Firmas

dime santos

 

Dicen que hay gente que a lo largo de su existencia aprendió un oficio y además, muchos de ellos, tuvieron la enorme suerte de conseguir hacer de aquello que les gustaba su medio de vida. Algunos lograron alcanzar altas cotas y, de simples aprendices, consiguieron ser grandes maestros en su trabajo, mediante el esfuerzo, indagando, investigando y desarrollando técnicas que le llevaron a perfeccionar lo que hacían. De muchas maneras, a la gran mayoría, se lo reconocería la gente a lo largo de su vida, y por tanto pudo desempeñar su trabajo, ganar lo suficiente como para vivir holgadamente, criar sus hijos...(en la imagen. Santos Ruano Mediavilla, que da nombre a una avenida de Marchena, maestro asesinado por los franquistas al igual que Rosendo de la Peña y el artista José Montes de Torres, nombre de la calle del pabellón).

 


 

Pero, a veces, pocas veces, la verdad sea dicha, se entera uno de cosas que le sacan de quicio. No hace mucho, he sabido que hay personas, maestros en sus oficios, que una vez jubilados y no teniendo o no queriendo ninguno de sus descendientes continuar con la trayectoria y la labor de su padre o madre, este, desmonta el negocio y se empecina en no enseñar sus técnicas, su forma de hacer las cosas, los entresijos y valores de su oficio a otras personas. Los hay que se niegan a comunicar los secretos de su éxito, de sus descubrimientos, de su bien hacer a otros, cuando ya han dejado de estar activos. Además, aduciendo pretextos incomprensibles y anodinos, como “yo tuve que esforzarme en aprender” o “no voy a regalar lo que tanto me costó”; de tal manera que prefieren llevarse sus conocimientos a la tumba.


Me parece una forma demasiado egoísta de ver la vida; si la humanidad hubiese pensado así, estaríamos aún subidos al árbol y andando a cuatro patas. En la vida, el enseñar a los demás, es una ley natural y, racionalmente, ser maestro, es de las mejores cosas que le pueden pasar a uno. El hecho de enseñar es como dar parte de ti a los demás, es extrapolar tu aprendizaje (de lo que te sientes orgulloso) a los que te seguirán…, es querer que la humanidad avance, amar al otro.


La palabra maestro implica cariño, darse a los demás. Fue la palabra clave que el cristianismo usó para definir al mejor referente de la comunidad cristiana, Jesucristo. En China, llamar a alguien “shifu” es uno de los elogios más grandes que se pueden conceder a una persona, y puede traducirse por segundo padre, maestro o profesor. En todos los lugares del mundo, llamar a alguien maestro es elogiarle, es un apelativo que dignifica a la persona, pues lleva implícito la labor de cultivar mentes, la transmisión de conocimientos, en definitiva va ligada a la palabra educar con todas las connotaciones de instrucción, sabiduría, amor, desinterés… que tiene.


El maestro, los maestros, a través de la historia han sido claves en los cambios de mentalidad, en los avances de la sociedad, en la progresión de pensamiento. Recordemos que los grandes de la historia antigua Sócrates, Aristóteles, Platón, Séneca y un largo etcétera, fueron preceptores, tutores, educadores o maestros de grandes hombres e influyentes en muchas civilizaciones. Por ello, ante los cambios políticos, sobre todo con el advenimiento de dictaduras, cuando hay que adoctrinar, alinear… a la población, los maestros, son los primeros en ser apartados, en ser eliminados, de una manera u otra.


En la España de Franco, la mayoría de los maestros serían ejecutados o tuvieron que salir exiliados del país. En una dictadura no interesa la enseñanza de las libertades, no se inculcan los derechos de los ciudadanos sino el sometimiento fascista del dictador de turno. En nuestro país, durante y en los años posteriores a la Guerra Civil fueron perseguidos, fusilados o tuvieron que exiliarse miles de maestros que habían cometido un único delito, el de educar a sus ciudadanos en la libertad del conocimiento. Fueron muchos los maestros que sucumbieron ante el temor de su palabra, maestros que a la mayoría de sus asesinos les habían enseñado a leer, a comprender la historia, a disfrutar con las ciencias y la literatura, a intentar ser hombres de bien.


Pero, además de la eliminación, de quitar la vida a esas personas que inculcaban el saber, la cultura, que abrían las mentes a un pueblo que quería y debía progresar, también implicaba un enorme retroceso cultural del país, una vuelta al pasado retrógrado exento de libertades y para ello ocuparon su lugar militares o adeptos al régimen que practicaron una pedagogía marcada por la dictadura de los vencedores.

 

Fueron aquellos alféreces provisionales, mandos del ejército, propagadores del movimiento fascista…, los que ocuparon las tarimas de las aulas, los que imprimieron el carácter a un alumnado indefenso, ávido de libertad... Había que aleccionar al país, había que inculcar la idea del sometimiento al régimen y el alineamiento bajo la consigna “Por Dios la Patria y el Rey”. También se aprovecharía y se daría pábulo a los colegios religiosos, pues la iglesia y el régimen dictatorial, que habían ido de la mano en nuestro país, seguían siendo pareja de hecho, promoviendo la consigna del miedo que tanto resultado les había dado.


Por ello, por todos los que cayeron a lo largo de la historia ejerciendo el bello ejercicio del magisterio, los maestros del presente, deberían poner todo su empeño en ser espejos de la infancia, repartir el amor hacia sus docentes conculcando libertades, haciéndoles ver que un mundo mejor es posible si aceptamos las reglas de la convivencia, de la tolerancia, de la equidad y del respeto al medio.

 

Por su interés, agregamos un artículo publicado por este medio al respecto.

 

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