Semana Santa 2023

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Las mujeres de manto y saya formaron parte del cortejo procesional de Nuestra Señora y Madre de la Soledad hasta 1956, pero, tras ir menguando, no se vieron a estas mujeres durante treinta y siete años. Ya en 1993, seis mujeres, de las que aún permanece Chari Márquez, rescataron la tradición, amén de otras casi toda una vida de manto y saya como Maribel Guisado. De ahí, formando toda una familia, llevan treinta años ininterrumpidamente detrás de la Virgen en el Sábado Santo, y los que les quedan, pues el cuerpo de manto y saya está formado por veinticuatro mujeres en la actualidad. Se concentran en ellas sentimientos entrañables en torno a la Soledad, que rompen en emociones a flor de piel desde que se preparan en el coro de Santa María hasta que reciben arrodilladas al Santo Entierro a su regreso al templo. 

 


 

 

"Encarni, Desiré, Carmina (actual Rectora), Bienvenida, María del Mar", cita Chari Márquez, también perteneciente a ese grupo de seis personas que volvieron a recuperar las mujeres de manto y saya para la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, el Santo Entierro de Cristo y el Triunfo de la Santa Cruz.

 

El traje, explica Chari, se tomó de una persona que lo conservaba, Francisca Barranco, esposa de Andrés 'el de la luz', Andrés Sánchez Luque, ex Rector de la Hermandad de la Soledad, por lo que fue fundamental para tomar constancia de indumentaria, formación y pormenores de cómo desfilaban, ya que Francisca había sido mujer de manto y saya décadas atrás. Por cierto, Andrés Sánchez Luque, fue Primer Llamador de Plata a título póstumo en la tertulia cofrade El Llamador, con Paco Rodríguez, otro cernicalero de pro, al frente.

 

La falda negra y manto negro en combinación con camisa blanca, es la imagen que desde hace ya tres décadas, se ha convertido en emblema del tramo de la Virgen en la procesión, acompañado del característico gesto orante de manos entrelazadas, similar al de Nuestra Señora y Madre.

 

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Chari Márquez afirma que con este traje se casaban antiguamente las mujeres en los siglos XVIII y XIX y que tiene importantes reminiscencias en el arte como la escultura de Coullaut Valera de mujeres saliendo de misa.

 

Antiguamente, el privilegio de acompañar a la Virgen estaba reservado para las mujeres de la nobleza, en épocas en las que las mujeres no podían salir a la calle con el rostro destapado y donde según rasgos sociales había diferentes modalidades de traje para las labores cotidianas de la mujer.

 

Otras de las veteranas son Pepi, que entró a formar parte del cuerpo de manto y saya en 1994, y Maribel, en 1995. Recuerda Chari, la decana, media vida de manto y saya, que una de las sensaciones más gratificantes para quienes llevan más tiempo es ver cómo empiezan muy jóvenes muchas de las ya mujeres, caso de Cristina, que lo hizo con 14 años, o también Rosa Vázquez, la pregonera, en su día. 

 

La tradición en este caso continúa de madre a hija, de manera que Azahara Romero Márquez desfila también en este cuerpo de manto y saya, además de la sobrina de Chari, que el año pasado recuerda como uno de sus grandes momentos la fotografía que junto a su hija y nieta de manto y saya se hicieron antes de la procesión.

 

En el coro, donde se preparan para la salida, expresa Chari que "la experiencia es todo, la cosa de ir pegada a Ella, la levantá que los costaleros nos dedican cuando nos retiramos (a poco ya del final de la procesión), o cuando, como hacemos desde hace unos años, recibimos al Señor a su entrada", donde se hincan de rodilla en otra tradición que se quiere revitalizar, ya que era común, y aún lo hemos visto esporádicamente este Sábado Santo, que el público hiciera genuflexión cuando pasa el paso del Santo Entierro.

 

"Es un sueño cumplido ver a tantas mujeres de manto y saya, cuando solo empezamos seis, ver a mujeres crecer, que se han casado y tienen hijos y empezaron muy jóvenes".

