Feria 2022

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Jesús Díaz Conejero dijo el Pregón de la Feria de Marchena 2022, en la edición de estas Fiestas que vuelven a celebrarse después de tres años. El recuerdo a casetas de antaño, la reivindicación de su sitio en la Feria a los mayores para que reciban la cena homenaje que nunca se debió perder, el reconocimiento a la historia taurina de nuestro pueblo en sentido alegato del respeto que se le debe y dejando abierto el balcón para nuevas corridas de Toros, acompañado de sus vivencias de juventud y de un bello sentir de alegría y explosión de Felicidad con la que describió la Feria, sea cuales sean todas sus formas y estéticas de vivirla, llegaron de manera directa al público en el verso fluido y entusiasta del pregonero, que remató su faena con sentimiento marchenero rebosante, el mismo que había fraguado en sus primeros compases de sabor a esparto, mayetes mujer, rosa, flor y atardeceres y que culminó con éxtasis de marcheneridad. 


VÍDEO RESUMEN PREGÓN DE FERIA DE MARCHENA 2022, A CARGO DE JESÚS DÍAZ, EN EL CANAL DE YOUTUBE DE LA VOZ DE MARCHENA

 

 “Llega la hora de partir,/sólo un último instante/ para confesar un secreto/ al pueblo de un amante. Embajador de tu nombre/en mi papel de emigrante/ allá por donde vaya/ Marchena, seré feriante”.


“He dicho”.

 

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Terminó Jesús Díaz con la fórmula de cierre de Pregón cofrade por antonomasia y con el don de llevar el nombre de Marchena allá por donde trabaje, esté y viva, porque él siempre siente y sentirá en clave de sangre marciense, como la que alimentó un inicio de pregón vibrante, de hondura en la tierra y delirio poético de poderío simbólico, regado de referencias cultas altamente significativas.


En diálogo con una mujer que adquirió maravillosos desdoblamientos y fusiones en ser mujer en sí misma y Marchena toda ella, el pregonero le preguntaba “¿eres la diosa Juno o hija de la griega Hebe?”


Fertilidad, fuerza, sentido de pertenencia a la comunidad, de una parte; rejuvenecimiento, de otra…son características, entre otras muchas, asociadas a las respectivas diosas y que vinculó con la historia de Marchena, su gente y su Feria de arriba abajo, como la gente bajaba a la Feria de la Avenida de la que también expuso pinceladas y justos reconocimientos a sus actores.


“Y tú, ¿de dónde vienes?/Pregunto sin más afán/ que cubrir tus sienes/con la flor del lubricán/ de la tarde que detienes/en el mar de azafrán/que en el cielo sostienes/ en su último ademán?”, fue el principio exacto de todas las cosas de este Pregón en el que hizo referencia a la Inmaculada de Mena, a las mecedoras de enera, a las damajuanas de vino, a San Sebastián, “patrón muerto a saeta” y a la Patrona, “Virgen de Santo Domingo”, al sabor añejo de los empedrados de las calles que van a San Francisco y a las que sostienen riadas humanas que desembocan en San Miguel ante Nuestro Padre Jesús Nazareno.


Repasando con mimo la fe mariana del pueblo de Marchena, el representante de la caseta del Relevo, dio paso a la duda de si del sol vienen las raíces o si es el linaje moruno el que dora las raíces de Marchena y en una profusión de una riqueza cromática excepcional en la estética atravesada de detalles campesinos, cuajó un final del principio de este Pregón, que no nos resistimos, por su elegancia estética sin parangón, a transcribirlo tal cual lo dijo, verso a verso y efusivo en su palabra:

 

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“Mi añeja inquietud resiste
como el eterno haz de luz
del bello traje que vistes
de fina talla esbelta
vieja mujer sin raíces
de estirpe incierta
vives donde naciste
y en Feria despiertas.


Por lunar, una plaza
de amarillo albero.
Por fondo, una torre
de rojo terciopelo.
Mantoncillo al hombro,
bordado y al vuelo.


De rosas escogidas,
tallamos tu pelo.
Espartos al baile
con tacones de loza
tus manos al talle
luce el nácar, preciosa,
un Zurbarán en el aire
pintan tus telas en olas
y un rancio fraile
una epístola entona.


A la grupa navega
la de piel milenaria,
como alfa y omega,
de Cervantes carcelaria,
entre leyendas y saetas,
canta la voz legendaria
del gran hijo profeta
una soleá centenaria.


