Firmas

 toldo ok

 

Este domingo publicamos el primer capítulo de la saga 'El asesino del toldo', de Daniel Loro, un apasionante relato del vuelo de vuelta, desde la ciudad hermanada, de los líderes del paraíso de la sombra, antes conocida como villa entoldada. El cierre del contrato para adquirir los aceros sobre los que descansarán los tejidos que ensombrecerían la Feria, da lugar a una serie de divertidas aventuras entre el festivo ambiente imperante en el avión entre los personajes del séquito de la reina y señora y en la que cobran protagonismo un personaje de aspecto desaliñado y un concejal aflamencao. (Imagen de archivo).

 


 

El asesino del toldo (Capítulo 1).

 

El vuelo procedente de Francia llegaba con retraso. Los líderes del paraíso de la sombra, antes conocida como villa entoldada, se habían entretenido en el duty free del aeropuerto comprando telas para los toldos y en los baños de pago del aeropuerto de Orly habían conocido a un estraperlista del hierro con el que habían firmado un beneficioso contrato para poder adquirir los aceros sobre los que descansaría los tejidos que ensombrecerían la feria.

 

Las autoridades galas no pudieron hacer nada para que el vuelo depegara a su hora. Habían descubierto el inmenso poder de la más grande, que tenía paralizado el tráfico aéreo europeo, mietras cerraba sus negocios de penumbras. Putin era un aprendiz de tocapelotas al lado de la señora.

 

En el aeropuerto de Sevilla, impacientes, esperaba un grupo de seguidores que como grupis adolescentes cerraban consignas en honor de los líderes locales que volvían de su viaje a la hermanada localidad gala con la excusa de que esa visita "institucional" reportaría beneficios a los ciudadanos de la villa. Entre tanta algarabía, un personaje de aspecto desaliñado intentaba pasar desapercibido mientras observaba impaciente a los allí congregados, sin parar de mirar su reloj. Llevaba gorra, gafas e sol, además de mascarilla y con su mano derecha no paraba de apretar lo que parecía ser una pelota antiestrés.

 

En el avión, el ambiente era festivo, ya que se habían tirado un fin de semana en Francia a gastos pagados por todos los que tendrían sombra en la feria y los líderes locales lo habían disfrazado de viaje de trabajo; para tal asunto se habían preocupado de que las fotos compartidas por redes sociales y que llegarían al populaco tuvieran apariencia de cosa seria y beneficiosa para el pueblo.

 

Después de firmar la prórroga del contrato del hermanamiento con los franchutes, pues habían transcurrido 25 años desde el hermanamiento original en cuyo periodo el beneficio había sido solo y exclusivamente para aquelllos fieles súbditos que habían sido llevados de excursión más allá de los Pirineos, la líder local dio un discurso en un castellano afrancesado muy peculiar.

 

Contó a sus seguidores y demás curiosos que pululaban por las redes sociales que esa renovación del lazo de hermandad, ahora sí que sí, iba a traer pingües beneficios a todos sus amados conciudadanos y, aprovechando la alocución, les recordó que gracias a su grandeza y buen hacer durante las próximas fiestas de agosto, los haría sentir como vírgenes bajo palio mientras se ponían hasta el culo de rebujito.

 

Este discurso había sido ya la gota que colmaba el vaso y era el que había provocado que el hombre de aspecto desaliñado acudiera al aeropuerto a esperar a los políticos. Un plan maquiavélico urdido durante mucho tiempo, se había ido cociendo en su cabeza y ahora había decidido que era hora de ejecutarlo.

 

Infinidad de ideas y teorías inundaban su mente. Estaba obsesionado con que la reina y señora, como buena profesional de la cosa pública que era, seguía el ejemplo de su matriz política en lo que a propaganda se refería. A saber, pertenecía a un grupo político que después de haber estado 40 años gobernando en la comunidad autónoma y habiendo perdido el poder, vendían la idea de que cuando ellos volvieran a gobernar otra vez, ahora sí que sí, se iba a ver avanzar Andalucía.

