Semana Santa 2015

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El pregonero de la Semana Santa de Marchena, Ignacio Sánchez Morillas, proclamó un Pregón guiado por el ejemplo de sacrificio en vida de Cristo y a través de los conceptos cristianos fue hilvanando su discurso con entrañables recuerdos a personas de nuestra Semana Santa, algunas de ellas más anónimas, otras más conocidas. El momento culmen de emoción fue casi al final cuando afloraron los sentimientos al describir la procesión de Jesús, especialmente a esa hora de su salida, pues el pueblo “ve en Ti el principio o el fin de un año que comienza o que termina, porque eres la genuina referencia y la auténtica alma del alma que es nuestra Semana Santa. También volcó gran cariño hacia la Centuria Romana de Nuestro Padre Jesús, la recogida de la Soledad (el afecto hacia las Vírgenes fue otra de las notas denominadoras comunes), el patrimonio inmaterial de la saeta marchenera o el profundo misticismo de los Cristos marcheneros, invocando eso sí a la ilusión del Domingo de Ramos y el alma de niño como la del Dulce Nombre de Jesús, para vivir una nueva Semana Santa. Sus referencias a dejar la Semana Santa de Marchena “tal cual es” o animar a las hermandades a acoger a los jóvenes y a éstos a actuar con responsabilidad,  formaron parte de este Pregón en el que Sánchez Morillas no dejó pasar por alto el tema de las “pseudoprocesiones” que se organizan en los colegios, defendiendo los valores de una educación cristiana y cofrade.


El Pregón se celebró en la Iglesia de San Sebastián el pasado domingo, día coincidente con Elecciones Autonómicas y en el que comienza la definitiva cuenta atrás para nuestra Semana Santa. Todo ello, en un altar presidido por el patrón San Sebastián y con las imágenes del Dulce Nombre de Jesús y María Santísima de la Piedad en sus pasos, además de los estandartes de las hermandades marcheneras y la presencia del párroco Antonio Ramírez Palacios, además del de San Juan, José Tomás Montes Álvarez, presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Villa, Juan Manuel Vicente y miembros del mismo, alcalde de Marchena, Juan Antonio Zambrano y concejales de la corporación municipal, así como unas 300 personas.

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Juan Rafael Lora, tras los sones de la marcha Lágrimas de San Miguel, fue el presentador del Pregonero, y animó a los presentes a no apartarse de la fe en Dios a pesar de las adversidades de la vida, señalando sobre Ignacio Sánchez Morillas que es hijo de Manuel y Jesús María y hermano de Jesús María, Manuela y Antonio, quien “hoy lo estará viendo gozoso en un palco privilegiado en el cielo”. Aunque sus padres tuvieron que emigrar a Sevilla, siempre ha permanecido muy vinculado y con activa presencia en Marchena y es delineante actualmente en Gelves, siendo esposo de María Reyes y padre de Blanca y María Reyes, además de más de 30 años hermano de Jesús, tradición que le viene de la devoción familiar, también por parte de su tío Pepe Morillas y Antonia, destacando la faceta organizadora del pregonero, incluida en la Virgen de los Remedios o Junta de Gobierno durante dos mandatos de Juan José Fernández Segovia en Jesús, además de haber sido capataz de Nuestro Padre Jesús Nazareno y costalero, entre otros pasos, de San Juan Evangelista, Nuestro Padre Jesús de la Paz, la Virgen de los Dolores, Nuestra Señora del Rosario, Virgen de los Desamparados y Corpus: “Ideas, ilusión, ganas, vivir en fraternidad…” fueron algunas de las características señaladas por Juan Rafael Lora, que entre exclamaciones a los bizcochos, aguardientes e inciensos como elementos ambientales y singulares, animó a todos a soñar escuchando el Pregón de Ignacio Sánchez Morillas, quien entraría en escena con la marcha Amargura y le devolvería los halagos, destacando la “amistad sincera” que siempre le ha brindado a base de diálogo y honestidad su presentador.

