Feria 2010

El cantante Miguel Bosé ha ofrecido esta noche durante algo más de dos horas el concierto previo a la Feria de Marchena, en el que ha demostrado una versatilidad y juventud sempiterna y una puesta en escena espectacular.  Pletórico de confianza y con su extraordinaria voz, una gozada escucharla en directo, 5.000 espectadores se congregaron en el concierto de temas iconos como Amante Bandido o Sevilla, pasando por Nena, a los más recientes Morena Mía, Estuve a punto de…, o Qué va a ser de mí.


Noche esperada en Marchena con las instalaciones deportivas Miguelete rodeadas de la expectación de la venida de un grande, de un cantante de una trayectoria reconocida y de una constancia aún mayor que se percibe con su permanente primera plana en este mundo de la música en el que Bosé es, como aquel diría, un vozarrón como la copa de un pino que para quien no lo hubiera escuchado en directo mejora sobre lo esperado notablemente, lo cual ya de partida es una buena señal, acompañado de un montaje excepcional, colorido, dinámico, audiovisualmente impecable y que ha jugado con los sentimientos abstractos, metafóricos, simbólicos tan del gusto de la canción de Bosé y que tanta belleza reportan al espectáculo.


Miguel Bosé ha empezado con las pilas cargadas; no en vano ha sido servido por el catering El Pinar y eso es señal indiscutible de que el combustible da para bueno y por largo tiempo.


Lógicamente ha estado animado por incondicionales que desde tres horas antes del concierto ocupaban la primera fila y que posteriormente desde las 20:00 horas han ido entrando en un incesante goteo a las puertas de las instalaciones deportivas Miguelete, donde podíamos ver a la Reina de las Fiestas, Ángela Caballo, entre otros espectadores.


Madres, hijas, hermanas, primas, sobrinas y tías, el público femenino rendido a la coquetería de Bosé ha sido mayoría absoluta dentro de una heterogeneidad de edades asombrosa que demuestra el tirón descomunal de Miguel Bosé.


Y con una banda sonora ascendente en intriga y ese labio rojo vivo itinerante en las pantallas y entrerrejado en una telaraña a camino entre verdad y la ficción, saltaba del moderno telón al escenario abriéndose puertas tales fichas de dominó, el artista, Miguel Bosé, con el simpático tema Ayuvérdico y esas dietas raras vegetarianas dibujadas en las pantallas para romper el hielo.


Voz en directo potente, sobria, tal y como se espera siempre de Miguel Bosé, sensacional en la profundidad de su voz y esa sonoridad contundente fruto de la seguridad que dan décadas encima de los escenarios, pues ya tiene 54 tacos a sus espaldas desde abril este guaperas rubio de ojos verdes, dicho con todo el aprecio, icono para mujeres de todas edades, dicho sea de paso por su elegancia hoy reafirmada con su chaqueta negra, camisa blanca y corbata roja, con chaleco sin manga de por medio.


Con sus contorneos, desparpajos y miradas provocativas, continuó Miguel Bosé con Cardio, tema que da nombre a su segundo disco y que juega con las preposiciones del diccionario español en esta versátil canción de lo abstracto y lo delirante, canción de pulsiones para comenzar en calor, para despertar el entusiasmo rápido.


El tercero fue un tema para pararse a escucharlo, uno de los que mejor ha sonado, pura voz Bosé con la vertiente más común ya sea en sus inicios o en su etapa de feliz modernización como la que vive, y esa no es otra que la del amor salvaje, que se palpó en Nena, “ese modo de andar, ese look cha cha cha, y esas cejas….hay un ángel en tu mirada…nena, luna serena, nena, ámbar y arena, boca insaciable, solo tú, nena, luna serena, todo es posible, menos tú…”


Canción cómo no propicia para esos requiebros y esos andares típicos de Miguel Bosé y de los que hoy ha hecho gala sobre el escenario de Marchena antes de tomar la palabra para pedir al público de nuestra localidad y también venido desde muchos puntos de Andalucía que se desnudara, que le diera el cuerpo y alma, en definitiva “Dame Argumentos”, pedía Miguel Bosé, para iniciar así en el cuarto de la noche la canción más rockera de su nuevo disco con ciertos aires al gran Búnbury y desplegando el equipo de músicos y bailarines todo su ritmo para acompañar al artista.


En este continuo de grandes temas llegó el ‘discotequero’ Morena Mía, sensualidad pura en la voz y otro de los clásicos del artista que hizo seguir moviéndose al público en este marchoso inicio del concierto.


Miguel Bosé es fruto de una actriz como Lucía Bosé y un torero de la talla de Luis Miguel Dominguín, aunque bien podría ser de la zaga de Matías Prats por su facilidad para la locución y su voz casi radiofónica y cálida con el público para empatizar de tal manera que les dijo aquello de que “hay mujeres perro y hombres perra, pero si todos buscamos algo es que nos rasquen el lomo”, para como padre de los espectadores y espectadoras presentes regalar una frase a modo de reflexión: “En vez de mejorar la calidad al dar y al decir, en el amor debemos aprender a mejorar la calidad de saber recibir y saber escuchar”.


Así comenzó “Perro”, un tema de su nuevo disco no exento de sentido del humor y con un toque electrónico propio de varias canciones de este último trabajo, con toques alaskiasnos ochenteros por la forma de pegar saltos a la que incita y esa musiquita entusiasta-mareante de fondo.


Dentro de todo, seguían a juego las formas poliédricas indefinibles, algunas de ellas con tonos grises, otras con predominio de colores chillones, para ilustrar algunas de estas canciones en un despliegue que incluyó canciones grabadas en directo con imágenes sueltas de videoclips.


