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EDUARDO TERNERO. Como siempre, en todas las épocas de la humanidad, hay quienes están por negarlo todo. En numerosas ocasiones vemos en la tele a políticos diciendo: “me niego a declarar”. En España, el derecho a guardar silencio por el acusado o a no declarar contra sí mismo en un juicio, es un derecho fundamental reconocido en la Constitución Española a los que se puede acoger cualquier imputado, con independencia de que su silencio puede concurrir en otro delito o corroborar su culpabilidad.


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En la Constitución de los EEUU, el derecho a la no autoincriminación, el amparo a no contestar, el “Acogerse a la quinta enmienda”, tan cacareada en el cine americano, proviene de la Inglaterra del XVII cuando a los puritanos se les obligaba a confesar torturándolos. Por fin lograron imponer una ley en la que se incluía el derecho a la no autoincriminación. Los que lograron escapar y llegar a los Estados Unidos llevaron la idea de hacer una Constitución que en su Declaración de Derechos incluyese este procedimiento. Así, en la Quinta Enmienda, en uno de sus puntos hay una clausula de autoincriminación o autoinculpación, en la que el testigo puede negarse a responder preguntas que podrían incriminarlo.

 

Así que negarse a declarar es una forma de ser negacionista, una palabra tan usada hoy y que sin embargo aún no la reconoce mi ordenador. Pienso que Bill Gates, ante el ataque de los negacionistas y conspiradores que le achacaban a él de ser el creador del virus y el de la vacuna, para aún lucrarse más, se ha negado hasta admitir la nomenclatura negacionista y no la incluye en el vocabulario de sus ordenadores.


La historia de la humanidad está plagada de momentos en los que ha habido negacionistas: ¿Se imaginan la cara que se les quedaría a los que estaban en casa de Caifás cuando al apóstol Pedro le preguntaron si era uno de sus discípulos, si le conocía…, refiriéndose a Jesús de Nazaret, al que habían detenido en el jardín de Getsemaní y Pedro lo negó por tres veces? ¿Podrá olvidar la religión el negacionismo que han mantenido contra la ciencia? Si Galileo (anti-geocentrismo) y Darwin (evolución de las especies) levantasen la cabeza y viesen la velocidad que ha tomado la ciencia y el anquilosamiento de la religión. ¿Qué pensarán muchos sobre Peter Higgs (el del bosón y la formación del universo o la partícula de Dios)? ¿Seguirán negando la capacidad de la ciencia?


Pero lo más grave que está ocurriendo con esto del negacionismo es que muchos de los dirigentes, sobre todo de la ultraderecha, se nieguen a admitir los dos grandes problemas globales que afectan a la humanidad a día de hoy: el cambio climático y el Covid 19 o las pandemias que se avecinan. Esperemos que la conciencia ciudadana les haga cambiar de parecer. Muchos de ellos, que lo han sufrido, parece que han cambiado de parecer, no es el camino, pero como dice el refrán: “a palos entiende el burro”.


Todos recordamos la actitud del que fuera presidente Trump ante el cambio climático, que incluso hizo bromas, usó términos despectivos hacia el problema de calentamiento global y EEUU se excluyó del Acuerdo de París donde se dirimen los asuntos para evitar los efectos del cambio climático. También, Trump, negó en un principio la existencia del Covid, hasta que fue ingresado afectado por coronavirus. Bolsonaro, el presidente de Brasil, renegó de la mascarilla estando infestado y también ha negado el cambio climático, negándose a cumplir los acuerdos para poder mitigarlo, aduciendo que es un complot marxista y no está teniendo reparo en permitir todo tipo de atropellos en el Amazonas para beneficio económico destruyendo el principal pulmón de la Tierra.


Thierry Baudet fundador, exlíder y negacionista del partido ultraderechista austríaco ha   calificado el problema del calentamiento global a una especie de “brujería” para argumentar el gasto público. Mientras, Marine Le Pen, dirigente del ultraderechismo francés, negacionista hace no poco tiempo, parece ser que lo admite pero con argumentos xenófobos para evitar la globalización y sobre todo la entrada de emigrantes en Francia. “El cierre de fronteras es el mejor argumento para salvar al planeta”, ha dicho, y se ha quedado tan pancha… y sus seguidores la aplauden.


Boris Johnson se aplica mejor el refrán que ninguno. Cuando era alcalde de Londres desmentía a boca llena el cambio climático, desde que es Primer Ministro Británico ha cambiado su discurso. Al igual que con el Covid, desde que lo sufrió parece ser que no es tan negacionista del virus; aunque últimamente se ha relajado y parece ser que Gran Bretaña está cometiendo fallos garrafales de permisividad y se ha expandido el virus masivamente.


El líder de Vox, Santiago Abascal “desconfía” de esa lucha contra el cambio climático y de la obligatoriedad de vacunarse contra el Covid. Lo asocia al recorte de libertades: “Con la excusa del cambio climático, lo que están haciendo es restarnos libertad y al final decirnos qué tenemos que comer, que tenemos que tener menos hijos porque el mundo está superpoblado, que no tenemos que coger el coche…”, Tampoco ha expresado su afirmación o negación hacia la vacuna.


Les recomiendo leer el libro de José Ángel González Sainz “La vida pequeña” que trata, entre otras cuestiones filosóficas, de cómo volverse antagonista o negacionista; como decir no a todo lo que venga de ese otro que es de un partido diferente al mío… Así que viendo lo visto, la mayoría de las veces me niego a negar.

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