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“Decidisteis que vuestros hijos, los que de un modo u otro nacieron y se criaron en la diáspora, sintieran en marchenero, vivieran en marchenero aunque fuese a sesenta kilómetros de distancia”, señaló en homenaje a sus padres y con un recuerdo inicial sentido a los que ya no están: “Tres de los que allí arribábamos ya están contigo. Te los quisiste llevar, primero a ella y al poco tiempo a él, para, con el paso del tiempo al cabo de 21 años, hacer llegar al ojito derecho de ambos para que no se sintieran tan solos en tu Casa, dejando un vacío imposible de llenar”.

Y con esos recuerdos de visitas semanales a Misa de San Miguel, el cariño de su madre por el párroco Javier, los viajes de cada domingo a Marchena, “faro de nuestras vidas”, y las túnicas que permanecían en casa,  el pregonero inició su abordaje en una extensa geografía humana de personas que quiso mencionar en un sinfín de formas de ver y entender la Semana Santa, y siempre profundizando en las raíces por las cuales se suele transmitir de generación en generación, con el famoso “tercer apellido”, que cada marchenero pronunciar para decir “soy de la hermandad” correspondiente y aclarando que “el cofrade marchenero es mucho más que el simpático capillita o el inútil capirotero”.

Entretanto, dedicó el Pregón a todos los marcheneros, con especial chicotá para los que están en el extranjero: “a los mejores hijos de nuestra tierra, jóvenes sobresalientemente preparados, que de manera incomprensible han tenido que abandonar sus hogares por mor de un desastroso sistema que os prepara para el futuro laboral y luego os abandona a vuestra suerte”.

Continuando con el Pregón, la prudencia y el buen hacer de los hermanos de San Isidro (especial mención para Isidro Vega y Ramón Segovia) y del Rocío son el reflejo que tenéis que contemplar”, manifestaría el Pregonero a los miembros de la Asociación Parroquial Nuestro Padre Jesús de la Salud y Madre de Dios de la Merced, a los que animó a no desfallecer en su labor de seguir creciendo: “Demandad la ayuda que necesitéis al resto de las Hermandades de Marchena, que de buen cristiano es ayudar al que lo necesita, y no quedéis al pairo de la inconstancia de lo propio. Dejaros auxiliar, escuchad lo que os aconsejan y recibid lo que os ofrecen”.

Mencionando parajes bíblicos que representa el Cautivo señaló que “Jesús en el huerto es vendido, por treinta monedas de plata precio de la traición de un amigo. Se cumplió la profecía, estás solo y desguarnecido. En un huerto de Madre de Dios, como si fuera un malhechor, Jesús Cautivo es prendido.

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“Javi, marca cuando quieras, que el banderín ya esta alzado, y que los sones de tu Agrupación resuenen por todos los rincones de este pueblo…”, dijo en memoria de Javier Martín, quien fuera componente de la Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús, a la que admira además de la “debilidad” que profesó por la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Carmen:  “Pobre corazón el de tu banda que desarma sones y sentimientos. La corneta suena como un lamento y el raun de tu tambor se desgrana…”, añadió en la memoria de este músico y en homenaje a una Agrupación que ha cumplido 35 años, de la que admira su singular forma de interpretar como nadie la marcha ‘Alma de Dios’, “porque cada vez que la trompeta suena marcando este himno de mi nostalgia hacen saltar los resortes del recuerdo de la niñez, perdida en un bosque de primaveras pasadas y siempre mejores, en los que las hojas de los árboles sueñan sonar como pífanos y xilófonos con el roce del viento. Y como siempre ahí os veré, en cualquier esquina, esperando que me hagáis sentir de nuevo niño en la dulce caricia de vuestras notas. Gracias Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús, madre y maestra de la música procesional de Marchena, por estos treinta y cinco años de Dulzura y Piedad”, exclamó, no sin recordar la emoción de presenciar la grabación del primer disco, especialmente, y nombres como los Ochavo, Martín, Martel, Olmedo…o al incombustible Macho, 35 años como músico en la Agrupación.