Esa mujer bajo la luna
trae llena las alforjas
de pipas y aceitunas,
de molletes y tortas,
feliz con su fortuna,
asoma a su balcón de forja
y proclama en su tribuna
que en su pueblo goza.


Bajas y no te detienes,
besas y nos encadenas,
bailas, brindas y bebes,
brillan luces en tus casetas,
verde, blanco y verde
los farolillos por decenas,
es la feria, me comprendes,
es mi pueblo, Marchena”.


Anteriormente, precisamente un grupo de seis bailaoras del Roete y el bailaor flamenco Miguel Talaverón habían ambientado la noche a los presentes en el auditorio Pepe Marchena con sevillanas marcheneras evocadoras de la recogida de aceitunas, tras la bienvenida del concejal de Festejos, Manuel Suárez, al público y a la representación del Consistorio de la francesa localidad de Châteaudun presente en el evento junto a la alcaldesa y varios concejales marcheneros. Se acordó el concejal en especial de todos aquellos que no podrán vivir la Feria por haber perdido la vida durante la pandemia en justo recuerdo hacia ellos y, a su vez, felicitó la iniciativa de impulso de varias casetas por jóvenes de nuestro pueblo.

 

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El presentador, Pablo Martín, amigo íntimo de Jesús Díaz, amenizó ese momento inicial recordándole los olores a inciensos (cofrades) a los que acostumbran y animándolo también a disfrutar de otros perfumes como los de la Feria, por supuesto del gusto de ambos, que brindaron copa en mano nada más subir al escenario, recibiendo los vítores del animoso público y en especial de sus más conocidos. Olores a manzanilla y taquitos de jamón para comenzar con ímpetu la Feria y que se anhelan ya tras tres años y que fueron traídos a colación por el presentador ante el coqueto marco decorativo del emblema del Relevo y mesa, botellas y copas de vino para ilustrar el Pregón. Nada más y nada menos.


Después de destacar su carácter amistoso, mediador y alegre a la vez, su buen corazón, su pasión por los dulces y molletes, no menor que por las trece barras verdiblancas de la que es preso, su implicación en el mundo cofrade y religioso y en especial con la parroquia de San Juan, y repasar su vida familiar bajo la atenta mirada de sus hermanos Pilar, Kike y David y sus padres José Manuel y Patrocinio, así como de su compañera Guadalupe, Pablo Martín, magnífico presentador y mejor persona, finalizó su segunda presentación de Jesús Díaz (ya hizo lo propio en 2010 en la del Pregón juvenil de Semana Santa) fundiéndose con su compadre en un entrañable abrazo que lo surtió de fuerzas hasta el final.

 

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Y qué mejor manera que de corresponder a las palabras de su amigo de lleno, que con ese fulgurante inicio de Pregón, lleno de plasticidad, que dio Jesús Díaz Conejero y que siguió su curso tal río de vivencias, reflexiones, reconocimientos a personas anónimas de nuestra Feria y también a nuestras tradiciones y manera idiosincrática de ser.


“Con autorización real, de Fernando a María del Mar, tanto monta, monta tanto, en agosto y sin velá, celebra Marchena su Feria desde tiempo inmemorial”, diría el pregonero para repasar la historia de la Feria desde tiempos absolutistas a los actuales, teóricamente democráticos.


Repasó Jesús Díaz los orígenes ganaderos de la Feria y las ubicaciones del cerro Parrita a Avenida y Estación y desde 1990 frente a la barriada de Ciudad Jardín en el actual recinto ferial.


Haciendo acopio de historia política, recordó que El Círculo Liberal y el Círculo Conservador fueron el germen de las casetas y que la Asociación Popular y la Casa del Pueblo “se unieron, sin problemas, aquí todos cabemos”, para apuntar sutilmente una posible ampliación del Real de la Feria dadas las actuales circunstancias de la construcción de la piscina terapéutica “Y si no, agrandamos la Feria, será por tierras”, rememoraba de aquella época de la historia del XIX a buen seguro con guiño, siempre constructivo y elegante a la actualidad”.


Paseos de la Avenida a la Estación para montar en cacharritos y fotografías de los 80 que “se han tornado al color más hermoso del mundo, el que da el paso de los años, el de antaño, el oriundo”, fueron evocados por el pregonero.

