Semana Santa 2015

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Este mediodía se ha celebrado en el salón de actos del Ayuntamiento de Marchena el Pregón Juvenil de nuestra Semana Santa, pronunciado por José Manuel Díaz Sánchez. Quedará para los anales de la historia de este acto organizado por la insigne tertulia de El Llamador Cofrade como un Pregón apoteósico, inolvidable, lleno de emociones vibrantes despertadas por el pregonero a través de vivencias de sus entrañas y de un amor auténtico y verdadero por su Semana Santa, en la que ha volcado hoy, de forma asombrosa casi sin bajar la mirada al papel, un cariño inenarrable, arrancando un caudal de lágrimas entre la gente y estruendosas ovaciones. Ha sido presentado por Ana Sevillano Perea, que ha ofrecido un aperitivo a la altura del plato fuerte dando paso a este enamorado de la Semana Santa, y se ha cerrado  con un homenaje a Manuel Labella, que ha recogido lleno de satisfacción El Llamador de Plata que le han entregado las buenas personas que componen esta señera tertulia.


Lo que hoy se ha vivido en el Pregón Juvenil de Marchena, de nuestra Semana Santa, no se puede expresar con palabras. Se agotan todos los calificativos para brindar por lo que ha dicho, por cómo lo ha dicho y por la cadencia magistral, muy superior a lo que su edad de 19 años podría hacer imaginar, con la que José Manuel Díaz ha brindado este Pregón a los marcheneros y marcheneras.

Lleno absoluto en un Domingo luminoso propio de palmas y olivos, pero aún quedan dos fines de semana para ese esperado día en el calendario de este pueblo que hoy luce radiante no sólo por el sol que lo coteja, si no por un Pregón que ha dejado un rayo de luz y de amor con mayúsculas por nuestra Semana Santa.

Un Pregón denso, maravillosamente escrito y prodigiosamente leído, pues ha sido pronunciado como si tal cosa, sin poner apenas el ojo en el atril ni en el papel, bajo la expresión fascinada y acorde con cada momento, como envuelto en la esfera mágica de una nostalgia sentida a flor de piel y recogida en unas lágrimas semicontenidas pero permanentes de José Manuel Díaz, quien con una pasmosa seguridad y dominio del Pregón, ha dejado a todos atónitos y asombrados, perplejos y llenos en su corazón de emociones vivas, fuertes, las cuales ha contado con el romanticismo personal con el que ve las cosas, acariciando así hoy, mimando y compartiendo con los demás, la Semana Santa de Marchena.

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Antes de imbuir al Público con su fabuloso Pregón, comenzó el acto tras la escucha de la Madrugá, con la presentación, a cargo de Ana Sevillano Pruna, una gran amiga del pregonero y conocida componente del Coro de Nuestra Señora de la Piedad, quien recordó ese "¡que nunca falte la esperanza!" escrito por José Manuel Díaz en sus retratos de palios y nazarenos pintados de niño, cuando ya forjó su amistad en el Colegio de Santa Isabel, y a quien agradeció la elección como presentadora del acto, haciéndole ver los muchos momentos especiales vividos juntos, aparte de realizar un guiño a la Tertulia Cofrade El Llamador de Plata: "Desde aquí os transmito fuerzas y ánimos para que sigáis adelante con esta tarea. Felicidades".

"Cofrade enamorado de su pueblo, de sus rincones y de sus calles...un joven responsable que soñaba constantemente con martillos y costales, un niño que se deja el alma sin dudarlo por su Semana Grande", hijo de José Manuel y Mercedes y hermano mayor de Mercedes, novio de Nazaret y bético desde la cuna, por lo tanto, hoy más contento si cabe.