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“El agasajo es casi siempre la antesala del reproche”, manifestó señalando el contraste de conceptos que se produce en nuestra Semana Santa y la equiparación de la transmisión de paz de lo que supone el Domingo de Ramos, con el nazareno blanco que junto al Papa Francisco vio por televisión en una jornada de recogidas de papeletas de sitios. Domingo de Ramos en el que el destino mortal de Cristo es antecedido por una jubilosa representación de la Entrada Triunfal en Jerusalén en Marchena con la procesión de la Hermandad de la ‘Borriquita’, de la que como no podía ser de otra manera, destacó esas raíces de “devoción costalera” surgidas en 1974 con la primera cuadrilla de Marchena: “Dios no se cansa nunca de perdonar, porque somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su infinita misericordia” diría sobre los designios del Señor reflejando el embriagante paisaje de primavera propio del Domingo de Ramos: “Es tu poderosa canastilla la que navega por un mar de gentío emplazado en la plaza Alvarado que es esta Jerusalén marchenera que añora ser niña que juega encima de tus andas a extender su manto a tu paso, escondiendo tras la palmera celosamente el amor que siente hacia Ti, guardando en lo más profundo de su alma esa mezcla de colores que conforman el cielo, el paisanaje y tu mirada, todo ello aglutinado por la ansiada luz del Domingo de Ramos”.

Ternura en sumo grado expresaría Ignacio Sánchez Morillas refiriéndose a la Virgen de la Palma: “…Y una rosa en tus mejillas que no sirva de quebranto, y una saya en tus hechuras, y una amapola en tus labios, y una Paz que hoy es tu vida, sirva un punto de partida a un amor que dure años. Adiós, madre mercedaria, blanca rosa marchenera. Tierna madre y fedataria de un credo que es mi bandera”.

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A través de la calle Sevilla, la Centuria Romana de Jesús es como “un río que baja a la velocidad que imprime su banda de cornetas y tambores, de cigarreras maneras, con el raun de su nítida batería y la fuerza inapelable de sus metales.

Enrique Estepa, y al mando de Manuel “el Cristo”, su capitán, y los senadores Pepe Arena y Manolo Rueda, fueron algunos de los integrantes nombrados por el Pregonero, que destacó el garbo de la Centuria en su caminar y las visitas semanales para mostrar amor devoto a Jesús semanalmente…”cien hombres altaneros caen del caballo como lo hizo San Pablo y, rodilla en tierra y cabeza inclinada al paso del Nazareno, dan por perdida la batalla de todo un año de sinsabores y fracasos y se reconocen perdedores ante su devoción a Nuestro Padre Jesús, el que todo lo gana, ofreciendo por ello el sacrificio de volver a nadar a contracorriente por el río de su Estación de Penitencia…siente como tiembla el suelo, cuando pasa la Centuria nazarena, al son que el tambor les marca. Pues sus pasos no son más que devotas oraciones. Oraciones que al recordar se meten como puñales y hacen vibrar tu alma. Ya que ves en ese espejo, espejo de sus corazas, como un año más has vuelto al Pasaje de tu infancia, esquina calle San Pedro cuando eras chico y te llevaba de la mano el que no está, y enardecen tus entrañas…siente como tiembla el suelo, cuando pasa mi Centuria nazarena, al son que el tambor les marca”.

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Continuó el recorrido el pregonero abordando en Santa Clara, allá donde se puede presenciar la imagen de “melancolía…inconmensurable sensación de tristeza del Señor de la Humildad”, esperando sentado en la fría piedra su cruel destino, e imagen que explicó que le llega en momentos relacionados con la enfermedad, donde en el Señor de la Humildad encuentra “las virtudes de la resignación y consuelo y fortaleza ante los padecimientos”, de modo que nos debe animar a ofrecer “una mano digna” a los enfermos y a ayudarles derrochando la alegría similar a la que sienten los hermanos de esta hermandad cada Miércoles Santo yendo hacia Santa Clara.

David Romero, capataz de la Virgen de los Dolores, de la que el pregonero fue costalero, se llevó los piropos de éste: “El capataz con el corazón más grande, que transmite la devoción que siente a todo el que la toca”, y que ha conformado un grupo “al servicio de la hermandad”, haciéndolos “siervos de los Dolores”, esa Virgen que parece mirar implorando Piedad y que pase cuanto antes el sufrimiento del Señor, y que “…nos ayuda a crecer humanamente en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad y a tender a subir cada vez más hacia lo alto, a un cielo que es para nosotros su palio, y la gloria se convierte en el santo emblema de su nombre rodeado de doce estrellas”.