 

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En este punto del Pregón y justo recordando a los mayores, reivindicó seriamente su papel en esta Feria, que debe ser el de reconocimiento máximo a su labor, sin la que hoy no sería posible a nuestra Feria y que no siempre se da como debe darse en los últimos tiempos ni en esta Feria: “Siempre de tu mano, mujer, de tu mano, Marchena, regresaremos por unos instantes al futuro para confirmar que la Feria sigue siendo la fiesta de todos. No será Feria sin en ella no tienen su sitio quienes ya platean sus sienes por el paso de las nieves del tiempo, como cantara Gardel, quienes en su día fueron jóvenes, trabajadores que sacaron adelante sus familias con sus sudores, dentro o fuera de su casa, pusieron su granito de arena para el desarrollo de su pueblo y hoy rejuvenecen sus espíritus con la sonrisa de sus nietos tras ganarse su merecida jubilación. Ellos también tienen derecho a disfrutarla”.


La radiografía sociocultural de los años 80 fue deliciosa, así como de buena parte de los 90 ya con más conocimiento propio por parte del pregonero, nacido en 1984: “Los ochenta fueron los años del boom en todos los sentidos. Se conquistaron libertades, esferas sociales y culturales, y en Marchena se ganó una feria. La movida madrileña nada tenía que envidiarle a las noches de finales de agosto y principios de septiembre en Los Serenitos o Ratos Agradables. Los últimos éxitos musicales no pasaban de largo. La Guerra Fría era la que se vivía en el concurso de casetas entre Los Quintos y Revive la Feria. La entrada de España en la OTAN no supuso una novedad mayor que la apuesta de San Isidro por el paseo de caballos. ¿Qué sería de la Feria sin sus jinetes, amazonas y carros? No hay marchenero que no esboce una sonrisa al hablar de la Feria de la Avenida. ¡Ay, si las casetas hablaran! Mejor que sigan calladas y hablamos nosotros de ellas”, esbozó, citando Los Trabajosos, Tertulia Cañete, Los Quintos, las peñas Bética y Sevillista, Los 40 y Yo, Harinas Camacho…


La ilusión de saber los jugadores iban a venir, y por supuesto, “don Manué en su Chrysler verde” en alusión a Lopera, sacaron la sangre verdiblanca de Jesús, que le viene en el ADN por parte de padre, fue recordada por el pregonero, como los miércoles por la tarde de gigantes y cabezudos, música y pasacalles, tambores, cornetas y melodías trompeteras, “que hacían bailar a mujeres de piel de ébano y ropa ligera. Hoy, impensable”, apuntó en crítica velada a la ultracorrección con este tipo de actuaciones “…y se escuchaban tracas y cohetes, se encendían las luces y el alumbrado coronaba el recinto…”


Recuerdos muy cariñosos a Los Serenitos, Cañete, Los Quintos, Ratos Agradables impregnaron sus siguientes versos…”es la noche una quimera y la mañana una resaca” y recuerdos a los exiliados y viajeros que siempre volvían y siguen regresando en Feria para pasar estos días en Marchena, así como mención de las fronteras del pueblo con los caminos y con los campos, con las veredas, y también con todos los pueblos de alrededor, siempre bienvenida su gente en Marchena.


Defensor de que el paso de la historia venció dudas de los detractores del negativismo extremo, tres décadas después el recinto ferial ya ha firmado páginas de Historia y un escenario propio y consolidado de la Feria de Marchena, punto de inflexión de su defensa de valorar la evolución sin miedos y con apertura siempre al debate en cuanto a propuestas, como la que lanzó de celebrar la Feria en octubre, que no evitó tampoco en manera alguna en entrevista concedida en el verano a este medio.

 

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“Nuestro reino de la magia se hacía grande y los rincones para beberse a sorbos la alegría se multiplicaban. De Grana y Oro, El Cuplé, El Camino, Ietagente, San Carmelo, El Manchón, El Ancla, las hermandades de la Borriquita, Jesús, la Humildad… Y sonaba Danza Invisible y Celtas Cortos, El último de la fila y Radio Futura, No me pises que llevo Chanclas y la bilirrubina de Juan Luis Guerra… llegaba el mejor pinchadiscos de la historia de Marchena. Lo siento, no soy objetivo. Es mi hermano, no es llamativo. Ha puesto sonido a los momentos más felices de muchos marcheneros. Pero lo que más admiro es su paciencia para escuchar las peticiones de canciones y temas, y siempre con una sonrisa”, manifestó en el tránsito a esa Feria de los 90 y de la que aún hoy en día es deejay de referencia David Díaz: “…Sea como fuere, lo hemos visto poner una caseta en pie y una calle bocabajo”, apostilló, siendo por otra parte fiel a la realidad y más objetivo de lo que se dijo a sí mismo.


