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solea cante ok

 

Existen referencias en las que se dice que el tal o cual cantaor, hablamos de los inicios del XIX, cantó jaleos, cañas y la Soledad. Se sabe que en las bodas gitanas se solían cantar ese tipo de jaleos gaditanos acompañados de bailes. ¿Quién puede saber de dónde le viene el nombre a la soleá? Hay quien dice que viene de sol, solar…, otros que de los jornaleros que cogían el soleo (aceitunas del suelo), “tonadas de soleo” propia de los gitanos aceituneros. Incluso Demófilo nos dice que la creación de este género es atribuible a una cantaora llamada Soledad que se basó en los jaleos (estrofas de cuatro versos) y que los acomodó de un modo más pausado. Los hay que se inclinan a pensar en el antiguo cantaor Tobalo, otros que tal vez la Andonda o el Loco Mateo… y, presumiblemente, alguno de ellos u otros, pudieron ser los creadores de la soleá. Pero ¿cómo vamos a llegar a poder a aseverar algo si no hay nada, ningún soporte escrito que nos lleve a confirmarlo? Nosotros pensamos que estos, tal vez, fuesen intérpretes de soleares originarias a las que pudieron imprimirles su sello, pero apoyados en unas bases o semillas que venían establecidas por la corriente que arrastraba todo lo flamenco, simientes que hincaron sus raíces en la Baja Andalucía, se transformaron en árbol y fue extendiendo sus ramas por toda la región y por el mundo entero. (En la imagen; Fernanda de Utrera con Diego del Gastor).

 


 

La soleá, como otros tantos palos flamencos, comparte un tronco común con la caña, el polo, la bulería, la bambera…, por tanto es uno de los palos del flamenco genéricos, que expresa sentimientos, vicisitudes, mal de amores, conflictos de celos…

 

En origen, como otros, fue un cante bailable, pero poco a poco se fue transformando en un palo para escuchar e irse ralentizando el compás para que se luciera el cantaor y pudiese armonizar la poesía que encierra.

 

Hoy día se traduce en una poética de experiencias vitales y lamento, definiéndose en sus muchas variantes en una estrofa lenta, un cante para escuchar.

 

Será a partir de la segunda mitad del XIX, cuando la Soleá toma su carácter y se aleja definitivamente de los jaleos. Sería en los cafés cantantes, como ocurriera con otros tantos palos, cuando se daría a conocer, se extendería al gran público y subiría al escenario sin acompañamiento de bailaores.


La estrofa sobre la que se asienta la soleá es de tres o cuatro versos octosílabos cuya temática generalmente, como hemos comentado, es el desamor, la pena y la tristeza. Son experiencias vitales que el hombre sufre con su compañera, con la familia, con los avatares del tiempo, pero, pocas veces llega a ser un dolor trágico como lo es la seguiriya

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Hoy, pasados casi dos siglos, podemos decir que la soleá es uno de los cantes considerados grandes; todo cantaor que se precie debe dominarla, debe conocer los recovecos y los distintos estilos. Cualquier artista debe saber armonizar la soleá grande, la soleá apolá o la antigua soleariya. ¿Qué cantaor jerezano no se apoya en una soleá por bulerías? Pero además, hoy se sube a un escenario un intérprete y debe demostrar su valía haciendo cantes por soleá de Triana, la del Zurraque, Cádiz, los Puertos o Jerez, y debe decir alguna estrofa con aires de Alcalá, Utrera, Lebrija o Marchena para que el público aprecie que es un cantaor largo.


La soleá es uno de los palos a los que recurren más los guitarristas flamencos en sus conciertos, en sus composiciones, ya que la elasticidad de su compás y sus estructuras tanto armónica como melódica la convierten en un género ideal para su recreación en la guitarra flamenca. También, está demostrado que es un baile muy apropiado para la mujer debido a la profusión de movimientos de brazos, caderas y cintura.

 

A pesar de no ser uno de los cantes más antiguos del flamenco, se ha ido situando en un lugar preponderante dentro del cante jondo, ya que su estructura musical, su cadencia, la armonía de la guitarra, ese carácter tan profundo y el enorme contenido literario la hacen ser uno de los palos que más gusta, tanto al cantaor para lucirse, como al espectador escucharlo; no en vano, guarda gran parte de los elementos rectores de la estética musical flamenca.


Existen multitud de estilos de cante por soleá, pueden haber sido catalogados casi un centenar en Cádiz-Los Puertos-Jerez. En Triana y la provincia de Sevilla aproximadamente 40. Muchos de ellos han caído en el olvido y otros siguen conservados solo en discos de cera o pizarra. Podemos decir pues que muchas veces confundimos estilos y cantaores por el sello que imponen algunos en sus cantes.


Para hablar de grandes intérpretes del cante por Soleá, nos harían falta un par de folios. Desde el gaditano Paquirri “El Guanté” (1847) hasta Rancapino Hijo (2020) han pasado generaciones de cantaores que han ido engrandeciendo este cante. Los Paulas, Gilica, Pavones, El Mellizo, Aurelio, los cantes del Zurraque, Chacón, la Fernanda, los Sorderas, Los Moneos, la saga de los Terremotos, Pepe Marchena, Los Mairena, Camarón, El Pele, Menese, Carmen Linares…, y un largo etcétera de cantaores y cantaoras que, a lo largo de la historia, han dejado su impronta en el cante, el toque y el baile por Soleá, estandarte del flamenco.

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