Ignacio Sánchez Morillas fue costalero del paso de San Juan y recordó las tomas de contacto con José Juan para que contara con él para el Viernes Santo por la mañana, “hasta la plaza Ducal, que luego tenía que salir de nazareno”, así como a amigos que lo acompañaron bajo el paso como Navarro, David,  Regino, con los que compartió largas noches de ensayo “con un viejo radio cassette en el que sonaba Santa María Magdalena de Arahal, aún a sabiendas de que el Viernes Santo nos escoltaría al paso el más absoluto silencio, ir a los ensayos de la primera banda que lo acompañó, la banda chica de la Palma… Todo ello tratado con el típico batiburrillo y esa manera de echarse palante que acompaña a la alocada y siempre echada de menos manera de ser de los jóvenes”.

Precisamente a los jóvenes, a los que dijo sentirse muy cercano, exhortó que “estáis en la mejor posición para amar a nuestra Semana Santa. Tenéis que honrarla como lo que es. No pretendáis que se parezca a otras, es única y sois los herederos de esta tradición ancestral puesta al servicio de Dios”.

Posteriormente, expresaría abiertamente su posición sobre Religión y Educación: “En una época en la que se quitan los crucifijos de las paredes de las aulas y equivocadamente se fomenta en esas mismas escuelas la celebración de pseudoprocesiones infantiles con el fin de fomentar no sé qué conmemoración cultural, sois vosotros los primeros que debéis encabezar la férrea defensa de vuestra fe a pie de pupitre ¿De qué sirve el retablo de una imagen en un colegio cuando no se quiere dar explicación a su significado? Dad rienda suelta a vuestras incipientes creencias y jamás negad lo que sois y lo que pronto heredaréis”.

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Bajo el trasfondo de las imágenes de la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús y de María Santísima de la Piedad, jugó con su imaginación, al servicio siempre de sus sentimientos por ambas imágenes:”…María de la Piedad alza al pecho su mano derecha como queriendo arrancar su corazón y dárselo al Dulce Nombre….Piedad es luz de vida que proclama un cirio encendido en su poblada candelería que ilumina la vida del nuevo nacido que es el transplantado. Y es nuestra aspiración a tener piedad, esto es, a ser piadoso con el hermano, la de asegurar que exista un mayor número de órganos reutilizables una vez que hayamos pasado a la presencia del Dulce Nombre de Jesús. Porque ha sido que alguien, anónimamente y con el sublime deber de darse al prójimo en la última consecuencia, el que me ha dado la oportunidad de volver a disfrutar de la presencia de mi amigo Ricardo, felizmente entre nosotros”, culminó haciendo así referencia a la labor del Grupo de Trasplantados.

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Ineludible paso por la infancia para Ignacio Sánchez Morillas al referirse al Dulce Nombre: “Vela por los niños de este tu pueblo que cada tarde de Jueves Santo quieren ser como Tú y jugar a lo que juegas, como aquellos que compartían tu recreo en la plazuela de San Sebastián bailando el trompo a Tu alrededor mientras les bendecías…El Padre te concedió el nombre sobre todo nombre para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doblase en el cielo, la tierra y los abismos. Y nos concediste el don de unir a tu santo emblema el del hombre, porque así lo quiso Dios el día en que Gabriel se apareció a María. Yehosua hecho carne para la salvación de todos. Jesús Hombre Salvador. Así reza en las capas de la hermandad de los eternos niños de Marchena. Si aprendemos de tu doctrina, de lo que enseñas, sin duda que nuestra carga será más liviana”.

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Y en medio de la devoción y de la fe, apareció Manuel Rueda Ayora, el Lolo de Marchena, del que desgranó las magníficas anécdotas que rodearon a su presencia como aguaor del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno, del que fue primero auxiliar del paso a las órdenes de Manuel Eugenio Medina, redimiéndose así de no poder ser costalero debido a una afección ocular.

