Firmas

et emociones

 

A casi todos nos ha pasado que muchas veces nuestras ideas, nuestros pensamientos no coinciden con nuestras acciones, con nuestro modo de comportarnos y nos asaltan las dudas.
Sigmund Freud, aquel médico e investigador neurólogo, padre del psicoanálisis, decía que en muchas circunstancias y momentos de nuestras vidas podemos encontrarnos con divergencias en nuestra mente, en la que podamos por ejemplo sentir amor hacia una persona y a la vez sentir odio o repulsa. Todo porque nuestra psique es en cierto modo ambivalente, se comporta de modo caprichoso y nos hace entrar en ese juego de contraposición.

 


 

Otro gran genio, esta vez del flamenco, Chano Lobato, contaba anécdotas de Ignacio Espeleta, un mítico cantaor gaditano del XIX, que tenía un ingenio y una chispa fuera de lo normal. Una de ellas, decía Chano con gracia, “estaba Inasio subío al esenario y se encontraba tan perjudicado por la bebía que no s’acordaba de la letra de un cante por alegría y se le ocurrió el tiriti tran, trantran; ese estribillo que ha quedao para la historia como la entrada de casi todos los cantes de Cai”.


El propio Espeleta contaba que una vez vino a Cádiz un hombre muy mayor y puso una tienda en el barrio de Santa María. Un día entró a comprar una gitanilla de unos veinte años y el tío se enamoró perdidamente de ella; tanto que se la pidió a sus padres y se casó con la chica. Dicen que estaba tan loco por ella que le daba todos los caprichos. Pero lo que es la vida, el pobre hombre enfermó (seguramente de cólera); ya saben los síntomas. Pues la joven gitanita tenía que ponerle la escupidera (hoy hay cuñas) en la cama continuamente. Así estuvo durante cinco o seis días hasta que el pobre murió deshidratado. En el velatorio la joven gitana hizo su papel de viuda e incluso cuando se llevaron el féretro gritaba: ¡dejadme que me despida, dejadme…! Y, aunque los gitanos viejos no la dejaban, ella consiguió asomarse al balcón y, lo que son las cosas, en lugar de salirle unas palabras de hondo sentimiento, le traicionó el subconsciente y gritó: ¡¡¡Adiós cagón!!!


Y es que nuestra mente nos hace tener sentimientos encontrados que no podemos en muchas de las ocasiones ocultar. Es decir puede que en muchas situaciones aquello que te da alegrías te produzca a la vez tristeza. Es como el sentir placer y dolor a la vez, como amor y odio. Lo complejo de esta situación que se produce muchas veces a lo largo de nuestra vida y a veces se convierte en algo cotidiano; sin embargo, lo asumimos como algo natural en el hombre, algo que no suele ir ligado con los instintos sino que se asocia a nuestras relaciones sociales, nuestro yo externo…


Estos sentimientos encontrados o contrapuestos surgen por la disyuntiva emocional o pasional que sentimos en determinadas situaciones hacia otros congéneres, hacia otras formas de vivir, etc. Llegados a este punto, debemos aceptar que todos tenemos dudas, contradicciones, y para no vernos en ese bucle es indispensable que lo ponderemos desde el exterior ¿Qué pensarías o de qué modo actuarías si le estuviese ocurriendo a otra persona?


Las personas estamos siempre en una ambivalencia y nos movemos entre contradicciones. Nos ocurre, por ejemplo, con el placer de comer y beber y nos surge la disyuntiva: la resaca o el aumento de talla posterior. Cierto que todos tenemos sentimientos contradictorios, que nos ocurren en casi todos los ámbitos de nuestra vida, porque nuestra mente, nuestra psique juega con tal cantidad de sentimientos y opciones emocionales (asco, repulsa, indiferencia, respeto, odio, celos, cariño, rabia…), que cualquiera de ellas puede surgir y su contrapuesta en un momento dado y sin que podamos evitarlo.


Existen personas en las que las emociones están tan encontradas, son tan contradictorias que están en constantes dudas y no saben reaccionar ante tales situaciones. Poniéndonos más serios, diremos que muchas mujeres, que han sido maltratadas, violentadas, lesionadas…, se encuentran en muchos momentos de sus vidas en la que no saben reaccionar ante las agresiones que están sufriendo. Tienen tan a flor de piel esos sentimientos encontrados de amor-odio, cariño-repulsa, valor-miedo, seguridad-desconfianza…, que no reaccionan ante su agresor, ante su maltratador, a sabiendas que su relación con aquella persona le resulta tóxica, que ha perdido su personalidad, su visibilidad… que es ella la víctima, que puede encontrarse en una situación de peligro grave. Incluso se dan casos en las que la propia víctima se siente culpable y busca en los recovecos de su mente motivos que justifiquen las agresiones que sufre.


Todos estos sentimientos encontrados parten, generalmente, de una falta de autoestima personal muy deteriorada, unas veces arrastrada por las situaciones sociales que se han vivido o pudiera ser por un trastorno accidental de nuestra mente. La realidad es que la ambivalencia emocional nos priva de poder tener claridad a la hora de elegir el tipo de sentimiento en el que debemos confiar y no nos hace ver la “normalidad de las cosas”.


Cuando las contradicciones mentales carecen de importancia, lo que debemos hacer es reflexionar de forma positiva, analizar los temas y analizarnos y si no encontramos respuestas o las situaciones que se nos dan y que conllevan a una cuestión grave lo mejor es acudir a psicoterapia, son profesionales que nos ayudarán a buscar soluciones; porque, al final, lo importante es encontrar el equilibrio emocional.

 

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