Feria 2010

El Pregón de Feria de 2010 sirvió para que su protagonista, Miguel Ponce Rodríguez, realizara un repaso por la Feria desde los 60 hasta nuestros días en su particular versión de "Cuéntame como pasó la Feria", y haciendo valer el nombre marinero del Ancla, derrochó una elocución "con la mar de arte", llena de sentido del humor, musicalidad y  un ritmo poético 'solemne' y peculiar. Ana López fue la presentadora con presencia de autoridades municipales, concejales de la oposición y Reina de las Fiestas y damas de Honor. 


Ante cerca de 500 espectadores en la sala municipal de Cultura, Miguel Ponce ejecutó un Pregón torero con temple, gracia, y fino sentido del humor y cargado de anécdotas, impregnado de 'fragancias' de la fiesta desde la niñez a hoy en día y de espíritu anclero de principio a fin, y con la compañía en primera fila de sus hijos Luis y Miguel y de su esposa Luisa.


Con presentación de Jorge Roncel, muy elegante, y que mencionaba una a una a la Reina de las Fiestas y damas de honor, comenzaba a discurrir el Pregón con referencias a los "sinuosos trajes de flamenc que iluminan mañanas de feria, requiebros de volantes envolviendo el baile por sevillanas" de unas damas "con el honor de representar a todo un pueblo".

 


En su paso por el escenario, las damas y Reina, Susana Gavira, María Gracia Mesa y Ángela Caballo destacaron el compañerismo, la alegría y el orgullo de representar a Marchena, el agradecimiento a sus familias, destacando Ángela que en su corona "están grabados todos vuestros nombres", en referencia a sus compañeras de concurso y que la Feria será siempre "muy importante" para ella "a pesar de los recortes que el Ayuntamiento se ha visto obligado a hacer debido a la crisis".


Llegó el turno para Ana López Moreno, presentadora del acto y amiga del pregonero Miguel Ponce, que en primer lugar destacó el carácter "simpático, abierto, feriante" de la gente de El Ancla, que ya desde hace tiempo ha pensado "cuando nos toque el pregón, te toca Miguel", haciendo un resumen de la trayectoria del pregonero que luego el propio Miguel desarrollaría y destacando por encima de todo, aparte del "orgullo y honor" de ser amiga de Miguel Ponce, que éste, "es una buena persona, comprometida con su familia y con la enseñanza, ejemplo de entrega a su familia y a su profesión, persona que no necesita que le pidas ayuda, porque siempre puedes contar con él".


Y ya sin más dilación subió al escenario el pregonero de la Feria 2010, Miguel Ponce, que devolvió piropos a Ana López recordando la prestación del Ancla de la cortina para los servicios de La Solera y el afán de Ana en que todo siempre marche bien en la caseta de la Tercera Edad, haciendo extensivo el agradecimiento a los socios del Ancla: "Gracias por ser como sois, por confiar en mí", además del saludo a sus hijos, Luis y Miguel, y su mujer, Luisa, de "cuya insigne pluma" dijo haber aprendido mucho.


Bromeando sobre la comunicación de su cargo de pregonero por parte de Juan Rodríguez Benavides, presidente del Ancla que le comunicó su nombramiento por "unanimidad, esa palabrota no se dice, lo que me dijeron es to er mundo quiere que seas tú, que te ha tocao".


Así, con los recuerdos de cuando Manolo García Ponce le decía en su niñez que los primeros feriantes "fueron de nuestro linaje, los Ponce de León", comenzó Miguel Ponce el pregón "buscando en el baúl de los recuerdos de la memoria colectiva" y ofreciendo por entregas de "Cuéntame como pasó la Feria" los pormenores de su feria desde los 60, coincidiendo con la edad del narrador de la célebre serie de TVE, el niño Carlitos, pues Miguel nació en 1961.


Con este nostálgico paralelismo como hilo conductor del Pregón de Feria 2010, este comenzó a rodar entre recuerdos de su padre al que acompañaba a poner toldos, mejor dicho velas como los marcheneros acostumbraban a llamar, por los entonces conciertos de relumbrón que se daban en la caseta municipal pero a los que pocos tenían acceso, como Machín, Georgie Dann, Julio Vélez, "pocos podíamos disfrutar, porque ya en aquella época no se sabía cuando las cortinas se iban a cobrar", dijo ya empleando un tono de rima con un lenguaje intencionadamente solemne en la composición de la rima para provocar que fluyera el sentido del humor, ya que con la seriedad formal fue evocando anécdotas muy graciosas.


