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Dicen los más viejos que, durante el tiempo del hambre en España, los sueldos eran tan pequeños que no llegaban ni para para comprar el pan, algo de aceite y pare usted de contar, es decir: “para comer mal y pronto”. Pero eso es simplificar mucho las cosas. Hubo una etapa en la España del franquismo en la que los pobres, los obreros, las familias sin medios económicos lo pasaron “francamente” muy mal. Era tal la miseria, el hambre, las necesidades, que los hombres solo accedían a trabajos temporales, precarios, expuestos a las inclemencias del tiempo , con calores asfixiantes durante la siega del cereal, la escarda del girasol, la recogida del garbanzo, del maíz, del algodón…, trabajos en los que muchos niños ayudaban para poder subsistir el resto del año.

 


 

eduardo ternero ok

 

Durante el invierno, en la temporada de la recogida de la aceituna, mujeres y hombres sufrieron los rigores del frío, la falta de ropa adecuada. Muchos también padecieron en la siembra del arroz con el agua hasta las rodillas durante diez doce horas, comidos de mosquitos, con una artrosis futura que pasaría factura a muchos de ellos.

 

Otra parte de la población, generalmente mujeres y niñas “servían” en las casas de los potentados, de los “señoritos”, como cocineras, niñeras, lavanderas, planchadoras, limpiadoras…, además de encalar y otras faenas domésticas por un miserable sueldo y que se pagaba la mayoría de las veces “por la comida” como se decía en nuestro pueblo. Es decir que estas personas solían trabajar exclusivamente por un plato de comida.


Muchos de aquellos niños, nacidos en los treinta y cuarenta, tuvieron que guardar animales (cerdos, vacas, pavos...) para poder comer igualmente, muchos que no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela, pero todo esto no era más que la punta de un iceberg en la vida de los pobres: porque además se sufriría la falta de higiene, una vestimenta de harapos, unas viviendas compartidas por multitud de vecinos, sin mobiliario, sin sanidad alguna…

 

Fue una vida paupérrima, llena de infortunios que se pensaba tendría visos de esperanza con la finalización de la dictadura franquista y la llegada de la democracia.


Pero, ¿qué poco hemos avanzado en estos más de 40 años? Es cierto que el conjunto de la sociedad ha mejorado, que la forma de vivir ha cambiado; ahora acceden más personas al estudio, a la Seguridad Social… La medicina se ha universalizado (aunque tenga sus carencias), una gran mayoría puede disponer de una vivienda propia, cedida o en alquiler, pero debemos entender que ese proceso de modernización y bienestar se ha producido en todo el continente europeo; empero, Andalucía sigue estando a la cola del empleo, sigue siendo una de las regiones más pobres de Europa.


Recordemos que, durante el gobierno de Felipe González (allá por el año 1992), se firmaron los acuerdos del Tratado de Maastricht. En aquellos momentos, muchos sintieron vanagloria por dichos acuerdos en los que España salía “beneficiada” pues se construirían y se arreglarían infinidad de carreteras, se haría una red de AVEs por todo el territorio, se recibirían ayudas desde los fondos FEDER, FEADER, Fondos Sociales, de Cohesion … incluso tendríamos en Sevilla la Exposición Universal y en Barcelona las Olimpiadas. Parecía que Europa se volcaba con España, que saldríamos del marasmo de tantos años de pobreza, de hambre, de dictadura…, que por fin nuestra región, Andalucía, cobraría protagonismo y habría una revolución socioeconómica, cultural y sobre todo industrial, pues seguíamos siendo la región cenicienta no solo de España sino de casi toda Europa.


Pero lo que no se nos dijo al completo fue que España tendría unos cupos de siembra de algodón, remolacha, cereal, girasol… y que debería renunciar a su micro ganadería, puesto que los demás países se repartirían la exclusividad de la leche, los cultivos, la industria pesad, y que España, se prepararía para ser un país de ocio y turismo, que para ello había que preparar su infraestructura en comunicaciones y ser el lugar de recreo, descanso y diversión de media Europa. Que España y sobre todo Andalucía y las islas, por su sol y su clima, se reservaban sobre todo para el turismo, los jubilados europeos y la “jet set” de todo el continente.


Y en esa seguimos, nuestros pueblos siguen ocupados y preocupados por crear infraestructuras de hospedaje, por atender a turistas y jubilados del mundo, por ofrecer nuestros servicios de hostelería, sanidad, recreo y espectáculos a foráneos y ofreciendo empleos basura, temporales que suelen ser ocupados por universitarios en paro o por obreros sin cualificar; así lo titulaba un periódico extranjero: “España, un país de camareros”. Ya ni a eso se puede aspirar con los sueldos que se barajan.


Qué poco hemos cambiado. Hoy jóvenes con carreras terminadas, sin opciones de acceder a empleos de su sector, trabajan como camareros, cocineros, sirven copas, reparten pizzas con salarios mediocres para satisfacer un turismo que por un avatar (pandemias, atentados, capricho de las agencias…) podría tener los días contados y sin embargo hemos dejado pasar el carro de otra revolución industrial, de las energías renovables… Andalucía tiene recursos naturales y humanos para estar en lo alto de la pirámide europea.


Ahora, tras estas elecciones en la que todos han prometido luchar para levantar Andalucía. Ahora que el PP ha ganado y tiene mayoría para gobernar tendremos posibilidad de ver los cambios necesarios para la mejora. Ahora podremos ver si en Andalucía tenemos unos gobernantes con visión empresarial, con visión de futuro que nos conduzcan a acabar con esta mediocridad que venimos padeciendo.

 

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