En la parte central del Pregón llegó su reflexión vehicular del Pregonero, expuesta con notoria claridad, de la Feria donde cabe todo y cabemos todos, acompasada por detalles de romanticismo propios de esta fiesta: “La Feria es una ciudad efímera en la que caben todas las formas de disfrutar de la vida, de tomarse la alegría a tragos, largos o cortos, de brindar con las sonrisas y de llorar con las risas, es un lugar sin fronteras, un reloj sin espera, una reunión sin silla y una copa de manzanilla. Es la flor de la gitana, el bocado de Eva en la manzana y un cante por sevillana, de la primera a la cuarta, donde el amor no se harta. Cabe el amor que huye de los rayos del sol de la aurora, el amor orgulloso que no se esconde, ni cuando, ni donde; el amor que las arrugas vence, el like de las influencers. No sobra el amor que busca el el azul de la luna, el amor en los ojos vidriosos de unos padres en la primera feria de los que aún duermen en cuna; el primer amor y el segundo, y el tercero, y volver al que conquistó el mundo. Todo cabe. Afirmo y en ello me confirmo que en la Feria de Marchena cabemos todos y todo cabe. Tanto es así que en los noventa cabían hasta las corridas de toros”.

 

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Al hilo de esta última cuestión, declaró firmemente que “no es cuestión de buscar razones, sino más bien de arañar ilusiones” para que las corridas de Toros vuelvan a celebrarse en una Marchena con el paso de los años, huérfana de ellas.


La inyección de energía a la moral taurina fue de época, dando el pregonero una lección de saber estar, que empieza por saber tolerar y elegir una u otra opción sin tener por qué enfrentarse nadie: “En el patio de armas del Palacio de los Duques de Arcos, en la explanada de Santa María, en la carretera de Carmona, en la Huerta de Gavira o cerca de la feria… cualquier rincón sirvió para disfrutar de figuras de la talla de Rafael ‘el Gallo’, Joselito, Rafael de Paula o Belmonte, Curro Romero o Espartaco, Paquirri o Diego Urdiales. Además era el mejor escaparate para los que habían nacido en estas tierras y soñaban con triunfar con los trastos: El Marchenero, El Cano o Ricardo Reina. Y si caben en mi Feria todas las formas de amar, también deben tener cabida y sin medida todas las maneras de respetar. Y si a él le gustan los toros y a ti no, él se va al coso y tú no seas revoltoso y te vienes conmigo, porque hay Feria para todos”.


Para el modesto, el presumido, el chirigotero, el ateo, y el rociero y el cofrade, el que se pierde y no se halla, el original y el forastero, “de la Feria todos somos prisioneros”, señaló en metáfora monumental Jesús Díaz, conectando con la sociología variopinta de una Fiesta que aglutina la diversidad de marcheneros existentes.


A bailar y a cantar y a vivir a su manera a cada uno invitó en su exhortación el pregonero, con menciones a manzanillas…y a Paquito el Chocolatero.

 

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Sus vivencias personales le llevaron a recordar cuando bajaba a la Feria con sus padres y agarrado a la mano de su madre, de pequeño, con su hermana vestida de traje de flamenca, días que dieron paso a la alegría desbordada de la adolescencia y primera juventud, reflejada entre otros en este pasaje del Pregón en el que casetas como La Broadway y El Caballo no podían faltar: “Entonces los días se partían. La cartera daba para lo que daba. Éramos adolescentes, luego jóvenes, y sabíamos lo que nos alumbraba, y no eran farolillos, precisamente. Las calurosas tardes se combatían a base de rebujito o en El Caballo y su periquito. Fuimos niños en la Broadway para navegar en su mar de espuma. Las noches empezaban de madrugada. Sin WhatsApp ni móviles para quedar, la cita era a las doce o la una en el quiosco de Pepe en la calle San Sebastián, el Camy, o en su defecto en el Ayuntamiento. Quien llegaba tarde no podía pedir diez minutos de prórroga. Se sentía”.