Una balada preciosa con silbidos de fondo y un reconfortante sonido tipo celta, puso el contrapunto en la siguiente canción, plenamente romántica, entregada y a un ritmo sosegado: “Si no vuelves, no habrá vida, no sé qué haré, y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía…”. Muy buena canción de una calidad y ternura sobresaliente que propició el balanceo de miles de espectadores para envolverse en la mágica voz de Bosé.

Y es que Miguel Bosé tenía que relajarse antes de entrar a matar, porque si ya había cortado la primera oreja con lo que llevamos de concierto, la luna llena de Marchena pareció Triana y se hizo la pasión con fondos rojos y negros, capotazos del artista y gesto torero en la interpretación sencillamente magistral de Sevilla. Suena a fuerza la grave voz de Miguel Bosé cuando sale de su alma “el corazón que a Triana va, nunca volverá, Sevilla…”…”y al alba blanca le contaré lo que yo te amé, Sevillaaa”. De remate, una estocada, como suena, y de regalo, un clavel del público que voló a sus labios.

Miguel Bosé pasó de volar como la paloma que fue cantando Sevilla, ofreció al público su nueva “Mirarte” ‘hasta cansarme, hasta cansarte’, canción para empacharse de amar y de saltar con un ritmo evidentemente más marchoso y los “Arriba Marchena” que calentaban la parte final, frenética, del siempre elocuente artista.


De ahí se pasó al “Como un lobo”, canción frenética de ese amor salvaje de esos sentimientos chocantes, de efervescencia de amor y sensualidad: “parece que, el miedo ha conquistado, tus ojos negros, profundos y templados, qué va a ser de mí, qué va a ser de ti…” a saber qué cuerpo de babel y laberinto ha vuelto loco a Miguel Bosé para componer tan racial canción devoción de los espectadores con sus desenfrenados saltos.


Ya fue presentado a todo ese equipo coordinado en la escenografía por Mikel Irazoki, al que no nos cansamos de alabar por ese colorido, imágenes en movimiento, dinamismo de plataformas instalado en este concierto de altura en Marchena, además de las voces de Tony Álvarez, Carlos Izaga y Helen de Quiroga, que hicieron los coros, sin olvidar al batería Juri Nogueira y a guitarras y teclado todos ellos aparte de demostrar la calidad musical que atesoran, haciendo del arte de la música un cuidado y elegante todo artístico en el que también simultáneamente con los gestos, miradas y movimientos complementaron un grandísimo espectáculo.


Para ir concluyendo, “Nada particular”, canción himno a la libertad y a la solidaridad que ha cantado con Juanes en alguna que otra ocasión, “dame una isla en el medio del mar, llámala libertad, dime que el viento no la hundirá”, con crítica personal del artista micrófono en mano a la desinformación en los telediarios poblados de “musas” en el mundo, “con toda la mierda que está sucediendo”. Bosé concluyó la canción animando a perseguir la libertad, ya que “nadie te la va a dar y es lo único que te hace vivir”.


Dicho esto las palmas por sevillanas después de un tema de por medio sonó el “Estuve a punto de”, simpática y movida canción icono de su último disco a pesar de comenzar la letra irónica, eso sí con un punto de surrealismo añadido por ovejitas dando vueltas en la pantalla: “estuve a punto de colgar mi vida a un…ayyy ayyy, por un beso ayyyy…solo a esto…”. Sin ni mucho menos tener la soga al cuello, desparpajo puro en este tema, ya otro símbolo más en el que se está convirtiendo el Bosé de la modernización, que seguro que va para largo como siga así.


Tras el canto animando a dar tu voz “ya, tema de parecidas características al “Nada Particular”, Miguel Bosé quiso dar a todos “Bambú”, otro de sus legendarias canciones con su punto de gracia y marcha para que posteriormente sonaran tres toques secos de batería.


Apuntó una vez, dos, y tres, pero ya desde la primera milésima se olió en el ambiente que aparecería en toda su dimensión, extensión, universalidad y poderío, aunque al contrario que la letra, ‘con misterio’,  “El Amante Bandido".


Miguel Bosé se convirtió en viento que fue, navegó por las almas de los espectadores, que no dijeron que no, y fue la marea que arrastró a los dos, al escenario de músicos y al público entusiasmado coreando “seré tu amante bandido, bandido”, y por supuesto, lejos de dejar sus corazones malheridos los espoleó y le otorgó pulsaciones de su sangre eléctrica que conforme avanzó el concierto pasó rápidamente de ser ayuvérdica a carnívora.


Lo bueno, lo que tiene valor, es lo que pervive en el tiempo con todo su esplendor y belleza, y así pervivió esta canción de todos los tiempos ante el enorme goce de los espectadores que ven como lo bueno se hace mejor, se hace increíble, cuando se trata de Miguel Bosé, que recibió una rosa en sus labios y la devolvió a Marchena.


El público, agradecido con el artista, debió entonar aquello del “me perderé en un momento contigo”, y cuando todo apuntaba a que sería la despedida final, los gritos de otra otra y las palmas flamencas al unísono, desembocaron en la preciosa balada “Te amaré”.


Dulzón y loco, con rabia y equilibrado, e invirtiendo los términos de este último tema, el público de Marchena después de 130 minutos de idilio amó  a Miguel Bosé en esta balada porque lo decidió, como decidió Miguel Bosé ser un grande, estuvo, está y estará presente muchos años, y cuando no lo esté, será algo importante porque seguirá siendo costumbre. Cuestión de ser grande, y de seguir currándoselo día a día.

*Más imágenes del concierto de Miguel Bosé

 

 

 


 

 

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