Firmas

saeteros lili

 

Ni que decir tiene que el influjo gitano en la saeta de Marchena, a partir del XX, se notó, como en todos los lugares de la geografía andaluza. Las corrientes de Jerez y de Triana, los cantes de Torre, la Niña de los Peines, El Gloria, Mairena..., se empezarían a escuchar en nuestro pueblo durante todo el siglo pasado, dejando en el olvido o, de algún modo apartadas, a muchas de las saetas autóctonas que se habían cantado a lo largo de varios siglos anteriormente. Allá, por los años cincuenta del XX, aún se podían escuchar algunas de las saetas atávicas que definen la particularidad saetera de Marchena.

 


 

En muchos de los rincones de nuestras calles se podían oír las cuartas, las quintas o las sextas de cualquiera de las hermandades. En la madrugada del Sábado Santo podíamos vernos desbordados por todo tipo de saetas, se intercambiaban saetas flamencas y saetas-salmos a la Virgen de la Soledad, en aquellos años de penuria, de santeros y aguardiente, de poco pan y mucho arte.

 

A partir de los años setenta cambió nuestra forma de vivir, nuestra forma de sentir y fueron llegando cantaores profesionales (Menese, Miguel Vargas, Clavel…) que, junto a diez, veinte saeteros marcheneros, copaban los lugares emblemáticos del recorrido de las cofradías. Las hermandades dejaron en manos del pueblo ese folklor añadido, inmaterial y tan importante para nuestro patrimonio histórico.

 

Tuvo que ser, por iniciativa de gente preocupada, iniciar la recuperación de la saeta marchenera y por ello, la Escuela de Saetas de la Hermandad de la Humildad y Paciencia se embarcó en recuperarlas. Desde entonces, cada año hemos podido ver una nueva hornada de saeteros jóvenes y no tan jóvenes, paisanos y foráneos. Gracias a esa labor de 30 años, hoy, podemos ver durante el recorrido se las cofradías, durante toda la Semana Santa, como se van alternando saetas de todo tipo y los saeteros combinan saetas propias de la hermandad con saetas populares por seguiriyas, martinetes…, al más puro estilo flamenco.

 

saeteros carmen rodriguez

 

saeteros luis fuentes

 

saeteros nazareno

 

Por desgracia, el nombre de algunos, grandes saeteros que debió tener Marchena, ha quedado en el olvido; algunos estudiosos siguen recuperando nombres olvidados en archivos, en actas de hermandades, en actas de reuniones, cabildos…. Esperemos que con el tiempo podamos tener una lista de los más representativos. Sí, tenemos nombres de grandes saeteros como la familia Rueda, “El Poyo”, “Macancho”, Pulido, “El Niño de la Viuda”, Juan “El Caeno”, José “El Lili”, “Aguilaro”, Miguel y Margarita (“Los Nazarenos”), Enrique Cáceres, Alberto Burguillos, por nombrar algunos de los antiguos y Carmen Rodríguez, Luis Fuentes…, entre los nuevos.


No cabe duda, Marchena, ha sido pionera en muchas de las iniciativas, ha dado un vuelco en las formas de representar y exaltar la Semana Santa; fuese por la religiosidad del Ducado de Arcos, por el conservadurismo y fervor de la población, por la cantidad de templos y por ende del gran número de Hermandades y Cofradías.

 

Cabe mencionar aquí, que ya por los años 70, en aquel Club Juvenil, se inició algo que ha repercutido mucho en la Semana Santa no solo de Marchena sino de toda Andalucía; fue la aportación de los jóvenes para sacar, como costaleros, el paso de “La Borriquita” y Virgen de la Palma por falta de presupuesto para pagar a los antiguos “santeros” que tradicionalmente los portaban. Otra aportación, de aquel Club Juvenil, fue convocar el primer Concurso de Saetas de Marchena, hace casi 50 años, cuando parecía que todo estaba cayendo en el olvido. En él participaron algunos jóvenes marcheneros; un concurso del que sería presidente nuestro paisano Pepe Marchena, en una de sus últimas apariciones, acompañado en el jurado por otro gran cantaor, José Navarro “Zacarías”, de Fuentes de Andalucía.

 

Marchena, además, ha tenido siempre grandes saeteros que calladamente, en cada rincón de nuestro pueblo, como herencia familiar, lanzaban sus rezos en forma de canto a “esa” hermandad que era exclusiva en su familia. Porque en Marchena, como en otros tantos pueblos de la extensa Andalucía, las hermandades han funcionado como una especie de gremios (cofradías) en las que los hermanos se agrupaban por afinidades.

 

Así, hace muchos años, se podían ver bien definidos sectores de la población que pertenecían a una determinada hermandades de penitencia; empero, hoy día, parece ser que se han difuminado. Teniendo en cuenta estas premisas, sería muy conveniente, como parte del patrimonio, que cada una de las hermandades, recurriera a sus archivos, a sus actas, a su legajos y a su memoria, con el fin de poder retrotraer la tradición y el camino seguido de sus cantos, la idiosincrasia de sus primigenias saetas, los saeteros que han tenido a lo largo de su historia en sus sedes…

 

Esperemos, igualmente, que la Escuela de Saetas de Marchena siga funcionando por muchos años. Lo que no hay dudas es que Marchena es un pueblo que vive para la Semana Santa. El folclor, la devoción, la religiosidad, la fiesta. Aquí, cada uno se conduce y lo lleva de forma distinta. No se puede negar que a lo largo del año está presente el enorme fervor a sus titulares y la dedicación del marchenero a las cofradías, a las procesiones, a sacar pasos a las calle. En eso, a lo largo de su historia, la saeta ha tenido mucho que decir en Marchena.

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