“Pronto descubrí que no quería morirme rico y prefería disfrutar mi Feria”, señaló, guardando aun así como un recuerdo que también le forjó, su trabajo de recoger vasos en la caseta, que enlazó con un emotivo recuerdo a Javier Martín: “Me acordaré de aquella noche de jueves, aunque ya despuntaba el sol del viernes. -Necesito a uno. A las doce nos vemos aquí. Miré el reloj y mi única preocupación era lo poco que iba a dormir. Fueron las palabras del que para mí siempre será el mejor casetero de la Feria, un amigo, hermano de mi compadre. Allí estaba el tío a las doce, con el ángelus. Perdido. No me importaba porque si algo me tranquilizaba era saber que Javi siempre me iba a cuidar. Me acuerdo mucho de ti. Ah, por cierto, no te preocupes que ahora yo protegeré a Nando y Gabi…un ole por los camareros y trabajadores de la Feria, su esfuerzo diario es en beneficio de nuestro disfrute”, refrendó en homenaje a todos ellos.


La calidad de las personas que te rodeen y no la cantidad de personas que haya en la Feria, es lo importante, y fue otro de los detalles que reivindicó Jesús Díaz ya avanzado su Pregón, recordando amaneceres tomando churros, carreras arriba por la Avenida y anécdotas entre amigos, almuerzos de Feria organizados por Mariano Pimentel, y dando paso poco a poco al flamenco, a la jarana y al jaleo conforme ha ido pasando la vida, sin olvidar citar muchísimas casetas y entre ellas Los Jaleosos previo paso a la formación del Relevo en 2016, para brindar por la juventud que viene en la Feria de 2022: “Vienen pisando fuerte, van con paso marcado, vuelan alto sin alas, son el mañana soñado. Allá, en la lontananza, se ven los más arrojados, la próxima esperanza. En La Ruina, los osados. El ritmo del Soniquete. San Carmelo, abarrotado, de un loco aventurero por retos descarados. Y en la esquina, ole tú, otro rincón fundado”.


“No criminalicen esa edad, es su mundo prohibido, pero sean responsables, que no haya días dormidos, ni resacas duraderas. Llega la noche y el ruido, las conquistas pasajeras en busca del beso perdido”, fueron otras de sus dedicatorias a la juventud, con la que se volcó, desde estampas de sueños caducados y rotos, fotos tras un balón cerca del alumbrado a los rebujitos helados que sostienen de pie y en su mano, los chavales a los que no les alcanza el bolsillo o se juntan con los suyos a tempranas edades en otra manifestación de Feria con su idiosincrasia propia.

 

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Salud, amor, risas, montajes de casetas, hermandad en Feria, fueron proclamadas a los cuatro vientos como sentido de esta tradición y así el pregonero, de pronto, ante la delicadeza de las manos pianistas de Jaime Olmedo y Francisco José Cortés ‘Paco’ acompañando con dulzura a la guitarra, entonó unas palabras de sentir marchenero que unió Navidad campanillera, febrero de alma carnavalera y Feria mediando Semana Santa de cornetas y túnicas… y alma de saeta, bajo la melodía de la sevillana ‘Tiro de Santa María’, del grupo marchenero de sevillanas Los Romeros del Alba, en un guiño también entrañable hacia ellos y tantos grupos que en su época coexistieron. Otro momento de bella armonía entre tradiciones diferentes con una constante, el entusiasmo de los marcheneros por vivirlas, todas ellas o unas u otras. Fue, sin duda, un momento de una musicalidad especial.

 

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La Marchena cultural, poética, musical, deportiva, científica, literaria e histórica, fue fundida en unas pocas palabras con alusión a personajes que de una forma u otra, han pasado al anal de los recuerdos, siempre en ese paseo brioso y elegante de nuestro pregonero Jesús Díaz: “A ti, mujer, a ti, Marchena, vengo a confesarte lo que encierra tu pueblo, lo que tu Feria envuelve en su mundo de magia. Has de sentirte orgullosa de tus raíces, tus ancestros, tu presente y tu futuro, de lo nuestro. Tus viejas calles empedradas y tus casas encaladas, que poco a poco se evaporan ante nuestros ojos, vieron nacer a figuras destacadas de las artes y las ciencias. De las obras literarias de Francisco de Oviedo o Antonia Díaz, al gusto por las letras de grandes juristas como los Vaca de Guzmán y Manrique de Lara. Y en un tiempo no tan lejano disfrutamos de la íntima calidad poética de Antonio Salvago, Luis Camacho o Florencio Montes. De Marchena al Nuevo Mundo, Fray Luis de Bolaños mares surcó, para evangelizar con la palabra de Dios. El fruto de esta tierra germinó en Madre Carmen Ternero, fundadora de la Esclavas Mercedarias. Marchena son los sonidos de Juan Navarro, las manos de Lorenzo Coullaut Valera, los pensamientos del filósofo rancio Alvarado, el oficio del viejo alarife López de Arenas, las armas de Rodrigo Ponce de León, es la voz de José Tejada Martín, maestro de maestros, y los prodigiosos dedos de Melchor, que en herencia dejó. Pero este ilustre libro no se cerró con esa guitarra y su legado, mi pueblo sigue engrandeciendo su tesoro guardado. ¡Qué suene la música! Marchena es el clarinete de Pablo Barragán, y el ritmo de la Bejazz, el saxofón de Bernardo Parrilla, y el baile de Miguel Talaverón, es el laboratorio de Sánchez Alcázar y la plata de Faustino. Es un Balompié centenario. Y toda la escena bajo la dirección de Rafa Villalobos y diseños de Rabaneda. Y es la Torre de Santa María, una custodia de Alfaro y un Cristo de Zurbarán, que a buen recaudo mantiene San Juan, es el Arco de la Rosa y son los Cuatro Cantillos. Dime tú que no estás orgullosa”.