Además, destacó su afición por romerías, actos rocieros, caballos, guitarra y cajón con el que ameniza las reuniones de amigo y a nivel profesional, además de sus estudios previos, sus muy buenas calificaciones en Arquitectura hoy en día en la Universidad de Sevilla, aspectos que acompañan su intensa vida cofrade de la que recordamos efectivamente su Pregón de las Cruces de Mayo en 2011, su condición de hermano de San Ididro, Jesús y la Vera Cruz, costalero de la Esperanza, San Francisco, San Isidro o La Milagrosa y capataz del Niño de la Misericordia, además de su presencia activa en todos los actos cofrades, que le viene, recordó con cariño la presentadora, de cuando "te llegabas a la tienda de mi madre y construíamos altaritos que después sacábamos por el Ayuntamiento y por las calles del centro de Marchena" o cuando en el puesto de churros le enseñaba a cantar esa saeta que salió de pronto de la voz de Ana: "Ese niño tan chiquito, cargando con esa cruz, quien le pudiera ayudar, Dulce Nombre de Jesús".

Fue un momento entrañable al que sumó aún más datos de esta prodigiosa vida cofrade en tan pocos años. Presencia en los coros de Santa Isabel y de la Piedad, formación en la Escuela de Saetas de la Humildad...y ese último empujón para que disfrutara del momento e hiciera su Pregón con la inspiración "en forma de Esperanza Nazarena" y que llegaría al público, como vaticinó la presentadora con acierto, en forma de "la más bella de las canciones".

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El alegato a la Madre, enorme de principio a fin, fue la carta de presentación de José Manuel Díaz, que tras la escucha concentrada de la marcha Amargura, besó las pastas del Pregón y compendió encogimiento y explosión de sentimientos en sí mismo: "...ved aquí Madre, a este tu hijo para el que no existen palabras ni Pregón, ni poeta ni pregonero que alabar tu nombre pueda...nunca son suficientes las palabras, ya que no hay adjetivo que el amor describa, ni sustantivo que lo nombre...nunca son suficientes los abrazos porque no hay peso que el cuerpon achique ni dolor que el corazón de tu trabajadera desgarre, nunca son suficientes las miradas, ya que en su mirada cabe un mundo. Y es que Madre sólo hay una, que más da si su refugio es terrenal o celestial, que más da si su voz susurra al oído o al alma, que más da si su nombre es Mercedes o Esperanza, si madre sólo hay una...", expresó.

José Manuel Díaz describió entonces bajo la premisa de la Madre como esclava del amor tanto en su vertiente divina como en la terrenal, un poema largo que hizo corto con su palabra entusiasta, mecidas de luna con caricias de ultranza a las sombras de la noche, repiques de campanas, sones de gloria, manto verde de Esperanza, cánticos de zapatilas costaleras..."que entone mi pueblo sus saetas de plegaria, que lloren las murallas empedradas las almenas de las torres su semblanza, que se inunde el gozo en una lluvia de flores que cubran el suelo por donde navega y anda. Todo por ella, para mi madre, para la Esperanza". 

La retahíla fue maravillosa..."capitana de las almas, bella perla de los mares, refugio del que te implora, dulce amor de madre, suspiro de Marchena...norte de nuestras vidas...faro y luz de un pueblo...verdad del que la felicidad busca, aurora en los hospitales, amor que el corazón abrasa y al que viene a rezarte....y así cuando llegue la hora, rosa por dios escogida, ánclanos a tu barca Esperanza, rumbo a la nueva vida".

No pudo ser más arrolladora la primera intervención, de corrido, del Pregonero, que tras saludar a las autoridades, representantes de los grupos jóvenes de las hermandades de Marchena y presidente, Paco Rodríguez, y miembros de la tertulia cofrade El Llamador de Plata, sin olvidar a su "cariñosa, fuerte y leal" amiga y presentadora Ana, saludó a los cofrades, desde "los que han mamado en su pecho ese sentimiento que hoy nos congrega", hasta los jóvenes cofrades "que cada día demostráis vuestra casta", y a los que destacó en todas sus facetas desde montar jarras, hacer pregones, limpiar plata, morir por sus grupos jóvenes, ayudar a priostría, cultos...y a los que "mejor saben llevar su cruz triunfante, con arte y elegancia desde Santa María...a todos vosotros para los que esa semana del año es vuestra vida", afirmó, dedicando el "primer toque de llamador" a "mi gente de San Juan", quienes "habéis sabido resurgir de las cenizas" y ante "bulos y mala fama que otros criticaban...habéis sabido crear en el silencio de la parihuela, más que una cuadrilla, una familia de la que habéis hecho partícipes hasta a los que no hemos podido compartir trabajadera".