Los carteles en la celosía de Enriqueta Espejo, "insigne profesora de dibujo" y el anuncio de los "ambigú", sorprendían a Miguel de niño, al que ya le explicaron que aquello era la denominación de "el tío del bar, el tío de la barra, er que os va a aguantar".


Ferias donde la clase media obrera comenzaba a retratarse para la posteridad con niños de flamenco subidos a caballos de cartón y con niñas a lo Marisol o Chica Yeyé, fotos de piquillos recortaos que quedarían en albumes de latas de membrillo y cajas de cartón, a cargo de fotógrafos marcheneros como Ávalos, Gómez, Calle, Murillo o el de los jardines.


Dicho esto, comenzó su repaso por "las fragancias" de la Feria, comenzando por la niñez “oliendo a colonia y con la Rebequita amarrá” sumergido en “los divinos calamares” de “la parada oficial del Pololo” antes de llegar al recinto ferial. Ya antes de llegar a los ‘cacharritos’, “el tío del pincho moruno con el humo que nos iba a ahumar, la Carmela con esos calentitos con olor especial y las papas fritas con fritura especial”, constituían fragancias que con el tiempo se convertirían ya muchos años más adelante en un “eso sí que era olé” que percibió el pregonero en un concierto de los rockeros Kiko Veneno e Imán en la caseta del PT, cuando ya comprendió del todo aquello del “Ole, Ole, Ole, ya huele a Feria”.


Entre recuerdos del inicio del Club Juvenil también pegado a esa plaza Alvarado donde se instalaba su querido Pololo, Miguel Ponce cantó por sevillanas al propietario del kiosco bar recientemente fallecido con un “algo se muere en el alma cuando un amigos se va”; “eras y serás patrimonio de Marchena”, afirmó.

Miguel Ponce rememoró las Ferias de los 70 con recuerdos de la caseta que montara el club juvenil donde se podía escuchar el Ciudad de Sevilla de fútbol y tuvo gesto de recuerdo hacia el grupo Los Romeros del Alba de José Joaquín León Salas, Eduardo Martínez y compañía, que se fueron en 1971 a grabar un disco a Madrid con unas sevillanas dedicadas al arco de la Rosa, a las palmeras gitanas de Santa María y al olor a jazmín de la Plaza Vieja.


En 1975 “se comenzaban a bailar los Pajaritos” por aquí, por allá, en la caseta municipal, recuerda la reja y portal de la caseta de la Veracruz realizada por Miguel, “el cuñao de Pepe Carmona” y ya en los años 80 rodando nuevos capítulos de esta serie seguía el Arco de la Rosa presente saludado por el pregonero a los sones de Víctor Manuel y Ana Belén: “Ahí está viendo pasar el tiempo, la puerta del ferial”.


Años 80 de montajes de las casetas de la Peña Bética y Sevillista y de pasacalles de las ‘Mamachicho’ brasileñas, que “un día se equivocaron, pensaron que la Solera era la caseta municipal, entraron allí y llegó a planear el divorcio en el recinto ferial”, bromeó Miguel, que recuerda de esta década la entrada de los Quintos en la feria, una portada de Fernando España dibujando Santa María digna de “indulto y museo”, y la presencia de Los Trabajosos, San Carmelo, La Amistad y la del Costal, con mención para Ramón Baeza.


En 1985, llegó la tradición de la cena de caseta como hoy se conoce con su decoración cuidada de mantel, de copas de cristal, la orquesta para bailar durante los días de Feria, novedades e innovaciones que atribuyó a los hermanos Salvago y Sebastián Moreno, entre otros, en tiempos por los que ya habían comenzado a surgir las tunas que posteriormente formarían la caseta de Los Serenitos, embrión del Ancla.


Después de emprender rumbo hacia Sevilla para estudiar Magisterio, esta tuna, llamada La Ballisca, la componían Manolo Guisado, Juan, José Manuel, Juani Cortés, Juan Ponce, y se había declarado “apolítica y agrupación cultural independiente, nada de subvenciones, y montamos la caseta en la Feria del Corpus, con la colaboración de las madres para tejer los toldos y recuerdos de asistir a la casa de Juan Zapico donde “a cualquier hora no faltaba nunca ni el jamón ni una copita de aguardiente”.


La amistad con la tuna serapiense de “Kiki Pavón, Jorge, Javier Carmona, Pepe Aguilar…”, después de juntarse a cantar en las Navidades de 1985, derivó en una fusión para formar caseta en 1986 con el nombre de los serenitos, con el “doble sentido semántico de la canción La Sirenita que cantamos juntos, del sereno de la noche y de que precisamente no éramos serenos nosotros, sino todo lo contrario”, por lo que “desde luego el compás no iba a faltar”.