Por tanto, después de su preocupación por la condición física del costalero a pesar de que no se imaginaba estirando a veteranos como Julián, Juani o el recordado Dioni, Antonio Arispón…, se encaminó al campo de la hidratación con el fin de restituir adecuadamente la sed de los costaleros. Para tal fin, en el bar Zerapio y a condición de cantar la última saeta a Nuestro Padre Jesús Nazareno, Manuel Rueda Ayora, Lolo de Marchena, accedió entusiasmado a la propuesta, a pesar de lo cual no se presentaría a las seis de la mañana, divisándolo ya al final de la calle Carreras casi al mediodía y teniendo que llenar el búcaro de urgencia en una casa particular a instancias de Sánchez Morillas, que vio como Lolo lo llevó en primera instancia vacío comunicándole que los bares estaban cerrados y no encontraba agua por ningún sitio, y una vez que lo llenó llevándolo medio vacío o medio lleno, porque explicaba que lleno pesaba mucho.

Una vez que le cantó la Cuarta al Señor en la entrada a San Miguel y cumplido el imaginario contrato entre las partes, el ahora pregonero se sintió mal de no haberle dado una propina hasta que no se percató de la cara larga de Lolo, que le hizo ver que no se le había ofrecido nada, y tras darle 2.000 pesetas, éste le reconoció el despiste desafortunado de no habérselas ofrecido antes: “¿Qué tu le has dado dos mil pesetas? Si a mí me ha sacado mil y al contraguía quinientas…” le dijo el capataz de Jesús, rompiendo ambos a entrañables risas y acordando que de ahí en adelante “nadie dudó que Manuel Rueda Ayora, el Lolo, con el búcaro medio lleno o medio vacío, según se mire, sería por siempre el aguaó del Señor, el más anárquico de los aguaores”.

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El pregonero dio un cambio de tercio profundo sumergiéndose en el misticismo de la noche de Jueves Santo marchenera y las vinculaciones familiares que le han ido uniendo a ella: “Cuando cada Jueves Santo apareces por la puerta de tu capilla camino de San Juan, es como si yo mismo hiciera estación de penitencia contigo, túnica de cola, ancho cinturón de esparto ceñido y alto antifaz verde. No en vano, algo que es tan mío como tuyo lo hace año tras año salvo cuando el nombre de tu Santa Madre ha reinado en su vientre. Porque desde que ella tenía catorce años sólo ha faltado a la cita del encuentro con el Amor de los Amores exaltado en primoroso monumento eucarístico bajo el anonimato de un verde antifaz los años en que nos has bendecido con nuestras mayores fortunas. Y es por ello que desde entonces Tú, Cristo de la VeraCruz, para mí no representas la muerte de un Dios que nos redime, sino la confirmación en la expectación de nuestro fruto, que no es más que la Esperanza en la vida.

En síntesis, manifestó sobre la Hermandad a juego con lo que inspiran sus imágenes que “aunque tengamos la evidencia de que hemos de vivir constantemente en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza…porque como dijera nuestro Cardenal Emérito, franciscano como vosotros lo sois hermanos de la Santa VeraCruz marchenera, “contemplando a Cristo muerto en la Cruz se comprenden las grandes y misteriosas razones de la vida”.

Invitando pues a hacer penitencia y destacando esta faceta que se percibe en los nazarenos de la Veracruz el pregonero los animó a “habladle a Dios con la cara limpia y con camisa blanca e inmaculada, como la que llevaba Joaquín cada noche en la que mimaba a los suyos en el sueño de una renacida primavera, voz recia en la delantera del paso del capataz de los dominios del reino de San Francisco”, mencionando así al recordado León Salas y no sin olvidar la atmósfera mágica del barrio de San Juan: “La noche vino a asomarse y vio las cruces clavadas en el calvario dolido de las blancas espadañas, y en el blanco de la cal de las casas encaladas. La noche vino a asomarse al pasar la madrugada por el barrio de San Juan. En la luz verde esperanza, que es luz de eterna vida…”

El “vamos a repartir Esperanza” que entona Joseán Carmona, expuso el pregonero, es síntesis de lo que representa esta imagen: “Por todos los rincones de Marchena está pintado el gris plomo del abatimiento, de la pesadumbre, de la desesperanza… malos tiempos corren para la mayoría. Y ahí es donde tenemos que liberarnos y gritar tu nombre. Esperanza es virtud divina en el corazón del hombre por la que como un ancla nos agarramos firmemente a nuestra fe en los momentos de dificultad…Y siempre a tu paso las vencidas fachadas se inclinan aún más para contemplar tan egregia belleza”.