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A partir de ahí, antes de entrar de lleno en los siete días de Semana Santa marchenera, destacó cómo en San Isidro Labrador "hay gente que con unos pocos minutos saben hacer de su casa la casa de los demás...y es que hay que ser así, sencillos como la tierra de la que venimos, fuertes y robustos en ideas, en pensamientos, como el tronco de un olivo y como sus raíces, arraigados al Señor", de una Marchena cuyas calles "se aran con el paso de sus costaleros al son de esta Martia Nostra a la que desde hace treinta y cinco años nuestra Agrupación pone banda sonora".

Evocó igualmente la recuperación del Corpus por parte de la Sacramental de San Juan, haciendo de éste un día que "hoy vuelve a ser de los grandes", señaló como enamora el Niño de la Misericordia por Madre de Dios y el camino soñado que por Vistalegre comienzan los rocieros, el florecer de azucenas en la San Miguel de la Virgen de los Remedios o la devoción recuperada de la Divina Pastora, en una Marchena donde el pueblo "sueña su primavera en octubre cuando se transforma para recibir a su patrona, la Virgen del Rosario, que reparte su perfume entre la multitud que ante ella se congrega para rezar por sevillanas, salves y cantos", expresó.

Tras citar sucesivamente a la Virgen del Pilar, la Milagrosa, el patrón San Sebastián fue cargando de expectación la llegada de la Semana Santa en el discurso de su Pregón y dijo..."ya los minutos son horas y las horas días, el tiempo comienza a recrearse en la llegada de la primavera y nosotros como siempre comenzamos a despertar de tan largo letargo cuando en el horizonte se percibe la aurora de una Nueva Cuaresma...¡Cómo quieres que te diga marchenero, lo que desde la cuna ya sabes, cómo quieres que te diga lo que se siente al contemplar el vuelo de las golondrinas al amanecer de la calle Las Torres o eso que inunda el alma cuando paseas por la calle del barrio viejo de San Juan en la madrugá, cómo quieres que te diga cómo es el olor del incienso cuando se da la mano con el de los geranios en el patio de Santa Clara, cómo quieres que te cuente lo que sólo se puede vivir y no se puede contar!", exclamó meciendo sus palabras el pregonero.

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José Manuel Díaz mandó despertar en un arrebato prodigioso de emociones a Marchena "para soñar una vez más tu sueño", a los naranjos y perfumes de azahares, a las viejas murallas dormidas, a las golondrinas, a los oídos de los marcheneros cuando el silencio de la noche se transforma en concierto de cornetas y tambores..."¡que despierte Marchena, que un año más, con la primavera vuelve a nacer mostrando al mundo su esencia...despierta, despierta y mira que la luz sea apoderada de tu torre de Santa María para ser faro que a un nuevo horizonte nos guía!", pasajes que se iban desenvolviendo coloridos y esplendorosos entre un público que seguía apreciando atónito la delirante enumeración de momentos maravillosos de túnicas planchadas, de palmas y olivos, de inciensos, pestiños, saetas, racheo de costaleros, rosario de angustias y plegarias, de espera del Divino Nazareno "amo de nuestras cargas y de nuestra Fe verdadera", marchenero que contempla a la soledad bajada de los cielos..."¡Despierta marchenero, despierta y sueña, contempla y escucha, respira y siente ese nudo en la garganta, que Marchena está despertando y con ella la Semana Santa!", concluyó esta parte absolutamente asombrosa de su Pregón.