Aquella caseta, con “Paco el campanita en la cocina, cumplió su doble función de buena comida y buena sevillanas de día y con la orquesta por la noche fue caudal de juventud de Marchena y de los pueblos de la redonda, situada junto a aceites Castro frente al Bar Vaquerito”, lugar “ideal para repostar entre montar y desmontar”.


En la caseta “no se cabía, incluso un empleado que recogía los vasos lo tuvimos que poner como portero como medida de seguridad, de la recaudación se encargaba una cajera” con Manolo Guisado, Lolete, como tesorero de aquella recaudación de “3 millones de pesetas” que se hizo en la primera Feria, de la que recuerda también “rifirrafe pero de buen rollo” con Fernando Berdugo, por entonces concejal de Festejos al hilo de “ladrillos colocar para que el agua (de una caseta de al lado) no pudiera entrar”.


Eran tiempos estos finales de los 80 en los que Los Serenitos cerraban su noche en convivencia con los feriantes de Tertulia Cañete, todos bailando en la calle ya en la madrugada avanzada “la Conga o el Paquito el chocolatero”, que nunca muere como pueden observar y que tiene larga vida.


En 1988, “la feria estaba apagá, y tuvimos los toldos que rajar, para el agua evacuar”, rememoró Ponce. La lluvia remitió y “el rumor se extendió de que una caseta estaba abierta en la Feria, en media hora una marea humana llegó y la alegría en el Ferial se recobró, fue el año en el que se hundió los 40 y yo, y a Jesús Solano dimos el apoyo, y el pésame”, bromeó.


No olvida Miguel Ponce que fue un final de década pródigo en conciertos con Dun Can Dhu, Hombres G, Víctor Manuel y Ana Belén y Serrat en Marchena en la Preferia, pero a su caseta de la mano de Javier Carmona “con una biblia en una mano y una copa de fino en la otra, vino Javier Gurruchaga que hablaba de metafísica existencial”, antes de que le arrancaran una breve actuación al artista, de moda por aquellos tiempos.


El capítulo de la década de los 90 de Cuéntame la Feria comienza con el traslado del Ferial, que llevó sus discrepancias pero que consideró acertado por motivos de seguridad e higiene el pregonero y también la separación amistosa de Los Serenitos que se fueron para el Manchón, mientras que los demás se quedaron en lo que hoy el día se conoce como El Ancla.


Era una feria donde las asociaciones y colectivos montaban casetas en armonía y sin rivalidad y de la que recuerda el nacimiento de El Camino, a Enrique Tovar por el apoyo, por algo a su caseta la llaman La Amistad, Broadway y Ratos Agradables como centros de “expectación” de la Feria joven, Grana y Oro y Ietagente “garantes  de la tradición” y la anécdota del cambio de farolillos rojos y blancos por verdes y blancos en el tramo de Feria del Manchón, caseta bética por antonomasia.


Y en ese 1990 se comienza a rodar los primeros capítulos de El Ancla, cuyo nombre finalmente se votó, “no sabíamos donde nos colocarían, pero lo que sí puedo decir es que se botó y se bailó” en aquella Feria en la que se iniciaron las cuotas de 500 pesetas y en la que “nos hipotecamos con los hierros”, dijo en referencia al esfuerzo de organización y montaje de la caseta, finalmente ubicada en el albero y montada rápidamente “con la Wichy de Borrego” y los primeros pinitos en el sonido de Remigio, actual técnico de sonido de la sala Municipal de Cultura, “allí te doctoraste”, le dijo Miguel.


Aquella caseta tenía como portada un Ancla de 1.200 kilos como emblema, de ahí las gracias a Pepe Argent, quien le facilitó el simbólico instrumento que caracteriza a la caseta.


Se ‘cebó’ con ‘el Costa’ Miguel Ponce recordando como un año con todos los buenos reposteros de Marchena ya con caseta, los socios del Ancla se durmieron y llamaron al susodicho Costa, “por cierto, un nombre muy marinero”. “Costa, ¿qué tenemos en la carta? –Pollo, -¿algo más?-revuelto de papas con pollo, delicias de pollo, -Costa, ¿algo relacionado con el mar? –pollo a la marinera. Lagrimitas de pollo íbamos a echar nosotros, y por la tarde estaba claro ya lo que tocaba, pollo con cubata” para bailar “El Venao, la Lambada o el Saturday na, na na na na na na na ná”, hasta que llegó el “Aserejé”, del que sorprendentemente el pregonero dijo sin trabarse lo más mínimo toda la palabreja, con lo que “el pollo ya tenía su kétchup para digerir”.