 

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Maribel, una de las almas grandes de este cuerpo de manto y saya, que ayuda a toda la que se incorpora con un cariño descomunal, como si fueran nuevas hijas o hermanas  a las que acoger, expresa su "devoción" a la Soledad, una Virgen que le enseñaron a quererla, por lo que se ha encargado de difundir la tradición, como cuando hizo el primer traje para niñas de manto y saya en una procesión escolar, la de Santa Isabel, hace ya 19 años. Lucía Lachica, fue la primera niña que entonces se lo puso. Lucía es a su vez prima de Inma Duarte, otra de las mujeres de manto y saya. La madre de Inma; Mari Lachica, expresa que ir vestidas de manto y saya "es un sentimiento interior que no se puede explicar" y rescata momentos de ensueño como el paso lento de la Soledad a golpe de marchas de dulces sones en las revirás de los Juzgados, declaraciones que, innegablemente, fueron preludio de ese 'Hosssana in excelsis' que en ese punto interpretó el pasado Sábado Santo la fenomenal banda de la Cruz Roja: "A mi nuera la tengo que enganchar como sea", añade Mari.

 

Las mujeres de manto y saya, como cualquier otro cuerpo (costaleros, músicos, centurias..) hacen encuentros previos a la Semana Santa, reuniones donde se definen todos los pequeños detalles y meriendas de confraternización que han hecho de ellas una auténtica familia, así como contribuir a variadas labores de la Hermandad, desde limpiar pasos, poner faldones...

 

Hay tres caras nuevas en este Sábado Santo de 2023; María romana, Mari Cruz Arispón y Antonia Rodríguez Talaverón. María relata que ha venido de la mano de su suegra y confía, como ya le adelantan, en que se lleve de este día "un sentimiento y una experiencia muy bonita", que como recalcan las demás, las deja ya atrapadas por muchos años para repetir de manto y saya, mientras que Mari Cruz declara que "siempre las veo (a las mujeres de manto y saya) y tenía ilusión de ir detrás de la Virgen, creo que me va a gustar". Para Antonia, fueron decisivas las emociones que le despertó el acto del Descendimiento que organiza la Hermandad, en el sentir profundo de unas mujeres que, acompañan a la Virgen, pero rezan también por el Señor y su muerte.

 

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Inma Muñoz López cumple diez años de manto y saya. Hermana de Nuestro Padre Jesús Nazareno, lo que le viene de familia, se despertó su pasión por la Virgen de la Soledad "y desde que tuve la oportunidad de probar, me gustó. El corazón se te pone encogido desde que sale hasta que entra (la Soledad)", expresa, recordando a los marcheneros y marcheneras que "es compatible ser carnavalera y cofrade", y, desde luego, vivir intensamente ambas facetas como ella lo hace, declara junto a Sara, catorce años de manto y saya y todo entrega hacia sus compañeras en los últimos preparativos.

 

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Santa María de la Mota, ya a escasos minutos del comienzo de la procesión, es un intenso revuelo que sabe hacerse silencio desde cuando se ordena a través de megafonía. En el exterior, quedan costaleros como Guillem López Pons, que con el afecto que le caracteriza ayuda al último retoque a su prima de Barcelona, Jessica León, que nacida en Cataluña no pierde el vínculo con la Hermandad ni con la tierra andaluza de sus abuelos y es una de las mujeres de mantilla fijas tras el Santo Entierro de Cristo. La familia es cernicalera por los cuatro costados, y otorga cinco niños penitentes a la procesión; Arnau, Quico, Alba, Berta y Bruno, amén de otro costalero más como Jaime, primo de Guillem. 

 

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En el coro, unas mujeres de manto y saya miran a otras, resuelven dudas, cogen sus ramos de flores que harán de ofrenda a las sagradas imágenes, y miran fijamente desde las rejillas de la ventana, desde lo alto, ese espectáculo de colorido y emociones que es el transitar de gente en torno a los tres pasos.

 

En cuarenta y cinco minutos su Virgen de la Soledad estará en las calles y ellas la acompañarán con sus lágrimas inevitables, con sus manos orantes y con miradas con las que le siguen declarando su amor hasta el final de sus vidas.

 

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