Firmas

renault 7

 

EL ASESINO DEL TOLDO. CAPÍTULO V. DANIEL LORO (RELATO DE FICCIÓN). Los miembros del equipo de Gobierno permanecían absortos mirando sus pantallas de móvil. La desconcertante imagen del desaliñao haciendo la señal de la victoria bajo el cartel de Municipio Orgulloso había provocado en ellos una inmensa confusión, pues no entendían como un despiadado asesino podía a la vez ser un firme defensor de las minorías oprimidas, por no se sabe muy bien quien, pero en definitiva oprimidas.

 


 

Era la primera vez que el asesino del toldo se mostraba a todos a la vez, porque no cabía duda de que el hombre en la foto bajo el cartel del arco iris era el verdugo de los gobernantes del paraíso de la sombra.

 

Mar y el resto de los concejales, que permanecían en el comedor del convento entre los restos de sandia y sesos del emérito, ampliaban la imagen recibida con graciosos pellizcos sobre sus pantallas intentando así poder reconocer al personaje, pero este había vuelto a su apariencia anónima de gorra, gafas además de mascarilla y ningún detalle de los que aparecían en la foto podía ser tenido en cuanta para descubrir la identidad del asesino.

 

El concejal de seguridad se descargó varias aplicaciones en el móvil que prometían ser útiles para descifrar con retoques y mezclas fotográficas de quien se pudiera tratar, pero cuando vio que las herramientas tecnológicas utilizadas no le eran útiles dijo:

 

- Es imposible saber quién es. He intentado cotejar la imagen con la foto del de Vox y claramente no es él, también he cogido una foto de tu archienemiga Esther y otra de Pepe López; al de Ciudadanos lo he descartado por bajito, pero vamos que no es ningún enemigo político.

 

- Pues no lo descartes y comprueba también al del partido naranja a lo mejor se ha puesto zancos para despistar, ordenó Mar a su hombre de confianza.

 

miedo ok

 

El concejal de Seguridad asintió y raudo y veloz bajo la cabeza al móvil para realizar la pesquisa encomendada por su jefa. Mientras, la concejala de las mascarillas y el gel; que aún estaba en shock por la sandía bomba, sacó un papel y empezó a leer, o eso parecía, porque el papel estaba en blanco.

 

- Señora. Tengo miedo. Leyó imaginariamente.

 

- No debes temer nada. En tanto yo esté con vosotros nada os sucederá, le dijo Mar en tono mesiánico a su discípula, acrecentando el terror en la pobre mujer, que recordó que esas mismas palabras fueron las que escuchó el emérito justo antes de la explosión de la sandía bomba.

 

-Y... ¿Por qué me has dicho que tienes miedo leyendo ese papel?, continuó preguntándole la más grande.

 

- Porque estoy tan nerviosa como cuando doy un mitin y si no es leyendo lo que usted me escribe no sé qué decir, le contestó la concejala de las mascarillas.

 

La reina y señora miró con ternura a su pupila sintiendo plena satisfacción por la elección de sus acólitos para la tarea de gobernar, pues al contrario que los toldos, tenían nula capacidad para ensombrecer a su amada lideresa.

 

El padre Tom se dio prisa en terminar el pomposo enlace matrimonial que estaba celebrando entre miembros de la alta sociedad cuando fue avisado del atentado en el convento de las monjas.


Los novios e invitados a tan majestuosa boda pensaron que las prisas eran debidas a que el sacerdote quería hacer un homenaje a los familiares del novio que eran profesionales en eso de ir rápido.

 

La boda terminó y el sacerdote salió corriendo hacia el tiro de Santa Maria donde colocado estratégicamente estaba Manolito vendiendo cupones.

 

- Hola padre, tengo algo importante que decirle, dijo el cuponero.

 

- Manolito, no tengo tiempo para atenderte me esperan en el convento, se acaba de cometer otro asesinato.

 

- Es referente a eso, repuso Manolito.

 

El Padre Tom se paró en seco y recordó una conversación con el hombre de los iguales en la que le había encargado la misión de ser su confidente.

 

- ¿Qué has averiguado?, le preguntó.

 

- Me dijo usted, padre, que como yo andaba mucho por el pueblo si veía un Renault 7 se lo dijera, pues bien; hay uno aparcado en la calle La Cilla, informó Manolito al cura.

 

El sacerdote dio las gracias a Manolito, no sin antes comprarle una serie entera de cupones, pues el cuponero era poco dado a hacer trabajos gratis y con esa información proporcionada no iba a ser menos.

 

Con los cupones en las manos y esquivando como pudo los obstáculos provocados por las obras de mejora en el tiro Santa María, el sacerdote consiguió llegar hasta el convento donde accedió al comedor encontrándose con la dantesca imagen del emérito decapitado por la explosión de la fruta.

 

- Señora, tengo valiosa información, informo el cura a Mar mientras intentaba recuperar el aliento y observaba la escena del crimen.

 

- Dígame padre Tom, le dijo la más Grande mirando a los cupones.

 

- Mi confidente me acaba de informar de que hay un R-7 en la calle la cilla.