Echó una rápida ojeada al mundo el Pregonero para criticar a una sociedad "cada vez más corrompida por el afán de poder, la corrupción, el dinero, y la soberbia", a la que contrapuso que "con Cristo aprendimos que la libertad no está en la muerte, sino en la vida, en la resurrección, en el inmenso regalo que Dios quiso dar a la Humanidad, en ese llanto que abre las puertas de la felicidad y dan al mundo la esperanza..." y dirigiéndose a padres y madres señaló que "no hay nada más bonito que ser cautivo el amor y vosotros más que nadie sabéis, que la libertad comienza cuando al igual que María, sabemos decír sí al milagro de Dios. Gracias por escuchar al corazón pese al ruido al que constantemente estamos sometidos, gracias por haceros esclavas del amor y libertadoras, rompiendo las cadenas que hoy día nos atan a tomar el camino que nos dicen, gracias por ser así humildes y sencillas como Ella, el ejemplo a seguir, la madre de las madres, la madre de Dios".

Y de la Madre, al Niño, con el que tramó una entrañable descripción de los rincones por los que lo buscan en Marchena coros como el de campanilleros de la Jumoza, el Manchón y el Coro de la Piedad, encontrándolo este año el pregonero en Santa Isabel, donde "alguien, quizá un reflejo de su luz", dijo en referencia a Madre Carmen "inundó a los más pequeños con su dicha de enseñarles a conocer y amar al niño Jesús....ese Dulce Nombre de Jesús que cada año nace en el corazón de cada uno de nosotros y en aquel lugar renace" y recordando emocionado sus sueños, imaginación y juegos en el patio de los naranjos en torno a la figura del Niño: "Cuántas veces cabalgaste por mis venas y pude ver en ese espejismo que es tu imagen por la plazuela de San Andrés, cuantas veces niño de primavera sentí la brisa que mecía de tus rizos de vuelta a tu casa por el callejón de las Campanas....", rememoró José Manuel Díaz, alabando la ternura que reparte y las lágrimas que hace brotar el Dulce Nombre de Jesús: "¡Déjame esperarte como cada año en ese rincón de la calle Orgaz, déjame susurrarte al oído tesorito divino; no te vayas tan pronto niño amigo que aunque nuestros caminos se separen, junto a ti volvré hermano, como cada año para jugar contigo...y es que Dulce Nombre de mi vida, eres niño como yo y por eso te quiero tanto y te doy mi corazón...tómalo, tómalo, tuyo es, mío no!", exclamó con rotundidad y arrancando sentidos aplausos una vez más el pregonero.

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Humilde, resignado, evocando ternura en quien lo mira, sentado en el peñasco...apareció en la palabra del Pregonero el Señor de la Humildad, de "una mirada tan pura que hace que el corazón más limpio se vea humillado ante tu grandeza", y así le pidió que nos enseñe a "no quedarnos sentados" ante el que pasa hambre, el deshauciado o al que se siente renegado al afecto o vive en soledad, agradeciendo que refleje su paciencia y mirada de ternura en quienes trabajan con niños, discapacitados, enfermos y ancianos, en quienes comparten su vida y dedican su tiempo a hacer más bella la de los demás.

Después de esta sentida descripción del Señor de la Humildad, puso el pregonero sus ojos en esa mirada al cielo tan particular de la Virgen de los Dolores buscando quizá "a sus niños saeteros, los que aprendieron a sus plantas, los que todos los estilos cantaron a su imagen o estampa, los que tu nombre llevaron allá por donde fueran y cantaran sus cuartas...o quizás a los que cantaban agarrados a las rejas de Santa Clara...al que lo hacía desde el alma porque su emoción había quebrado la garganta, a los que cantaban desde arriba, desde esos balcones del cielo que abren sus puertas por entero y se asoman al cielo de mi pueblo en Semana Santa", expresó para versar los estilos de saeta demostrando sumo grado de conocimiento y pasión por este arte.