 

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Feria de reencuentro, de abrazos, de besos, de merecer la pena vivirla tras la fatal pandemia, es la de 2022 para los marcheneros y así quiso reflejarlo con justicia Jesús Díaz, que celebró la vuelta de estampas de Feria, de trajes de lunares, de paseo de caballos, de esmero de los caballistas en sus preparativos, de gentileza de Carrasquilla con los niños de Adismar, de gazpacho en La Solera, de bingos y copa de Gabriela, de cantes que retumban en el Manchón y, siempre de mujer vestida de gitana en el atardecer: “Son horas de pasarela. ¿Hay algún traje que haga más guapa a una mujer?...Las flamencas y su desfile:/ lisos, lunares y flores,/ hortensias, peonias y rosas,/ un arcoíris de colores”, versificaría en la recta final del Pregón.


En ese vértigo de sol a atardecer y de atardecer a blaugranas y finalmente azules cielos al filo de la noche, sin olvidarse de caseta alguna, tomó por última vez la mano a la mujer el pregonero y llevarla a su caseta, al Relevo, con guiños para todos y anécdotas por doquier que fue reflejando entre las sonrisas y las carcajadas del personal presente en el Auditorio Pepe Marchena; Clavijo, que es un fijo, Sergio y Concha en la decoración, Parrales y Montoya, la elegancia de Medina, las ganas de los nuevos, y de Olmedo, la chacina de Alvarito, el arroz de Brito, y así mencionando a muchos de ellos como Sarria, Pollo, Samuel, Peña, Carlos, Gonzalo (del que admiró anteriormente su saber enciclopédico sobre nuestras costumbres y Feria), Valverde, José Ignacio y sus bailes por Raphael, puso el colofón así: “En mi caseta, mujer, en mi caseta, Marchena, nunca estarás sola. Serás el centro de atención. Si quieres bailar, en la pista están Carmina y Ramón. A la guitarra, un costalero, a la caja, el zapatero, y si al amanecer tu corazón lastimo, no soy yo, es el fandango del primo”.

 

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“Llegan los días del gozo/tiene luces de un museo/niños con sus antojos/la portada de camafeo/ y gitanas a manojo”, en su último paseo de la mano de una mujer, expresaba el pregonero en sus versos finales.


Brindis, salud, pasodobles, rumbas, palmas…van llenando ya la Feria, y jacas, calesas, amazonas, jinetes, fueron apareciendo en estas letras de viveza precisa y descriptiva del ambiente de Feria, sin dejar atrás en ningún momento a su mensaje de principio a fin de tolerancia y convivencia, de igualdad ante la ley de la Fiesta de la felicidad rodeada de farolillos y bailes, de fluir también de caseteros y turroneros y hasta de campañas con olor a nardo y clavel ya repicando por la mañana, hasta donde alcanzan las ganas de vivir la Feria en esta noria del tiempo, el espacio y las sensaciones que de forma vertiginosa, apasionada, no exenta de crítica constructiva, reconocimientos y de una tolerancia y cabida para las distintas formas de vivir la vida y de vivir la Feria, nos dejó Jesús Díaz Conejero en unos cincuenta minutos de glorioso Pregón de Feria de Marchena 2022, un Pregón de fantasía y de ensueño, de versos enclavados en la mano de una mujer, en la mano de Marchena, en el corazón de su Feria…

 

Embajador de tu nombre
en mi papel de emigrante
allá por donde vaya
Marchena, seré feriante.


He dicho

 

 

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