Otra de las facetas que le ha tocado en suerte ‘digerir’ a Miguel Ponce ha sido la de presidente de El Ancla con los correspondientes mandamientos que ello conlleva: “Primero, no sabes en el lío que te puedes meter, Segundo, para ocuparte de tan relevante papel te dicen tú no te preocupes, esto na más va a durar cuatro ferias, es de lo más normal, cuando nos reunamos, a ser posible que sea en un bar, y entre todos echando una mano en una hora está la caseta montá, total si es un cargo para pavonear, y llega la reunión y nadie sabe donde está la caseta guardá, y ya te ves llamando al Lali para la caseta montar, que si las vacaciones, que si los estudiantes con los exámenes, el niño que se tiene que tomar el pecho, ya sé donde Triana Pura se inspiró para componer la canción del Probe Migué”.


Aplaudido constantemente por el público e interrumpido por las risas del respetable, prosiguió su pregón Miguel Ponce llegando poco a poco al final sin dejar nada atrás, como el agradecimiento “al forjador de sueños” de Feria Lolete Guisado, Vocal Cultural del Ancla y describiendo esa estampa de charla amena cara a cara en la era de la información y los antiguos recortes del IM y rincones de Marchena reflejados en la caseta de forma tan característica.


Con todos los respetos a Los del Río, Miguel Ponce sacó un sentimiento entrañable para decir, o para cantar, para medio decir y medio cantar, porque así en definitiva surgieron las olas de su pregón marinero, aquello de “El Ancla tiene un color especial, alegre y sonriente, el Ancla enamora al Ferial para vestirlo de Azul, el ancla sigue teniendo su duende, me sigue oliendo a azahar, el Ancla enamora al mar, a la campiña se va, reina mora y elegante por su gracia, y por su forma de ser”.


El Ancla de cafés en la tarde y dulces, de sus socios “en la calle bailar, de recuperar el cante en directo y no enlatado”, de dibujos de los niños para decorar, de concursos gastronómicos anticrisis de mortadela, tortillas y ahora croquetas, de nombrar a los ancleros del año, y del relevo del famoso Costa por Rafael, que se fue cuando la Feria cambió de fecha y de Ramón y Carmina, que ya forman una importante parte más de la caseta.


Dicho esto, pasó a enumerar una serie de situaciones en la Feria que han forjado “un espíritu guerrilleros pero siempre con buenas maneras para reivindicar el sitio históricamente ganado” por El Ancla en el recinto, no sin antes evocar el capítulo en el que un socio que estaba sentado en las sillas a las puertas de la caseta fue requerido por la Policía Local siendo avisado de que tenía multa de 300 pesetas, a pesar de que ese año no había paseo de caballos por la peste equina y por tanto no había horario de paseo de caballo como creía el municipal, ante lo que el socio respondió “toma 3.000 pesetas y ya tengo pagá la feria del año que viene”.


No faltó una pincelada para dar su sitio en el pregón a “Los del Rocío de Marchena”, un grupo que obtuvo un primer premio de sevillanas en Huelva formado por Curro, Gutiérrez, Rafael, Loli, Juani, Lobo…y que interpretó una bella letra de Florencio Montes que versaba sobre la “luz en las murallas, el agüita fresca de San Ginés…Marchena tiene rincones tan bonitos y tan alegres que no los mejora nadie, vente Marchena conmigo…”


Reivindicó con un “virgencita que me quede como estoy” que la Feria siga en estas fechas tras antiguos cambios a agosto algunas veces para favorecer que los inmigrantes vinieran en sus vacaciones o el más reciente de la Feria a junio, con crítica sin morderse la lengua a Juan Luna, concejal de Festejos que en 2006 hizo un “sorteo sin respetar la antigüedad”, que debería haber dado al Ancla “papel de cabeza de serie”, afirmó Miguel contraponiendo la poca mano en Sodemar al mucho carburante en una ironía-sarcasmo hacia aquella decisión tomada, “en fin, la cuestión es montar o no montar, como diría William Shakespeare”, pasando de evocar al inglés a mencionar a Verano Azul: “No, no, no nos moverán”.


