Semana Santa 2015

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La fe en Jesús es inusitadamente inagotable en Marchena. A las seis de la mañana se han abierto las puertas de San Miguel para que una cantidad de personas que en los últimos años no se recuerda, haya acompañado el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno de forma continua y sin abandonarlo en un Viernes Santo que el pueblo ha hecho más grande aún, si cabe.


El eco del cerrojo de San Miguel, con su doble efecto de producir silencio tanto dentro como fuera del templo, marca la hora más idiosincrática de nuestra Semana Santa.

Los nudos en la garganta y las lágrimas a punto de romper se encogen en el alma de los marcheneros y marcheneras, multitud impresionante en la plazuela de la iglesia, en calle San Miguel, en Plaza Alvarado, en Rojas Marcos, en calle San Francisco.

En todos los rincones impera la fe en el Señor de Marchena, que con su cruz a cuestas y aún con la luna resplandeciente, ha salido a las calles de nuestro pueblo a realizar Estación de Penitencia.

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El sonido de los primeros aplausos dispara los latidos y la torre de San Miguel es testigo de la primera saeta, de Miguel Nazareno, la del carpintero que cortó una cruz pesada y fuerte, que al Calvario la llevó aquel cordero inocente, cantando también durante el trayecto la de los tambores se destemplaron a la voz de un pregonero, el sol sale con eclipse cuando expiró el Nazareno. Entre más encogido de emoción es el gesto de Miguel Nazareno (la voz de bronce como la define el presidente de la Escuela de Saetas, Roberto Narváez), más se extiende, imponente en el silencio de la noche, el inconfundible eco de su voz.

Se escucharían cerca de una veintena de saetas de la salida hasta Plaza Alvarado inclusive, en el discurrir de la muy nazarena calle San Miguel, donde la oscuridad y el misterio presiden el ambiente de la salida procesional, con sones de musica de capilla y más aplausos para San Juan Evangelista y María Santísima de las Lágrimas, al fondo. La Virgen también es fuente de inspiración saetera y recibe los piropos cantados del pueblo.

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Saeteros ilustres como Luis Fuentes e hija, José Carmona, que expresa con su voz añeja y poderosa la carga de la cruz y la 'pacencia' que así se dice en la saeta marchenera, transmiten su sentir, así como numerosas personas anónimas que se han desgañitado compartiendo su dolor y sufrimiento, su angustia y sus penas, o también dando consuelo a Jesús. No se puede dejar atrás la recitación poética de Manuel Herrera, que arranca los olés más sentidos por el coraje con el que emplea la palabra, saliéndosele el corazón por la boca.

Y prosigue Nuestro Padre Jesús Nazareno por una calle San Miguel donde se vislumbran en el horizonte de candelabros a San Juan Evangelista y María Santísima de las Lágrimas.

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Tras el Prendimiento, tímidamente y muy poco a poco se va haciendo la luz, y en contra de lo que en ocasiones sucede, que el grupo pasa a ser menos nutrido, pasa todo lo contrario, se amplía.

Podemos decir que más de un millar de personas desde la salida hasta el Mandato han acompañado a Jesús, además de las congregadas al inicio en la plazuela.

Bullicio concentrado en el que manos de madres e hijas, nietas y abuelas, tías y sobrinas, mujeres y mujeres, se entrelazan o se apoyan en los hombros las unas de las otras. Son las mujeres de promesa, que bien saben de sufrimientos y de pesares y que miran al Nazareno desde atrás, auténticamente fieles.

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Mirar a Jesús duele, emociona, revive o causa una profundidad de sensaciones tan difíciles de explicar como que sería interminable. Lágrimas continuas o momentáneas de personas de todas las edades acompañan el recorrido. 

Los tres pasos se observan con claridad ya por el Arco de la Rosa, donde los característicos claveles rosas de la Virgen de las Lágrimas comienzan a apreciarse.

Lejos de abandonar, la multitud sigue concentrada ocupando ancho de calles y aceras tras los nazarenos que desde primera hora con sus velas rojas han hecho estación de penitencia.

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El Ayuntamiento es un hervidero, y continúa incorporándose más gente, que observa igualmente la coqueta revirá de la calle San Francisco que realza la figura de San Juan Evangelista, con sus jóvenes al costal e igualmente a pie en representación de la cantera de la hermandad.

Jesús sigue recibiendo por calle San Francisco a las 8:30 horas el calor de la gente, el calor del Pueblo de Marchena y camina hacia la Plaza Ducal sin que se agoten los calificativos para la capacidad de convocatoria que genera en una riada humana de marcheneros y marcheneras anhelantes de su espíritu y de su mirada para encontrar razones difíciles de buscar, descubriendo en ella un consuelo y fortaleza que se transmiten de generación en generación.

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Nuestro Padre Jesús Nazareno, el que todo lo que mueve en el corazón de Marchena, ha transitado un Viernes Santo más, con su poderío místico incalculable, por un pueblo del que a la vez, es su alma, un alma que nace a las seis de la mañana en San Miguel.

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