“Eres la rosa encarnada, eres la flor escogida, eres vergel de mi huerto, y de San Juan buganvilla. Eres clavel en la reja, del balcón la gitanilla, verde hiedra en San Andrés y en el cielo la celinda”, expresaría de manera más poética a la Virgen de la Esperanza.

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Lección de vida y sacrificio y las místicas fronteras entre lo humano y lo divino, fueron los ejes sobre los que giró la intervención de Ignacio Sánchez Morillas en torno al imponente rostro del Santísimo Cristo de San Pedro, que se aparece “entre una nube de incienso que parece ser la fúnebre premonición de una subida a los cielos que será gloriosa…y el mero hecho de alzar la mirada y contemplar el rostro del Santísimo Cristo de San Pedro (que ni el dosel que se adhiere a la cruz distrae la atención puesta en Ti) supone el mayor de los esfuerzos al ver reflejado en Tu agónica faz el resultado de mis pecados”.

“El Santísimo Cristo de San Pedro hizo, pues, con nosotros, este loable intercambio: tomó de nuestra naturaleza la condición mortal y nos dio de la suya la posibilidad de obtener una experiencia vital. Cuando has pasado y puedo ver el inmenso corazón bordado de tu dosel respondes a todas mis cuestiones, ya me siento confiado en tu sublime lección de amor…Y no nos queda más que aprender la lección que has ofrecido y confiar en Ti, siempre en Tu Camino, Tu Verdad y Tu vida”.

Cuando el pueblo de Marchena concentrado en la Plaza del Ayuntamiento le da el pésame en réquiem a María Santísima de las Angustias, “se torna la existencia en quebranto”, comentaría, reseñando la virtud de aceptación y compañía a su Hijo en el designio hacia la muerte, siempre de la mano de la más fiel compañía de San Juan Evangelista.

No podía pasar el Pregón sin la emocionada referencia a María Santísima de las Lágrimas, comentando la anécdota de cómo aceptó su amigo Francisco en 1985 “a regañadientes” ser costalero del paso de palio, cuando su objetivo era serlo de Jesús Nazareno. En aquella famosa ocasión en la que a punto estuvo de quedarse sin efectivos la Virgen poco antes de la salida, se completó finalmente el recorrido, no sin ser recordado un incidente del paso al engancharse a un cable en la Casa Fábrica: “Desde entonces, Francisco ha tenido como faro la luz de Tus lágrimas y ha vinculado a Ti a Mercedes, a Eva y a Fran hasta el punto de que sus vidas giran en torno a María Santísima de las Lágrimas, y que con Tu segura intermediación verán como su Fe en Ti se verá incrementada en la unión de su primogénita con mi buen amigo Manu (gracias por poner a mi servicio el pentagrama de amor a tu Madre)”, expresó el pregonero: “Y tantas y tantas generaciones vinculadas desde siglos hacia Ti, que los Fraile, los Metro, los García y otras muchas familias bien saben de esto… de dificultad y sacrificio bien saben los que buscan bajo el amparo de tu manto en la expiación que es el paso por el arco de la calle Carreras, y que premias en la incesante aclamación de Tus hijos nazarenos en el Olimpo triunfante de la calle Sevilla. Navegas en un navío azul y plata que como ningún otro surca el mar de unos corazones costaleros que palpitan al buen son que marca el diapasón de su pasión de costal y trabajo bien hecho. Porque eres la gracia marchenera bajo palio,… Dime Madre cuánta gracia cabe en pañuelo tan chico. Que tal cosa no me explico, que cuando vas, vas en pena y cuando vuelves dedico mi vida a Ti, ¡Nazarena!”, enfatizó.

Se sitúo inmediatamente en Sábado Santo, el pregonero: “La Señora de Marchena es como el alfa y el omega de nuestras vidas. Una vida jalonada en siete días…una cuenta atrás que se traduce en el inicio de una senda de tantos paisanos que encaminan los pasos hacia la costanilla del Tiro de Santa María, fuerte torre de marfil, que con el alma radiante y el corazón desbordado asisten al anual culto para rendir pleitesía a la Reina y Madre de todos los marcheneros”.