 

- ¡¡¿Un Renault 7?!! Bingo. Que envíen a un grupo de sicarios a vigilar el coche y en el momento que el conductor aparezca detenedlo y traedlo ante mí, ordenó la Reina de Mar a su concejal de Seguridad.

 

Un grupo de súbditos fuertemente armados encabezados por el concejal de barba perfilada se apostaron en la calle la cilla a la espera de la llegada del propietario del vehículo. No había transcurrido mucho tiempo cuando un hombre elegantemente vestido que venía desde la calle Padre Marchena se acercó al coche y procedió a abrirlo y cuando estaba sentado en el habitáculo del conductor los esbirros de Mar se abalanzaron violentamente sobre él colocándole un saco en la cabeza para que no pudiera distinguir a sus captores.

 

Entre balbuceos y gritos sordos, el hombre recién capturado fue informado de los derechos imperantes en Mar para tal ocasión.

 

- Por orden de la reina y señora del Paraíso de la sombra quedas detenido y no tienes derecho a nada, le informó el concejal de seguridad.

 

El detenido fue trasladado en volandas hacia Santa María, donde la más grande con sus concejales y el padre Tom esperaban en la explanada que esporádicamente era utilizada para hacer conciertos.

 

El reo fue colocado en una silla y tras ser maltratado y vejado de manera inmisericorde por los mercenarios de Mar la reina y señora ordenó que lo descubrieran.

 

Ante los allí congregados apareció un hombre al que todos conocían y al verlo quedaron conmocionados.

 

-Coño, este es Carlos Sainz, dijo el concejal triatleta.

 

- Es verdad- afirmo el de seguridad tras preguntar ¿y qué coño hace aquí?

 

- Este es uno de los invitados de la boda que acabo de celebrar, puntualizó el Padre Tom.

 

La concejala con nombre de mística avileña miró a su reina y señora que con gesto confundido parecía haberse perdido y le dijo:

 

- Señora, en la Iglesia de San Juan, mientras nosotros huíamos de nuestro despiadado verdugo, se estaba celebrando un enlace de postín y este famoso corredor de rallyes era uno de los invitados.

 

- ¿Y qué hacía en el Renault 7? Y si era una boda de postín ¿Por qué no se me ha invitado?, preguntó extrañada Mar.

 

- No se te ha invitado porque era una boda Cayetana y tú eres demasiado roja para tal evento, dijo el cura a Mar.

 

- Yo soy Roja a demanda -respondió Mar enfurruñada-, pero cuando quiero soy más Cayetana que nadie. ¿Acaso no me habéis visto desfilar en Semana Santa con mi vara de mando?, pero no nos vayamos por las ramas. ¿Es tuyo el Renault 7?, terminó preguntando Mar al Sr. Sainz.

 

- Se lo acabo de comprar a un señor que estaba en la puerta de la iglesia. Ese modelo es carne de perro y lo pensaba tunear para participar en mi siguiente rally Dakar, pero vamos que yo le devuelvo y me voy al convite, contestó el piloto.

 

Un rugido de motor Cléon-Fonte de 1108 cc en su versión de alta compresión Gtl de 1981 se escuchó en la lejanía.

 

- Por ahí viene vuestro Renault 7, dijo Carlos Sainz, que reconoció el sonido.

 

- ¡¡¿Como qué viene y quién lo conduce?!!, exclamó sorprendida la reina del Paraíso de la sombra.

 

Sin que diera tiempo a reaccionar a ninguno de los allí presentes por el tiro Santa Maria, a toda velocidad, el coche que había acosado en el camino de vuelta del aeropuerto a los miembros del equipo de gobierno apareció conducido de manera temeraria por el hombre que poco a poco estaba acabando con el establishment local.

 

La más grande se plantó en medio de la explanada haciendo honor a su liderazgo y como si de Moisés se tratara levantó la mano creyendo que tenía poderes y el coche al acercarse a ella se partiría en dos y no la arrollaría, pero el conductor dio un volantazo, pues aún no era el momento de acabar con la más grande y con furia porcina se dirigió hacia la pobre concejala de las mascarillas atropellándola y haciendo que quedara subida en el capó.

 

Aceleró todo lo que pudo con la cara de la concejala pegada al parabrisas y mientras ella lo miraba con cara de terror el asesino, giró en dirección a las escaleras que daban a la calle picadero como si fuera a descender por ellas y en el justo instante que llegó a estas, frenó en seco; provocando que la inercia hiciera el resto.

 

La concejala voló por los aires y cayó contra el asfalto de la calle adyacente, aún con vida intento levantarse, pero una máquina municipal de esas que barren lentamente y que estaba trabajando a destajo eliminando propaganda electoral le pasó por encima provocando el fatal desenlace.

 

Tanto la más grande como el resto de los testigos de lo ocurrido corrieron hacia las escaleras, donde encontraron el Renault 7 abandonado mientras la pobre pupila de Mar yacía inerte en el suelo al final de la escalinata.

 

Como por arte de magia el asesino del toldo se había vuelto a esfumar dejando a sus espaldas un reguero de sangre y destrucción

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