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et discordia hijos

 

EDUARDO TERNERO. El poeta, filósofo y político cubano José Martí, fundador del Partido Revolucionario Cubano afirmaría, a mediados del XIX, que la vida de las personas debieran estar marcadas por tres cosas fundamentales que hacer a lo largo de su existencia: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.

 


 

 

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Lo de plantar un árbol se está haciendo cuasi necesario, pero no de forma individual; la humanidad, los gobiernos del mundo deberían plantearse que la destrucción que se está llevando a cabo en la Amazonía y en las selvas del continente asiático está propiciando aún más el cambio climático. La tala de árboles es como renunciar a nuestros pulmones, conlleva esquilmar gran número de especies de animales que viven en la floresta, acabar con muchos ecosistemas. Por ello, el fin primordial de todos los países, debería ser la plantación, respetando la flora autóctona de cada lugar. Debería ser de elevada obligatoriedad su planteamiento en las cumbres climáticas. Creemos que es labor de la Humanidad cuidar su casa. En nuestro Planeta ya hace tiempo que se dieron las voces de alarma; nos estamos autodestruyendo, hemos visto como la Tierra reacciona y cambia. Ahora vemos como nos llega la arena del desierto, hay borrascas y huracanes en lugares donde nunca se dieron, temperaturas extremas de calor donde siempre hizo frío…


Escribir un libro es algo que está de moda, hoy se publican solo en España más de 100.000 libros al años, casi todos en formato de papel. Hoy bajo cualquier pretexto sale un libro al mercado; desde libros de cocina, autoayuda, esotéricos, de viajes… cualquier tema existe explicitado en los libros; con títulos tan “sugerentes” y libracos como “¿Cómo hacer caca en el monte?”, o “¿Cómo mandar a la gente al carajo?”… y con ello seguimos destruyendo árboles para hacer libros y comentar en ellos que se destruyen los bosques. Ya hace cuarenta años que se inventó internet, ya podemos consultar cualquier cosa a través de los medios audiovisuales sin necesidad de imprimirlos. Muchos me dirán que prefieren el formato libro, yo también, pero hay que subirse al carro de preservar la naturaleza.


Lo de tener un hijo, en los momentos en los que se le ocurrió decirlo a Martí estaba racionalmente entendido. En nuestra tierra las familias no solo tenían un hijo; entonces, el tener seis, siete hijos o más era lo normal, aunque vivieran hacinados en casas de vecinos, durmiendo varios hermanos en la misma cama, y teniendo que trabajar desde muy temprana edad. El acceso al colegio estaba muy limitado, era una España gris, de entre guerras, de miseria y de hambre. Hasta mediados del XX la mortalidad infantil era frecuente, provocada por la falta de higiene, las enfermedades infecciosas (tifus, sarampión, poliomielitis…).

 

Pero a partir de los años 60-70, con la implantación obligatoria y masiva de vacunaciones, el acceso a métodos anticonceptivos como preservativos, DIUs, pastillas... y más tarde con la aprobación de leyes abortivas, las familias pudieron regular los momentos de ser padres, la cantidad de hijos a tener… Los 80 y 90, hasta inicios del siglo XXI, estuvieron marcados por familias que optaron por la parejita; con los salarios que existían era algo asequible. Una familia de cuatro miembros podía acceder a tener su propia vivienda, su utilitario, vivir sin aspavientos pero pudiendo educar a sus hijos hasta incluso hacerlos universitarios.


En los últimos veinte años la vida ha cambiado de tal manera que las necesidades de esta generación no pasa, generalmente, por las mismas conformación familiar que la de sus padres. El concepto familia está muy desarraigado; las parejas, de cualquier tipo (hetero u homosexual) no suele estar sellado de por vida, sino que se trata de parejas abiertas, en las que suelen trabajar ambos miembros, independientes económicamente, atendiendo a grupos de amigos distintos, separados por gustos o aficiones. Pero a la vez, pocas se plantean a corto plazo tener hijos por los gastos y la dedicación que conlleva.  Para muchas de estas parejas no es prioritario tener descendencia. Muchas parejas anteponen disponer de casa, vehículo, mantener su círculo de amistades, viajar…, antes que criar hijos. Otros prefieren compartir perro y tener la libertad de divertirse cuando lo deseen sin atarse a nada ni a nadie.

 

Si España, a inicios del XXI, era el país con la menor natalidad mundial, a día de hoy estaremos aun más por debajo. En 20 años, la población española estará huérfana de jóvenes y suponemos que alguien tendrá que pagar los platos rotos (trabajar para que siga existiendo la Seguridad Social, las pensiones, los servicios…) suponemos que si ahora se necesitan extranjeros (marroquíes, sudamericanos, subsaharianos y del este de Europa ) para poder realizar los trabajos que los españoles no quieren (cuidados de mayores, servicio doméstico, temporeros agrícolas, albañilería, minería, ejército, pesca e incluso hostelería), en breve tendremos que plantearnos de manera urgente recurrir a jóvenes de otras latitudes para que trabajen aquí y podamos seguir teniendo la calidad de vida que hemos alcanzado.

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