Después de hacer un repaso por la actual feria de dualidades “día-noche, orquesta-flamenquito, fino-manzanilla, feria-playa”, manifestó que aquellos que cuando en la playa estén “con el flotador de Bob Esponja y el cubo de Patricio, vean una barca con el ancla llegar, añoranza le llegará” de la Feria de Marchena, para posteriormente alabar la composición de una sevillana llena de luz del cristero y anclero Manuel Antonio Ramos y proseguir con su actual Magisterio de Feria contemporánea de comprar fichas los miércoles en los coches locos que son más baratas y luego harán falta, ensayar el Waka Waka para esta feria, que “para eso hemos ganao el Mundial”, y también por qué no a clásicos inconfundibles como “un pasito pa adelante María, Opá yo viazé un Corrá, y para los más desesperaos Cachete con Cachete o el Meneíto, pero siempre Levantando las Manos”, magisterio que incluye revisar las ordenanzas “por si viene un municipal” y observar como en una pizarra detrás de la barra se escribe “caramales y cloquetas”, y es que “tanto pollo aquella feria que ya no sé si escribe con ll o y”.


En El Ancla, continuó Miguel Ponce, pasan curiosas anécdotas, se puede olvidar el remojo de los garbanzos para un potaje y “sin que nadie se enterara de nada, un químico que había en la reunión buscó la solución con un bote de bicarbonato, mientras sonaba de fondo la sevillana de María la Morena, puso un potaje”.


Reflexión final con mensaje al alcalde de Marchena y visión de lo que debe ser la Feria en situación de crisis: “A los alcaldes respeto todos por igual, y tú Juan no te ibas a escapar, te ha tocado bailar con la más fea” y defendiendo que la Feria “puestos de trabajo da, qué pasaría si se tratara de la Semana Santa”, dijo en este contexto de suspensiones de algunas ferias en la provincia y los recortes anunciados por el Consistorio de Marchena, comprensibles para el pregonero en la medida de que en las propias casetas se habla de “la cosa, que mala está la cosa, con la cosa no podemos ni decorar, la cosa, qué mala está la cosa, pero de la cosa vamos a salir, porque a pesar de cómo está la cosa, la gente sigue bajando”, finalizó reproduciendo en esta última parte la frase que un camarero le decía sobre la crisis, perdón, sobre “la cosa”.


El próximo capítulo se escribirá “la semana que viene”, afirmó Miguel ya en la parte final de su Pregón, en la propia Feria donde destacó que el Ancla seguirá siendo esa caseta abierta donde se juntan el concejal del equipo de Gobierno y el de la oposición, de buenas raciones de arroz, flamenquines, adobo y jamón, de volverse a acordar de los pasos de las sevillanas para “mirar cara a cara, vueltecita y filigrana”, de pasear por donde estaba antes El Ancla y observar los puestos de “coco, maíz caramelizado, los chinos con las rosas, los canis haciendo botellón…y que de allí nos fueran a echar”, para mandar un mensaje a los jinetes o a los propios caballos, llego a decir con sorna, para que “se estudien las ordenanzas” y no anden por encima de las aceras esta Feria 2010, para de paso afirmar que “caballos de los municipales hay que recortar que las arcas de Marchena no están para estas chorrás”.


Con una parte final desplegando sentimiento, con el Ancla llave de la feria, ancla sobre el corazón y sobre el viento y recordando en su narración desde el punto de vista del Niño del Cuéntame cómo han pasado ya las Ferias desde que las velas iba a cobrar, recuerdos a la amiga Luisa que está en el cielo, y a su marido y hermano, “este 27 de agosto mereció la pena vivir”, asomó culminante el final del Pregón, del que no pudo marcharse Miguel Ponce sin un nuevo juego musical de actualidad plena: “Seré tu feriante bandido, y anclero, corazón corazón marchenero…”, para despedirse “sufriendo, queriendo, viviendo la Feria” y con un colofón por un “Viva la Feria de Marchena”.


A la ovación final siguió la entrega de ramos de flores a la presentadora, Ana López, a su mujer, Luisa y de un cuadro conmemorativo al propio pregonero por parte del alcalde de Marchena.


Juan Rodríguez Aguilera definió el pregón como “ingenioso, nos ha hecho disfrutar muchísimo” y le trasladó a sus propias vivencias personales, para culminar destacando que El Ancla “se ha ganado el aprecio y el cariño de toso el pueblo de Marchena, que también ve en esta caseta su casa”.


Posteriormente, el grupo La Fragua, cuya componente Purificación felicitó al pregonero y lanzó un abrazo a Baeza y Cele, que no pudieron estar presentes en su actuación, siguió con el cante por sevillanas entre Rocío y Feria en este prólogo de la inminente Feria.


 

 

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