Captando todo el encanto de la popularidad de esta Virgen, narró con detalle “el jubiloso fin en el que tu pueblo eleva a Dios oraciones de complacencia en forma de saetas que enardecen el alma de todos, muestra espontanea del amor hacia una Madre que hasta que no llegue a Santa María no será conocedora de la buena nueva: su hijo ha vuelto con nosotros. Y son esas saetas el palpitar de nuestra deseada semana, sístole y diástole del corazón de nuestra fe. Voces que ponen el alma en el alma de nuestra tradición porque son en sí la esencia de nuestro pueblo. Si las moleeras son el éxtasis del amor hacia nuestra Santa Madre de la Soledad, reconocemos a la saeta como verdadero hilo conductor de nuestras ancestrales tradiciones y verdadero patrimonio inmaterial de las entrañas marcheneras”.

Antes de ‘esperar la vuelta de la Soledad’ al templo en el discurrir del Pregón, animó de alguna manera a rendir pleitesía a la majestuosa imagen del Santo Entierro de Cristo, de la que destacó su representatividad en la simbología de la Pasión, pues ya, yace muerto: “Rompían su cuerpo y el amaba. Lo despojaron de vestiduras y dignidad y Él nos amaba. Se mofaban de Él y él perdonaba... Y ahora te vemos yerto en tu catafalco y hasta ayer no sabíamos hacer nada más que hincar la rodilla en tierra en señal de nuestro arrepentimiento. Lo diste todo por nosotros y hoy en día ni siquiera hincamos nuestra rodilla ni agachamos la cabeza a tu paso. Ten piedad de nosotros, Señor del Santo Entierro. Perdona a este pueblo que mientras te vio con un hálito de vida no fue consciente de tu amor por nosotros”.

El Pregón se tornó en esta última parte más versátil que prosaico fruto del afecto del pregonero por la Soledad, según se reflejó: “…Y otro Sábado Santo más, Marchena se llenará de Ti. Y otra vez mirará tus entretejidas manos y quedaremos prendidos a tu entallada cintura. Otro Sábado de Gloria más, la gloria quedará en lo más alto de tu mota como bandera en la que este pueblo se reconoce. Y siempre estarás, Madre de la Soledad, situada en el marco de tu Tiro, escuchando el latido de tu barrio y de Marchena, una Marchena que te impuso una medalla de oro, que no es más que medalla de gratitud, medalla de vida, de amor y de esperanza… Marchena seca tu llanto Por ser Madre soberana y eleva al cielo su canto, Estrella de la Mañana…Bendita seas Soledad, no llores a tu Hijo muerto porque sabes que está vivo y que su amor es eterno”.

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Punto y aparte fue su apelación a Nuestro Padre Jesús Nazareno, expresando desde el primer momento, que ese Viernes Santo enclavado en el corazón de los marcheneros, es en el amanecer, en esas seis de la mañana: “Ya llega, se acerca, puedes sentirlo a través de tus oídos,  es reconocible para todos en el momento en el que recordamos cuando escuchamos una cuarta sentía, como las que reza el gordo Luna, sangre morá por sus venas…lo oímos porque lo sentimos y lo sentimos porque llevamos grabado a fe y a fuego en lo más recóndito de nuestro ser las vivencias del día del Señor de Marchena”.

Aparece Jesús “tiñiendo el cielo de un color morado tan limpio que sentimos sus presencias en el momento en que Mariano, tu perpetuo cirineo, con un paso tan cadencionso como las tardes de verano en la capilla y su eterna y profunda veneración hacia Ti, abre la cancela de un nuevo Viernes de Gloria en la Gloria”.