En este Pregón muy volcado a nuestras vírgenes, José Manuel Díaz, que una de tantas veces subió ese "carril de vida" de la calle San Miguel hacia el "destino único e irrevocable" de Jesús Nazareno, cuenta que la Virgen de las Lágrimas fue la protagonista, conociéndola "humilde y afligida...sin corona que realeza exaltase, sin joyas que tu pecherín adornasen, sin collares ni pañuelos, ni perlas, ni rosarios que tus manos sujetasen, te conocí sin bordados, sin encajes, sin tocados ni mantos que tu rostro cubriesen...podía oír tu respiración...eres elegancia suprema, a la que no le hace falta más que su presencia para atrapar el corazón del que tus pkantas se postra, porque tú María eres así, silencio que habla al que se para a escucharte". Acogedora, reparadora de heridas y abrigo de sus rezos, así apareció la Virgen de las Lágrimas en este Pregón, a la que versó entre el quejío de los que cantan, el sudor de los que la llevan, las estrellas que se pierden, la llegada de la mañana, los misereres que sonaban, los balcones llorando flores del cielo que caían, el sonido de bambalinas y cadenas de nazarenos, aplausos de niños..."¡inunda María y empapa mi corazón, que tus lágrimas sean rocío divino que alivien mi sed en el camino de la luz, quiero ser tu pañuelo Señora, aliviar tu pena y dolor, y sustentado en tus manos, como cada Viernes Santo, caminar tras Jesús".

Si por la Virgen de las Lágrimas este pregonero ha sentido emociones profundas, por la Piedad es todo devoción a la que ha llegado a través del lenguaje de la música, del Coro de la Piedad, que se ubica tras esa reja...."existe un lugar, un espacio, un momento o salto en el tiempo en el que el mundo deja de girar....¿acaso podemos tocar el amor, besar la verdad, acariciar la música? Existe un lugar donde el lenguaje acaba, donde las letras lloran su despropósito de expresar lo que el alma siente, donde el fuego de su amor abrasa los corazones con una intensidad incontable....donde todo reniega de su existencia, donde morimos por instantes y visitamos ese trocito de cielo que es estar junto a Ella. Es increíble como tras esa reja, en ese espacio, aquel trocito de cielo de San Sebastián nos haces sentir tan cerca de ti y como todos, cada voz se funde en una sola elevando su frecuencia que se mezcla con el sonido de los flecos de tu bambalina al sortear tus varales", describió para calificar a su coro como una auténtica familia que "cantando me ha enseñado a rezarte...a puntear con el corazón y entonar con el crujío de tus varales, a besar tus manos y en tu mirada inspirar mi canción...", manifestó haciendo juego de palabras con canciones del coro versadas y brindando por quienes rompen sus gargantas gritando su amor por la Piedad.

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"...tú me mueves Señor de la Vera Cruz, muéveme el verte clavado en la cruz escarnecido, muéveme el ver tu cuerpo tan herido, muéveme tus afrentas y tu muerte..." fue sólo el principio de un emotivísimo pasaje de amenas e inolvidables vivencias que le llevaron a recordar su infancia caminando de la mano de su padre, no sin antes narrar las prisas hogareñas por salir ambos, vestidos de nazarenos, hacia San Francisco, de sus juegos con la capa creando sombras de bambalinas o de una túnica al compás de un tambor, en los adoquines de la calle San Sebastián.

Ahí estaba ese niño jugando con su túnica nueva con puntadas y dobladillos y sin olvidar la presencia de su hermana, preguntando por cada detalle de la Semana Santa a su padre, que aquel día sonreía de alegría y vestía con orgullo a su hijo camino de la Capilla, donde se preguntaba quién había matado al Señor o por qué era tan guapa la Virgen, cayendo anonadado a los ojos de la Virgen de la Esperanza: "Perdóname papá por no haberme dado cuenta antes de que eres la cruz de guía que construye el itinerario por el que yo, en un intento de imitarte como buen crucero, como tú, tomo mi cruz y te sigo. Tu entereza, tu fortalezam tu afán de mejorar, tu alegría, tus inquietudes, tus fallos de los que soy por fortuna una humilde copia...¡que me diga alguien si eso no es Vera Cruz, que me diga alguien si la verdadera cruz no es la de cada día, la del trabajo, la de la familia, la de los hospitales, la de los estudios, la de los amigos...que al fin y al cabo a pesar del sufrimiento que nos ocasionen, son nuestra vida y nuestra felicidad", pronunció en esta reflexión haciendo nuevo paralelismo entre la simbología religiosa y la vida diaria.

