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EDUARDO TERNERO. LA VOZ FLAMENCA. Uno de los cantaores más antiguos, del que conocía muy poco de su vida es “el Planeta”. Lo nombra el escritor Estébanez Calderón en sus “Escenas Andaluzas”: “…era un cantaor que se acompañaba él mismo a la guitarra, que había participado en una juerga gitana en Triana junto al “Fillo” y cantó un romance del Conde Sol”. Nos comenta el escritor que la música con que se cantan y tocan estos romances (una vihuela y dos bandolines) tiene un sabor morisco todavía. A partir de ahí todo han sido conjeturas y especulaciones, dichos y leyendas sin verificar. Foto: “El Planeta”, Fiesta en Triana (siglo XVIII).

 


 

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Es más, del “Planeta”, no se sabía ni su nombre. Gracias al flamencólogo, crítico e investigador arahelense, Manuel Bohórquez, que ha esclarecido y desempolvado antiguos legajos, que ha indagado en archivos y parroquias por media Andalucía, se ha llegado a su identificación y a constatar la verdadera historia de este cantaor mítico, considerándose como uno de los primeros conocidos de la historia.


Tras conseguir poner en claro algunos aspectos de su vida y la de otros precursores del flamenco de la época, se ha podido conocer parte de la proto-historia de nuestro pasado flamenco, de aquellos aconteceres oscuros que precedieron a la aparición (finales del XVIII, inicios del XIX) de una forma de expresar los sentimientos, mediante la música y sobre todo la voz y el baile, que ha llegado hasta nosotros. Todo ello sin que mediasen partituras, sin prácticamente reminiscencias escritas, soportes de grabaciones, etc. sino que ha sido la memoria del pueblo, sobre todo del pueblo gitano quien ha sabido conservar la esencia de esta inédita y maravillosa forma de expresar el arte.


Tras las investigaciones de algunos estudiosos, como Bohórquez, Blas Vega, Félix Grande, González Climent, Caballero Bonald, Fernando Quiñones… se han podido confirmar no solo muchos aspectos de la vida del “Planeta” y la de otros intérpretes, de la circunstancias que rodearon la aparición de los palos y estilos de este arte sino que hemos podido conocer sus aspectos vitales, sus costumbres, etc.


Verifica el crítico que, “El Planeta”, se llamaba Antonio Monge Rivero, nacido en Cádiz hacia 1789; era hijo de Gregorio Monge y de Francisca Rivero, que también eran naturales de Cádiz. “El Planeta” se casó, siendo muy joven, con la también gaditana María Vara Gallardo, en plena guerra con el francés (1808), con la que tuvo al menos siete hijos, entre 1810 y 1834: Antonia, Tomasa, Francisco, Dolores, María Dolores, María Magdalena  y Tomás. Según referencias, puede que tuviera algunos más y murieran o no constan en los archivos. Se sabe que vivió en Cádiz durante un tiempo, tal vez después en Triana y más tarde en Málaga, donde se asentó gran parte de su vida.


Se argumenta que el apodo “El Planeta” se le pondría por la alusión que el cantaor hacía en sus letras a los astros. También se ha dicho que “El Planeta” cantó romances, polos y cañas y tal vez primigenias soleares pero seguramente son elucubraciones. Otras leyendas dicen que, posiblemente, fuese hijo de “Tío Gregorio”, aquel mítico cantaor gaditano, que cantó en una fiesta campera y del que hablaba José Cadalso en sus “Cartas Marruecas” allá por el XVIII, “…Tío Gregorio era el propiciador de la fiesta, el oficiante mayor, el que organizaba para los ‘señores’ aquella ‘juerga flamenca’…” Entendemos que Tío Gregorio era un patriarca gitano, encargado de buscar a los artistas (bailadoras, cantantes, músicos…) para amenizar todo el evento, al igual que se encargaba de los licores y las viandas.


Antonio “El Planeta”, siguiendo la tradición familiar, tuvo la profesión de carnicero, cortador o tablajero, como dicen en Cádiz. Algo más tarde se desplazaría a Málaga donde el negocio le fue bien ya que aparece en los archivos con alto nivel económico; prueba de ello es que, durante años, tuvo como empleados a gente de su familia y varias criadas, por tanto el negocio era suyo y le reportaría un buen nivel de vida; algo impensable para un gitano a inicios del XIX, recientemente terminada la Guerra de la Independencia. Tanto sería su nivel económico y social que aparece en los archivos con el tratamiento de Don por parte de los escribanos.


“El Planeta” debió alejarse del cuchillo y la tabla y dejaría el negocio en manos de sus hijos y su señora para dedicarse al trato de la carne, visitar “primos” y cantar donde se le requería. No es extraño encontrarle viviendo temporalmente en Triana o en Madrid, pasar por Cádiz….


Así, cuando Estébanez Calderón le visualiza en una fiesta de la calle Castilla de Triana, seguramente se habría desplazado y, aprovechando los negocios familiares, entroncar con otros cantaores y así moverse por todo el territorio. Cuentan las crónicas que al Madrid de 1853 llegó acompañado de María “La Borrica”, la hermana de “El Viejo de la Isla” para cantar seguramente en algún café-cantante de la época. Entiendan que por esas fechas era ya un hombre bastante mayor.


Lo que sí está claro es que tuvo que ser un cantaor famoso en su tiempo, por el nombre y las connotaciones de tantos historiadores hacia su persona. Sabemos que de él bebieron, con toda seguridad, los cantaores de la siguiente generación: “El Fillo”, Quintana, Frasco “El Colorao”, “Paquirri” de Cádiz, Silverio, el Nitri, etc., al igual que su tataranieto Manolo Caracol, quien traería en la memoria y en la sangre la primigenia savia del “Planeta”.


Antonio Monge Rivero, “El Planeta”, falleció en su domicilio malagueño en 1856, a consecuencia de una congestión cerebral, cuando tenía 66 años. En los archivos consta que el cantaor, de oficio vendedor, fue enterrado en Málaga, supuestamente en el cementerio de San Miguel.

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