Viernes Santo, que para el pregonero como para muchos marcheneros, es sinónimo de recuerdo de los que ya no están: “ Y en uno de esos balcones podemos ver a Federico, agarrado a la barandilla de un balcón como se agarraba a la visera del paso siempre después de llamar y mandar una levantá. Junto a él, Carlos Moliní, echado en el dintel con su bondad extrema, esperando para ver cómo pasa su Madre de las Lágrimas y a su lado su consuegro Pepe Arena, que ha abastecido a la celestial Hermandad con aguardiente y bizcochos para el Domingo de Resurrección, eternamente con Tu Santo Nombre en la boca y en la mente. En el balcón de al lado, Joaquín Ayora saca voz y redaños para cantarte su cuarta más poderosa, como aquella que cantó el Viernes Santo del año 2011 dentro de San Miguel, cuando sus fuerzas ya flaqueaban, y Tu decidiste no salir a bendecir las calles de nuestro pueblo. En otro, los más jóvenes, los que se fueron con no más de treinta Viernes Santos plenamente vividos. Entre ellos, mi amigo Enrique, siempre atento en la trasera del paso del Señor al orden de las mujeres de manda, velando siempre por su hermano Ricardo y por todos nosotros. Son ellos los que no han podido aguantar más y tienen la suerte de verte cara a cara en la verdad de Tu presencia. Son ellos los privilegiados que viven un eterno Viernes Santo junto a Nuestro Padre Jesús Nazareno”.

Seis de la mañana y Viernes Santo, de luna de parasceve, de vuelos de golondrinas, como dibujó, y por supuesto, fuente inagotable de esa geografía humana que estuvo altamente presente en el Pregón: “Ya tus costaleros de promesa han sentido el frío en el cuerpo de la llamada de Pepe Morilla, de Federico, de Medina o de Quiqui mezclado con la incesante luz de los flashes de la salida y pronto sentirán el calor de una calle San Miguel que se convierte en reguero de fervor a tu paso”.

Viernes Santo, esencia del tiempo y del espacio del pueblo de Marchena en las palabras de Ignacio Sánchez Morillas: “Presentado a un pueblo que no sabe si en esa hora, siempre seis de la mañana del Viernes Santo, ve en Ti el principio o el fin de un año que comienza o que termina, porque eres la genuina referencia y la auténtica alma del alma que es nuestra Semana Santa”.

De esta manera, se siguió desatando su pasión por Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Marchena “Señor de sus dominios y Amo de sus cargas”, pues “de luz Marchena se llena antes de la amanecida, con el hondo caminar de un galileo que al penar deja por sus pies bendecida la senda que nos resta andar…por ser mas, eres mi dueño, y dueño del mundo entero. Remanso de paz, alegría, gozo eterno, algarabía. Nuestro Padre Jesús, ¡mi Nazareno!” exclamó ante la ovación del público.

Tras el éxtasis, llegó la pausa y la clara invitación a que los marcheneros disfruten con expectación e ilusión de su Semana Santa: “Soñar con la llamada de Antonio Berdugo. Soñar con volver a salir como costalero de la virgen guapa de Santa Clara. … Ya se escucha al final de la calle San Pedro a Rafael Hurtado haciendo sonar la esquila de la procesión de los huesos de la Santa Caridad, que como escribió el que se crió en un huerto donde maduraba el limonero… todo pasa y todo queda…, que no es más que el omega reflejado en el alfa de una nueva Semana Santa. Nunca un instrumento con su incesante sonar supo traducir tan marcheneramente esas sabias palabras. Ese sonido que indica que el final no es más que el principio de nuestra alegría representada el mismo día calle Sevilla arriba, a la altura de San Agustín.

A las hermandades y cofrades les dijo, “no caigáis en el error de confeccionar nuestras hermandades como si de un traje hecho a medida se tratase. Son lo que son. Con sus virtudes y sus defectos. Dejadla tal y como es, que así es nuestra rosa”.

Y por fin, el deseo, el cosquilleo, el entrañable latido previo al añorado Domingo de Ramos, principio y también ocaso del Pregón: “Quien habla, sólo espera hablar a Dios un día y es en esa espera, que no aspiramos a nada más que a ver la luz renaciente de un nuevo Domingo de Ramos en el albor de nuestros sueños. Ya espera la luz, tan blanca, que el sueño ya no se mece. Y toda alma se estremece al verla cerca, tan franca, que sientes hasta que escuece. Es el Es el gozo que vivimos todo el tiempo sin descanso, siendo de paz un remanso, que por el gozo morimos una vida. Año tras año. He dicho."

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Al finalizar, se procedió a la escucha del himno de Andalucía y del himno nacional de España, recibiendo el pregonero el afectuoso saludo de los presentes.

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