Por todos los que luchan por sus hijos y para que no pierdan la esperanza, por el desahuciado que lleva la cruz de la derrota y la desesperación, por los que suben al calvario de una enfermedad y los que llevan la cruz de la paciencia, leyó un poema en el que esperó que encuentren en el Señor de la Vera Cruz "mil motivos y razones para confiar"..."abracemos el madero como tú, seamos instrumento de tu paz, y en el pecho nos queme el fuego de tu cruz", concluyó, no sin antes pedirle a Dios que "colmemos nuestros corazones de perdón" cuando "vemos como decapitan a los que abrazan tu cruz, para que dejemos atrás la ley del talión".

Tras Cuaresma de "apretar tornillos, de colocar cera, de limpiar candelería", de comprobar las incidencias del tiempo ya llegando la Semana Santa, fueron narradas por José Manuel Díaz, nostalgias de Domingo de Ramos: "¡qué bonita es esa noche en la que nos transformamos, en la que nos vemos subidos en unos brazos entre algodón de azúcar, chuches y helado o jugando en el Ayuntamiento o en la plaza Alvarado, con zapatitos nuevos, tirantes y pantalones cortos y repeinados, bendita esa noche en la que cuerpo y alma renacen cada vez que se besan las pestañas".

Esta noche de expectación de vuelta a ser niño, de recuerdos de ir en brazos de padres a ensayos, de hipnosis de bambalinas de la Virgen de la Palma y de sueños por acariciar el lomo de la Borriquita y de nuevo en la Virgen de la Palma ver "esa luz que traspasa la retina y dura en la memoria un año, una vida...esa luz que es Ella que al pasar por calle Estudio devuelve la memoria al que no la tiene y su imagen al que no la puede ver, que nos despierta, que nos atrapa, la que baña el azul del cielo más intenso y refleja el verde de los naranjos y el blanco del azahar que es como Ella", pronunció con plasticidad el pregonero, que quiere ser su costalero, que habla de racheo de costaleros, de hebreas, de esa Virgen de la Palma "...estrella fugaz que deslumbres y lleves este mi corazón más allá de las cumbres...y ceñirme a la faja tu cintura...hincarme de rodillas en el cancel de San Agustín y allí contigo quedarme Virgen de la Palma, en un suspiro en el tiempo que bajo tu paso no tiene fin", recitó de forma magistral haciendo presente por momentos este momento de inicio de nuestra Semana Santa.