 

Y es que, por lo visto, durante sus años de absoluto dominio, la región se quedó estancada porque sabían que un tal Juanma, amante del fachaleco, ocuparía San Telmo. Y no podían permitir que se aprovechara de los logros conseguidos por las huestes socialistas, por lo que estratégicamente habían decidido no hacer nada durante ese periplo y quedarse el dinero para unos asuntillos llamados "ERE, coca y putas" y para cuando volvieran a gobernar convertirse en los grandes hacedores que todo lo podían.

 

También pensaba que el guionista del PSOE andaluz había plagiado a Delibes. Los señoritos Iván fueron sustituidos por los políticos de turno que amenazaban a los Paco el Bajo, encarnados en los grupis que esperaban en el aeródromo con un maquiavélico 'O conmigo o en la miseria'. Paradojas de la vida, la que se creía izquierda copiando los más abyectos comportamientos caciquiles.

 

En su delirio y obsesión, puede que incluso amor pasional hacia la líder del paraíso de la sombra, no le iba a perdonar que hiciera suyo ese discurso de la amnesia prometiéndole a sus fieles que después de 25 años y gracias a su firma, el maná francés inundaría la villa.

 

El concejal aflamencao había adquirido una boina francesa y un libro de Sartre en una librería de viejos llamada Librairie Grangier, situada en la esquina de Rue du Journet. Además, en una visita relámpago a la ciudad del amor, se hizo con un monóculo que encontró en el mercado de pulgas para completar su atuendo de concejal de Cultura. 

 

Ensimismado, mirando el motor del avión, pensó:

 

- Con este aspecto cultureta y mi barba hipster, debería haber recibido al Canijo de Jerez.

 

Se había sentado en el avión junto al edil responsable de la seguridad del pueblo y juntos comenzaron a tararear una canción:

 

"Qué bueno son los impuestos marcheneros,

 

que buenos son,

 

que nos llevan de excursión"

 

Una turbulencia sacudió el avión justo antes de iniciar la maniobra de aterrizaje. Los dos concejales, aterrados, se agarraron fuerte de la mano, mientras cerrraban los ojos y musitaban jaculatorias.

 

Tuvo que ponerse en pie la más grande, saltándose la norma del vuelo en la que se especifiica claramente que durante las maniobras de riesgo hay que permanecer sentados, y con calma inusitada se colocó en el pasillo central del avión, extendiendo sus brazos mientras las turbulencias desaparecían, ¡cómo no!, gracias al inmenso poder de Mar.

 

El vuelo tocó tierra y los pasajeros comenzaron el descenso de la aeronave, mientras los fans allí reunidos empezaron a gritar en francés:

 

-Olala, olala.

 

Los líderes locales saludaban al descender el vuelo. Todos menos la más grande, que se había empecinado en bajar de la aeronave por las rampas que ponen cuando hay una evacuación de emergencia, cosa que consiguió como era de esperar.

 

Al pisar tierra, los equipos de seguridad se afanaban en proteger a los recién llegados del manoseo de sus fieles, pero no pudieron evitar que el personaje de aspecto desaliñado se acercara al concejal aflamencao, agarrándole de la mano y, al retirarla, dejándole una nota.

 

Tras andar unos pasos, ya lejos de la jauría emocionada por la llegada de los políticos, el hombre que se hizo político por ver a la chavalería saltar en un concierto, se dispuso a leer la nota.

 

Su gesto cambió y una mueca de pavor apareció en su rostro. No daba crédito a lo que acababa de leer. Y lo peor de todo es que tenía la sensación extraña de que ese aviso se iba a cumplir. Con lágrimas en los ojos, volvió a leer el mensaje que decía:

 

-Hoy voy a asesinarte.

 

 

Suscríbete al canal de Youtube