras de teatro. Antonio Chacón, se interesó en aprender su forma de cantar la malagueña a través de las cantaoras la “Bocanegra” y la “Rubia”, ya que le había impresionado sobremanera la riqueza melódica y poética de su cante. .Pepe el de la Matrona en sus memorias escribiría: “El “Canario tuvo un gran éxito, sobre todo después de su muerte”.

 

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