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 El Cristo San Pedro le ocupó por entero la memoria de su abuelo. La madre a la que tal alegato hizo en el principio del Pregón, se emocionó por completo. No era para menos: "....imagino que ya te habrás puesto la túnica, el antifaz y que ya habrás anudado ese cíngulo marrón a tu cintura que hoy aguarda anudo en la cama de cualquier nieto o biznieto. Tanto era lo que te unía a su imagen que aún sin ver, podías sentir cuando se encontraba cerca al pasar por Santo Domingo. Imagino que hoy como aquel día, esperas sentado en cualquier banca del convento solo para escuchar el sonido del crujir de su paso, del cimbreo de su cruz y sentirlo a tu lado....cuantas tardes vuelvo a soñarme en aquellos momentos sentados en el cierro de la calle Méndez frente a ese cuadro en blanco y negro con tu estampa, cuantas historias ha escuchado el bendito lienzo en tu intento de intentar entretenerme a mí, tu nieto que hoy en el recuerdo y al hablar de tu Cristo San Pedro no puede dejar de acordarse de ti, de tu piel de porcelana, de tus caricias, de tus labios rojos, de tu pelo, de esas perlas que acarician tu cuello, de tu mirada, de tus palabras, de tu voz...y es que al fin y al cabo, esa es nuestra verdadera Semana Santa, la que pervive en el recuerdo al contemplar con los ojos de nuestros mayores, con su amor, con su cariño, una imagen del Señor o de su Santísima Madre...cuantas miradas han quedado atrapadas en su cuerpo, en su rostro, en sus manos, en sus pies, cuantas oraciones, cuantos milagros en su bendito dosel...no es la madera ni la talla del artista lo que es capaz de vencer al tiempo, sino los corazones que se han alimentado de su alma y en ella han sostenido sus vidas". Quintas, sextas, el rostro desfigurado del Cristo, los detalles precisos y preciosos del paso de la Virgen de las Angustias, el compás de la corte de voces blancas y angelicales que "la ignorancia ha dejado que el tiempo se llevase...", caudal infinito de capirotes negros...formaron parte de la poesía a la Hermandad del Cristo: "Bendito de la virgen con mi pueblo el duelo que cada tarde de Viernes Santo vienen a rezar al Cristo, a su Cristo de San Pedro", concluyó.

José Manuel Díaz fue llegando al tramo final del Pregón entregándolo a las manos de la Virgen de la Soledad: "...todo es luz y sombra, todo es reflejo y oscuridad, se levan marchas de compás marcado por tambores sordos en señal de duelo y el frío del mármol del sepulcro ha transformado su esencia para ser urna dorada que con el sol refleje la luz de su santidad...todo consumado está y Marchena se arrodilla al paso del Santo Entierro de nuestro señor....y tras Él, junto a Él, como siempre Ella, Soledad es su nombre, a pesar de que nunca está sola porque con ella aguarda su pueblo, nosotros, a los que Cristo nos entregó como hijos suyos y a Ella como nuestra madre", Virgen que de la Soledad que le une de nuevo irremisiblemente a una mujer importante de su vida: "por ella te conocí, y es tan grande tu amor por tu cernicalera que por ti aprendí a conocerla y amarla...pude darle un sentido a su mirada, verla a ella es verte a ti...".

La Virgen de la Soledad, expresó el pregonero, "guarda entre sus manos los corazones de todos los marcheneros...de todos los que se sintieron un día presos de su llanto, de los que vieron su sonrisa y en sus manos quisieron ser guardados...", dijo emocionado reseñando la tradición de un pueblo que es "bullicio en los arrabales" y "silencio en el palacio", que mooleras le reza cantando, y por todo ello y muchos más detalles más de la mente y memoria prodigiosa de un pregonero volcado con sus vírgenes, "cuentan las piedras del Tiro, que algo guarda la Señora en sus manos", expresó centrándose en este detalle visual de la devoción que implica esta imagen, Medalla de Oro de nuestro pueblo.

También cuenta con este reconocimiento, Nuestro Padre Jesús Nazareno, al que José Manuel Díaz obsequió con un apoteósico poema. De su voz, sólo salió verso de su alma y concluyó curiosamente con un 'Feliz Estación de Penitencia' en lugar del tradicional 'He dicho', por el que no optó, porque todo quedó dicho la hora y pocos minutos de Pregón memorable en el que quiso despedirse con la imagen de Jesús..."un eclipse de luz a las puertas del templo, los escalofríos del cuerpo se apoderan, las manos se abrazan y aprietan, el alma salta en un intento de asomarse y quedarse a su vera...cada paso es un movimiento de su túnica y cada movimiento un vuelco al corazón y Marchena suspira y contiene la respiración, qué efímera es la espera donde cabe una vida...y es que en ti Divino Nazareno está la vida eterna y qué bien lo sabemos los que cada Viernes Santo prestamos nuestras gargantas a los que un día se fueron y reviven en el recuerdo en el tacto de cada madrugá, en cada esquina, rincón o plaza o en la bulla que cuando muere la luna, te acompaña".

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"Porque en ti están todos los marcheneros, los que estamos, los que estarán y los que estuvieron", diría el pregonero, por eso Señor de Marchena, "porque tu caminar, tu cruz de carey y tu túnica morá es esencia y sello con el que nos definimos y renacemos, porque es tu mirada la que nos cobija y nos guarda en el sufrimiento, porque en ti está el alfa y el omega, el principio y el fin de mi vida y de mi pueblo, porque con sudor frío y descalzo caminas de casa en casa donde te necesitan, donde esa estampa que tus pies han tocado, se besa y se aprieta contra el pecho, donde de día y de noche se invoca tu nombre para poner en tus manos la vida...

...cuando enmudezca el corazón y los ojos nieguen la luz para siempre, cuando el calor sea la humedad y el frío de la tierra que venimos, cuando una vez más espere a tus puertas y solo con mi alma sin tiempo ni lugar, sin espacio ni razón, cuando todo parezca perdido y la Fe una ilusión, cuando por fin encuentre la senda y agarrado de la mano de la Esperanza vea en el infinito ese punto de luz y el rostro de Dios sea tu rostro, JESÚS", dijo, finalizando un Pregón memorable.

Al término del Pregón y tras varios minutos en pie el público, sonó la marcha 'Soledad dame la mano', que precedió a la entrega del distintivo del Llamador de Plata.

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Presentó Joaquín Carmona al designado para este galardón, Manuel Labella, no sin antes agradecer al alcalde su presencia en este acto de Pregón y Llamador de Plata, tras lo cual calificó a Labella como un hombre "serio, trabajador, constante, luchador, amante de su hermandad, da protagonismo a todos" y en su vida familiar padre de África y Ricardo, marido de su esposa África y nieto de Vera.

Después de repasar su vida estudiantil desde su Bachillerato en San Agustín y el superior cursado en Écija hasta convertirse en perito mercantil y asesor con una amplia trayectoria, volvió al ámbito cofrade destacando sus veinte años de costalero, que aún viste de túnica cada Jueves Santo y su etapa como Hermano Mayor de la Vera Cruz en el que se desarrolló "uno de los eventos de Marchena en los últimos tiempos", la Coronación de la Virgen de la Esperanza, que "unió a instituciones, hermandades y asociaciones" y que resultaría también importante para consolidar la Obra Social, subrayó, recordando que además de crucero es hermano de la Borriquita y pasando a leer su proclamación como Llamador de Plata, a la vez que se le entregaba un ramo de flores a su señora.

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Manuel Labella, antes que nada, quiso reflejar el "regalo" que había supuesto el Pregón de José Manuel Díaz, a través de "la puesta en valor de emociones y sentimientos y que será un aldabonazo fuerte para nuestra Semana Santa, puesto que ha sido un increíble Pregón impregnado de tradiciones, emociones, de todo lo que son nuestros sentimientos y que corresponden a Marchena".

Posteriormente, agradeció su reconocimiento a las "buenas personas" que hay en la Tertulia Cofrade El Llamador y a pesar de considerarlo inmerecido y comentar la anécdota de que uno de ellos le dijo cariñosamente que si lo pensaba así, no lo recogiera, exclamó "¡cómo no lo voy a recoger, lo recojo con todo mi corazón, mi alma y el aprecio por esas personas que hacen una labor encomiable!", dijo mirando a Paco Rodríguez, quien junto a Rafael Pérez Becerra le devolvían el guiño en forma de mirada y tras lo cual se acordó de todos aquellos que "me han enseñado" en la vida y en la Semana Santa "y de todos los que me enseñan hoy, los jóvenes, de los que aprendo aún más", concluyó.

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El himno nacional de España y un carrusel impresionante de emocionadísimas felicitaciones al Pregonero juvenil, pusieron el colofón a este día que no será el último en el que José Manuel Díaz se suba a un atril cofrade a pronunciar un Pregón, nos atrevemos a aventurar.

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